“No la paso bien cuando los hombres me miran” – GENTE Online
 

“No la paso bien cuando los hombres me miran”

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Marcela Kloosterboer habla bajito mientras se deshace la trenza. Ya se sacó la ropa de princesa y se puso sus jeans, su musculosa, sus zapatillas. Y sigue siendo una muñeca de 22 años, con 10 de carrera artística. Además de tener una madre psicóloga, un padre que vive en Miami desde hace cuatro años y un hermano mayor que casi siempre está de viaje, es la novia de uno de los diez mejores tenistas del mundo. Hace trece meses que está con Gastón Gaudio, aunque no quiera hablar de eso (o sea, de él). Evita el tema. Prefiere otros, como el de su actuación en la tira de Canal 9, donde está haciendo El tiempo no para junto a Julieta Ortega, Dolores Fonzi y Antonio Birabent, entre otros. “Sólo trabajo”, suplica. Extrañamente, más tarde reconocerá que las prioridades de su vida no pasan por lo laboral…

–¿Cómo fue entrar a una tira ya empezada?
–Es raro. Nunca me había pasado. Siempre es difícil, aunque El tiempo no para había empezado sólo un mes antes. Pero desde el primer día que decidí hacerlo supe que todos eran profesionales, con ganas de trabajar. Y yo tenía las mismas ganas de ponerme las pilas, de hacer algo que estuviera bueno.

–Casi todos son amigos, ¿se sintió sapo de otro pozo?
–Con Walter (Quiroz) y Dolores (Fonzi) ya había hecho alguna cosa antes. No me hicieron ningún vacío, y de hecho, los actores estamos entrenados para eso.

–Está más selectiva en el trabajo. ¿Por qué?
–Es verdad, y no fue casual. Cuando filmé Roma, con Adolfo Aristarain, me encantó la experiencia y me sirvió para darme cuenta de que quería seguir haciendo cosas así. Después de eso hice Pensionados, a la que no le fue muy bien y no estuvo bien cuidada. Entonces decidí pensar bien qué es lo que quiero hacer antes de elegir. Y si tengo que pasarme un año sin trabajar porque no hay nada que realmente me interese, lo hago.

–¿Y no la deprime estar sin hacer nada?
–Para nada. Lo que me pasa es que me dan ganas de volver a trabajar. Pero hacer cualquier trabajo, a la larga, no suma.

–No se angustia si no trabaja… Usted no es la típica actriz.
–No (risas), para nada. Le doy demasiada prioridad a mi vida fuera del trabajo. Disfruto de otras cosas que no son la actuación.

–¿Como cuáles?
–Me gusta mucho estar con amigas, viajar, hacer gimnasia. Tengo ganas de estudiar inglés, francés. Hay muchas otras cosas en la vida que me dan curiosidad. No soy obsesiva con mi trabajo. Si no me sale una escena, no me quedo pensando y volviéndome loca. Soy bastante más relajada en ese sentido. Esta es una profesión difícil, en la que hay que saber esperar. Siempre estás dependiendo de que alguien piense en vos y te llame. Pero trato de equilibrar: cuando trabajo la paso bien y cuando no, también. Hay gente que no puede estar sin trabajar.

–¿Por qué es actriz?
–Porque es lo que más me gusta hacer, me encanta. Cuando estoy haciendo una escena la paso bien, lo siento. No me vería haciendo otra cosa. Hace diez años que trabajo y lo disfruto.

–¿Nunca repensó su vocación? ¿La tiene tan clara?
–No, nunca dudé de que esto era lo que quería hacer. Además, siempre tuve la suerte de tener trabajo y nunca la pasé mal.

–¿Desde chiquita sabía que quería ser actriz?
–No, para nada. De chica era demasiado expresiva con el cuerpo, jugaba al hockey, ni miraba la televisión. Ahí empecé a estudiar teatro, como una actividad más, pero como un juego. Entonces salió lo de Dibu, después Verano y Chiquititas. Todo se fue dando casualmente, no fue buscado. Yo estaba en el colegio, empezando la secundaria, y mis papás me decían que cuando esto no me divirtiera más, lo dejara.

–Y además supo cuidar su vida privada…
–Es que siempre estuve convencida de que debía ser así. Todo salió naturalmente. Nunca me gustó ni hablar de mi vida, ni que me sacaran fotos. Hacer notas me cuesta mucho.

–¿Por qué?
–Porque es la parte del trabajo que menos me gusta. Fue algo que me respeté: no tengo ganas de hablar de mi vida.

–Pero es una de las chicas más lindas y deseadas de la Argentina. ¿Cómo se lleva con eso?
–No me hago demasiado cargo de eso. Aparte, tampoco vendo esa imagen, ni siquiera es la mía.

–Y cuando los hombres la miran por la calle, ¿qué le pasa?
–No me gusta mucho que me miren, no la paso bien. Puedo poner cara de culo. No me gusta que me miren, no sé por qué. No lo busco ni me interesa. A veces estoy con alguien y digo: “¿Qué c… miran?”.

–¿Qué la hace llorar?
–…Ay, iba a decir una cosa que tal vez se malinterprete. Una vez leí una nota de una chica que decía que cuando veía un camión lleno de vacas, lloraba. Todo el mundo se rió de ella. Yo soy vegetariana desde hace 14 años y la entiendo.

–¿Por sus padres se hizo vegetariana?
–A los ocho años dije: “Soy vegetariana”, porque me habían contado cómo se mataba a los animales y eso me impresionó mucho. En mi familia nadie es vegetariano, sólo yo, y me lo respetaron muy bien.

–¿Qué tal la vida amorosa?
–(Risas) Muy bien, gracias.

–¿Cómo se concilian las vidas de una actriz y un deportista?
–Y, no sé. Supongo que en todas las relaciones hay que combinar diferentes ocupaciones. Me parece bueno que haya diferencias.

–¿Le gustan los deportes?
–Yo jugaba al hockey de chiquita.

–¿Se va de viaje en breve?
–Ahora no puedo, estoy trabajando. Pero trato de que cada cosa ocupe su momento. Ahora estoy focalizada en el trabajo.

–Su novio Gaudio tiene fama de ser un chico bravo, y a usted se la ve tranquila. ¿Lo contiene?
–Nada es tan así como parece. Las apariencias engañan. Hablo de mí, no soy tan tranquila. Soy muy sensible, pero no frágil.

Marcela Kloosterboer volvió a la televisión con El tiempo no para. Mientras su novio, Gastón Gaudio, compite por el mundo, ella aprovecha para concentrar todas sus energías en el trabajo.

Marcela Kloosterboer volvió a la televisión con El tiempo no para. Mientras su novio, Gastón Gaudio, compite por el mundo, ella aprovecha para concentrar todas sus energías en el trabajo.

“<i>Si tengo que pasarme un año sin trabajar porque no hay nada que realmente me interese, lo hago</i>”

Si tengo que pasarme un año sin trabajar porque no hay nada que realmente me interese, lo hago

“<i>Nada es como parece. Las apariencias engañan, no soy tan tranquila. Soy muy sensible, pero no frágil</i>”

Nada es como parece. Las apariencias engañan, no soy tan tranquila. Soy muy sensible, pero no frágil

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