«No firmamos cosas que luego no podamos cumplir» – GENTE Online
 

"No firmamos cosas que luego no podamos cumplir"

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"Señores, acabamos de cerrar el acuerdo con la Argentina como les he
presentado. Quiero decirles que he conocido al presidente Kirchner. Es un
negociador muy duro, inflexible en sus posiciones. El me dijo:
'Estos son los
términos que la Argentina puede cumplir'. Y yo le creo. Y me ha enseñado que
debemos revisar cómo negociamos y cambiar de aquí en más. De todos modos, está
mal que la Argentina no haya pagado en término. Es el compromiso esencial que
debe cumplir cualquier país".

El indio Anoop Singh, un viejo conocido de los argentinos, no salía de su
asombro por las palabras que un férreo negociador como Horst Köhler, el número
uno del Fondo Monetario Internacional, acababa de pronunciar ante el directorio
de ese organismo. Marcó el número de un íntimo colaborador del Presidente y, aún
azorado, se lo contó. El sábado 13 por la noche, mientras su celular se ponía al
rojo definiendo a varias puntas el nuevo presupuesto, que será presentado el
martes, el interlocutor de Singh le dijo a GENTE: "Fue una de cal y otra de
arena. Igual, fue todo un elogio…".

Apenas tres días antes, el tema era preocupante. El martes 9 de septiembre, la
Argentina había entrado en default con los organismos multilaterales, a los que
debía pagar 2.900 millones de dólares en esa fecha. Hasta ese momento, las
negociaciones habían sido infructuosas. Durante el dramático lapso de 45 horas
que duró esa situación, hubo tensión en el Gobierno. Cuando se terminaron de
sortear las procelosas aguas de la negociación, que concluyó con un acuerdo
inédito para un país en default y el refinanciamiento de 21 mil millones de
dólares (véase nota sobre el detalle del acuerdo en página 34), quedó en claro
que hubo otros hombres que se pusieron al hombro la situación. Entre ellos,
sobre todo, el ministro de Economía, Roberto Lavagna. Cuando a Kirchner le
preguntan por él, no escatima elogios: "Admiro el temple, la tranquilidad y la
capacidad que exhibió para contribuir a recuperar a la Argentina de los momentos
más dramáticos que vivió el país en más de un siglo, tanto en lo económico como
en lo social".

Lavagna, que habló con GENTE, devolvió gentilezas: "Trabajé con tres
presidentes: Alfonsín, Duhalde y Kirchner. Los dos primeros son políticos de
raza. En la Casa de Gobierno dedicaron la mayor parte del tiempo a consolidar
sus apoyos políticos y dejaron la gestión en manos de sus colaboradores de mayor
confianza, dando el toque final en cada decisión. En cambio, Kirchner interviene
en todo el proceso, se interesa, pregunta, participa, se informa, aporta ideas y
resuelve".

En el medio, aunque hoy todos minimicen la cuestión, hubo chisporroteos entre
ambos. Más de forma que de fondo, es cierto. Lavagna está aún hoy convencido de
que no era necesario haber estado en default por casi dos días, y que haber
tensado la relación con el FMI dio lugar a que el fruto -el Acuerdo- se
recogiera cuando estaba un poquito pasado de maduro. Kirchner sostiene -y así lo
hizo valer- que era necesario esperar un poco más.

Alguien, un equilibrista, afirmó muy cerca de ellos: "Lo mejor que pudo haber
pasado es que ambos manifestaran sus posiciones con firmeza, con la natural
prerrogativa presidencial de retener la última palabra
". Otro, un miembro del
gabinete, confió: "Kirchner percibió el default del martes como una estrategia
de negociación. Básicamente, lo que dijo fue:
'No me voy a dejar apurar por el default'.
Y fue duro allí donde Lavagna quizás había mostrado cierta laxitud.
Por ejemplo, con el tema de las compensaciones bancarias. El texto que habían
enviado desde el Fondo era confuso, no le gustaba mucho a Néstor. El prefiere
las cosas bien claras, como nosotros las planteamos."

Lo supo Köhler, por ejemplo, cuando lo llamó a Kirchner -quien estaba en Caleta
Olivia- por tres temas fundamentales: tarifas, compensaciones y el reembolso de
los 2.900 millones que se pagaron. "Köhler mencionó que se devolvería en un año
-dijo el circunstancial portavoz del gobierno-. Kirchner, cortés pero firme, le
respondió:
'No lo puedo aceptar, es imposible'". Y, en definitiva, será en Dubai
esta semana, cuando el Fondo suscriba formalmente el acuerdo, ratificará que
dicho importe será devuelto.

Y lo volvió a comprobar el lunes, cuando Kirchner le dijo a Alberto Fernández -y
éste a su vez le trasladó la orden por escrito a Alfonso Prat Gay, presidente
del Banco Central- que bloqueara los 1.200 millones de dólares de la cuenta que
tiene la Argentina en los Estados Unidos, que el Fondo, de no mediar esa medida,
podía cobrarse. "Ahí, el FMI advirtió que algo estaba pasando", señala la
fuente.

El miércoles, Lavagna y Fernández se encontraron en el despacho del segundo,
pegado al de Kirchner. "El Ministro de Economía estaba preocupado porque el
tiempo pasaba. Decía:
'Ya se cumplió el término, no puede ser que sigamos en
esta situación, tenemos que acordar' -señaló un testigo del encuentro-. En ese
momento entró Kirchner, y le dijo que esperara un poco. Lavagna tenía argumentos
más clásicos, decía que no era bueno extender el default. Kirchner veía que
existía una crisis sistémica en el Fondo, por lo tanto, ellos estaban más
necesitados que nosotros en esa situación de default. En ese enfoque, pensó que
podía ganar posiciones. Insistía con una frase
: 'No firmemos cosas que luego no
podamos cumplir. Es mejor esperar y llegar a un buen acuerdo'. Porque, además,
los Estados Unidos presionaban al Fondo para llegar a un acuerdo. Y muchos
países de América Latina, por gestión del canciller Rafael Bielsa, también
dieron su apoyo. Y en ese juego, le "
sacamos piernas" al Fondo".

Muchos apoyaron. Y extrañó, en ese contexto, el silencio de Brasil. Esa herida,
digan lo que digan oficialmente, aún sangra. "En cierto -continúa la misma
fuente-. Hubo solidaridad para encontrar un acuerdo. Y solidaridad después del default. Pero Brasil no fue solidario ni antes ni después. El problema que tiene
Lula es que no puede explicar cómo, en una situación infinitamente mejor que la
nuestra, hizo un peor acuerdo".

Y si el silencio de nuestros vecinos sorprendió, también lo hizo el "ruido" de
los Estados Unidos en nuestro apoyo. Para el miembro del gobierno, hay dos
razones. "Una es la buena relación personal que quedó tras el encuentro entre Bush y Kirchner en Washington. Pero, obviamente, no podemos dejar de darnos
cuenta que para los Estados Unidos la posición de nuestro país es trascendente a
la luz de lo que ellos llaman el eventual eje Chávez-Lula. Evidentemente, ellos
no quieren una Argentina volcada a la lógica del venezolano Chávez o de la
izquierda latinoamericana. Lo tienen bien claro. Por eso no sólo apoyaron:
hicieron ostensible el apoyo para que nadie dude de que nos estaban ayudando.
Igual, tendrías que haber escuchado la charla con Bush después del acuerdo;
chorreaba afecto".

Esa comunicación comenzó sin necesidad de traductor. George W. Bush, desde el
Air Force One, saludó a Kirchner en castellano: "¡Hola amigo! ¿Cómo estás?…".
Después sí, intérprete mediante, hubo más elogios y, dijeron, algún pedido del
norteamericano para que la Argentina se sumara a las posiciones de Washington en
la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Cancún, donde el canciller
Rafael Bielsa llevó la voz de nuestro país. "No hubo imposiciones -señalan desde
el Gobierno-. Pero es cierto que compartimos criterios sobre terminar con los
subsidios agrícolas en Europa, y sobre el tema de los transgénicos. Los Estados
Unidos son el primer exportador mundial de estos productos, y la Argentina, el
segundo. Por eso, Bush le dijo textualmente
: 'Estoy contento de que las cosas
hayan salido bien. Hoy estamos en Cancún, y espero que mañana sigamos trabajando
juntos'. Pero no se planteó un toma y daca…".

Como sea, la charla terminó con un deseo de Bush de conocer los Hielos
Continentales, y pescar en la Patagonia. "El tema es que a Kirchner no le gusta
la pesca
-dijo risueño el testigo de la llamada-. Pero cuando colgó, nos dijo:
'Y bueno, tendré que tirar la caña…".

PASANDO EN LIMPIO.
En Economía, cuando hacen el repaso de la ardiente semana que
pasó, precisan algunos puntos clave que hicieron posible la firma. "La Argentina
ha abierto un nuevo tipo de negociación con el FMI. Antes el Fondo no hablaba de
pobreza en sus comunicados. Era impensado; esas eran cosas para el Vaticano"
,
dice Lavagna.

Los negociadores argentinos, explica, sacaron provecho de algunas situaciones
muy particulares. Primero, que el management y el staff del FMI debían reconocer
que se habían equivocado en sus pronósticos agoreros de 2002 sobre la Argentina,
que los llevaron a desaconsejar el Acuerdo que finalmente fue celebrado en enero
pasado por decisión política del Grupo de los 7 (Estados Unidos, Canadá, Italia,
Francia, Alemania, Inglaterra y Japón). Segundo, que la Argentina cumplió con
creces las metas fiscales y monetarias que firmó en enero, lo cual fue
ampliamente reconocido por el Fondo. Y tercero, la confianza ganada entre los
equipos negociadores de la Argentina y el FMI a lo largo de un año y medio de
reuniones.

Y cuando las cuestiones pasan a temas más personales, como la relación con el
Presidente, Lavagna sonríe: "Mire… si le hacemos caso a todo lo que dicen... Una
negociación es como una fruta, y a veces está verde y a veces se pasa de madura.
Hay que decir:
'Lo hacemos ahora, lo hacemos mañana...' y todos tenemos razón
porque es una forma muy sutil, muy subjetiva de apreciar cuándo la fruta está en
el punto exacto. Y sobre eso hemos conversado con el Presidente, pero nunca
tuvimos diferencia de fondo con respecto a lo esencial del acuerdo".

En realidad, uno y otro hablan más entre sí de lo que todos imaginan. Lavagna
cruza a la Rosada muchas más veces de lo que todos saben. El jueves cruzó
temprano. El Presidente lo había llamado para tomar un café en su despacho. La
noche del miércoles habían anunciado juntos el Acuerdo y los rumores sobre
diferencias -y hasta de renuncia inmediata del ministro- no se habían acallado.
Sobre todo porque el día anterior, Kirchner se había mostrado distante en la
conferencia de prensa donde anunció el acuerdo, en un escenario del que también
participó el Jefe de Gabinete de Ministros, Alberto Fernández. No hubo gestos
presidenciales para Lavagna ni para el equipo negociador. Sí quedó un dato, que
fue puntualmente señalado por uno de los negociadores del ala política:
"Especulaciones se pueden hacer muchas, pero hay que tener en cuenta algo: todos
los acuerdos anteriores que hizo nuestro país fueron presentados por el ministro
de Economía, excepto éste, que lo hizo el Presidente".

Después del café del jueves en la Casa Rosada, que compartieron a solas -aunque
al final se incorporó Alberto Fernández-, la despedida fue inmejorable: "Bien
hecho, Roberto"
, dijo Kirchner; "Gracias, Presidente", respondió Lavagna. Y se
dieron un fuerte abrazo.

Por supuesto, hasta el propio presidente Kirchner sabe que el acuerdo no es la
panacea. Y muy cerca de él abominaron -porque no quieren que esta firma provoque
euforias desmedidas, como sucedió en la Alianza cuando obtuvieron el Blindaje-
de los afiches que los Jóvenes K imprimieron de cara al final de la campaña
entre Aníbal Ibarra y Mauricio Macri. Seguramente más por la primera consigna
que por la segunda. "Los que dicen: 'Le ganamos al Fondo, ahora ganémosle a Macri'
me parecen horribles -dijo un miembro del gabinete-; el trabajo que
tenemos por delante es mucho. Esto es un pasito para aliviar la cuestión
nacional".

Ahora, en lo inmediato, viene la otra negociación, quizá más difícil, con los
acreedores de bonos públicos en default. En Dubai, el ministro Lavagna y su
primera espada en la negociación, el secretario de Finanzas Guillermo Nielsen,
harán la primera gran aproximación con ellos, a través de lo que denominan la
presentación de los lineamientos de la reprogramación de esa deuda en default,
que alcanza a unos 95 mil millones de dólares. Esa deuda tiene una
particularidad: entre los acreedores hay unos 400 mil italianos, muchos
japoneses y alemanes, y también ingleses e instituciones norteamericanas. Pero
el mayor número lo integran los argentinos…

Por el momento, se cerró un capítulo. Con el respiro que dio la firma puesta
sobre el papel, en el mediodía del sábado Lavagna le dijo a GENTE: "Estoy
contento con el resultado del acuerdo, y sobre todo con el bendito punto ocho,
muy corto, apenas ocho renglones, pero muy importante, que establece cuál es el
reparto entre lo que puede quedar para pagar afuera, y lo que debe quedar para
el crecimiento y la distribución interna. Es decir: sólo a partir del superávit
se podrá pagar. El Fondo entendió que en este proceso hay que combinar
crecimiento y atención a problemas sociales. Pero la verdad, qué quiere que le
diga, no creo ser tan buen negociador como dicen… En mi casa pierdo siempre con
mi mujer, Claudine, y con mis hijos".

por: Hugo Martin y
Alejandro Sangenis
fotos: Maximiliano Vernazza, agencia NA y Presidencia de la Nación

El presidente Néstor Kirchner y el ministro Roberto Lavagna poco después del anuncio de la inminente firma del acuerdo con el FMI. Con ellos también estuvo el Jefe de Gabinete Alberto Fernández.

El presidente Néstor Kirchner y el ministro Roberto Lavagna poco después del anuncio de la inminente firma del acuerdo con el FMI. Con ellos también estuvo el Jefe de Gabinete Alberto Fernández.

Decenas de brazos se extienden para saludar al Presidente durante su visita a Puerto Deseado, Santa Cruz.

Decenas de brazos se extienden para saludar al Presidente durante su visita a Puerto Deseado, Santa Cruz.

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