“Nací millonario, tuve todo, pero me faltó aprender a vivir” – GENTE Online
 

“Nací millonario, tuve todo, pero me faltó aprender a vivir”

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En silencio, el grupo mira al hombre que llora. Y grita: “¡Fuiste lo mejor de la vida!”. Y suplica mil veces: “¿Por qué?”. Pero nada puede hacer cambiar el destino. Por más que Gustavo Martínez se recueste sobre el cuerpo de su querido amigo, y lo abrace, y le pida que vuelva, ya está... Los médicos de terapia intensiva del Sanatorio de la Trinidad, a las 5.20 de la madrugada, después de una hora y cinco minutos de resucitación, determinaron que nada podían hacer para salvar su vida. Que Ricardo Aníbal Fort estaba muerto. A los 45 años, con una fortuna que uno ni siquiera puede imaginar. El mismo –parafraseando a Hemingway– se lo dijo a quien escribe estas líneas en su departamento de Belgrano: “La vida es una universidad donde te recibís cuando morís”. Pero eso a Martínez (y los íntimos amigos que lo rodean –Guido Gurfinkel, Guillermo Peyrano, Natalia Román, Hernán Ranieri y Gustavo Beque, su jefe de seguridad) no les importa, aunque sepan, como confesó uno de ellos más tarde, que “esto, en definitiva, es lo que Ricardo quería”.

Como en el tango, su cuerpo herido no resistió más. Sólo en los últimos tres años fue internado 10 veces (tuvo 27 intervenciones en su vida), pero ya no por caprichos estéticos. En dos oportunidades lo operaron de la columna, seis de la rodilla izquierda (que tuvo una rebelde infección que desencadenó el final: primero por una bacteria, luego por una cándida), una por la perforación del duodeno a principios de año en Mar del Plata (estuvo gravísimo debido al consumo de antibióticos y derivados de la morfina) y en esta oportunidad por una fractura de fémur que trajo de Miami.

Entrada la madrugada del lunes 25, todo parecía estar tranquilo. Hasta grabó un video y envió mensajes por WhatsApp. Sin embargo, a las 4.15 sonó la chicharra de alarma, lo llevaron a terapia y murió. Según sus amigos, “se le volvió a perforar el duodeno”. El parte médico (que leyó su cuñada, Karina, esposa de su hermano Eduardo –el otro se llama Jorge y vive en el exterior–), indicó: “En el último mes estuvo en el extranjero, sufrió una caída que le produjo una fractura de fémur. Se internó el jueves 21 de noviembre en forma programada para la evaluación y tratamiento de dicha fractura. Fue asistido por un equipo multidisciplinario integrado por traumatólogos, clínicos, especialistas en tratamientos del dolor e infectólogos. Se mantuvo clínicamente estable y súbitamente presentó en el día de la fecha un paro cardíaco asociado a una hemorragia digestiva masiva, que produjo su deceso pese a las maniobras de reanimación efectuadas”.

Uno de sus íntimos le dijo a GENTE: “A esa mujer que leyó el parte, si la vimos dos veces fue mucho: en el cumpleaños 43 de Ricardo, y hoy”. Comienza una lucha por la herencia (alguna vez su fortuna, producto de su participación en la fábrica de chocolates Felfort –fundada por su abuelo Felipe, a la que aportó las barritas de cereal que trajo de Miami– fue estimada en 11 millones de dólares por Forbes) y por la tenencia de Martita y Felipe, sus dos hijos de 9 años (concebidos por el método de vientre subrogante en California), de quienes Fort era padre en forma oficial desde el 24 de febrero de 2004. “No tienen madre, porque no la necesitan”, sentenció desde entonces. Y se hizo cargo como padre: “Yo estaba todos los días de gira en los boliches cuando decidí tenerlos. De la noche a la mañana me encontré cambiando pañales. Por ellos le pongo el pecho a cualquier bala”.

Guillermo Peyrano es uno de sus más viejos amigos, y cuenta que “Gustavo Martínez es el albacea de los chicos: tiene un documento firmado por Ricardo que lo certifica. Con un porcentual importante del dinero de Ricardo, así que esa parte nos despreocupa. El se va a encargar de todo”.

Leé la nota completa en la edición 2523 de Gente.

Ricardo Aníbal Fort y su posesión más preciada, un Rolls Royce que llevaba a todas partes. Su vida fue un torbellino, y su muerte a una edad temprana, el destino que él mismo anunciaba.

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Con Martita y Felipe y su ex pareja, Gustavo Martínez, el hombre que cuidará de los niños a partir de ahora.

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“Cuando era chico, en clase dibujaba la parrilla del Rolls Royce y los marcos de los Rolex... ¡Y hoy tengo una colección de Rolex que me fascina y dos Rolls Royce!” (Diciembre de 2010)

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