Ahora leyendo
Música entre amigos a beneficio de un hogar de niños y niñas víctimas de violencia intrafamiliar

Música entre amigos a beneficio de un hogar de niños y niñas víctimas de violencia intrafamiliar

Avatar

El Hogar María del Rosario de San Nicolás recibe grupos de hermanos víctimas de violencia y abuso intrafamiliar. Por la cuarentena debieron suspender la cena anual con la que recaudan fondos y un grupo de amigos -entre ellos Matías Mayer- organizó una peña online para colaborar con ellos.

“Que sea mixto es más trabajo, pero también es más amoroso que los hermanos crezcan juntos”, dice Carolina Varangot (52), convencida de que un abrazo puede hacer la diferencia. Ella es presidenta del Hogar María del Rosario de San Nicolás que fue creado en 1993 para alojar a niñas y adolescentes -de entre 6 y 21 años- víctimas de maltrato y desde el año pasado recibe también a varones a fin de evitar la separación de grupos de hermanos. Pasaron casi 20 años desde que conoció el hogar, casi por casualidad, y desde entonces sabe que este es su lugar. 

Cuando comenzó el año una de las principales preocupaciones de Carolina era conseguir pijamas para todos los chicos y jóvenes que están viviendo en el hogar. Le importaba que ellos pudieran separar los momentos de descanso del tiempo de ocio y trabajo. La pandemia llegó para alterar (o reordenar) prioridades. La cuarentena derivó en la suspensión de muchas actividades, entre ellas la Cena Anual con la que tradicionalmente se recaudan fondos para cubrir los gastos de la casa y otros relacionados al cuidado de los niños y adolescentes. 

Al conocer esta situación, un grupo de amigos decidió armar un encuentro de música en vivo con el objetivo de ayudar al hogar. La cita es el sábado 23 de mayo a las 21 horas en un vivo Instagram. Más de una decena de músicos entre los que se encuentran Matías Mayer (de ATAV), Francisca y los exploradores y Angie Cadenas, entre otros, participará en esta peña solidaria para aportar algo de alegría a muchos en medio de la cuarentena e invitar a quienes quieran a hacer un aporte para ayudar al sostenimiento del hogar y de los 25 niños y adolescentes que viven allí.

Un hogar para niños que padecen situaciones de violencia 

Me gusta saber que no están solos”, dice Varangot consciente de la historia con la que cada persona llega a la casona en Parque Chas donde funciona el Hogar María del Rosario de San Nicolás. “Hay un momento, cuando la persona llega, en el que veo la posibilidad de sacarla de esa situación de violencia. Me emociona saber que puedo hacer la diferencia. Si el adulto que estuvo no la pudo ayudar, pienso ‘¡Qué suerte que estamos!’ Me siento agradecida de tener la oportunidad de darles una oportunidad”, reflexiona haciendo un juego de palabras. 

Acompañar la vida parece ser el lema de Carolina. Entra a la casa con una sonrisa. Saluda a cada uno con un beso y los chicos (incluso las adolescentes, algo más rebeldes) aprovechan para abrazarla. Está atenta a la vida de los 25 niños y jóvenes que hoy conviven en el edificio: sabe sus cumpleaños, lo que les gusta y lo que les cuesta. 

Organizar horarios, dialogar y compartir ideas son tres aspectos clave en el hogar.
Libros, materiales didácticos y juegos están siempre al alcance de la mano para los chicos del hogar.
Libros, materiales didácticos y juegos están siempre al alcance de la mano para los chicos del hogar.

También conoce sus expedientes. “Son nombres, pero también son identidades e historias. Siempre les digo a las voluntarias que no lean las carpetas de las chicas. De pronto me dicen: ‘Quiero saber qué le pasó a Belén’ y mi respuesta es: ‘¿qué te importa su trayectoria? Si conocieras de donde viene, lo que tuvo que atravesar, ni la levantarías para salir de la cama’”, exclama y sigue: “Les adelanto que ellas mismas van a compartirles su historia y van a escuchar cosas que les van a hacer doler el cuerpo. Son hechos horribles y las chicas te lo cuentan limpiando los platos. Sus historias duelen”. 

Esto no la desanima. Al contrario. “Todos llegamos con historias. Y entonces, hay dos opciones: te hacés el tonto y te dedicás a otra cosa o potenciás lo que padeciste y lo ponés al servicio de otros. La ecuación es simple para mí. Nosotros existimos porque hubo un padre, un abuelo o un tío abusivo, o una madre descerebrada. Cada vez que llega una chica que no tuvo alguien que la cuidó, me doy cuenta de que vale la pena y que no fue casualidad que yo conociera el hogar”. 

El primer encuentro con un hogar de niñas judicializadas

Casual o no, su primer encuentro con el hogar fue -literalmente- accidentado. Separada desde hacía más de un año y con dos hijos pequeños, estaba saliendo con Tomás Elizalde -viudo, con tres niños-. Compraron medialunas para compartir y fueron en bicicleta a la casa de la calle Andonaegui. 

Voluntarios y profesionales trabajan día a día para que los chicos que viven en el hogar no pierdan la oportunidad de aprender durante la cuarentena.
Voluntarios y profesionales trabajan día a día para que los chicos que viven en el hogar no pierdan la oportunidad de aprender durante la cuarentena.

Era marzo o abril de 2001 y cuando llegamos se acababa de tirar una de las chicas por la ventana. Partimos al Tornú y ahí terminamos nuestra salida romántica”, recuerda. Cierra los ojos y repite las palabras que se dijo a sí misma esa noche, junto a la niña que se había querido lastimar: “Qué suerte que ella no está sola en esta situación. Tenía agarrada su manito y pensaba ‘Qué suerte que llegamos’. En ese momento sentí que ser voluntaria era lo que quería hacer: no quería que estuvieran solas”, recuerda. 

Durante la cuarentena, los chicos se reúnen en los espacios comunes para hacer sus tareas.
Durante la cuarentena, los chicos se reúnen en los espacios comunes para hacer sus tareas.

En ese momento se convirtió en voluntaria del hogar que comenzó brindando un servicio más bien asistencialista, dando casa y comida a niñas y adolescentes. En 1993 se creó oficialmente el Hogar María del Rosario de San NIcolás, pensado como un espacio convivencial para albergar a chicas víctimas de violencia. “Al principio no había un dispositivo terapéutico. La complejidad de la población demandaba más equipo técnico: psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, y por eso pasó a ser un hogar de tratamiento”, cuenta Varangot. 

La transformación hacia un hogar de hermanos

La institución funcionó así hasta 2018. Carolina ya era presidenta y estaba segura de que era momento de crecer. “Me encontré con Catalina Hornos, que venía de una gestión muy importante en Haciendo Camino. Ella quería trabajar en Buenos Aires y nosotros necesitábamos un cambio de dirección. Nos interesaba hacer una transformación. Siempre creímos en el abrazo, el cariño, el respeto, el cuidado de la casa”, enumera. 

Puede interesarte

Y eso le da el puntapié para plantear algo que la inquieta: “El día a día acá implica lidiar con diferentes tareas al mismo tiempo. Son 3, 4 o 5 roles en simultáneo. Y hay un gran abanico de tareas que sólo se entienden si estás adentro, por eso estoy convencida de que muchas ONG hacemos los mismo y es clave trabajar juntos”, dice. 

Uno de los espacios predilectos es la sala de juegos.
Uno de los espacios predilectos es la sala de juegos.

La red de hogares fue una idea brillante -siempre y cuando no tenga sesgo partidario o religioso- porque se pierde mucho tiempo en el hogar aprendiendo cosas que otros ya saben o que vos ya atravesaste. Y esa unión serviría para dar mejor respuesta a un montón de niños”, afirma. 

Hacer la transformación de un hogar que sólo recibía mujeres a uno que recibe hermanos de ambos sexos fue un paso importante. “Vino gente nueva, con ideas innovadoras. Creo firmemente en la importancia de oxigenar los proyectos no sólo desde adentro sino en relación con otros. De hecho, nosotros fuimos a conocer otras instituciones para conocer formas de organizarse y sacarnos el miedo a recibir hermanos. Que sea mixto es más trabajo, pero también es más amoroso que los niños crezcan juntos”, sentencia y comparte por qué le importa tanto el hogar: “No es poco impactar en la vida de 25 personas. Cada vida es un tesoro”, concluye.

Fotos: Diego Soldini y Gentileza Hogar María del Rosario de San Nicolás.
Ir Arriba