“Muchas veces, al levantarme, me siento una mujer común y corriente” – GENTE Online
 

“Muchas veces, al levantarme, me siento una mujer común y corriente”

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Lady Gaga no existe. Nunca existió. Es el sueño paranoico de una artista derrumbada, presa en su minúsculo departamento neoyorquino, aspirando cocaína y componiendo de a ratos. O quizá sea la pesadilla de una rubia teñida, tatuada, lookeada, inquietante en sus corsés de cuero y máscaras extravagantes. Hay quien arriesga que en realidad es un hombre, en ese misterio andrógino que propone desde la ambivalencia. Así hasta presentó a su alter ego: Jo Calderone, un mecánico italiano ficticio. Para otros es, simplemente, una ilusión de estos tiempos, un mutante que juega a ser Madonna, Michael Jackson, Bowie, y redefine el concepto de un show rockero. Pero para los “monstruitos” (como ella llama a sus fans), Lady Gaga no sólo existe. Lady Gaga es todo.

No lleva mucho tiempo encumbrada en el ranking de los íconos pop, pero su influencia ha sido dramática. Como a ella le gusta. En un par de años logró lo que a otros les cuesta décadas: millones de fanáticos y de discos vendidos (¡más de 15 millones!), en medio de especulaciones acerca de su fenómeno, que es tan social como musical. ¿Hasta dónde piensa llegar esta chica? Nació hace 24 años en Nueva York con el nombre de Stefani Joanne Angelina Germanotta, sangre italiana por parte de padre e inquietudes artísticas en su mapa genético. Es que papá Joseph quiso ser rockero, pero no le dio el cuero. Y la semilla se transmitió a su hija, sin demoras. A los cuatro años, Stefani ya tocaba el piano, talentosa como sugiere una de sus particularidades: es zurda. Y al poco tiempo empezó a componer sus melodías. “Mi padre fue mi primera y más grande inspiración”, supo reconocer.

Concurrió a un colegio católico privado, y al momento de graduarse ya imaginó su destino. A los 17, entonces, ingresó a una escuela de arte en Nueva York y se hizo de abajo, durmiendo en una pensión de la universidad. Quizás allí, en la soledad de esos días, comenzó a parirse Lady Gaga. El sobrenombre surgió de una canción de Queen (Radio Ga Ga), fuente de inspiración de la joven Stefani, aunque las versiones sobre el tema son contradictorias. Al poco tiempo comenzó a cantar y dejó de ir a clase. Surgió, entonces, un serio conflicto con sus padres, desencantados con la decisión de la nena. Algo se les había ido de las manos.

Gaga (que no era íntegramente Gaga todavía) vivía en un pequeño departamento en el Lower East Side de Manhattan, mientras calentaba sus sueños de diva en ese paisaje “scorsesiano”. En la sordidez de las noches, el monstruo se comió a Stefani. Cantaba en pequeños boliches, escribía canciones, grababa lo que podía y empezaba a frecuentar el under neoyorquino. Y las drogas. En ese tiempo (2007) se relacionó con la multifacética Lady Startlight, dj, bailarina, estilista y disparador fundamental para que terminara de moldear su personaje. Se presentaban juntas en los clubes nocturnos, ofreciendo un show de neo-pop-burlesque, que combinaba los elementos que luego explotarían en los recitales de Gaga. No era sólo cantar y bailar. Había moda, mensaje, sátira, actuación, vanguardia... Un concepto que lo abarcaba todo y que el gran público apenas conocía. Llevar ese mundillo a la expansión masiva suponía todo un desafío. Y Gaga lo aceptó.

El 2008 fue su año consagratorio, de la mano de su primer álbum, The Fame. Exitazo en ventas (12 millones de copias) y con buena recepción de los críticos, la explosión se hizo irresistible. Su despliegue en el escenario y el paso de comedia electrónico la revelaron como una nueva tendencia. Los demás empezaron a copiarla para no quedarse atrás. Al tiempo llegó su segundo trabajo, The Fame Monster (2009), una gira mundial que comprobó su enorme llegada con los fans. Muchos se identifican con ella, sobre todo la comunidad gay (es una firme luchadora por los derechos de los homosexuales) y su carisma concita seguidores de todas las edades. Ya se viene su tercer disco, que saldría en el 2011. Anunciará el título el día de Año Nuevo, de un modo más que curioso: se lo tatuará en el cuerpo.

En recientes entrevistas (entre otras tapas, ya visitó las de las codiciadas Rolling Stone y Vanity Fair), dejó ver su costado humano. Allí habló acerca de su adicción a la cocaína, cuando su madre tuvo que rescatarla y la llevó a “internarla” a la casa de su abuela. Dice que se curó. Y reconoció sus múltiples miedos. Al sexo (“temo que si duermo con alguien sólo por el hecho de tener sexo me extraiga toda la creatividad de la vagina”). A los teléfonos celulares (“pueden causarte cáncer”). A los niños (“no estoy lista para tenerlos”). A la terapia (no se analiza). Y seguramente a sufrir por amor, como le sucedió con su ex, Rob Fusari (obsesión recurrente). Ahora estaría saliendo con otro ex, el barman Luc Carl. De algún modo, Gaga siempre retorna a esa oscuridad que, cual poeta maldito, inspira su arte.

Recientemente confesó que muchas veces, cuando se levanta en su casa de Hollywood, se siente una mujer común y corriente, tan insegura como cualquier chica de 24 años. “Y es ahí cuando me digo: ‘Perra, sos Lady Gaga, ¡vamos, levantate de una vez!’”. Y existe.

Sus fans deliran con cada presentación de la diva, quien siempre sorprende con sus atuendos. Gaga, un misterio que crece y no para de facturar.

Sus fans deliran con cada presentación de la diva, quien siempre sorprende con sus atuendos. Gaga, un misterio que crece y no para de facturar.

La fuerte influencia de su ex compañera de escena, la creativa Lady Startlight, le abrió  los ojos: el show de Gaga no estaría completo sin una fuerte carga de excentricidad. Y todo comienza por la ropa. Ella misma se encarga de pensar diferentes modelos, que luce arriba y abajo del escenario. Y también viste creaciones de vanguardistas como el desaparecido Alexander McQueen. Hace poco recibió una oferta del famoso sombrerero Philip Treacy para que trabaje en su empresa elaborando ideas. Una top.

La fuerte influencia de su ex compañera de escena, la creativa Lady Startlight, le abrió los ojos: el show de Gaga no estaría completo sin una fuerte carga de excentricidad. Y todo comienza por la ropa. Ella misma se encarga de pensar diferentes modelos, que luce arriba y abajo del escenario. Y también viste creaciones de vanguardistas como el desaparecido Alexander McQueen. Hace poco recibió una oferta del famoso sombrerero Philip Treacy para que trabaje en su empresa elaborando ideas. Una top.

<i>“Quiero agradecer a todos mis hermosos pequeños monstruos por seguirme, por convertirme en su reina”</i>, dijo cuando alcanzó los 5,7 millones de seguidores en Twitter,  todo un récord.

“Quiero agradecer a todos mis hermosos pequeños monstruos por seguirme, por convertirme en su reina”, dijo cuando alcanzó los 5,7 millones de seguidores en Twitter, todo un récord.

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