«Mis papás no saben que soy famoso…¡porque sale muy caro llamarlos por teléfono!» – GENTE Online
 

"Mis papás no saben que soy famoso…¡porque sale muy caro llamarlos por teléfono!"

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Canal 13, Estudio B. El ojo cítrico está a punto de rodar. Y tras bambalinas,
esta escena…

-Mariana Fabbiani: ¡Mukenio! ¿Cómo estás, querido?
-Diarra: Ahora que te veo a vos… ¡re bien!
-Gastón Portal: ¡Epa!
-Luis Rubio: Viejo, te voy a enseñar la primera regla de la tele: ¡con la jermu
del jefe no se jode!
-Diarra: ¿Y qué querés? ¡Si soy nuevo acá!

Y estalla la risa, nomás. Bastante piola, don Mukenio. Tres semanas en la tevé
argentina, y ya coquetea con la esposa del jefe, a saber, Gastón Portal, productor de
El ojo cítrico -viernes, 22 horas, Canal 13- , y esposo de Fabbiani,
junto al humorista Luis Rubio, el hombre de Eber Ludueña, conductores del
programa. Sí, usted seguramente lo conoce. Semanas atrás, era un africano
nostálgico del fútbol de su tierra en la publicidad para tevé de Arnet Highway.
Y para mejor solución, importa por 450 dólares a su crack favorito -el verdadero
Mukenio, oh sorpresa, llamado Sambe Mukenio, nacido en Senegal-, a las filas de
Defensores de Belgrano, club del Nacional B. Y la carcajada fue un punch
instantáneo. El mote de Mukenio le recayó encima, nomás. Y derechito detrás, la
fama. Un fenómeno tan rápido como el click de un mouse. Usted, por supuesto, se
preguntó: "¿Quién es?"

Y para Habou Diarra, 27 años, el Ulises de nuestra Odisea, Itaca es la localidad
de Kati, una ciudad enclavada en pleno calor de la República de Malí, Africa del
Norte. Diez millones de habitantes, mambara como lengua oficial. Y entre ellos,
de dientes blancos e inmensos y piel tan negra que pinta azul, Habou: "Uff,
¡mucho calor! Todo desierto. 48 grados a la sombra"
, dice el hombre, en el poco
español que pudo rescatar. Cuenta, como puede, su vida: "Mi papá era
comerciante, y tenía un negocio. Yo hacía trabajos de soldadura. Teníamos vacas
y cabras, yo las curaba. Pero no había mucho para mí. Entonces, me vine a hacer
la Argentina." Y el 25 de marzo de 2002, llegó: "Me tomé un avión, y me vine
solito en micro desde Brasil. Lo primero que vi… ¡fue la terminal de Retiro! No
entendía nada del idioma ni conocía a nadie. Subí a un taxi, después de mucho
intento de que alguno pare, y el chofer me preguntó de dónde era, y le dije:

'Africa' -y sigue-, entonces me llevó por Avellaneda, a un edificio donde vivía
toda gente de Africa. Y me instalé."

Había que trabajar entonces. Sus talentos como soldador lo recalaron en un
taller en Dock Sud. Y en el hotel Savoy, en plena avenida Callao, fue portero.
Un empleo más que certero, ya que el hombre a la puerta del lugar es
invariablemente inmenso -aunque Habou llega a 1,80 metro-, y moreno, muy moreno.
Y una curiosidad: "En el hotel me hice de Rosario Central. Unos hinchas me
hablaban todo el tiempo del equipo, y me hice fanático. Eso sí, todavía no fui a
la cancha." Mundo nuevo para el hombre, entonces: "Esto es muy diferente a mi
país. Edificios altos, tecnología… Allá es todo chato. Y la verdad, que me gusta
mucho. Estoy muy contento. La gente es divertida. No es racista. Acá me quedo
."
Más aún, cursó sus estudios primarios en español. "Y si se puede, voy a hacer el
secundario"
, lanza.

Buena jugada, Habou. Semanas atrás, con la publicidad de Arnet Highway,
proveedor de Internet, le llegó su round en el ring de la fama. Y nació Mukenio.
"A mí me encanta, la gente me saluda por la calle. ¡Es lindo!", dice.

Ya es casi argentino, casi porteño. Lanza modismos como "está todo bien", y
adhiere de pleno al vicio nacional por excelencia: el asado. "Me encanta. No me
gusta el mate ni el dulce de leche. Pero la tira de asado me vuelve loco.
Siempre que como, tengo algo de carne en el plato. Y con gente de Malí, nos
juntamos y hacemos asados también",
dice.

Y encontró chica, nomás. Marianela Filipelli Zedano, de 26 años. El hombre
cuenta: "Yo iba a bailar, y las chicas me miraban, pero no se arrimaban.
Entonces la vi a Marianela, la saqué a bailar, y le pedí el teléfono después."
Meses más tarde era el sí quiero en el Registro Civil de la localidad de Adrogué,
y hoy comparten un departamento de un ambiente en el barrio de Congreso.

Y bueno, le llegó la tevé. Es Morfeo en la versión de The Matrix de El Ojo
Cítrico
, el nuevo asalto a las pifias de la pantalla chica, heredero de PNP.
Bautizado Morfenio para la ocasión, eso sí. Allí, como su contraparte
cinematográfico -en la piel del morenazo Laurence Fishburne-, Habou Diarra hace
su gracia de cuero negro y gafas. "¡Me pone nervioso la tele! Pero me río
mucho
", dice sin más preámbulo. ¿Y qué dirán allá por Malí de su incipiente
fama? Por el momento, nada. ¡El hombre ni llamó! Y se excusa: "Mis papás no
saben que soy famoso… ¡porque sale muy caro llamarlos por teléfono!"
Para Habou,
el desierto de arena de Malí, es hoy el desierto de asfalto porteño. Y mal no la
pasa.

Habou, en los estudios de Canal 13. Soldó en un taller y fue portero de hotel. Hoy, instaladísimo en la Argentina, goza de su súbita fama.

Habou, en los estudios de Canal 13. Soldó en un taller y fue portero de hotel. Hoy, instaladísimo en la Argentina, goza de su súbita fama.

En su departamento de Congreso, con su esposa argentina, Marianela. Se conocieron en un boliche. La iniciativa, del moreno mismo.

En su departamento de Congreso, con su esposa argentina, Marianela. Se conocieron en un boliche. La iniciativa, del moreno mismo.

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