“Mis amigos me dicen que cobro por decir las mismas pavadas que decía en el colegio” – GENTE Online
 

“Mis amigos me dicen que cobro por decir las mismas pavadas que decía en el colegio”

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Podría ser nuestro amigo Miguel Angel Rodríguez (45). El tipo es simpático, accesible, cómplice. Podría ser uno más de la barra de amigos. Quizá lo sea, con una diferencia: a él se lo disputan Suar, Tinelli y Villarruel. Rodríguez los llama por sus nombres de pila. Dice: “Me convocó Adrián para hacer una tira el año que viene. También me llamó Marcelo para Bailando y Cantando por un sueño. Finalmente, arreglé con Claudio para hacer una comedia en Telefe…”.

Después de dos exitazos en ficción, Son amores y Los Roldán, Miguel Angel se tomó unos meses para descansar del trabajo diario. Se fue en enero a Villa La Angostura y un mes después debutó como conductor en TyC Sports con Jamón del medio. El otoño y el invierno los pasó probando formatos para volver a la TV abierta. El dilema: ¿hacer humor o comedia? Ganó la comedia: está por debutar con El código Rodríguez, donde –ajá– Rodríguez hace de Rodríguez, y todas las situaciones giran a su alrededor. Como buen escorpiano, a Miguel Angel no le molesta ser el ombligo del mundo, o por lo menos de un programa de tevé. Después de todo, siempre fue así en su vida. “Yo no era el tímido que después se destapó. Siempre fui el centro. No sorprendí a nadie cuando aparecí en la tele”.

–¿Eras el típico “no lindo” que ganaba con el humor?
–Y sí… Al humor no hay con qué darle.

–Igual estás más guapo. ¿Qué te hiciste?
–¡Nada! Me afeité, me bañé… Quizá me haga alguna cosa, pero todavía no. Como máximo, por ahora puedo llegar a tomar una cama solar. Y bueno… Cuido la dentadura, cosas así, pero todavía no pasé por el cirujano.

–Pero sos coqueto...
–Sí, me cuido. Me hago las manos, los pies… Tengo un personal trainer que me toca el timbre y salimos a hacer gimnasia. Me gusta la ropa, soy ordenado. En mi casa tengo todo separado por color. También uso mucho perfume: antes me mataba con el Old Spice y ahora, bueno, me va bien y compro Gucci.

–Ah, sos un poco obsesivo.
–Sí, de tener los billetes todos mirando para el mismo lado. Odio el desorden.

–¿Pensabas que te iban a pagar por ser vos mismo?
–Jamás. Mis amigos me dicen: “Guacho, cobrás por decir las mismas pavadas que decías en el colegio”. No, nunca lo imaginé y eso que me fascinaba la tele. Me sabía la programación de memoria, los nombres de todos los elencos, hasta el del último actor de reparto. En la casa de mi abuela estaba Radiolandia y la estudiaba. Soñaba con conocer los estudios de televisión.

–¿Cómo definís tu humor?
–Tengo sentido del humor y entonces abarco todo. Yo sé que ahora hago humor popular, algo que se consume tanto en Lugano 1 y 2 como en Recoleta. Pero me siguen haciendo reír las cosas simples, como una caída. El humor es un órgano, como el pulmón, el hígado: o lo tenés o no lo tenés.

–¿Por qué hay gente que no lo tiene?
–Hay gente que quizá disfruta, pero no se ríe. Un ejemplo es el propio Roberto Fontanarrosa. El Negro jamás se ríe. Me fue a ver al teatro cuando hice Inodoro Pereyra y ni se inmutó. Pero después me fue a saludar al camarín y me felicitó. Y bueno, él es así. Ni siquiera hace chistes cuando lo tratás: habla permanentemente de fútbol. Y sin embargo, mirá cómo escribe. A lo mejor traslada en la escritura lo que no puede exteriorizar.

–Vos no sos así.
–No, tengo una personalidad distinta. Y además, yo vengo laburando de atrás de cámara. Eso me hizo ser quien soy.

–¿Nunca tuviste un ataque de divismo?
–No. Me puedo enojar porque se atrasa una grabación, cosas por el estilo. El otro día me calenté por eso. Y me saco con mis hijos cuando no me escuchan.

–¿Sos horrible cuando te enojás? Ricardo Darín dice que por eso no se enoja .
–Sí, yo también soy así. No estoy acostumbrado a enojarme, no tengo training. No me enojo fácilmente. Ahora, cuando exploto, sonaste.

–Llevás veinte años de casado. Debés tener mucha paciencia.
–El matrimonio es difícil. Con mi mujer, Maribel, tuvimos quilombos como todos, pero los superamos.

–Algunas de esas crisis tomaron estado público. ¿Te molestó?
–Mucho. Yo no tengo que darle explicaciones a la gente de lo que pasa en mi casa. No entiendo la frase: “Son las reglas del juego”. ¿Qué juego? No es juego, es trabajo. Y es la vida de uno. Y en todo caso, si fuera un juego, es un juego que inventaron otros. No discuto que pueda ser una noticia: que alguien se separe, se junte, tenga un hijo… Pero hasta ahí llegamos. Yo estuve cuatro años grabando tiras muy exitosas y es difícil para tu entorno seguirte el tren. ¿Cómo le explico a mi vieja que estoy bien, que están exagerando, cuando dicen por la tele que me robaron a punta de pistola?

–¿Pero la ecuación fama-chimentos da positiva?
–Sí, hago lo que quiero. Soy feliz.

–¿Cuáles son tus preocupaciones?
–El colegio de los chicos, que quizá no llegue a ver a Imanol (10 años) en una obra de teatro que van a hacer…

–¿Son graciosos tus hijos?
–Felipe (8 años) es naturalmente gracioso. Imanol también, pero lo actúa más. Cuando hagamos una comedia los tres, yo me muero. Vinieron a ver una grabación de El código Rodríguez y se volvieron locos. Ya me dijeron que querían trabajar en la tele, pero les dije que no, que los chicos tienen que disfrutar. Les expliqué que los pibes que lo hacen es porque los padres lo necesitan. Pero no es nuestro caso. Para mí los chicos no tienen que trabajar. Yo trabajé con muchos niños y me dio mucha lástima.

–¿De qué barrio sos?
–De Saavedra. Yo decía “Núñez” para hacerme el canchero, pero después empecé a defender el barrio. Mi vieja todavía vive ahí.

–Pero ahora vivís en Olivos y hasta veraneás en Punta del Este.
–Fui. ¡Es verdad! Fue muy gracioso: nos fuimos con Toti Ciliberto y mientras estábamos en la playa mirábamos las revistas y decíamos: “¿Todo esto pasa acá? Y estos cuerpos, ¿dónde están?”. Si hasta me llegó a invitar Pancho Dotto a una fiesta…

–¿Siempre aceptaste todo lo que te ofrecieron?
–Casi todo. Hasta una película malísima, Tus ojos brillaban. Pero bueno, ¡era cine! Ahí te das cuenta de que el tema del libro y el director es fundamental. Me encantaría hacer cine y en esta nota voy a confesar un sueño que tenemos con el Puma Goity: hacer las remakes de las películas de Olmedo y Porcel.

–Ah, bueno… ¡ustedes quieren apretarse chicas!
–¡No! ¡Queremos agarrar la guita! Tras un impasse en la tele abierta (sólo está con <I>Jamón del medio</i> por TyC Sports), Rodríguez se prepara para volver a dar pelea en el juego grande. Rechazó propuestas de Suar y Tinelli y le dio el “<i>sí</i>” a Villarruel.

Tras un impasse en la tele abierta (sólo está con Jamón del medio por TyC Sports), Rodríguez se prepara para volver a dar pelea en el juego grande. Rechazó propuestas de Suar y Tinelli y le dio el “” a Villarruel.

“<i>Sí, me cuido. Me hago las manos, los pies... Me gusta la ropa. Y también uso mucho perfume: antes me mataba con el</i> Old Spice <i>y ahora, bueno, me va bien y compro</i> Gucci”

Sí, me cuido. Me hago las manos, los pies... Me gusta la ropa. Y también uso mucho perfume: antes me mataba con el Old Spice y ahora, bueno, me va bien y compro Gucci”

“<i>Mis hijos querían actuar en la tele, pero les dije que no. Les expliqué que los pibes que lo hacen es porque los padres lo necesitan. Para mí los chicos no tienen que trabajar. Yo trabajé con muchos niños y me dio mucha lástima</i>”

Mis hijos querían actuar en la tele, pero les dije que no. Les expliqué que los pibes que lo hacen es porque los padres lo necesitan. Para mí los chicos no tienen que trabajar. Yo trabajé con muchos niños y me dio mucha lástima

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