No me da lo mismo una empresa argentina que una extranjera". "Aplaudir el default fue una desgracia". "Ningún empresario argentino le tiene miedo a la competencia". "Voy a defender un proyecto de industria nacional". "Había que ser la brigada de explosivos para agarrar este país". "Necesitamos generar dólares, porque no nos van a prestar más"." /> Ministro, ¿cuándo arranca la Argentina? – GENTE Online
 

Ministro, ¿cuándo arranca la Argentina?

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-Hay un 22 por ciento de argentinos desempleados. ¿Cuándo va a empezar a crecer el sector productivo y devolverle el trabajo a esa gente?
-El modelo económico de la última década, aun en los períodos de mayor crecimiento, generaba desempleo. Y colapsó. El mes de diciembre fue una guerra. Y ahora hay que reconstruir todo. Había que ser la brigada de explosivos para agarrar este país. Y lo menos que se puede hacer es permitirle que trabaje en paz. Entiendo la ansiedad de la sociedad, pero todo cambio tiene una secuencia: primero, desactivar la bomba; segundo, delinear el plan económico; tercero, la aprobación del presupuesto y lograr que los organismos multilaterales de crédito ayuden. Una vez que se cumpla -y eso es ahora, ya-, no me cabe dudas de que vamos a recuperar la tranquilidad para poner toda la energía en cómo crecer.


-Pero son 3.500.000 personas que necesitan respuestas, plazos…

-Soy optimista, y le doy ejemplos. La empresa Alpesca, que estuvo cerrada los últimos dos años, y una empresa sudafricana, acaban de tomar casi 800 operarios en Puerto Madryn; el sector de la carne está tomando 4.500 operarios; empresas como Iveco y muchas fábricas han quedado en la Argentina y ya se estaban levantando para ir a Brasil; Zanello, en Córdoba, había cerrado hace un año y medio y nos invitaron el 14 a reabrir la planta tomando 400 operarios. Y así hay ejemplos en todo el país. Lo que la Argentina necesita hoy es esperar inversiones externas directas y sectores que generen dólares.

-¿Pero con lo que se ve del país en el exterior, cree que pueden venir?

-Sí, ya lo va a ver.


-Sin embargo, las señales que llegan no son muy alentadoras. En los Estados Unidos se habla de que hubiera sido mejor dolarizar, y aquí hasta De la Sota no lo descarta. Así va a ser difícil que vengan inversiones.

-Si algo se había logrado en diciembre con mucho éxito era que a la Argentina no le entraba un dólar más porque no había ningún negocio rentable. Por supuesto que no vamos a pasar del peor de los mundos a un mundo agradable en cuatro días, pero sí nos estamos encaminando.

-Insisto con la mirada del exterior: el default se aplaudió en el Congreso. ¿Qué opina de eso?

-Y, aplaudir el default fue una desgracia. Pero mire, por un tiempo, la Argentina debe dejar de pensar en lo urgente y pensar en lo importante, que es un proyecto. ¿Qué evita esto? Lo que pasó en la década pasada, cuando nada se debatía. No voy a abrir un juicio de valor, pero desnacionalizamos la banca en un 60 por ciento, tres veces el índice que tiene el país que más desnacionalizó en el mundo. Desnacionalizamos el petróleo, la energía, y no se debatió. Cuando en los Estados Unidos el 15 por ciento de la industria de la electrónica pasó a estar en manos japonesas, se hizo una cuestión de Estado, acá, nada.


-Recuerde que veníamos de una hiperinflación. Muy golpeados.

-Sí. ¿Y para qué sirvió la hiper? Para reaccionar y hacer transformaciones en una Argentina en la que faltaban las privatizaciones. Después pusimos piloto automático y creímos que aumentar el gasto público no tenía costos, que podíamos seguir perdiendo competitividad, ser caros para exportar y baratos para importar... Pero volvamos a hoy. El primer objetivo es lograr que la modificación del tipo de cambio sea competitiva y no sea absorbida por la inflación. Segundo, hay que generar dólares, porque no nos van a prestar más. ¿Cómo se logra? Mejorando la competitividad y sustituyendo eficientemente las importaciones. Que compremos lo que necesitamos para crecer y no choclos o cerdos. Este año habrá un superávit comercial de 10 mil millones de dólares, mayores recursos para poder empezar a crecer y abrirnos.

-A usted se lo acusa de querer cerrar la economía.

-Todo lo contrario. Pero con una falta de competitividad tremenda y costos internos que triplican y cuatriplican los internacionales, cualquier apertura será unilateral. Le puedo asegurar que ningún empresario argentino le tiene miedo a la competencia. ¡Si sobrevivió a estos nueve años! ¿Usted se imagina a un productor americano o japonés compitiendo con tasas del 70 u 80 por ciento anual?


-Pero si uno mira el clima de la calle, parecería que el único negocio que vemos es tirarse de cabeza al dólar.

-La gente no encuentra alternativa, quedó muy herida, y con razón. Es un opio la Argentina de estos días, pero nadie puede creer que seguiremos siempre así. Mi obsesión es crear políticas que tengan que ver con la producción, y orientadas hacia un proyecto estratégico. Debemos resolver los problemas sociales y mejorar el estándar de vida de las personas de nuestro país.

-Suena bien, pero hoy el miedo de la gente es que vuelva la inflación, que otra vez estemos corriendo atrás de los precios.

-Si el camino que recorrimos hasta diciembre hubiese sido exitoso, no habría por qué haberlo cambiado. ¿Cree que estábamos bárbaro y decidimos cambiar porque somos masoquistas? Si estamos transitando muchos problemas es por haber insistido tanto en el error. ¿Alguien cree que podíamos desatar semejante tragedia sin costos? Si quieren contar malas noticias, tengo muchas. Pero creo que la Argentina tiene salida.


-Le pregunto porque el alza de los precios está en la tapa de los diarios. ¿Lo van a controlar?

-No. Y no es tanto como dicen. Son parte de los dolores de parto, no nos cabe duda.

-¿Qué pasará con las empresas que usan insumos importados? Hay algunas que no pueden producir porque no les entregan ciertas partes que no se fabrican aquí.

-Es algo que tenemos que corregir. En la Argentina toda la cadena de valor fue cortada en muchos eslabones. Entonces tenemos que satisfacer estos problemas de insumos para terminar los productos. 


-¿A qué dólar? Porque hay precios que subieron mucho y no dependen de insumos importados. Y ese colchón que hacen algunos parece ser una señal de que hay gente que cree que el dólar se va a disparar.

-Esta no es la Argentina del 90, la de la hiperinflación. Había pleno empleo, una gran ocupación de las capacidades instaladas, y la inflación generaba mayor consumo. Ahora no hay plata. ¿Qué pasó en enero? Hubo un 40 por ciento de devaluación y un dos por ciento de inflación. ¿Entiende?

-Sí, pero algunos precios ya aumentaron 40 por ciento…

-Es cierto, pero tienen que ver con insumos importados. En mi campo, por ejemplo, los fertilizantes para la siembra de trigo aumentaron el 40 por ciento. El tema es clave: hoy la lucha es que la inflación interna no se traslade a los precios.


-Un tema polémico de esta gestión es la licuación de los pasivos de las grandes empresas, en desmedro de, por ejemplo, la devolución de los depósitos.

-No es un asunto mío, es de Economía. Y el tema de la licuación no es tan así. En el Senado conté que los países que salieron de ciclos tan complicados lo hicieron a través de la licuación de los pasivos. Brasil, por ejemplo. Y esto no pasó en la Argentina. Esta fue la única economía donde la gente cobraba en pesos y pagaba la heladera en dólares. O cobraba el flete en pesos y pagaba el camión en dólares. En cualquier parte se da un crédito en otra moneda cuando un exportador, por ejemplo, envía sus productos al país desde donde se le dio la moneda de crédito. Entonces, ahora le dicen: "Señor, en la moneda que cobra y paga los sueldos es en la que paga su deuda". ¿Y ahí qué se licuó? Nada, porque el préstamo se lo van a ajustar, y pagará interés. Insisto, la Argentina no tuvo licuación de deudas en su moneda.

-Pero, De Mendiguren, cuanto más suba el dólar, las grandes empresas deberán cada vez menos.

-Perdón. Ese señor, si debía cien pesos, va a deber cien pesos. Cuando los bancos pesificaron las deudas, pesificaron los créditos y los débitos. Pero acá hay otro tema. Un país, cuando está mal y tiene desempleo, tiene que crecer, y debe priorizar cómo arranca. Entonces, al señor que tiene un taller, una pequeña textil, y ya no podía pagar su crédito uno a uno, ¿es lógico que de golpe y por arte de magia, si vende en pesos, le hagan pagar un 40 por ciento más de deuda? No, a los tres meses está quebrado de nuevo.


-Nos acercamos al punto: ¿Y ese 40 por ciento, ese 0,40 de diferencia, ¿quién lo paga? ¿La gente?

-Si todo estaba a un peso y a los ahorristas se les paga sobre 1,40, el tema era cómo se pagaba ese 0,40. Se dice que darán un bono a largo plazo para compensarlo. Lo que Economía evalúa es el eventual costo de este bono en relación al tiempo que tarde en arrancar la economía, porque si una economía no arranca, no podrá pagarlo. Ahora, si por no emitir el bono a cinco años, vamos a ser todos pobres y sin haberlo emitido, no sé (abre los brazos)...

-¿Se van a licuar también las deudas en dólares que tengan las empresas con el exterior?

-Es un tema que no está resuelto todavía…


-Se dice que, con esa medida, usted cumplió su misión.

-Es injusto. Y mi conciencia está tranquila. Mi única preocupación es trabajar para que 37 millones de argentinos vivan mejor. Y sí voy a defender un proyecto de industria nacional. Porque en la última década dio igual importar que producir.

-¿Por qué tantos empresarios argentinos, entre ellos usted, vendieron sus empresas a capitales extranjeros?

-Porque la competencia del exterior ganaba con financiamiento al 3 por ciento. ¿Qué podía hacer yo si el que más barato me financiaba acá lo hacía al 20 por ciento? Me dicen que soy dirigista. Y sí, porque falta el rol de un empresariado nacional. No me da lo mismo una empresa argentina que una extranjera. ¿Alguien se imagina a los Estados Unidos fuertes con un empresariado americano destruido? ¿O a Brasil o a Chile sin empresarios consustanciados con el proyecto de país? Y sin embargo, en la Argentina creímos que era posible la pujanza sin un empresariado nacional.


-¿Lo sorprendió la frialdad y las críticas con que recibieron los Estados Unidos y los organismos financieros el Presupuesto 2002?

-Estados Unidos tiene una posición de observación con respecto a la Argentina. En el 98 éramos el país a imitar. Todas las calificadoras de riesgo nos ponían como el país emergente por excelencia. Y de golpe, los mismos dicen que somos Afganistán. Pensemos que, mientras teníamos los resultados que teníamos hasta diciembre, nos auditaba el FMI. Entonces, claro que en los Estados Unidos se sorprendieron, y es lógico que tengan más previsiones.

-¿Es cierto que cerró su empresa Texlona en San Luis?

-No. Y hace dos años que no estoy en el directorio. Llevamos 17 años en el pueblo de Justo Daract. Allí había 65 empresas, hoy quedamos seis. Y el 85 por ciento de la industria textil del país desapareció. En ese tiempo, nunca se paró la planta ni nos atrasamos en un jornal. ¿Qué pasó? Producíamos tela para Alpargatas. ¿Y sabe a cuánto entraba el producto terminado a la Argentina? A 38 centavos el par de zapatillas. A ese precio, acá no se podía hacer un cordón. Empresario puedo ser, pero mago no. No obstante, mantuvimos personal. Históricamente, la planta tuvo entre 37 y 40 personas; hoy somos 17. Y sigue trabajando. Lo que hicimos, cuando me dejaron de abastecer de tejidos, fue poner una línea de confecciones, e incorporamos por unos meses más gente, pero no pudimos sostenerlo. Pero, repito, si de 65 empresas quedamos seis, yo pensé que me iban a dar un premio, no que me iban a gritar.

-¿Y ahora, con la política que lleva a cabo el Gobierno, van a incorporar otra vez a la gente que despidieron?

-Bueno, tengo toda la esperanza de que con este cambio volvamos a producir como en las mejores épocas.

por Hugo Martin
fotos: Maximiliano Vernazza y Fernando Arias
De Mendiguren, del Grupo Productivo, se hizo cargo de una cartera pensada para generar crecimiento y fuentes de trabajo. ¿Podrá?

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De Mendiguren, ex presidente de la UIA, en su casa con tres de sus cuatro hijos. Tiene 55 años y es dueño de empresas, campos y comercios.

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