Miguel Angel Pierri: “Si no estaba Vanina, me moría por el infarto” – GENTE Online
 

Miguel Angel Pierri: “Si no estaba Vanina, me moría por el infarto”

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Le debo la vida. Por mi terquedad, no habría ido a un médico. Si no hubiera estado Vanina me moría por el infarto”. A Miguel Angel Pierri (62, papá de Gastón –37, abogado y director del Banco Mundial– y Juani –10–, ambos de matrimonos anteriores), el abogado por el que pasaron algunas de las causas judiciales más calientes de los últimos años, el corazón casi le dice “basta”. Sin embargo, sobrevivió. Hoy volvió a trabajar, casi al ritmo de siempre. Casi, porque “me di cuenta de que si un día decido cortar a las seis de la tarde, las cosas funcionan igual. Tengo que ser menos egoísta y pensar más en mi mujer y en mis hijos, en los que me aman”, confiesa. Y algo más: “Uno de los dolores que sentí cuando tuve el infarto fue que estábamos hablando mucho de tener un hijo con Vani. Me quiero poner bien rápidamente, para retomar la búsqueda. Es nuestro proyecto más deseado”. En su casa, siempre acompañado por su esposa (Vanina Hussein, 38), cuenta lo que le sucedió con detalle de penalista.

“El viernes 29 de julio, último de la feria judicial, fui a la pileta del club house. Me zambullí y sentí como una trompada en la cabeza. Buceé, salí y volví caminando a casa. Pensé que era un mareo. Me acosté con calor en el pecho. Hice reposo ese día y el sábado. Transpiraba mucho y pensé que me había caído mal algo. El domingo seguí así, y a media tarde Vanina, desoyéndome, llamó a la emergencia. Me hicieron un electro... Tenía una arritmia acentuada. El lunes fui a trabajar, pero antes contacté a mi médico, Raúl Monastersky. Me hizo otro electro y me prohibió que me fuera: ‘Estás cursando un infarto’. Llegó el director del Ramos Mejía... Me puse nervioso y me desvanecí. Me desperté tipo tres de la tarde en la Unidad Coronaria de ese hospital, cableado hasta los pies”.

–¿Qué tuvo exactamente?

–Un infarto de placa de arteria, muy grave –del que sólo sale con vida el 30 por ciento–, con una lesión complicada por los días que no me traté. Decidieron hacerme un cateterismo, y la segunda vena tenía una obstrucción importante. Probaron con un émbolo de los más grandes. Si ése no pasaba, tenía que ir a una operación a corazón abierto. Yo escuchaba todo, porque es con anestesia local. Ahí me asusté. Pensé en lo peor, que me moría. Pero pasó... Me pusieron un stent y quedé en observación 48 horas. Y ahí vino el drama.

–¿Más?

–Si. Salí de alta con una lesión “interesante”, a curar en el término de un año. Me dieron medicación, dos remedios típicos: uno para el funcionamiento del stent y el otro para la calidad de la sangre. Pero me produjeron una descompensación acá en casa. Estaba agitado. No podía respirar, y a la noche se agravó. Fui urgente a la guardia del Ramos Mejía. Tenía un edema de pulmón. Me comí cuatro días más de cuidados intensivos. Gracias a Dios empecé a recuperar hasta el tejido dañado del corazón, algo que a los médicos los asombra. Hace quince días me dieron de alta otra vez. Hace poco volví a trabajar... Y acá estoy, peleándola. Me sacaron la sal, el dulce, el pan... Perdí doce kilos y tengo que bajar trece más, con dieta y caminata. Lo hago con convicción, eh. La jornada laboral también la debo reducir. Igual, ya fui a un juicio oral y excarcelé al chico de Tapalqué que le envió un WhatsApp a Esteban Bullrich (Nota: Pedro Di Biasi). Pero reconozco que un poco me llevó puesto la profesión...

–Estaba a mil revoluciones por minuto.

–Viví experiencias muy intensas en los últimos tres años, de esas que pasan factura. Además, mi estudio es muy grande y no escapa a los problemas que tienen las pymes en nuestro país. Los costos se quintuplicaron: pago once mil pesos de luz, nueve mil de teléfono y tengo sueldos a cargo. Trabajo no me falta, pero duele ver que se complica la organización. Y me duele un país donde te levantás y todos los días son malas noticias. El 20 por ciento de mis clientes cerraron sus puertas. El mes de julio fue muy crítico. Además, tomé un ritmo muy peligroso: me puse a viajar por todo el país, abrí corresponsalías y tomé más laburo. Se sumó algo que también me afectó mucho: la desaparición de Stella Sequeira, la mujer de mi colega Rubén Carrazzone, el 29 de septiembre de 2016. Era amiga nuestra, venía a comer a casa y nunca más se supo de ella. Eso, más el exceso de peso, el cigarrillo, el alcohol, me reventó. Dejé todo excepto fumar, el frente más débil que tengo.

–¿Su pasado personal, su separación, qué peso tuvo en el infarto?

–Todo tiene su costo. Gracias a Dios, hoy sólo tengo los conflictos lógicos de alguien que se separó. Encontrar a Vani fue un milagro, pero nos costó mucho construir esta tranquilidad. Como me dijo el médico, se producen más infartos los domingos por la tarde y en las vacaciones. Todos cargamos tensiones y el corazón lleva un ritmo. Cuando uno se relaja, el corazón sigue ese ritmo y ahí hace el infarto. Si no se canalizan bien los problemas, o no se hace terapia, sucede esto.

–¿Usted hace terapia?

–Hice. Muchas cosas que resolví de mi vida fueron con un psiquiatra. No descarto volver. Por lo menos, para no trampearme. Porque yo le contaba que era un vivo bárbaro y los demás eran unos boludos. Hasta que empezó a laburar y me desarmó. Me hizo muy bien. Fue un salvavidas para mí.

–Hubo un caso emblemático en su carrera: la defensa de Jorge Mangeri por el crimen de Angeles Rawson. ¿Lo incluye entre las cosas que “lo llevaron puesto”?

–Totalmente. Con ese caso adopté una actitud pública, que no era la personal. Estoy convencido de que Mangeri fue la primera mecha que se me prendió en la pérdida de confort. Una causa muy complicada. Cargar con la verdad internamente tuvo un costo altísimo.

–¿Qué significa eso exactamente?

–Uno conoce todos los pormenores de una causa. Hay cosas que no puedo decir, por secreto profesional. No me refiero a la culpabilidad o no. Yo tengo una confesión de Mangeri. Para mí, la causa está inconclusa. No tengo dudas de que hubo más gente involucrada, por lo menos una persona más. Más allá de eso, lo que me marcó a fuego en ese caso fue la exhumación de Angeles, el 17 de agosto de 2013. Ocurrió algo que nunca conté. En el momento en que la pala mecánica levantaba el cajón, éste se rompió y cayó parte del cuerpo. Hasta ahí era el Pierri de todos los días, el defensor técnico... Cuando sentí resquebrajarse la madera, la sangre se me heló. Hasta el día de hoy no me puedo sacar esa imagen de la cabeza. Me marcó la vida. Llegué muy mal a mi casa y no se lo conté a nadie. Esa misma noche, me caí de la escalera y me fracturé. Veinte días después ya quería renunciar al caso. Ninguna causa me afectó tanto como la del crimen de Angeles. No fue una más...

–¿Hoy defendería a Marcelo Villalba, el acusado por el crimen de Anahí Benítez?

–No. Como pienso hoy, no le sería útil. El caso de Angeles me mostró que no soy lo impermeable que creía

Pierri y Vanina Hussein, su esposa desde noviembre pasado, en su casa de Pilar. Ella obtuvo la baja de la Policía santafesina hace un mes, con el cargo de principal. El susto ya pasó.

Pierri y Vanina Hussein, su esposa desde noviembre pasado, en su casa de Pilar. Ella obtuvo la baja de la Policía santafesina hace un mes, con el cargo de principal. El susto ya pasó.

El cambio de vida del abogado incluye un ritmo laboral más tranquilo, bajar de peso (ya descendió 12 kilos) y dejar el alcohol y el cigarrillo, aunque éste último, admite, le está costando. Su defensa de Jorge Mangeri en el caso Angeles Rawson (al que renunció en enero de 2014) fue uno de los detonantes de su problema de salud.

El cambio de vida del abogado incluye un ritmo laboral más tranquilo, bajar de peso (ya descendió 12 kilos) y dejar el alcohol y el cigarrillo, aunque éste último, admite, le está costando. Su defensa de Jorge Mangeri en el caso Angeles Rawson (al que renunció en enero de 2014) fue uno de los detonantes de su problema de salud.

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