“Mientras todas quieren ser vedettes, mi sueño es ser capocómica” – GENTE Online
 

“Mientras todas quieren ser vedettes, mi sueño es ser capocómica”

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En la casa de Eugenio Francese el televisor se apagaba, indefectiblemente, a las nueve...
Allí se crió Belén, en el barrio de Belgrano, junto a sus cuatro hermanos.
Papá zapatero, mamá catequista,
la niña se sentía la oveja negra de esta tradicional familia.
Abandonó libros y profesiones académicas,
ella sólo soñaba con ser una estrella...

Stop. “¿Y? ¿Te gustó?”, pregunta Belén Francese (27) tras su particular presentación en forma de rima, jugando con ese divertido ¿don? que la llevó, dos años atrás, a editar su particular libro de frases, Pequeña Belén (no) ilustrada. Acaso, el preludio de su flamante popularidad. Pero detrás de las disparatadas asonancias que plantea esta rubia de medidas exuberantes se esconde mucho más que el personaje payasesco de ShowMatch.

La historia de Belu –“como me llaman los que me quieren”– merece ser contada. Y a eso vamos. Criada en un hogar de clase media-alta con tinte conservador, Belén repartió su infancia con cuatro hermanos, todos ellos bautizados con nombres del santoral católico: Matías –falleció a los 19 años en un accidente automovilístico–, Agustín –hoy teólogo, escritor y docente de la Universidad de Buenos Aires–, Jesús –asistente social–, Nazareth –el menor de los Francese, estudiante de Informática e idiomas. “Son todos profesionales y trato de resguardar su intimidad de un mundo tan carnívoro como éste. Yo soy la del medio, y como ves, la única torcida”, dice Belén sobre su búsqueda artística, una vocación que descubrió tras los duros embates de las muertes de su hermano y su papá, cuando estaba finalizando la escuela secundaria.

“El ’98 y el ’99 fueron años horribles. Tuve problemas en el colegio... Todos hicimos terapia en la familia. Iba al Misericordia, el mismo colegio al que fue Maru Botana, pero tenía mala conducta y me echaron. Ojo, no era maldad, sólo que estaba en la mía. Me ponía a dibujar en clase, no prestaba atención... Al final terminé en un acelerado, mientras trabajaba en una financiera. Yo era medio lenta, y ahí me avivé un poco. ¡Pensá que mi primera vez la tuve a los 19 años! Era la única virgen de mi grupo de amigas”, recupera Belén.

Al poco tiempo pudo cambiar esta coordenada adversa. “Terminé los estudios a los tumbos y me anoté en el profesorado de aeróbic, en el Instituto Privado de Educación Física (IPEF). Algo es algo, ¿no? ¡Mi mamá todavía tiene el diploma colgado en el comedor de casa! En esa época ya hacía promociones y me habían llamado para una campaña de mallas Soleado”. Y a fines de 2004, entonces, llegó su gran oportunidad profesional: “Hice una audición como bailarina para la compañía de Jorge Guinzburg. ¡Re caradura! Me salió todo mal, un papelón. Pero a Jorge le encanté: ‘La quiero igual, porque es fresca y graciosa’, dijo. Y me llevó a Carlos Paz. Ahí debuté en su revista, Terminéstor, en el verano de 2005”.

Ergo: su pasaje a las plumas le trajo un importante conflicto familiar. “Ellos no estaban de acuerdo; mi mamá no sabía qué decir en la Iglesia, pero yo me escapé igual. Mi instinto decía que eso era para mí. Ahora me apoyan en todo lo que hago”. Un apoyo que, por estos días, se volvió masivo: sus pasos de comedia junto a Marcelo Tinelli –cuidándolo de las seductoras mujeres que lo rodean– la perfilan como una de las favoritas para ganar el mediático certamen. Sus apariciones capturan los picos de rating más coloridos del éxito de El Trece. “Todas quieren ser vedettes, y a mí me quita el sueño llegar a ser una capocómica, la sucesora de Moria, Carmen Barbieri o Flor de la V”.

–¿Marcás una diferencia con tus colegas?
–Me van a matar por lo que digo, pero sí. Hay mucha fotocopia y mi lema de vida es ser yo misma. Me equivoco, desafino, trato de superarme, pero soy así. Muchas empiezan siendo mosquitas muertas y después te pisan la cabeza. En la farándula es todo muy superficial. No podés tener un diálogo que no sea sobre Dolce&Gabbana o Louis Vuitton. Autogestiono mi carrera, no recibo regalos, y eso me hace transgresora.

–¿Tampoco fuiste “botinera” ni tuviste una pareja mediática?
–¡Jamás! (sube el tono) Porque los tipos conocidos salen con todas y ellas después se saludan como si nada. Soy antigua y celosa. Prefiero no sufrir.

–Por eso buscaste un amor ignoto (Damián Abadi, empresario textil, con quien convive desde hace casi cinco años).
–Sí, pero no lo llevo más al programa, porque había chicas que le coqueteaban a propósito. Hago la gran Luli Pop: no muestro con quién salgo.

–Aceptado. ¿Alguna otra denuncia?
–Una muy importante: basta de santificar a algunas chicas porque se convirtieron en madres hace poquito. ¿El embarazo es sanador? Yo no me lo creo. Está bien que haya algunas sanas... pero también hay muchas “saunas”. Y reniegan de su pasado. ¡Ah, y no me gustan las botineras!

–Desarrollá la idea, por favor. ¿Te estás refiriendo a Wanda Nara o a Evangelina Anderson, por ejemplo?
–No hago nombres, pero hay chicas que se creen cualquier cuento de hadas. Dejan todo y ya no se valen por sí mismas. Yo nunca dejaría que alguien se adueñe así de mí. Hasta me parece materialista. Muchas son vagas, y lo único que quieren es vivir bien y punto. Se enamoran de la vida de otro.

–Tampoco permitís que se acerquen mucho a Marcelo Tinelli.
–La verdad es que siento unos celos especiales. Me sale la Doña Rosa protectora. ¡Están todas embobadas con el poder de Marcelo! Ojalá estuvieran enamoradas de él como ser humano, pero siento que sólo quieren conocer el cuarto piso.

–¿Vos lo conocés?
–Fui una vez escondida, para investigar de qué se trataba, pero no pude entrar porque hace falta una clave. Me contaron que hay un sillón color visón y que es un lugar muy acogedor... Nunca mejor usada la palabra... (sonríe).

–Okay, analicemos a las tres últimas candidatas públicas para enamorar a Marcelo.
–Dale.

–Laurita.
–Ya fue. Le faltó personalidad, y jugársela más. Rankea más para Hoppe (Federico, productor del ciclo) que para Marcelo.

–¿Lola Ponce?
–¡Le falta realidad! Tiene una personalidad medio artificial. Usa todas frases armadas, y no es espontánea. Es talentosa y monísima, pero no tiene barrio... ¡y no entiendo por qué habla en italiano! Que yo sepa, es rosarina.

–Ultima candidata, la más fogosa de todas: Coki Ramírez.
–¡Esa es rapidísima! Fuma abajo del agua. Pero creo que apuesta más al trampolín para su carrera que al corazón de Marcelo. Creo que lo usa para su fama. Igual, se nota que siente una atracción sexual muy fuerte. Pero no creo que pase de ahí.

Nada de eso. Cuando finalice <i>Bailando por un sueño</i>, Belén tiene contrato para sumarse a <i>Bravísima</i>, la nueva apuesta revisteril de Carmen Barbieri y Santiago Bal que debutará en Mar del Plata el próximo verano.

Nada de eso. Cuando finalice Bailando por un sueño, Belén tiene contrato para sumarse a Bravísima, la nueva apuesta revisteril de Carmen Barbieri y Santiago Bal que debutará en Mar del Plata el próximo verano.

“¿Si conozco el famoso cuarto piso de Tinelli? Me contaron que hay un sillón color visón y que es un lugar muy acogedor... Nunca mejor usada la palabra...”.

“¿Si conozco el famoso cuarto piso de Tinelli? Me contaron que hay un sillón color visón y que es un lugar muy acogedor... Nunca mejor usada la palabra...”.

“Siempre fui medio lenta... Después me avivé un poco. ¡Pensá que mi primera vez la tuve a los 19 años! Era la única virgen de mi grupo de amigas”.

“Siempre fui medio lenta... Después me avivé un poco. ¡Pensá que mi primera vez la tuve a los 19 años! Era la única virgen de mi grupo de amigas”.

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