“Mi trabajo consiste en pensar, siempre pensar” – GENTE Online
 

“Mi trabajo consiste en pensar, siempre pensar”

Actualidad
Actualidad

Armado casi siempre de sus puros Cohiba y de una lata de Coca-Cola light, Carlos Slim receta tan a menudo como puede la clave que lo ha llevado a ser el hombre más rico del mundo: pensar. “Yo no puedo estar en todas partes. Mi trabajo consiste en pensar, siempre pensar”, ha dicho en diversas ocasiones.

No es extraño que el hombre cuya fortuna se calcula en 62 mil 900 millones de dólares, y lo coloca por encima de Bill Gates y del inversionista norteamericano Warren Buffett, defina así la razón de su éxito.

Uno de sus libros de cabecera es La conquista de la felicidad, de Bertrand Russell, quien decía que el secreto de la felicidad consiste en no ser completamente imbécil, además de que para ser razonablemente feliz hay que pensar de modo adecuado, no dejar ni un momento de pensar. ¡Y vaya que Slim lo ha hecho! Se ha convertido en un modelo al que todos quisieran imitar. Su fortuna, que extiende sus brazos a las actividades más disímiles, se ha construido en relativamente poco tiempo.

La historia familiar de Carlos Slim en México se remonta a poco más de 100 años. Su padre, Julián Slim Haddad, al que siempre cita en público y en privado, llegó al país en 1902, cuando tenía 14 años. Arribó a Tampico desde su natal Jezzine, en Líbano, huyendo de la leva que lo hubiera llevado a alistarse en las filas del ejército turco, que en aquel entonces dominaba gran parte del Medio Oriente. Sus tíos Pedro y José se habían adelantado. De hecho, Pedro se mudó a Veracruz en los primeros años del siglo XX y se hizo comerciante en esa ciudad, en donde trabó amistad con otro pequeño comerciante que años más tarde se convertiría en una figura histórica de México: Emiliano Zapata. Por increíble que parezca, Pedro Slim y el llamado Caudillo del Sur por los mexicanos eran compadres. Poco tiempo después –el 11 de mayo de 1911–, Julián Slim y su hermano José fundaron en el centro de la capital mexicana una mercería llamada La Estrella de Oriente.

Tres años después, en plena Revolución, el padre de Carlos le compraría a su hermano su parte de la empresa y quedaría como dueño único.
Hijo de Julián Slim Haddad y de Linda Helú, Carlos nació el 25 de enero de 1940, cuando sus padres vivían en la Avenida México número 51, en la colonia Hipódromo Condesa, uno de los mejores vecindarios de la capital mexicana. En 1962, a los 22 años, se graduó de ingeniero en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Su abuelo materno, José Helú, era uno de los más distinguidos intelectuales de la comunidad libanesa en México. De hecho, introdujo en ese país la primera imprenta en lengua árabe y fue fundador del periódico Al Jawater (Las Ideas). No existe duda alguna de que el exitoso empresario en que se convertiría Carlos quedó marcado para siempre por las enseñanzas de su padre. Cuando tenía apenas 12 años de edad, su progenitor les impuso a todos los hijos la obligación de tener una libreta de gastos en la que semanalmente llevaban un registro de sus ingresos y egresos.

Los míticos cuadernos de tapas negras, que aún conserva, registraron en aquel entonces, en 1955, que el patrimonio de Carlos Slim Helú era de 5.523 pesos mexicanos. Hoy, poco más de medio siglo después, se estima que su fortuna es un tanto mayor: 62.900 millones de dólares.
El mismo Slim se asombra cuando hace el recuento de los 42 años de historia de su conglomerado empresario familiar: “Es sorprendente y hasta parece una cosa un poco anormal reunir tantas actividades tan distintas”, explicaba hace poco en una charla con periodistas. “Desde embotellar refrescos, construir y vender viviendas, casa de bolsa, una mina, cultivo de flores para exportación, impresión, producción y venta de cigarros, envases flexibles, un fondo de inversión, bicicletas, productos de cobre, igual que de aluminio y sus aleaciones”.

¿Cómo se hizo Slim el hombre más rico del mundo, un viudo de 67 años que se presenta como una persona no ostentosa con corbatas de 500 pesos (unos 150 pesos argentinos) compradas en su cadena de tiendas Sanborns, experto en la historia mundial del béisbol y el mayor coleccionista de esculturas de Augusto Rodin?

A la hora de explicar su bonanza y su cadena de éxitos empresariales, hace lo de siempre, cita a su padre: “El optimismo firme y paciente siempre rinde sus frutos”, dijo recientemente. “Todos los tiempos son buenos para quienes saben trabajar y tienen con qué. Sí, también me lo enseñó mi papá”, aclara.

A pesar de la gran fortuna que posee, Carlos Slim es un hombre sobrio. Todavía en 1993, unos años antes de que su riqueza explotara, manejaba un auto marca Thunderbird modelo 1989.

Sus allegados aseguran que no tiene un sastre personal ni debilidad por los trajes de marca, que no usa joyas ostentosas y que gusta vestir informalmente y realizar su trabajo diario en mangas de camisa. No es afecto a la publicidad ni a la exposición excesiva.
A diferencia de otros empresarios con un gusto marcado por la ostentación, el glamour y los excesos, Slim prefiere “la cercanía de gente de la que puedo aprender”.

¡Y vaya que lo ha conseguido!: sus nexos con Bill Gates, el creador de Microsoft, son ampliamente conocidos, pero aún más interesante es el hecho de que los ex presidentes de Estados Unidos y de España, Bill Clinton y Felipe González, respectivamente, se hayan convertido en algunos de sus amigos de máxima confianza.

Hombre de gran inteligencia, ha cultivado la cercanía con algunos de los escritores e intelectuales de más alto vuelo en México: Carlos Fuentes, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Enrique Krauze, así como de periodistas como Héctor Aguilar Camín, Julio Scherer y Carlos Payán.
Como buen libanés, la familia es una de las claves que ayudan a entender a Carlos Slim. En 1966 se casó con Soumaya Domit. Recibió como regalo de bodas un millón de pesos mexicanos, con los que construyó un edificio en la calle Bernard Shaw, en Polanco (el barrio más exclusivo del DF), en uno de cuyos departamentos vivía y alquilaba los demás.

Desde entonces, y hasta que murió su esposa Soumaya en 1999, la rutina de la familia era que alrededor de las diez de la noche se juntaban los hijos en la cocina para preparar la cena y conversar sobre lo acontecido en el día. Soumaya padeció una insuficiencia renal y Slim se ocupó de tal manera que leyó todo lo que estuvo a su alcance sobre la enfermedad, a tal grado que cuando los médicos la atendían él estaba perfectamente enterado de los alcances, de las recomendaciones y medidas terapéuticas.

Cuando contrajo matrimonio, Carlos ya había empezado a construir sus empresas. Pero fue a partir de su boda que las cosas crecieron de manera inédita. En ese entonces nació el Grupo Carso, formado por las primeras letras de Carlos y Soumaya. Con los años, la fortuna creció mediante un modelo en apariencia simple: comprar compañías baratas y darles un giro. Pero su ascenso a los primeros lugares en la lista de los millonarios comenzó después de que el gobierno vendió Teléfonos de México (Telmex) a un grupo que él encabezaba.

Actualmente tiene 67 años y seis hijos ya adultos: Carlos (40), Marco Antonio (39), Patricio (38), Soumaya (36), Vanessa (34) y Johanna (30).
Y, sin olvidar las lecciones de su padre, ya transmitió el control de las operaciones cotidianas de sus empresas a sus hijos y a sus yernos.
Gran conversador, “el ingeniero”, como lo llaman sus allegados, es un hombre culto que disfruta de pasar horas charlando sobre arte o historia con sus amigos.

Recientemente, cuando las informaciones sobre su fortuna se hicieron más notorias, aceptó hablar sobre ella. ”La riqueza es como un huerto –dice–. Hay que distribuir la fruta, no las ramas…”.

Descendiente de una familia de libaneses que llegaron a México a principios del siglo pasado, Carlos Slim Helú amasó una fortuna que lo coloca como el número uno entre los más ricos.

Descendiente de una familia de libaneses que llegaron a México a principios del siglo pasado, Carlos Slim Helú amasó una fortuna que lo coloca como el número uno entre los más ricos.

De niño, Carlos Slim ya mostraba interés por los negocios: abría una pequeña tiendita para la familia donde vendía golosinas y refrescos, y sus ahorros los invertía en acciones del Banco de México. La Estrella de Oriente, ubicada en el centro del DF, primera empresa de los Slim en México.

De niño, Carlos Slim ya mostraba interés por los negocios: abría una pequeña tiendita para la familia donde vendía golosinas y refrescos, y sus ahorros los invertía en acciones del Banco de México. La Estrella de Oriente, ubicada en el centro del DF, primera empresa de los Slim en México.

Gran aficionado a la fiesta taurina, en la foto, un joven Slim emula la figura conocida como Don Tancredo.

Gran aficionado a la fiesta taurina, en la foto, un joven Slim emula la figura conocida como Don Tancredo.

Comentarios

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig