«Mi segundo hijo va a nacer en febrero» – GENTE Online
 

"Mi segundo hijo va a nacer en febrero"

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El domingo 3 de agosto, Dolores Barreiro y Matías Camisani se subieron al avión de Copa Airlines sabiendo dos cosas. La primera: en Varadero, Cuba, iban a ponerle el cuerpo a la nueva campaña gráfica de Class Life. La segunda: no viajaban del todo solos. En el vientre de Dolores ya latía, ínfimo, desde hacía nueve semanas, el hijo que van a tener, el segundo hijo que van a tener.

Llegaron y, durante los primeros tres días, no hubo más que sol, playa, cielo cubano y, claro, una idea que iba dejando de ser sólo eso y se iba convirtiendo en una nueva razón para la efusividad. Dolores y Matías llegaron a Cuba con la noticia aún tibia. Cuando aterrizó el resto del equipo, llegó también la primera confesión: "Estoy embarazada, chicos. Mi segundo hijo va a nacer en febrero". La frase salió de los labios carnosos de Dolores durante el primer desayuno en grupo. Y nada fue lo mismo.

El team estaba conformado por Alberto y Norma Pardo, dueños de Class Life. Pablo Merlo, de Pop Art, a cargo de la imagen de la campaña. El fotógrafo Claudio Divella. Sebastián Correa, responsable del make-up y el estilista Sergio Lamensa. Asistieron, los "chicos", a la noticia que aún estaba lejos de llegar a las páginas de las revistas. En ese clima de novedades, comenzó la producción.

"La idea fue reproducir la Cuba de los años '50, cuando la mafia y el glamour se cruzaban en todo el territorio de la isla"
, dice Alberto Pardo. Y continúa: "Nosotros llegamos una noche a las tres de la madrugada. Así que los vimos recién en el desayuno de la mañana siguiente. Allí nos contaron la novedad. Se los veía espléndidos. Muy felices con la noticia, ella no podía esconder su felicidad".

Blancos bien blancos contrastando con el azul rabioso del Caribe. Linos sobre la piel morena, el mar inmenso y calmo, el encanto de La Habana Vieja… todo lo que Cuba atesora como un capital natural, histórico y cultural está allí, en las fotos, en el fondo
del cuadro.

En los deseos de los responsables de la firma estaba hacer una producción gráfica que no fuera cielo y playa detrás de un buen cuerpo, uno de los mejores de la Argentina. Sino que fuera perceptible otra presencia, la de la cultura de la isla, por ejemplo. "Cuba es riquísima en este sentido, y si fuimos hasta allá fue para poder mostrarlo todo en una campaña", dice Pardo.

Ya iban (cuando se hicieron las fotos) dos meses y la panza, de a poco, buscaba cómo asomar en uno de los cuerpos más trabajados. No hubo vómitos entre toma y toma. Ni mareos. De hecho, el embarazo era más un dato clínico que una realidad del todo palpable. Lucía menos marcada la cintura y más pulposas las lolas. La top acotaba, de tanto en tanto, "a Mati le encantan los chicos. A mí también. Soñamos con tener una familia grande".

Desde que llegaron hasta el último día, Dolores y Matías, además de trabajar, disfrutaron del sol y la noche. El bronceado se les vio rápido: para los primeros días ya tenían el color tostado que sorprendió al resto del equipo. Durante la noche, Cuba cambia de magia. El son, la salsa, la inagotable cantera de músicos que contagian fue parte importante del viaje. Y también hubo momentos donde el placer y el trabajo se cruzaron inevitablemente: en Tropicana, por ejemplo, el sitio emblema de la isla turística donde la música y la gastronomía se dan la mano. "Allí también -dijo Pardo- hicimos fotos para la campaña".

Hubo una inquietud: el calor, de una intensidad fulminante sobre el mediodía. Por este motivo, la hora ideal para comenzar con el trabajo eran las cinco de la tarde. "Hasta que el sol no desaparece de la línea del horizonte se puede seguir haciendo fotos", comenta Pablo Merlo.
En el Malecón, en las arenas de Varadero, en La Habana Vieja, en la casa Dupont (un palecete de un millonario francés que data de los años 30), sólo Dolores, sólo Matías, solos los dos. De a poco se fueron desandando el trabajo y, al cabo de cuatro días, ahí estaban los cuadros terminados. "Habitualmente, para tener mejor sol, conviene levantarse al alba, eso es cinco de la mañana, pero estamos hablando de una mujer embarazada, que, aunque no fuera una complicación, es un dato a tener en cuenta para ordenar todo y que ella estuviera tranquila. Por eso empezábamos más tarde y terminábamos con la última luz, cerca de las ocho de la noche", cuenta Merlo.

Cuando el celular de la beauty llamaba, era fácil imaginar: se trataba de su hijo Valentino Camisani, de dos años, o de Pancho Dotto, su manager, con deseos de interiorizarse de los detalles y de la marcha de la producción. Cabe aclarar que Dolores Barreiro es su modelo mejor cotizada y la que encabeza la lista a la hora de la facturación.

No falta tanto: en septiembre las fotos de la campaña se imprimirán en las revistas y serán admiradas en Lugones, el mejor cartel de Buenos Aires. Ahí estará, entonces, Dolores, la Dolores que viajó a Cuba con una noticia latiéndole en el vientre. Para entonces, para cuando todos vean ese mar, y ese cielo, y ese Malecón, su cuerpo ya será otro cuerpo. Y ya el hijo que hoy crece en el silencio de su panza se hará notar.

La radiante figura de Dolores corta el horizonte de Varadero y la silueta plana del mar inmenso, del cielo de nubes. Fueron siete días de trabajo, entonces ella estaba de nueve semanas de embarazo y ya lucía más pulposa.

La radiante figura de Dolores corta el horizonte de Varadero y la silueta plana del mar inmenso, del cielo de nubes. Fueron siete días de trabajo, entonces ella estaba de nueve semanas de embarazo y ya lucía más pulposa.

El look retro: anteojos grandes y soutien armado para ella, shorts a rayas y pelo engominado para él. Los dos abrazados, mezclando amor y trabajo en Varadero.

El look retro: anteojos grandes y soutien armado para ella, shorts a rayas y pelo engominado para él. Los dos abrazados, mezclando amor y trabajo en Varadero.

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