«Mi mujer y mis hijos son mis hinchas número uno» – GENTE Online
 

"Mi mujer y mis hijos son mis hinchas número uno"

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Son las nueve de la noche del domingo 20 de junio, y en un restaurante del
barrio de Palermo, Roberto Abbondanzieri (31) festeja el Día del Padre junto a
su familia. Aunque su cara muestra la felicidad del brillante momento que está
viviendo como arquero de Boca y de la Selección Nacional, no puede ocultar las
cicatrices que le quedaron después de la primer batalla jugada ante River en la
Bombonera por la semifinal de la Copa Libertadores de América. Lo que provoca
que Felipe (3), Ernesto (11) y Camila (12), sus hijos le sigan preguntando si
esas "nanas" todavía le duelen: "No es nada, ya se están curando", les responde
el Pato mientras les sirve un poco de gaseosa. Pero horas después, en la charla
con GENTE, la estrella del último superclásico deja en claro que pasará mucho
tiempo antes de que pueda olvidarse de los arañazos de Gallardo: "Sentí mucha
bronca e impotencia... Encima cuando llegué a casa, Evangelina, mi esposa, me
contó que Felipe se puso a llorar cuando la tele mostraba que su papá tenía toda
la cara ensangrentada
", dice el arquero. Y confiesa que el jugador millonario
que le clavó sus filosas uñas en el rostro, "nunca lo llamó para pedirle
disculpas", pero asegura que esto no lo preocupa porque "el mundo es muy chico":
"Vos sabés a lo que me refiero"
, dice, y da por terminado el tema .

Con hinchada propia. Ese mismo día por la mañana, aunque era domingo y él no iba
al partido Boca-Colón de Santa Fe, salió temprano de su casa con el bolso listo
para entrenarse. Y, después de más de dos horas de trabajo, se duchó y cumplió
con su palabra: fue directo a la producción fotográfica para la nota.

Desde su 4x4, en el trayecto que va de Casa Amarilla hasta la Editorial, llama a
Evangelina, su esposa, para preguntarle si a los chicos les había gustado la
película Shrek 2, que habían ido a ver la noche anterior. Y como buen esposo, le
pide que retrase el almuerzo: "creo que esto viene para largo", le dice, y se
despide con un "yo también te quiero". En la sesión de fotos, duda unos segundos
cuando el fotógrafo le pregunta si se anima a sacarse la remera para posar con
el torso desnudo: "Para eso tendría que tener el físico de David Nalbandian",
bromea. Pero finalmente accede, "venciendo mi timidez".

Ya sin remera, lo primero que resalta son los tatuajes en su brazo y espalda:
una rosa, un brazalete de espinas y un Pato Lucas. Cada uno tiene un significado
especial: "El primero, una rosa clavada con una espada, me lo hice en el año
1999, cuando me operé del hombro izquierdo. El segundo, un brazalete de espinas,
lo tatué en el 2002 cuando le ganamos a River de visitante. Y el Pato Lucas,
cuando vencimos a River, esta vez por el Apertura 2003. Pero ahora paré. No hago
más promesas de tatuarme porque no me da el cuero"
(risas).

Exitos y rasguños. A las dos horas, pregunta cuánto falta y sigue con las
bromas: "Mirá que hoy no juego pero tengo que ir a la cancha para alentar a los
muchachos"
, arremete. La charla, entonces, será el lunes por la tarde, en la
habitación 601 (la comparte con Guillermo Barros Schelotto) del Hotel
Intercontinental, donde el plantel xeneize quedó concentrado hasta que llegue la
final del torneo más importante de América: "Estoy viviendo un momento
increíble. Lo de Boca, la convocatoria a la Selección, premios que llegaron
después de muchos años de trabajo en silencio"
.

-Cuando no jugabas, decías que el mayor incentivo para no caerte era el apoyo
que te daba tu familia. ¿Seguís pensando lo mismo?
-No tengas dudas: mi mujer y mis hijos son mis hinchas número uno. Cuando me
agarraba el bajón, estaban ellos para darme fuerzas y aliento. Por eso, ellos
también son parte de mi éxito.

-¿Y tus hijos son de ir a la cancha o de seguir los partidos por la tele para
verlo a su papá?
-En general, son bastante futboleros. Cuando jugamos en la cancha de Boca,
siempre están ahí.

-¿Entienden cuando les decís que te vas de viaje y saben que no te van a ver por
varios días?
-Camila y Ernesto entienden, saben que su papá trabaja de arquero y que a veces
tengo que irme de viaje para jugar con Boca. A Felipe le doy un beso, me saluda,
pero no se da cuenta. Por eso creo que le impresionó mucho verme el otro día en
la tele con la cara llena de sangre. Cuando llegué, lo primero que hizo fue
mirarme y preguntarme qué me había pasado.

-¿Y qué le dijiste?
-Que no era para tanto y que pronto me iba a curar. Lo mejor era no darle mucha
importancia para no asustarlo más de lo que estaba. En cambio, a los dos más
grandes les dije que esa noche, productos de la tensión y los nervios, los
jugadores habíamos protagonizado un gran bochorno.

"No hay que creérsela". Sincero, sin ponerse el casette que caracteriza a la
mayoría de los jugadores, el hombre que lleva siete años en Boca y que ya
consiguió nueve títulos, habla con su familia de la misma manera que lo hace
cada vez que se enciende un grabador o una cámara. Tiene cara de buen tipo y lo
es. Es que, según cuenta, así se lo enseñaron desde muy pequeño sus padres
Carlos y Ester. "No hay que creérsela nunca", dice. Y fue justamente a ellos a
quienes fue a visitar el sábado, después de ser el héroe de la noche frente a River: "Voy seguido a Bouquet, el pueblito de Santa Fe que me vio nacer; ahí
tengo la tranquilidad que necesito para despejarme y para cargar las pilas para
los dos partidos que se vienen".


-¿Y cómo ves la final contra el Once Caldas?

-Bastante difícil porque se van a encontrar dos equipos muy duros. Ellos tienen
un estilo muy parecido a Boca y si están en la final es porque hicieron bien las
cosas...

El señor de los penales. El Pato sabe que hasta el Día D de la final, millones
de personas estarán mirando su rendimiento y el de Boca. También sabe que, en
caso de llegar a los penales, muchos lo verán (y ya lo ven) como el Gran
Salvador. Pero él elige simplificar: "La verdad es que prefiere no llegar a esa
instancia".
Y a la hora de hablar del futuro, confiesa uno de sus sueños: la
posibilidad de irse a jugar a Europa. Aunque aclara que esa idea no lo
desespera: "Ya lo hablamos con mi familia y tengo todo su apoyo en caso de que
me salga una transferencia. Pero si me toca defender este arco por muchos años
más, lo voy a hacer contento, porque en Boca soy el tipo más feliz del mundo".

Los bostezos del Pato anuncian que es la hora de la siesta, una rito sagrado de
este plantel y del arquero, costumbre que mamó desde chico, cuando su pueblito
de 900 habitantes se silenciaba por unas horas para conciliar un sueño
reparador.

-La última entonces, ¿te imaginás ocupando el arco de la Selección en el
mundial?
-Trato de no hacerme muchas ilusiones. Haber ocupado ese puesto en el último
partido fue cumplir uno de mis sueños. Me voy a matar por estar ahí, aunque creo
que eso sería un premio demasiado grande.

Cuando terminó el partido con River, fui a saludar a Germán Lux para decirle que siga para adelante y para agradecerle por todo lo que había hecho por mí en la cancha de Boca. Demostró que es una gran persona"">

"Cuando terminó el partido con River, fui a saludar a Germán Lux para decirle que siga para adelante y para agradecerle por todo lo que había hecho por mí en la cancha de Boca. Demostró que es una gran persona"

Abbondanzieri enmudece a todo el Monumental después de atajarle el quinto disparo a Maxi López. Dice que los penales no son sólo suerte: Si trabajás y estudias a tus rivales, es más fácil que te vaya bien". ">

Abbondanzieri enmudece a todo el Monumental después de atajarle el quinto disparo a Maxi López. Dice que los penales no son sólo suerte: "Si trabajás y estudias a tus rivales, es más fácil que te vaya bien".

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