“Mi mejor juego todavía está por venir” – GENTE Online
 

“Mi mejor juego todavía está por venir”

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Mi primera imagen que recuerdo es de cuando tenía cuatro años, y en el fondo de casa, con la pelota de fútbol de cuero que me regaló mi abuelo. Yo corría de aquí para allá, gritando los goles del Beto Márcico. En ese momento no entendía por qué, pero medio pueblo de Tandil estaba adornado con banderas azules y amarillas. Con el tiempo lo supe: ¡después de once años, Boquita había vuelto a ser campeón y el país estaba convulsionado! Mientras, yo le seguía pegando a la pelota contra ese arco imaginario armado con dos macetas, abría los brazos y gritaba los goles a todo pulmón. Pero, como suele pasar cuando uno se confía... ¡la última pelota no entró! Pasó por arriba de la maceta, arrancó de raíz la planta de mamá, se estrelló contra el vidrio de una ventana y el árbitro pitó el final del partido. Mamá salió disparada de la cocina y me dijo: ‘¡Basta, se terminó! ¡Hoy mismo te anoto en el club! ¡Si seguís así me vas a destrozar toda la casa!’. Y aquello que al principio parecía un reto terminó como una de las cosas más lindas e importantes de mi vida”, dice Juan Martín Del Potro, en exclusiva para GENTE, mientras arma las valijas para disfrutar de unas merecidas vacaciones.

FUTBOL Y TENIS. Cuando fue a probarse a Independiente de Tandil, su altura fue determinante: “Vos vas a jugar de nueve, bien arriba. Si aprendés a cabecear, vamos a ganar todos los partidos por goleada”, fue lo primero que le dijo El Vasco a ese chico rubio, de pelo muy lacio y ojos verdes que, con mirada tímida, decía que sí con la cabeza y la vista clavada en el piso. Pero al poco tiempo, y a fuerza de ganas, se acomodó en el medio de la cancha. “Nos sacaba una cabeza a todos, y cuando lo pusieron de cinco se comía crudos a los rivales. No pasaba nadie. Era tanta la diferencia que los padres y las madres de los contrarios pedían ver el documento del chico, porque no podían creer que tuviera esa edad... ‘¡Al flaco lo vi afeitándose en el baño!’, decían algunos padres en broma”, recuerda desde Tandil Matías, que fue compañero de Juan Martín y también jugaba de volante central. Con el tiempo pasaron a cancha de once jugadores, y el volante al que todos comparaban con Marangoni pasó a ser el delantero goleador del equipo.

La cancha de fútbol de Independiente siempre estuvo al fondo del club, y sigue allí. Para entrar hay que pasar por las de tenis y los frontones. A menudo, Juan se quedaba agarrado del alambre, esperando que la pelotita saliera. Hasta que una tarde nublada ocurrió el milagro: “Uno de los chicos la mandó tan arriba que la pelota salió de la cancha y cayó muy cerca de donde estaba yo. Fui a buscarla, pero en vez de devolverla con la mano la hice picar, le pegué con el empeine y cayó justo donde quise mandarla. Entonces pensé que si podía pegarle así con el pie, con las manos sería mucho más fácil. Cuando terminó la práctica de fútbol, mamá fue a buscarme y le dije: ‘¡También quiero jugar al tenis!’. Para ella fue un alivio. Al día siguiente habló con el profesor y así arranqué con la raqueta”.

Todo Tandil sabe que para que un chico empiece a jugar al tenis hay que ir a ver al Negro Marcelo Gómez. Y Patricia, la mamá de Juan Martín, no dudó: “El nene juega al fútbol en el club y ahora quiere aprender tenis. La verdad, no lo aguanto más en casa... ¡Me rompe todas las plantas, las paredes y los vidrios! Y si ahora se le da por el tenis, me va a usar las paredes de frontón. Por eso quiero que le enseñe, y que mientras pueda, haga las dos cosas”, le dijo. Marcelo apenas aguantaba la risa. Y lo que nació así, como una descarga de energía, terminó siendo un fenómeno.

Al poco tiempo, Delpo comenzó a destacarse del resto de sus compañeros “por su compromiso. Mientras nosotros jugábamos en la pileta, Juan se entrenaba al rayo del sol, y en doble turno: fútbol a la mañana, tenis a la tarde. Algo muy raro para un chico de esa edad”, recuerda Nicolás, su compañero de equipo en la mitad de la cancha.

Por supuesto, el esfuerzo no tardó en dar frutos. A los 8 años empezó a jugar en los torneos nacionales, y a pesar de que enfrentaba a chicos dos años mayores, la diferencia no se notaba. “Tenía talento natural para el fútbol y para el tenis. Jugaba de nueve y era goleador, y con la raqueta hacía cosas increíbles. Además, todo lo aprendía y lo dominaba muy rápido. Cuando vi el potencial que tenía, hablé con sus padres y comenzamos a trabajar de otra manera. Estuvimos muy encima de él, pensando en prepararlo como un jugador de alto nivel. Y él, por supuesto, ayudó mucho. A los once años dejó el fútbol y me dijo: ‘Quiero ser tenista profesional’. Yo no podía creerlo: se había dado cuenta de que para llegar a la cumbre tenía que abandonar una de las cosas que más quería: jugar al fútbol…”, recuerda Marcelo Gómez, el hombre que descubrió a Mariano Zabaleta, a Juan Mónaco, a Máximo González y a Diego Junqueiras, entre otros integrantes del Fenómeno Tandil.

CAMINO A LA CIMA. “Todo lo que me pasó este año fue muy fuerte... (Juan Martín hace un largo silencio y evoca momentos de su infancia). Por mi físico, el Negro Gómez me dijo que era un jugador ideal para cancha rápida. Empecé a jugar en cemento y me entusiasmé. Tanto, que a los nueve años ya soñaba con ganar el US Open y llegar a mi ciudad subido en una autobomba. ¡En serio! No me preguntes por qué, pero era así... Y de repente, cuando tenía quince, me encontraba en los Estados Unidos como sparring de Roger Federer, el número uno del mundo. Estaba por definirse un torneo y él pedía chicos para pelotear. Yo lo miraba y no podía creerlo. Por eso, entrar este año al Arthur Ashe Stadium para jugar mi primera final de Grand Slam ante Federer, fue como cerrar un círculo. Luché contra él, que buscaba su sexto título consecutivo en Nueva York, pero también contra mis propios fantasmas. ‘¿Podré ganarle mi primer Grand Slam al hombre que durante tantos años fue mi espejo?’, pensaba. La noche antes del partido, como no pude dormir, me quedé chateando con amigos. Al día siguiente, cuando su última devolución se fue larga, me di cuenta de que sí... ¡podía ganarle... y le gané!”.

EL CIELO ES EL LIMITE. Este dicho, muy made in USA, parece creado para él. Porque aquella hazaña en el cemento de Flushing Meadows no sería la única. “Todavía no encontró su techo, pero será el número uno del mundo”, dijo Rafael Nadal. Y no apuntó mal: clasificado para el durísimo Torneo de Maestros por segundo año seguido, volvió a batir a Federer, que sigue como Number One, y perdió la final contra Nikolai Davydenko –indiscutiblemente un gran jugador– más por agotamiento que por nivel de juego. Y aun después de esa derrota, los elogios de sus pares no cesaron. “Puede llegar hasta donde se lo proponga. Me sorprende, porque cada día juega mejor. Es posible que muy pronto sea número uno”, dijo Federer, La Máquina Suiza. “Ganó el US Open y está jugando para serlo. Yo no hablaría de un posible futuro. Lo de Juan Martín ya es presente”, sentenció Rafael Nadal. “Es un gran jugador, y muy difícil de superar”, según Novak Djkovic. “Va a estar por muchos años en los primeros lugares del ranking”, vaticina Fernando Verdasco.

Mientras, el hombre que sorprende con su 1,98 metro (la misma altura que Emanuel Ginóbili), se desploma en el sillón, y antes de terminar de armar sus valijas para las vacaciones, dice: “Estoy un poco cansado. Hace muchos años que vengo haciendo esto, y cuando llegás al último mes del año el cuerpo te pasa factura. Pero igual estoy feliz. Por suerte pudimos cumplir con todas las metas que nos habíamos puesto con Franco (Davín, su entrenador), y ahora sólo quiero descansar, para recargar pilas y arrancar a full la pretemporada”.

–¿El 24 de diciembre a la noche, a la hora del brindis, llegar a ser número uno del mundo va a estar entre tus deseos?
–Todos los que alguna vez empuñamos una raqueta queremos ser número uno del mundo. Sí, uno de los deseos será ése. Pero no el principal. Voy a pedir por mi familia, para que todos estén bien, porque lo que soy se lo debo a ellos. Con el apoyo de Patricia, mi mamá, Daniel, mi papá, y mi hermana Julieta, ¡no puedo fallar!

–La sensación es que desde afuera están más impacientes que vos...
–Todavía me queda un largo camino por recorrer. No estoy al nivel de los de arriba, aunque este año demostré que puedo jugarle de igual a igual a cualquiera. Pero no llegué a mi techo. El mejor Del Potro todavía está por venir. Por primera vez, Juan Martín aceptó posar para una producción de fotos off-torneo y eligió un traje de su colección. “Pero no me veo como modelo. Me sacás la raqueta y tiemblo”, dijo riendo.

Por primera vez, Juan Martín aceptó posar para una producción de fotos off-torneo y eligió un traje de su colección. “Pero no me veo como modelo. Me sacás la raqueta y tiemblo”, dijo riendo.

Mientras todos los pibes jugaban en la pileta, Juan se entrenaba al rayo del sol, y en doble turno: fútbol a la mañana, tenis a la tarde. Algo muy raro para un chico de esa edad.

Mientras todos los pibes jugaban en la pileta, Juan se entrenaba al rayo del sol, y en doble turno: fútbol a la mañana, tenis a la tarde. Algo muy raro para un chico de esa edad.

En septiembre mostró todo su potencial, derrotando a Roger Federer en la final del US Open. Así se convirtió en el tercer argentino (los otros son Guillermo Vilas y Gaby Sabatini) que ganó el Grand Slam de los Estados Unidos. En la imagen, mucho más serio, a fines de noviembre, cuando salió subcampeón del Torneo de Maestros al perder la final con Nikolai Davydenko.

En septiembre mostró todo su potencial, derrotando a Roger Federer en la final del US Open. Así se convirtió en el tercer argentino (los otros son Guillermo Vilas y Gaby Sabatini) que ganó el Grand Slam de los Estados Unidos. En la imagen, mucho más serio, a fines de noviembre, cuando salió subcampeón del Torneo de Maestros al perder la final con Nikolai Davydenko.

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