“Mi corazón está solo… pero siento que podría enamorarme en la Argentina” – GENTE Online
 

“Mi corazón está solo... pero siento que podría enamorarme en la Argentina”

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–Charly, vení. Te quiero presentar a una amiga: Sarah Ferguson.
–¿Quién es?

Alan Faena, anfitrión blanco de los zapatos al sombrero texano, exactamente eso le decía el lunes, cerca de las 20.30, a Charly García. El lugar, el Faena Hotel + Universe. La ocasión: un cóctel por el año que se va. El diálogo siguió así, tras el desconcierto inicial de nuestro rocker más star.

–Sarah Ferguson… La duquesa de York, de la Casa Real inglesa –susurró Alan por lo bajo.
–Ah, mucho gusto, Sarah. Vos sos de la Casa Real inglesa. Y yo soy el rey del rock de acá.

Risas. Champagne. Bocaditos. Y un piano a mano, coronando El Living, donde Charly agasajará a la invitada así: “Algo en inglés: Rolling Stones y Beatles for you, Sarah…

Varias horas antes, en la mañana del lunes 12, GENTE tiene cita con ella y su primo, el empresario y polista Martín Barrantes. Sarah Ferguson acaba de volver de un viaje relámpago a Machu Picchu, en Perú, con su anfitrión, Alan Faena. A los 46 años, es una de las más importantes referentes mundiales en caridad. En los diez días que estuvo en Buenos Aires visitó La casita de Sarah, una institución para madres adolescentes, y un hogar para chicos de la calle de la Fundación Ronald Macdonald –de la cual es la representante mundial–, en Once. Se la ve feliz y distendida. Muy lejos de aquella mujer pelirroja apabullada por la separación del príncipe Andrés de Inglaterra. Hoy se anima a aconsejar a su primo, Martín Barrantes (sobrino de Héctor Barrantes, quien fuera el marido de Susan Ferguson, la madre de Sarah), después de su separación de Pampita. Por ahí empieza la charla:

–Sarah, ¿qué le diría a Martín?
–Ahora Martín tiene que iniciar su propio viaje, como el que inició Andrew sin mí. Y le toca hacerlo sin Pampita. Recuerdo que, en su momento, un amigo me dijo: “Fergie, ¿qué derecho tienes a permanecer obstruyendo el viaje que Andrew tiene que hacer ahora solo”. Yo me pongo en el lugar de ellos y sé que una separación siempre es muy dolorosa.

–¿Se puede poner en el lugar de su primo?
–Sí, si tu corazón no está contento, hay que seguir adelante y dejar atrás el dolor. Si no, uno se enferma. Yo no me quise enfermar; no quise que se enfermara Andrew, y tampoco quiero que le pase nada a Martín. Pero el tiempo todo lo cura.

–¿Cómo es su vida tras su divorcio del príncipe Andrés?
–Trabajo, porque lo necesito. Soy una trabajadora soltera con dos niñas –Beatrice, de 17, y Eugene, de 15–, y no puedo depender ni confiar en el respaldo de mi ex marido, Andrés. Sólo puedo confiar en mí misma.

–¿Y eso cómo la hace sentir? Porque, sinceramente, siendo sus hijas princesas de la riquísima Corona británica, no parece que puedan pasar privaciones de algún tipo…
–Me hace sentir fuerte, orgullosa y autosuficiente. Yo cometí muchos errores, pero a su vez me doy cuenta de que también he sido muy valiente. Y eso mis hijas lo valoran.

–¿Cómo es el diálogo con ellas?
–Hablamos mucho. Les cuento las miserias que conozco y la pobreza y carencias a que está sometida gran parte de la población del mundo. Y les digo que si ellas me ayudan, podremos sacar a más gente de la pobreza. Por cierto, también con Martín tenemos muchos planes.

–¿Cuáles?
–Queremos hacer cosas fantásticas en el campo El Pucará. Pensamos usar ese nombre para fabricar ropa, todo muy inspirado en el estilo de mi madre. También queremos hacer una muy buena academia de polo. Además, estamos convencidos de que tenemos la mejor línea de caballos de pura sangre.

–Se la ve muy contenta…
–Sí, soy muy feliz. Soy la representante de la casa de Ronald McDonald, de la cadena de hamburguesas, y me especialicé en Fund Raising (recolección de fondos para obras de caridad y solidaridad). A fin de año habré logrado recolectar 50 millones de dólares para caridad. El otro día, Martín me consiguió cien pelotas de fútbol para un hogar de chicos de la calle en Once. Allí, María Eugenia les da de comer a 300 chicos por día… ¡con nada! Es una mujer extraordinaria. Por eso le di los 2.000 dólares que tenía acá, para que les pudiera dar de comer mejor. Es que con el calor que hacía no tenían ni siquiera una heladera. También soy la presidenta de Weight Watchers (Observadores del Peso Corporal), una entidad que ayuda a los jóvenes a no caer en la bulimia y la anorexia.

–¿Cómo es ser la madre de dos princesas de la Corona británica? ¿Cómo se lleva la falta de libertad que implican las enormes medidas de seguridad propias de los royals?
–Yo me considero muy afortunada de ser la Duquesa de York y la mamá de dos hijas divinas, que además son princesas reales. Beatriz y Eugenia son dos chicas muy sanas de corazón y mente. Estoy muy orgullosa de ambas. Y la verdad es que por ser la Duquesa de York puedo conseguir más fondos de caridad que si no lo fuera.

–Sarah, hay un claro paralelo entre usted y Lady Diana. Las dos fueron consideradas princesas rebeldes dentro de la rígida Corona británica. Las dos eligieron viajar por el mundo haciendo caridad y, también, ambas sufrieron la disolución de su pareja: ella con Carlos, usted con Andrés…
–Sí, pero creo que la diferencia con aquellos tiempos es que ahora soy mucho más sabia… porque soy más vieja (se ríe con ganas). Como los buenos vinos, he madurado bien. Siento que cambié bastante, y hoy veo con más claridad qué es lo bueno y lo malo para mi vida.

–¿Piensa seguido en Diana? ¿O es un recuerdo que a veces se le torna difuso?
–Diana tenía una fuerza extraordinaria y todavía la siento a mi lado. Su espíritu me acompaña cuando voy a Afganistán a hacer obras de caridad. En un lugar así hace falta mucha fuerza para sobreponerse a lo que uno ve. Me acuerdo que Diana repetía una frase que me acompaña cada día de mi vida: “La palabra ‘no’ no es una opción”.

–¿Y se arrepiente de algo de aquellos días de vino y rosas, cuando con Diana parecían las dueñas del mundo?
–Sí. Hoy me arrepiento de algunas cosas. Es que ahora aprendí a no ponerme límites, pero de una manera positiva. ¡Cometí tantos errores! Pero ahora sé cómo hacer las cosas con mayor criterio.

–Diana no sobrevivió a sus propios aciertos y errores. ¿Qué la hizo sobrevivir a usted?
–En un encuentro que tuve con su santidad el Dalai Lama, me cambió el paradigma y me dijo: “El dolor y la culpa no son una opción”. Y me explicó que la palabra “culpa” no figura en el diccionario tibetano. Es la mente la que fabrica la culpa y la instala una y otra vez, para destruirnos. Tenemos que liberarnos de eso y disfrutar todo lo que la vida tiene para darnos. Lo llamo la esencia de la vida. Es el espíritu… y yo tengo un espíritu muy fuerte. También soy de Libra, pero con un muy fuerte ascendente escorpiano y de Venus, lo que me convierte en una persona todo corazón.

–Sarah, ¿cuál siente que es su lugar en el mundo?
–No tengo un lugar o un hogar a la manera tradicional. Pero cuando estoy acá, siento que El Pucará es mi hogar. Necesito un lugar en el cual me pueda sentir libre. Y El Pucará me da esa sensación. Me gustaría llegar a vivir allí. Martín y su hermano, Rafael, son mis primos, y los Barrantes son mi familia.

–Le cambio de tema. ¿Qué imagen tiene de Máxima Zorreguieta?
–Todavía no la conozco personalmente. Sé que es una mujer muy inteligente y fuerte. Está haciendo las cosas muy bien. Esos créditos para microemprendimientos en los que está trabajando son excelentes. La veo como una mujer activa y capaz.

–Da la sensación de que en su viaje a Machu Picchu con Alan Faena realmente cargó las pilas. Se la ve muy activa.
–Sí, me hizo muy bien. Alan es un amigo maravilloso y lleno de espiritualidad. Me hizo muy bien para el espíritu y la mente. Porque, además, estoy escribiendo un libro que tiene como protagonista a un polista, y allí me fue muy fácil concentrarme.

–¿Cómo se define a usted misma?
–Diría que antes era como un pez huidizo que siempre estaba escapando, sin saber de qué...

–¿Todavía no lo sabe?
–Ya sí. Me escapaba de mí misma. Ahora, en cambio, estoy muy contenta con quien soy.

–¿Qué significa la Argentina para usted?
–La siento como mi casa, la amo. Mi madre amaba a esta tierra y a su gente, y yo también. Además, creo que el futuro está en estas tierras. Realmente creo que la Argentina es el nuevo El Dorado.

–Recién me habló del espíritu. Antes de terminar, déjeme preguntarle por su corazón, Sarah…
–¿Quiere saber si estoy de novia? No. ¿Y sabe por qué?

–La escucho…
–Porque los hombres que se me acercan se asustan cuando tienen que tratar con periodistas. Por ahora no tengo novio, pero no creo que vayan a pasar muchos años antes de que sí lo tenga. La solución sería que se tratara de un hombre que no le tema a la exposición. Tendría que lidiar con el hecho de que tengo dos hijas princesas, la prensa británica y toda la presión que eso implica. Y si bien mi corazón está solo… podría enamorarme acá. Como le dije, siento a la Argentina como mi casa.

Lunes, 21 horas, Faena Hotel + Universe: Charly se sienta al piano de <i>El Living</i>. Alan y Sarah festejan la interpretación de varios clásicos de los Beatles y los Rolling Stones.

Lunes, 21 horas, Faena Hotel + Universe: Charly se sienta al piano de El Living. Alan y Sarah festejan la interpretación de varios clásicos de los Beatles y los Rolling Stones.

Alan, el anfitrión, hace las presentaciones entre Fergie y Charly. El lunes a media mañana ella se encontró con su primo Martín Barrantes para la charla con GENTE. Bien temprano, había llegado a Ezeiza con Faena, después de viajar juntos por unos días a las ruinas de Machu Picchu, en Perú.

Alan, el anfitrión, hace las presentaciones entre Fergie y Charly. El lunes a media mañana ella se encontró con su primo Martín Barrantes para la charla con GENTE. Bien temprano, había llegado a Ezeiza con Faena, después de viajar juntos por unos días a las ruinas de Machu Picchu, en Perú.

Así definió la duquesa de York a Charly cuando le preguntaron su opinión sobre el músico.

Así definió la duquesa de York a Charly cuando le preguntaron su opinión sobre el músico.

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