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Mi casa es tu casa

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Redacción Gente

La diva número uno de la tele oficializó su romance con Jorge Rama. Lo invitó a pasar el fin de semana en su mansión de Barrio Parque y en el canal ya lo presenta como su nue
vo novio. El es uruguayo, tiene 33 años y un estilo muy parecido al de su ex, además de las mismas iniciales: JR. Después de dos años, la rubia más famosa volvió a ser feliz y a creer en el amor. El love story del 2005.

Jorge Rama repite las mismas iniciales que el último ex de Susana Giménez.
Las coincidencias se multiplican en estos seis meses pasados. El J.R. uruguayo y
la diva se conocieron en el verano en la cada vez más lejana Miami. Los presentó
el productor Luis Cella. El joven empresario montevideano viajó a los Estados
Unidos con una única intención: proponerle a la diva un nuevo juego para su
programa. Estuvo en la fiesta de su cumpleaños y llevó un cinturón signé Roberto
Cavalli (se dijo que en realidad Cella lo había comprado). Su mujer, la conocida
modelo uruguaya Eunice Castro (29), estaba al tanto de su misión por las playas
del Norte. Pero el negocio no se sabe si prosperó. Sin embargo, aquel encuentro
pronto dispararía una nueva historia de amor.

IDENTIKIT CHARRUA. Jorge Rama tiene 33 años, algunos menos que Susana
Giménez. Como Diane Keaton y Keanu Reeves, Demi Moore y Ashton Kutcher, parejas
tan vigentes como glamorosas. Viste estilo italiano, y cuando “gasta
traje parece un yuppie. Usa barba de cinco días, el pelo apenas para
atrás y esconde un sobrenombre fácil de memorizar: Pucho. Como Tucho, Moncho… o
Corcho. Pocos días después de aquel primer contacto en Miami, regresó a
Montevideo para celebrar su cuarto aniversario de casado. Junto a su padre y a
sus tres hermanos, maneja la empresa de distribución de alimentos más grande del
Uruguay. La lista de emprendimientos familiares incluye también la línea aérea
U-Air, que estaría en convocatoria de acreedores. “En un impasse“,
prefieren decir los Rama. Pero estos problemas terrenales no amedrentaron a
Pucho, quien continuó su vida sin mayores inconvenientes. Hoy nada impide que a
las diez de la mañana interrumpa cualquier obligación para ir al Palermo
Boxing Club
. Allí sostiene un estricto entrenamiento de boxeo. Hasta hace
apenas dos meses, el hombre no existía en estas orillas. Era un perfecto
desconocido, un turista ocasional o un empresario que cruzaba el charco a bordo
de algún business. Pero pronto llegaron aquel tercer fin de semana de
abril y sus primeras fotos junto a Susana Giménez en la casa que la diva le
alquila a Roberto Giordano en Punta del Este mientras dure la construcción de
La Mary
, su nueva chacra de Rincón del Indio. Las imágenes no
reflejaban amor pero sí intimidad, con Emilio Disi de fondo. Eunice Castro se
enteró de este segundo encuentro por las revistas y, automáticamente, disolvió
la pareja.

LA LOVE STORY. Las fotografías de Jorge Rama y Susana Giménez echaron
por tierra los rumores que hablaban de un romance entre la diva más importante
de la Argentina y el empresario cinematográfico Luis Scalella (55). Era cierto,
nomás: el barón del cine, dueño de Argentina Sono Film, resultó ser
apenas un buen amigo. “El es muy grande para Susana“, insisten aún hoy
sus amigas más cercanas. Así quedó descartado de la lista. Pero quien persistió
en el trabajo meticuloso de seducción fue Rama. De pronto, la rubia mejoró su
relación con los cronistas de la televisión: “No tengo novios, sólo muchos
amigos
“; “La estoy pasando muy bien sola“; “Tampoco dije que estoy
sola, sin ningún hombre
“, se convirtieron en sus declaraciones más
repetidas.

El J.R. de la Banda Oriental, aún inexperto con la prensa, sólo se manifestó
a través de un escueto comunicado: “Yo soy el amigo de Susana, nada más“,
minimizó. Sin embargo se sucedieron nuevos encuentros, ya no tan furtivos. El 27
de mayo Susana y su joven galán volvieron a encontrarse, siempre en Punta del
Este. Y esta vez no escondieron sus sonrisas cómplices.

PRESENTACION EN SOCIEDAD. Susana Giménez volvió a su programa diario.
Mucho teléfono, invitados y concursos. El primer día de junio decidió cambiar la
rutina de su pareja: por primera vez el encuentro se produciría en Buenos Aires.
Algunas horas después Jorge Rama voló desde Montevideo hacia los estudios Ronda
en Martínez, con una breve -y obligada- escala en Aeroparque. “Llegó el novio
de Susana
“, lo presentaron en el set productores y susanos. Pucho -al
igual que Huberto Roviralta en el debut de este nuevo ciclo- presenció el
programa detrás de cámaras. Y en los cortes se acercó al escritorio de la diva
para compartir charlas secretas. No se besaron. Sin embargo, Susana Giménez lo
presentó a sus invitados. Fue Florencia Peña quien, natural e indiscreta, largó
todo después: “El novio de Susana es divino. Me lo presentó y me pareció un
amor
“. Nadie había hablado públicamente del romance aún. Pero la novedad
comenzó a rodar. Luego del final, la parejita feliz partió rauda con destino a
Barrio Parque. Y de ahí no se movieron hasta el día siguiente. En Uruguay maneja
Jorge Rama, mientras que en la Argentina es la diva quien sostiene el volante de
su Mercedes Benz. Pucho descubrió la mansión aún regada de rosas
amarillas. A las tres de la tarde del jueves, Susana regresó sola a su puesto de
trabajo. Y Rama, previo periplo por los alrededores del centro porteño, recaló
en Gardiner para almorzar junto a sus amigos Gustavo Rozas y Osvaldo
Brucco (el dueño de Tequila). De impecable traje gris y corbata ajustadísima
sobre la nuez, comió, conversó y concluyó su tour porteño en Aeroparque, adonde
tomó el avión de las seis y media que lo llevaría otra vez a su paz
montevideana.

FIN DE SEMANA SALVAJE EN BIEI. Ya estaba todo arreglado: el viernes 3
de junio, después del programa, como todos los últimos viernes, un avión privado
esperaría en pista para llevar a Susana Giménez rumbo a la tranquilidad
esteña
. Pero a las cinco de la tarde la diva miró el cielo -negro y pesado-
y cambió de planes. Otra vez el encuentro iba a producirse en su mansión de la
calle Dardo Rocha, en Barrio Parque. Así se lo comunicó a Jorge Rama. El sábado
llovió sin parar, excusa genial para guarecer del mal tiempo tanto romanticismo.
Pucho llegó temprano y la pareja no abandonó la casa en todo el día. A las doce
de la noche las persianas se bajaron, para volver a subir a las tres de la tarde
del domingo. Mucho remoloneo y mimos. Recién a las nueve de la noche (N. de la
R.: 36 horas después del encuentro) se abrió la puerta del garaje. Susana estaba
otra vez al volante, con Jorge como copiloto. Juntos condujeron hasta La
Recova
. Su destino final fue una mesa de Piégari, junto a la ventana.
Los solícitos mozos pronto bajaron unas cortinas para evitar curiosos y la
pareja ubicó sus cuerpos en pos de una velada encantadora. Compartieron hasta la
comida: morcilla vasca para empezar, ojo de bife de plato principal y el postre
Egoísta, con dos cucharas. Y tinto Château Montchenot, el único vino que
toma la diva. Antes de salir, se acercó a la mesa su amiga Mecha Suaya junto a
su marido Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural Argentina.
Abrazos, besos y la presentación -como corresponde- del novio novel. Otra vez
los saludos, la sonrisa de Susana y el éxodo de los amigos. Rama pide la cuenta,
paga y salen. Pero la noche continuó en el Patio Bullrich, cine 2, para
ver el último film de Woody Allen: Melinda y Melinda. Entraron en la
oscuridad y salieron apenas los créditos inundaron la pantalla. Susana parecía
apurada por llegar al subsuelo y a su auto, y Rama sostenía una sonrisa de oreja
a oreja y mirada brillante. Ya no mira de costado, levanta la cara y se ríe. Con
complicidad y seguro de lo que hace. Aún no quiere hablar, pero sus ojos dicen.
Entonces llega la pregunta de la cronista:

-¿Son felices?
Susana y Jorge no contestan. Aunque ríen con ganas. Suben al auto y vuelven
a Barrio Parque. Algunas horas después, Susana Giménez regresaría a su rutina. Y
Jorge Rama volaría hacia la otra orilla. Seguramente volverá. Seguramente se
encontrarán en Punta del Este. Seguramente, esta historia continuará…

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Se despertaron pasadas las tres de la tarde y recién salieron a la noche. Su, al volante, y Rama, de copiloto. Sólo dejaron la mansión para comer e ir al cine en Recoleta.

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A las nueve y media del domingo, llegaron a Piégari, en La Recova. Se sentaron en una mesa junto a la ventana como una pareja más, pero les bajaron las cortinas para cuidar su intimidad. Pidieron morcilla vasca y ojo de bife, y compartieron el postre. ¿El brindis? Con vino tinto Château Montchenot, el preferido de ella.

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