“Me tomé tres años para vivir en el anonimato” – GENTE Online
 

“Me tomé tres años para vivir en el anonimato”

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Nada parece demostrar que es una estrella. Aunque los datos lo confirman: con sólo 33 años y dos décadas de carrera, Ricky Martin –quien hace tan sólo unos días confesó que su debut sexual fue a los 15 y en la Argentina– vendió más de 55 millones de discos en el mundo. Pero se fue. Un día cualquiera lo dejó todo para escapar de la fama, las presiones y los compromisos. Vivió tres años en el anonimato, como quería. Y regresó. En esta vuelta, lanza su último CD: Life. Y arranca con su gira latinoamericana, que lo traerá a Buenos Aires para cantar en el Luna Park.

Mientras, Miami, el lugar que el portorriqueño eligió para vivir y disfrutar. Mientras, una taza de café en la mano y ningún calzado en sus pies. Mientras, esta charla en exclusiva con GENTE, que comenzó así:

–¿Cafecito, whisky, tequila, algo que quieras tomar…? Vayamos a la nota entonces. ¿Qué te apetece saber de mí?
–¿Por qué se fue? Y sobre todo, ¿por qué volvió?
–(Sonrisas) Hay mucho para contar. Fue un proceso largo. ¿Cómo lo explico…? Durante una década completa estuve grabando discos y de país en país, haciendo mis giras de conciertos. Funcionó, claro. Estuvo muy bien, no me puedo quejar. Pero un día descubrí que eso no era justo, que estaba cansado y aburrido. Cuando estás en una carrera tan adrenalínica como ésta, lo que necesitas para convencer a la gente es la pasión, y yo ya no la tenía. Ahí dije “alto”. Definitivamente, necesitaba extrañar un poco. Y me fui. Hoy sé que fue lo mejor que me pudo pasar, porque me di tiempo para mí, para poner mi cabeza en orden. Necesité parar para ver dónde estuve, dónde estaba y hacia dónde quería ir. Y fue muy bueno.

–¿Dónde estuvo todo este tiempo?
–Me rasuré la cabeza, me dejé la barba y me fui de viaje. Recorrí la India, Egipto, Japón, Inglaterra, Brasil…

–¿Se tuvo que camuflar para que lo dejaran escapar?
–No, me tuve que liberar. Necesité liberarme, quitarme los pesos que llevaba encima. Limpieza. Hice limpieza de todo… Me tomé tres años para vivir el anonimato, para pensar.

–¿Por qué tantos artistas necesitan irse a la India? ¿Se lo preguntó?
–En mi caso, fue por la euforia en la que vivo. En esta carrera, con la idolatría, llega un momento en que uno puede robotizarse un poco. Y cuando uno se robotiza, deja de sentir. Y cuando uno deja de sentir, descubre que su máquina está muerta. La India fue una de las excusas para reencontrarme conmigo mismo. Necesitaba volver a sentir, encontrar nuevas motivaciones, descubrir nuevos colores, historias distintas. Simplemente quería caminar por una calle, sentarme en un rincón y ver a la gente pasar. Preguntarme si extrañaba el escenario y las luces, o si así estaba todo bien.

–¿Y qué pasó?
–Después de viajar como un bohemio, con mi mochila en la espalda, extrañé, sentí y vibré. El agradecimiento entró fuerte en mí. Vi que podía regresar, volver otra vez con fuerza. Y acá estoy.

–Tiene un sonido nuevo en su último CD, Life, bastante más tribal. ¿Tiene que ver con su viaje?
–Qué bueno que lo percibiste. En mi música siempre hubo fusión, pero este sonido nuevo es bien diferente. Mucha gente me pregunta por qué. Bueno, primero porque yo no soy el mismo. Luego, porque las limitaciones geográficas se las dejamos a los políticos. Los músicos no tenemos que lidiar con ellas. Tenía que ser diferente. Por más que yo hubiese tratado de sonar como Living la vida loca, no se iba a dar jamás.

–¿Y por qué Life?
–Porque dejé que la vida pasara. Antes pensaba que la vida giraba alrededor mío. Hoy puedo sentarme a observar. Mira, fui a Tailandia seis días después del tsunami y vi el caos, y el título Vida nació cuando vi que el colegio se había convertido en un hospital, que la playa era el aula de los niños, y el templo la morgue. Donde nace la espiritualidad nace la próxima vida. Fueron días muy intensos, en los que doné mi tiempo. Cuando estás ahí, tienes todos los sentidos activos. Por más que trato de explicar lo que viví allí, no puedo. Hace cinco años creé mi fundación y el proyecto People for children (Gente por los niños), donde nuestra misión es educar al mundo en el problema más grande que tiene la sociedad: el tráfico de armas, el tráfico de drogas y el de niños son industrias que generan anualmente diez mil millones de dólares. Y más de 2 millones de niños al año entran a la esclavitud de la nueva era, son obligados a la prostitución y a la pornografía infantil. Cuando una región está ante tal vulnerabilidad, cuando los niños quedan huérfanos, ahí es donde los traficantes hacen fiesta. Cantidad de niños que se sabe que sobrevivieron al tsunami, desaparecieron. Nadie sabe dónde están. Yo puedo construir un hospital, un colegio, puedo ayudar a reconstruir un templo, pero los niños van a seguir en la calle.

–¿Extraña algo de su infancia?
–Yo tengo recuerdos que a veces mi madre no puede creer. Yo sí he aprendido a estar en contacto con ese niño que había olvidado. Cuando empecé mi carrera todo era un juego divertido. De repente, el trabajo se convirtió en algo serio, formal, exigente y lleno de burocracia. Hoy busco pasarla bien haciendo lo que hago. Quiero gozar. Por eso ahora he vuelto a acariciar a ese niño que fui.

–En un momento dijo que quería tener hijos. ¿Sigue con la misma idea?
–Hace dos años decía que sí, que quería hijos y me sentía listo para tenerlos. Hoy, en cambio, el tema de la paternidad es algo que no me preocupa. Con las cosas que están pasando, más se me reafirma la idea de que no tenemos control sobre la vida. Nunca sabes dónde estarás mañana.

–¿Usted es fácil de enamorar?
–Yo todavía tengo mucha fe en el amor y creo en el amor. Pero me gusta que jueguen con mi mente, me gusta que me tengan en el borde.

–¿Es una persona racional o intuitiva?
–Soy una persona con problemas psiquiátricos (risas), porque tengo doble personalidad. A veces soy uno y a veces otro. A veces soy muy soñador y a veces demasiado realista. Uno tiene que estar abierto al cambio y a la negociación siempre. Cuando la gente dice que está muy vieja para cambiar, está equivocada. No cambiar es tenerle miedo a la vida, es el control, y el control mata. Trato de respirar todos los días abierto a lo que llegue.

–¿Qué aprendió en estos años?
–A disfrutar de las cosas simples de la vida. Aprendí que nunca debes olvidarte del niño interno, que es maravilloso acercarse a la ridiculez, que siempre debes dejar espacio para una reacción de alguien que no conoces. Dejar una puerta abierta al extraño, que si llegó a tu vida es porque tiene algo para ti.

Con la enviada de GENTE en Miami. Allí, mostró su nueva personalidad: más solidaria, más madura. El nuevo Ricky Martin volvió con todo. Su gira latinoamericana ya arrancó: el 6 de diciembre desembarcará en Buenos Aires para dar un show en el Luna Park.

Con la enviada de GENTE en Miami. Allí, mostró su nueva personalidad: más solidaria, más madura. El nuevo Ricky Martin volvió con todo. Su gira latinoamericana ya arrancó: el 6 de diciembre desembarcará en Buenos Aires para dar un show en el Luna Park.

“<i>Hace dos años decía que sí, que quería hijos y me sentía listo para tenerlos. Hoy, en cambio, la paternidad es algo que no me preocupa</i>”

Hace dos años decía que sí, que quería hijos y me sentía listo para tenerlos. Hoy, en cambio, la paternidad es algo que no me preocupa

Fui a Tailandia después del Tsunami y vi el caos, y el título de mi CD, Vida, nació cuando vi que el colegio se había convertido en un hospital y que la playa era el aula de los niños. Donde nace la espiritualidad nace la vida" ">

"Fui a Tailandia después del Tsunami y vi el caos, y el título de mi CD, Vida, nació cuando vi que el colegio se había convertido en un hospital y que la playa era el aula de los niños. Donde nace la espiritualidad nace la vida"

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