Vivimos una sola vez, no podemos perdernos nada". Aquí, como nunca, habla de todo." /> «Me gusta vivir mi matrimonio y mi vida con mucha adrenalina» – GENTE Online
 

"Me gusta vivir mi matrimonio y mi vida con mucha adrenalina"

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"No va a dejarse mojar el pelo -advierte el fotógrafo-. El tiene todo un tema con su
peinado
", insiste. Los aplausos llegan con claridad desde un pasillo de este mini-Hollywood -clavado entre Colegiales y Palermo, edificio moderno de tres pisos, recién reciclado, mucho cemento alisado y grandes ventanales, 250 personas trabajando a full- que es
Pol-ka. Hoy, viernes 16, se terminó de grabar 22 El loco -final que sorprenderá y que, obviamente, se guarda como secreto de Estado- y el elenco tiene ganas de brindis. 

Aparece, entonces, Adrián Suar. Sonrisa de oreja a oreja, jeans y remera negros, y el pelo… ¡prolijísimo!
"Me cambio y estoy con ustedes", abraza con efusividad, palmea la espalda, reparte besos. Tres minutos más tarde, todo de blanco, reaparece. 

"Quiero que te tiren un balde de agua en la cabeza para la producción de
fotos
", digo sin anestesia mientras miro cómo acomoda su pelo rubio rojizo (que no tiñe, ni se hace reflejos, pero cuida con esmero) . No reacciona como todos esperaban:
"Va a venir bárbaro, porque este traje que me iba a poner debe ser el que usó Tinelli para los Martín Fierro
-dice con las mangas que le cuelgan y el saco que le llega a las rodillas, pero sin hacer comentario alguno sobre su peinado-.
El agua seguro que lo achica", lanza la broma y se ríe. Y desde ese instante, en las cuatro horas que compartimos con él, no paró de divertirse. Fue fácil descubrir, claro, que ésa debe ser una de las claves de su éxito: divertirse. Sintetiza su filosofía así:
"Vivimos una sola vez, no podemos perdernos nada".

El agua le cae a chorros, tiembla, jura que la tomografía computada dirá que murió de una pulmonía en un estudio de tevé
("soy bicho de televisión, no podría morir de otra manera"), mira a la cámara y grita.
"Mostrame furia, mostrame cómo se hincha la yugular en el cuello", alienta el fotógrafo. Suar aúlla.
"Por favor, que el epitafio diga: nadie hacía la yugular como él", lanza y vuelve a soportar el agua helada sobre el cuerpo.

Cuando todo termina, hay aplausos. Se seca con una remera que encuentra en un rincón. Pasa su brazo alrededor de mi cuello y me lleva distendido hasta su oficina en el primer piso. Sillones de cuero negro, mesa de reunión, escritorio hipermoderno, gran ventanal que muestra un deck de madera, afiches de sus películas y sus programas, fotos de sus chicos -Florencia (12), hija de Araceli, y Tomás (3)-, fotos abrazado a Maradona, tres Martín Fierro…
"Y ahora la posibilidad de un Oscar con El hijo de la novia, ¿te das
cuenta?
", dice frente a la bandeja de sushi que pidió para el almuerzo.

Moja en soja el trozo de pescado crudo. Cara de puro placer. Agua mineral sin gas y nada de pan. Está muy flaco
("tuve que ponerme en forma para 22, pero solo hago fútbol 7 los fines de semana y corro en la cinta en
casa
") y juega a levantarse la remera mientras se tira para atrás en la silla, apaga el celular, y sólo acepta recibir un llamado de Araceli, quien está organizando desde su casa en San Isidro los 20 días de vacaciones en familia.
"Arreglá todo, gorda, dale para adelante. Quizás no me pueda quedar todo el mes, pero voy con ustedes y después vuelvo a buscarlos.
Besos
".

Cuelga, otro bocadito de sushi y comienza la charla. Sin cortes.

-Hace diez años tuviste que pedir plata prestada para hacer tu primer proyecto. Y hoy tenés
Pol-ka, vas a hacer la programación del 13 y te bautizan como "el zar de la televisión". 

-No soy el zar. Me gusta Romay, es un capo. Pero si quisiera ser como alguien, sería como Goar Mestre. Soy un tipo que comprendió que la sangre le corría a una velocidad distinta cuando estaba en un canal, que ésa era la adrenalina que movería su vida. Soy consciente de lo que crecí, pero a la gente le pega de otra manera.

-Será porque en un país y en una década donde sólo unos pocos pudieron tener éxito, vos reprodujiste aquel sueño de los 60: el chico que no tiene nada y logra triunfar.
-Se puede lograr ese sueño, aun en esta época. Todos tenemos talentos. Hay que descubrir cuál es el tuyo. Me di cuenta de que sólo sabía hacer esto, que en lo demás era un desastre, y me puse a trabajar. También tuve suerte y se dieron un montón de cosas a favor: encontré el socio (Fernando Blanco), me enganché con mi hermano para que maneje la parte comercial (Paul Kirzner, 35 años, misma voz que Adrián), encontré la gente para armar un buen equipo, y un programa que pegó justo…

-¿Sentís que cambiaste la televisión?
-Lo que generó Pol-ka en la televisión fue una vuelta de tuerca que se da cada tanto. Y vendrá otro dentro de diez o quince años a buscar otro cambio. Ahora hay muchos que hacen cosas lindas, pero Pol-ka hizo algo inaugural en la forma de realizar ficción. 

-¿Cuánto dura el éxito para un hombre exitoso?
-El éxito y el fracaso son como un mar ondulante: subís y bajás, te va bien y te va mal. Yo no soy muy cholulo con el éxito, no me vuelvo loco. Debe ser una defensa que tiene mi cuerpo. 

-¿Nunca te afectó un fracaso? No te creo.
-¡Claro que me afectó! Antes me dejaba así (se queda como paralizado). Pero ya no. Cambié la forma de pensar: sé que la vida tiene un movimiento, que te va mal y creés que es la noche, pero después todo cambia y tenés revancha. La vida tiene una música y hay que saber escucharla. En el momento en que estoy más quieto es cuando más trabajo, pensando nuevas ideas. Soy un buen amasador de ideas.

-Te gusta la ficción costumbrista, y -lo dice el rating- eso pega. ¿Cuándo te diste cuenta de que era lo que faltaba en la tevé?

-Yo no dejo que este medio me contamine. Soy cero prejuicioso y trabajo mucho para no serlo. Me abro. Te digo esto porque acá se escucha mucho eso de
"este qué va a hacer si es un fracasado" y "este que no pega
una
". Yo le escapo a eso. Y me divierte hacerlo, porque sé que a esa persona, puesta en otro lugar, le puede ir bien. Me encanta encontrarle el traje justo a cada actor. 

-¿Qué ayuda a mantener el equilibrio siendo un hombre poderoso?
-Me ayudó mucho la terapia. Solo, hubiera sido imposible. 

-¿En qué otras cosas te ayudó la terapia?
-En la forma de mirarme, de pararme ante el éxito, de encarar mis cosas. Me lavó culpas: en algún momento fui culposo del éxito, ya no.

-¿Cuándo te dijiste: "Bueno, me llegó el éxito"?
-Es difícil decirlo. Porque el éxito televisivo es un punto de rating más o uno menos, pero ése es un éxito rápido, más sospechado. Para mí el éxito fue empezar a convencerme de que podía realizar las ideas que me venían a la cabeza. Ahí dije "¡Qué éxito, Adrián!". Y me pasó cuando hice
Verdad/Consecuencia, después de Poliladron. Antes no lo había sentido. Ahí dije:
"La p… estás haciendo algo bueno".

-¿Cómo te cambió la vida?
-Yo no soy un adicto al trabajo que sólo piensa en esto. En estos años me casé, tuve un hijo -dos, porque Flopi es como una hija para mí-. Viví cosas fuertes. Cuando sea más viejo y cuente mi historia voy a decir: "¡Qué jovencito era cuando logré todo eso!". La sangre me va a una velocidad tremenda y eso tiene que ver con la juventud. 

-Y con la personalidad.
-También, porque encontrás pibes de veintipico que decís "es un pechito frío". Pero yo soy emprendedor, soy ariano, soy fuego. Cuando todo esto empezó a sucederme tenía 26 años y después me costaba parar porque tenía aire en la camiseta, porque me gustaba y me tenía fe. Yo soy un apasionado.

-El mundo de adrenalina que vivís, ¿es fácil de compartir o deja a muchos afuera?
-Genera mucha soledad. No es para todo el mundo.

-¿Cómo hacés para no creértela?
-Será por que siempre pienso que en cualquier momento puede venir el golpe y entonces estoy tomando las precauciones para que no duela tanto. Igual, hoy no me da tanto miedo: hace un año que estoy convencido de que si viene el golpe, no me va a doler demasiado. Porque ya sé lo que es apostar y ganar. Si me caigo, ya hice éxitos. Si se corta acá -nadie en este negocio tiene la sartén por el mango-, ya no me mata. Porque miro para atrás y estoy hecho.

-Pero seguro que buscarás revancha.
-Soy como esos boxeadores que no le gustan que le toquen la cara: voy a pelear, tengo el acto reflejo del que le gusta ganar. Y a mí me encanta ganar. Pero el podio, la antorcha que uno tiene, la voy a tener que entregar. La vida es así.

-¿Sos un chico normal?
-Tengo la locura de la profesión, soy actor, soy egocéntrico por momentos, soy un poquito artista, tengo esa locurita que tiene todo creativo… pero soy un chico normal. Soy un chico de barrio -de Villa Crespo-, clase media, infancia tranquila, nunca faltó nada. Normal.

-¿Qué hiciste con tu primera plata fuerte?
-Me compré un departamento, un auto y la invertí acá. ¿Si compré algún regalo? Si, debo haberle comprado algo a Ara, pero lo normal. No tengo esas deudas de
"ahora que puedo, te debo algo". Yo vengo de clase media: nunca tuve en exceso, pero nunca sufrí en la infancia.

-¿Hubo algún momento en que fuiste al banco y te quedaste con la boca abierta al ver la suma que tenías?
-No. Porque he ganado plata, pero no lo que la gente cree. Yo he invertido mucho, pero mucho en esto (señala Pol-ka), en películas. Y he perdido 500 lucas en un proyecto. O 250 de un rato a otro. He hecho dos películas por año: en algunas me fue bien, en otras salí empatado, en otras perdí. Pero una película sale dos palos. 

-¿Sos tacaño con la plata?
-No, tacaño no. Pero, por suerte, para mí 50 pesos siguen siendo 50 pesos… ¡gracias a Dios! Sé perfectamente lo que cuesta ganar la plata, lo que hace un actor para conseguir un sueldo de 1.000 o 1.500 pesos, los que pucherean por un bolo. 

-Tenés los pies sobre la tierra.
-Es que a mí me hace bien tener los pies sobre la tierra. Lo necesito. La pregunta debería ser: ¿cómo sería yo sin los pies sobre la tierra? ¿Qué estaré tratando de controlar?

-Contestate tu pregunta.
-Es que soy muy vergonzoso de algunas cosas. Veo a muchos colegas que hacen cosas tremendas. Y me digo:
"Mirá este pe… las bo… que hace por creer que tiene éxito". Y siempre me viene la misma imagen:
"Si lo vieran los muchachos del barrio, si lo viera la vieja, está para el cachetazo. ¡Qué papelón!". Hay gente que con el éxito cambia, se mueve distinto, habla distinto. Y yo no puedo evitar sentir vergüenza.

-¿Y cuando te descubrís uno de esos gestos de tipo exitoso?
-Me quiero matar. Yo me miro todo el tiempo y cuando veo un gesto de más, cuando me hago el moderno, o al usar palabras ajenas a mi vocabulario, siento que hice un papelón de aquellos. Empiezo a transpirar. No lo soporto. Hay veces que uno cae en la trampa, pero nunca al extremo de dármela de elegido. ¡Qué idiotas los que se la creen!

-¿Es el sueño del pibe hacerte cargo -ahora, desde marzo de 2002- de la programación del 13?
-Estoy muy orgulloso. El 13 es mi casa. En una película cierra bien esta historia: empecé en ese canal, crecí ahí. Hasta ahora es una trama feliz. Habrá que ver cómo sigue. Cuando me lo ofrecieron, sentí:
"Es ahora, es mi oportunidad, tengo ganas". Sé que no es fácil. Se viene el "a ver qué va a hacer este pibe ahora". Pero voy a aportar donde sé que soy un buen 9. Y buscaré un 5, un arquero, un 8, y armaré el equipo con muchos de los que están y otros nuevos. 

-¿Qué programas de la tele elegís hoy?
-Fútbol de primera. Me gusta El Gran Cuñado que hizo Marcelo, me parece un gran hallazgo, de una gran lucidez, pero no me hacen reír las cámaras ocultas. Los reality, más o menos: un poquito más
El bar, pero hasta ahí. MDQ está bien. ¿Qué más hay? Sábado Bus
sigue siendo un gran show. El gordo Lanata me va bien. Intrusos: Rial está en un gran momento, fantástico, en su tiempo justo.
Telenoche Investiga fue el éxito del año por todo lo que generó. Pero, aunque no me creas, no miro mucha televisión.

-¿Cuánta contención te da tu familia?
-Mucha. Tener una familia, ser papá, es importantísimo para mí.

-¿Tu hijo te cambió la cabeza?
-No, no me cambió la cabeza: me abrió una nueva zona de amor único. Y cuando aparece un amor nuevo, eterno, infinito, quizás te cambia.

-¿Dejaste de dedicarle tanto tiempo al trabajo después de que nació Tomás o todo siguió igual?
-Le dedico el mismo tiempo al trabajo, pero está todo el tiempo en mi corazón, en mi cabeza. Trato de compartir cada momento: lo baño, lo cambio, le leo cuentos, lo duermo. Soy un papá muy activo. Me encanta llevarlo a pasear. Lo llevo a la calesita, al shopping. Una de las cosas que estoy laburando conmigo es eso de ir con Tomás a lugares que están repletos de gente. Antes sentía fobia. Ahora voy con él de la manito, un sábado por el
Unicenter que estalla de gente. Y lo disfruto.

-¿Y con Flopi, cómo es la relación?
-Yo siempre digo que no tengo un hijo: tengo dos, porque así la siento. La amo igual que a Tomás. Nos sedujimos mutuamente. Es dulce, es divertida, tiene carácter. Me encanta.

-¿Cómo manejás los rumores que afectan tu matrimonio?
-¿Qué rumores?

-Este año fue un poco pesado para tu pareja: Araceli volvió divina a la tele y de inmediato se habló de un romance con Chayanne.
-La verdad, no les hacemos caso. No me importan. No les doy mucha bola. Yo conocí a Chayanne, a su mujer: es un buen pibe, no puedo darles bola a esas pavadas. 

-No te creo nada: no puede ser que no te importe que digan que tu mujer tiene un romance con otro.
-De verdad no me pasa nada, te lo juro. No soy el típico macho argentino en eso. No me lo creo y no me da, ni como actor, dar esa imagen. Con
Ara nos tenemos confianza absoluta. Si no sería imposible vivir.

-¿Cómo hacés para que no te lastime? 
-Estoy curtido de esas cosas. Pasan. Por eso trato de separar lo público de lo privado en mi cabeza: me ayuda a entender qué puede ser una nota, qué puede tener mala intención, por qué se lanza el rumor. Esta es una profesión en que uno tiende a comerse la película, ¿no? A mí también me pusieron varios romances y Ara tuvo que bancarse el chismerío. Pero si entrase en ese juego, no podría vivir.

-Pero la primera vez, seguro, entraste.
-La primera vez, sí. Después lo empezamos a hablar con Ara en casa, ella se ríe, decimos:
"mirá el garrón que nos estamos comiendo", opina Flopi. No pasa nada. Porque si terminás comprando todas, destruís tu vida, ¿sabés? No se puede. Hay que separar. Además, muchas veces coincide que cuando estamos bien inventan cosas, y cuando estamos mal no dicen nada.

-¿Cuántas veces de todas las que se dijeron en estos diez años fue cierto que estuvieron a punto de separarse?
-(Se ríe). Nunca la pegaron. Pero estuvimos muchas veces mal. Con Ara tenemos una relación, como muchas otras parejas, que siempre está a punto de terminar. 

-¿Cómo de terminar?
-Sí, de terminar. Y eso es lo lindo: siempre nos renovamos por un trimestre. Es una manera de vivir el amor. Siempre estamos a punto de seguir o de no sé. Eso también es bueno. Sospechá de las parejas que te dicen
"entre ella y yo ni un sí ni un no". Yo digo "mmmmm, qué muerta está esa
pareja
". Con Ara es todo lo contrario, porque los dos tenemos un carácter muy fuerte.

-¿Y no te genera inseguridad?
-No tiene que ver con dudas o inseguridades. Tiene que ver con que cada tres o cuatro meses nos volvemos a elegir. Eso es importante, mantiene viva mi pareja, vibramos. 

-¿Por qué la volvés a elegir vos y por qué creés que ella te vuelve a elegir?
-Porque nos queremos. No podría tener una pareja quieta, sin enfrentamientos o discusiones. Cuando Ara no me da ningún tipo de problema, se lo digo. Siento que si todo fuera sin un blanco y un negro, pensaría que mi pareja ya no está viva. Necesito vivir mi matrimonio y mi vida con mucha adrenalina. 

-Sos un hombre deseado, Araceli es una mujer deseada. ¿Se puede vivir rodeado de tentaciones y decir siempre que no?
-Se puede. Sin confianza mutua, este medio es imposible. Y por eso estamos juntos. Igual, con respecto a las tentaciones, hay mucho de fantasía. No soy un tipo de salir a buscar nada, y si alguien viene con esa idea, la huelo y me alejo.

-¿Nunca te acosaron?
-¿Sexualmente? No, jamás.

-No me digas que no te pasaron papelitos, teléfonos, insinuaciones…
-Ah, bueno. Sí lo hicieron las chicas cuando iba a jugar al fútbol con los actores. Siempre que sale el actor a la cancha, enamora. Y pasa más cuando hago un personaje en la tele, porque la gente compra ese personaje y se enamora de él. No me sucede cuando estoy como productor. En definitiva, ¿quién no sueña con una historia de amor como la de las novelas?

-¿Sos un buen marido?
-Por momentos soy un buen marido y por momentos soy un marido normal.

-¿Qué es un marido normal para vos? 
-En ese sentido ella no va a tener en mí un marido tradicional: soy un marido con glamour. Soy un marido figura (se ríe). Pero también un marido que mira lo que le pasa a su mujer, que comparte, que quiere dejarla crecer, que disfruta con sus éxitos, que está orgulloso de ella, que siente profunda atracción. Me encanta que esté divina.

-¿Y que se haya puesto lolas?
-Me encanta también.

-¿Sos celoso?
-Un poco, pero no enfermo. Porque no dudo de ella: es una persona de bien.

-¿Y considerarías que es una mala persona aquella que comete un traspié en su vida y es infiel?
-Pero hay códigos que no cambian. No creo que sea una mala persona, pero creo en la fidelidad.

-¿No le perdonarías una infidelidad?
-La verdad, no lo sé. Depende en qué momento de la vida me agarre. Hoy creo que no la perdonaría.

-¿Ni querrías que ella te perdonara?
-No, tampoco querría que ella me perdonara.

-¿Es por posesión, por pasión?
-No lo sé, pero me gusta cómo lo dije (bromea). A lo mejor en unos años cambio de opinión. Hoy siento así.

-¿Hablás con tu mujer de lo que se dice de tu matrimonio?
-Sí. O yo la llamo y le cuento. O ella me dice a mí.

-¿Y nunca te recibió con un tonito de "te mato", así con bronca?
-(Se ríe). Alguna vez sí. ¿Cómo zafo de eso? Pasó hace tiempo, ya no. Y decidimos creer en nosotros. No es fácil vivir en pareja. A mí me pasa lo mismo que al señor de la oficina. La única diferencia es que yo salgo en las revistas y firmo autógrafos. Pero nos pasa lo mismo, te lo firmo ya. Que llega a la casa y hay días en que tiene ganas de abrazar a su mujer y hay días en que no.

-¿Cómo son tus días de hombre casado? 
-Hay momentos en que la amo muchísimo y otros que no. A Araceli le pasa lo mismo. Y a tu vecino también. Lo que pasa es que la pareja está idealizada. Es mentira eso de que hay que quererse 24 horas por 24. Hay instantes en que la quiero 30 horas seguidas y otros que no.
-¿Te cuestionaste alguna vez si elegiste bien?
-No, jamás: yo elegí bien. Muy bien. Eso no está en tela de juicio. En eso no me equivoqué.

-¿Te cierra la frase "es la mujer de mi vida"?
-Sí, hasta ahora sí.

-¿Por qué "hasta ahora"?
-Porque es bueno decirlo así, porque siento que nunca se sabe qué puede pasar.

-¿La seguridad genera una rutina que termina matando todo?
-Total. Todo lo previsible genera una rutina que mata la pareja. 

-¿Te gusta que Araceli haya decidido no trabajar más con vos?
-Me encanta que tome las decisiones que le hacen bien. Que ahora piense irse a probar un proyecto en Miami: yo la apoyo a full.

-¿Pero eso no los convierte en un matrimonio a distancia?
-Si sale algo que la haga crecer en lo profesional y como persona, me haría feliz que pueda vivirlo. Cuando querés a alguien, no podés ser egoísta. Con todo lo que viví en lo personal, sería mezquino pedirle que se quedara en casa. Y sería triste si no la dejara ir.

-¿Aunque sepas que la vas a extrañar?
-Si le hace bien, adelante. El matrimonio está muy bien, pero además está la vida de cada uno, si no sería demasiado antiguo.

-¿No creés en el matrimonio a la antigua?
-No tengo la estructura del matrimonio contigo para siempre. Es su vida, su oportunidad, con una edad en la que tiene que disfrutar y probar. 

-¿Cuántas veces "los separaron" los rumores?
-No las conté, pero miles. Y llevamos 10 años juntos. Quizás hagamos once. Quizás no.

-¿Por qué en cuanto al matrimonio te gusta dejar puertas abiertas hacia el "no sé qué pasará"?
-No es que me guste la cuerda floja, es que no puedo caretear una que no siento. La vida es así. Todo puede pasar.

-De todo lo que dijiste, lo único conservador fue sobre la fidelidad.
-Y, algo tenía que tener.

-¿Por qué pensás que te pasa justo en ese punto?
-Porque ese es el código que nos hemos puesto, el que no se toca. Después puede pasar de todo entre nosotros: querernos más, menos, pelearnos, reconciliarnos, porque somos seres humanos.

-¿Creés en el amor para toda la vida?
-(Silencio). Creo en distintos amores para toda la vida. Puede haber amores más fuertes, amores distintos, o un solo amor que se prolongue para toda la vida, pero con distintas temperaturas. Pero sí, creo. 

-¿Qué te enamoró de Araceli?
-No lo sé. Y esa sola cosa me alcanza. Y hoy, diez años después, me sigue enamorando ese no sé. Creo que ahí está la magia.

Tengo la locura de la profesión, soy actor, soy egocéntrico, soy un poquito artista, tengo esa locurita que tiene todo creativo... pero soy normal: un chico de barrio de Villa Crespo, clase media, infancia tranquila donde nunca faltó ni sobró nada" ">

"Tengo la locura de la profesión, soy actor, soy egocéntrico, soy un poquito artista, tengo esa locurita que tiene todo creativo... pero soy normal: un chico de barrio de Villa Crespo, clase media, infancia tranquila donde nunca faltó ni sobró nada"

La terapia me ayudó a mantener el equilibrio en el lugar de poder que ocupo. Solo, sería imposible. También me lavó culpas: en algún momento fui culposo del éxito, ya no"">

"La terapia me ayudó a mantener el equilibrio en el lugar de poder que ocupo. Solo, sería imposible. También me lavó culpas: en algún momento fui culposo del éxito, ya no"

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