«Me costó entender que, en mi profesión, los insultos de la gente son el mejor elogio» – GENTE Online
 

"Me costó entender que, en mi profesión, los insultos de la gente son el mejor elogio"

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-Zampini, ¿usted es la peor de todas?
-(Risas) ¿De todas las villanas…? No me atrevería a decirte tanto, pero sí, hice cosas terribles. Lo que más me costó fue pegarle a un nene. No sabés lo mal que me sentí después del corte…

Es mala. Malísima. De esas que se hacen odiar con facilidad. Villana de profesión, Carina Zampini viene metiendo miedo desde sus tiernos 19, cuando llegó por primera vez a la tevé. Su crueldad nunca tuvo límites. Hizo de todo: desde robar maridos hasta asesinar a sangre fría. Ahora, con 29 cumplidos y tras tomarse dos años fuera de la pantalla para dedicarse a su familia, volvió. Esta vez, sus perversidades entorpecen las vidas de Facundo Arana y Nancy Dupláa en Padre Coraje, la nueva novela de Canal 13.

-¿Hasta dónde piensa llegar ahora?
-Hasta conseguir mi objetivo, como siempre. La maldad no tiene límites, las mujeres lo sabemos bien, y menos si se trata de conseguir el amor de un hombre.

-¿Me habla en serio?
-(Risas). No, obvio que te hablo de la ficción. Por suerte, no necesité de ningún plan maléfico para atrapar a mi hombre (se refiere al padre de su hijo Manuel, el profesor de Educación Física Pablo Arce), pero cuando de novelas se trata, estoy dispuesta a cualquier cosa. Ahora soy Ana. Y Ana es un personaje un tanto resentido, rencoroso y muy celoso de su hermana Clara (Nancy Dupláa), una mujer postrada en silla de ruedas y muy enamorada del padre Juan (Facundo Arana)… En fin, la historia está en la pantalla. Lo único que te puedo anticipar es que haré cualquier cosa para conseguir mi objetivo: el amor del padre Juan, que, obviamente, se enamora… Bueno, suspenso…

-Ahora, usted venía bien: había logrado convertirse en heroína junto a Alfredo Alcón en Por el nombre de Dios, y hasta fue pareja de Gabriel Corrado en Luna Salvaje, ¿qué pasó?
-Eso estuvo bien. Fueron tres años y esa experiencia me sirvió para demostrar que podía hacer otras cosas, papeles menos crueles. Sin embargo, extrañaba un poco hacer de villana. Los personajes que tienen complicaciones, problemas, son mucho más divertidos para trabajar. Y éste de Ana es muy rico. Estoy contenta con la vuelta.

-A todo esto, ¿qué opina Manuel de su mamá cuando la ve en la pantalla?
-A Manuel, por suerte, le hice entender la diferencia entre ficción y realidad. De chiquito, se llevaba genial con Gustavo Garzón y no podía entender que un tipo tan macanudo, que hasta jugaba con él en los estudios, después me tratara tan mal en la pantalla. Ahora está más grande y la tiene bien clara. Cuando puedo, lo llevo a las grabaciones. Eso sí, trato de que no vea el programa. Por algo hay programación destinada a cada edad. Y él tiene apenas cinco años y medio. Por ahora, no se ven novelas en casa.

-Zampini, ¿la suya es una profesión de alto riesgo?
-Está exagerando… ¿No será mucho?

-Pero cuentan que por la calle la gente la insulta, la odia.
-Sí, a veces pasa. Me costó entenderlo a los veinte, por ejemplo: la gente empezaba a reconocerme por la calle y al mismo tiempo me insultaban. De hecho, Carla fue mi primer personaje y, sin duda, el más siniestro que hice. Nada fácil, imaginate.

-Terminó en el diván, supongo.
-No, ¿sabés que no? Me costó entender que, en mi profesión, los insultos de la gente son el mejor elogio que te pueden hacer. Pero, por suerte, sola lo razoné, sola lo maduré y sola lo acepté.

-¿Y cómo empezó su amor por la maldad?
-A los nueve años. Pero en aquel tiempo no hacía de mala. Eran actos escolares, siempre me anotaba en todos. En la Escuela No 23 de Haedo había un teatro infantil y así, jugando, descubrí mi vocación. Es más, terminé el secundario y fui derechito a anotarme en el Teatro San Martín.

-¿Una duda: por qué dejó la pantalla estos años?
-Necesitaba frenar, dedicarme a mi hijo, cocinar, que me encanta, tomar un poco de distancia para ver cómo seguir. Esta carrera te da un montón de cosas, pero grabar todos los días entre diez y catorce horas no te deja ver dónde estás parada.

-¿Y dónde estaba usted?
-Estaba muy bien. Sólo era cuestión de relajarme un tiempo, permitirme ser mamá y esposa full time para poder volver.

-Y acá está.
-Acá estoy otra vez.

-¿Dispuesta a ser insultada una vez más?
-Y, sí. Ya te dije. Si sucede, lo tomaré como lo que es: el mejor de los elogios.

por Mariana Montini
fotos: Christian Beliera
producción: Sergio Barbaro
peinó: Cristian Rey para Javier Luna con productos AlfaParf
(agradecemos a María Vázquez, Ricky Sarkany y Rimmel)

Tiene 29 años y una carrera impecable como actriz. Desde hace doce años está en pareja con un profesor de gimnasia, y adora mimar a su hijo. Sin embargo, la crueldad (en la ficción, claro) es su mayor virtud.

Tiene 29 años y una carrera impecable como actriz. Desde hace doce años está en pareja con un profesor de gimnasia, y adora mimar a su hijo. Sin embargo, la crueldad (en la ficción, claro) es su mayor virtud.

A los 21 años ganó su primer Martín Fierro a la Mejor Actriz de Reparto por su papel de Carla, el personaje más cínico de la novela Ricos y Famosos. Después, se dio el lujo de cambiar el rol y hacer de heroína junto a un grande, Alfredo Alcón. Ahora, tras tomarse dos años sabáticos para dedicarse a su hijo, vuelve a la pantalla para intentar separar a la pareja del momento: Arana-Dupláa.

A los 21 años ganó su primer Martín Fierro a la Mejor Actriz de Reparto por su papel de Carla, el personaje más cínico de la novela Ricos y Famosos. Después, se dio el lujo de cambiar el rol y hacer de heroína junto a un grande, Alfredo Alcón. Ahora, tras tomarse dos años sabáticos para dedicarse a su hijo, vuelve a la pantalla para intentar separar a la pareja del momento: Arana-Dupláa.

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