“Me conmueve poder ser artista. No importa si es en Tokio, La Salada o Monte Chingolo” – GENTE Online
 

“Me conmueve poder ser artista. No importa si es en Tokio, La Salada o Monte Chingolo”

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Acá no me siguen preguntando por Cha-cha-cha”, bromea Alfredo Casero (46), en referencia a aquel programa de culto que en los noventa lo hiciera célebre.

Mientras camina por la zona de Yebisu en Tokio, el cómico recuerda que pisó esta tierra por primera vez a comienzo de 2002 después de editar su álbum Casaerius, que incluía Shimauta –Canción de la isla–, el tema cantado en japonés junto al músico local Miyawaza Kafuzumi. Y, ¡oh sorpresa!, se convirtió en hit, fue elegido como Canción del Año en los Premios Gardel (en la Argentina) y fue incluído el el disco oficial del Mundial de Fútbol 2002 (en Japón). Desde entonces Alfredo fue y vino varias veces desde y hacia Tokio. Cada vez más requerido, convirtiéndose en un referente de la Argentina, aunque él, por modestia, diga que no lo siente así.

Ahora, después de viajar en subte y saludar a aquellos que lo reconocen, habla por teléfono a un amigo en perfecto japonés. Hasta que Honda Kenji se acerca y se estrechan en un abrazo interminable. “Este señor que ves acá es el Don King del tango, un tipo fabuloso que tiene una productora de espectáculos y excelentes contactos con nuestro país. Les da trabajo a muchos japoneses gracias a su iniciativa. Eso sí: es imposible pagarle un almuerzo. Ahora vamos a ir a comer y no me va a dejar hacerme cargo de la cuenta”, ironiza Casero, que hace las presentaciones de rigor y nos guía rumbo al restaurante. Pide tempura –arroz con variedad de pescados fritos–, sushi y sopa de soja con algas y fideos. Toda una exquisitez, degustada con los correspondientes palitos, más allá de que por nuestros rostros occidentales nos hayan acercado cubiertos, para evitar papelones. Alfredo habla y Honda sonríe, y así todo el tiempo.

“Aunque muchos van a decir que estoy equivocado, porque no saben nada, te aclaro que Japón tiene mucho que ver con nosotros, los argentinos, que somos incansables cuando amamos lo que hacemos. Esto me lo explicó mi amigo Honda: me hizo ver lo bueno que poseemos y no sabemos apreciar. Debemos dejar de hablar mal de nosotros mismos. Mirá, Japón es un país centrífugo: toma lo que le es útil y despide lo que no quiere”, relata Casero, que pide la consumición y que –ante la tarjeta de crédito de su amigo– vuelve a fracasar una vez más en el intento de pagar.

Ahora, el actor y cantante nos conduce por callecitas típicas de la ciudad hasta un templo al aire libre, una especie de capilla con un pequeño altar y una fuente con agua muy pura, que la gente recoge con cucharones y emplea en el lavado de sus manos para darse pureza. Luego nos enseña el rito de arrojar una moneda como ofrenda, pedir los deseos que uno quiera y rezar en señal de agradecimiento. “Acá te dicen que si tenés mala vida es porque algo hiciste mal. Aplicando este concepto, ¿te imaginás lo que les correspondería a algunos ilustres chantas argentinos, no?"

De inmediato Casero recuerda sus días en Puerto Madryn, donde residía y cuyo campo tiene alquilado. Y su actualidad como ruralista en Chacras de San Martín, en San Luis, donde cultiva alfalfa y tiene unas doce vacas, más o menos, “para carnear y compartir con amigos. ¿A qué me dedico allá?. Soy mecánico, y muy bueno. En serio... Te juro. Arreglo de todo. Si se te rompe algo, mandámelo”, bromea. Y detalla, ya como una anécdota que gracias a Dios puede contar, lo que no le sucedió por no haber subido al vuelo 447 de Air France que desapareció en el océano Atlántico tras partir de Río de Janeiro rumbo a París con 228 pasajeros a bordo. La tragedia sacudió al mundo y todavía continúa la búsqueda de los cadáveres. Alfredo se pone serio por primera vez cuando recuerda: “Viajé por invitación del portal 10tango.com a Japón, para cantar las milongas de Edmundo Rivero. Pero no tomé ese vuelo por compromisos; fui por otra vía. Te confieso que todavía no puedo creer lo que pasó. Estoy conmovido. Fue un verdadero desastre”.

Mientras hace una reverencia a tres señoritas que se cruzan en su camino, cuenta lo preocupados que estaban sus hijos –Guillermina Sol (25), que lo hizo abuelo de Valentino (3) y Vito (1), Nazareno (22) y Minerva (9)– cuando se produjo la noticia del accidente. Y habla embobado de sus nietos: “Tienen nombres de capomafias: Valentino y Vito, pero son buenos chicos, buenos muchachos...”. Cómo será su admiración por la cultura japonesa que Minerva concurre desde jardín de infantes a la escuela Nichia Gakuin, en Parque Centenario. “Lee y escribe perfectamente”, dice orgulloso.

“Todo lo que hice para Japón gustó mucho. Desde Shimauta hasta la música de Astroboy para Sony, un cover del tema principal, Tetssuwan Atomu, cantado por chicos nipones en la Argentina. Me conmueve poder ser artista, en Tokio, La Salada o Monte Chingolo, no importa dónde. ¿Sabés cómo lo rebauticé a mi guitarrista japonés? Le puse Chichilo Viola, así se aporteña. Lo que todavía no aprendí es a decir bien los piropos en japonés. ¿O será que este cuerpito no atrae a las orientales? Imposible, ¿no?”. Casero recorre las callecitas de Yebisu, sorprendido por el fashion de las japonesas. “No me digan que este cuerpito no las atrae. Imposible”, bromea.

Casero recorre las callecitas de Yebisu, sorprendido por el fashion de las japonesas. “No me digan que este cuerpito no las atrae. Imposible”, bromea.

Alfredo viajó en subte como un japonés más, concurrió a un templo al aire libre, donde cumplió con el rito de lavarse las manos como símbolo de pureza y rezó junto a dos mujeres niponas. Luego visitó a su amigo Honda Kenji –productor artístico– y almorzó tempura –exquisito arroz con variedad de pescados fritos–, sushi y sopa de soja con algas y fideos. “Este es el Don King del tango”, lo definió Casero.

Alfredo viajó en subte como un japonés más, concurrió a un templo al aire libre, donde cumplió con el rito de lavarse las manos como símbolo de pureza y rezó junto a dos mujeres niponas. Luego visitó a su amigo Honda Kenji –productor artístico– y almorzó tempura –exquisito arroz con variedad de pescados fritos–, sushi y sopa de soja con algas y fideos. “Este es el Don King del tango”, lo definió Casero.

Casero formó parte de la comitiva de artistas, junto a Mora Godoy, Jairo, el maestro José Colángelo y su orquesta y Julia Zenko, para la presentación del portal 10tango.com en Tokio. Fueron tres días donde nuestra música ciudadana deslumbró a los japoneses.

Casero formó parte de la comitiva de artistas, junto a Mora Godoy, Jairo, el maestro José Colángelo y su orquesta y Julia Zenko, para la presentación del portal 10tango.com en Tokio. Fueron tres días donde nuestra música ciudadana deslumbró a los japoneses.

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