“Me casé con el primer hombre que supo amarme bien” – GENTE Online
 

“Me casé con el primer hombre que supo amarme bien”

Boda top y más que comentada por los invitados. “Leonardo Fariña le cumplió el sueño a Karina: ¡pagó hasta el último peso!” o “Fiesta cero canjes y todo premium”. Otro deseo de Karina satisfecho: “Leo aceptó que el pastor Bernardo Stamateas oficiara la ceremonia en el Tattersall de Palermo”. Y una pregunta: “¿Por qué hay muchos amigos del novio y ningún familiar?”. Etcétera.
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El telón se levantó cuando Jelinek entró del brazo de su padre, Teófilo. ¿Los novios? Emocionadísimos por la bendición de Stamateas. Volvamos al catering, signé EAT: sushi, chorizos bombón, sándwiches de lomo... y dos mil quinientas botellas de champagne Cristal Louis Roederer: 2.000 pesos la botella (saque la cuenta...). El jardín de invierno, adornado por más de cinco mil flores rojas. Leyó bien: ¡cinco mil!

El miércoles 27, Karina Jelinek (28, modelo de Life Chekka) y Leonardo Fariña (ídem) se casaron a pesar de los rumores que decían: “A último momento, uno de los dos va a dar marcha atrás”. Pero la boda fue real (o por lo menos, verdadera). Sucedió apenas los relojes cruzaron el mediodía, en el Registro Civil de Coronel Díaz y Beruti. Por si alguna duda flotaba en el ambiente, K gritó a los cuatro vientos: “Sí, es real, nos casamos!”. Auto nupcial. La mitad más uno del periodismo matándose a empujones. K arrojó el ramo, atrapado por Pía Shaw (notera del programa PM, Telefe). Otra de K: había prometido silenzio stampa, pero ante el primer micrófono no paró: “Es un día muy, muy, pero muy feliz. Leo estaba bastante tranquilo... ¡La nerviosa era yo!”. Esa noche no durmieron juntos, según había prometido Karina sin metáforas: “Hoy no: mañana... ¡que Leo me haga de todo!”.

FLASHBACK. Volvamos al jueves: check in de K en la suite presidencial del Four Seasons. El novio: en su casa, y en silencio, mientras ella recibía a la corte encargada de convertirla en novia súper star, Responsables de los cambios clave: Pablo Ramírez (diseñador), el peinado, de Diego Impagliazzo, y el make up de Mauricio Catarain.

Luego, los atuendos. En el Civil, vestido color crudo comprado en Miami. En la ceremonia y la fiesta: dos de Pablo Ramírez, que se esforzó para coserlos en diez días... con sus noches, porque el aviso de la boda le llegó casi al sonar el gong. ¿El de la ceremonia? Color natural, encaje francés, líneas simples, gran escote, doble falda de crepe de seda natural, corte marcando cintura, velo corto sobre los ojos, y cola de... ¡veinte metros! (cinco menos que la de Lady Di).

Adentro, cintitas rojas y azules (cábalas eternas de las novias), amén de un pañuelo prestado sujetando el ramo (orquídeas, nada menos), y aros ya usados por K: listo el rito. Sobre la hora quiso achicar el vestido para la fiesta, pero Ramírez puso el grito en el cielo: “¡No hago transformers!”. Al final, optó por urdirle uno corto, para que pudiera bailar, correr, saltar, etcétera, sin sofocones. ¿Zapatos? También diseño de Ramírez, pero hechos por Perugia. De paso: K juró que su collar era una réplica... pero era un auténtico Tiffany, con perlas cultivadas y un zafiro.

ALREDEDOR DEL ALTAR. Minutos más allá de las ocho de la noche empieza el desfile de invitados. Los más tardíos, Ritó –tenía función de teatro– y Marley, que se metió en la casa de Gran Hermano para comer con los finalistas: ambos dijeron “presente” a la medianoche, la hora de las brujas.

Jelinek llegó al Tattersall quince minutos antes de las nueve: “Me siento una princesa. Estoy viviendo un sueño mágico. Me caso con el primer hombre que me ama de verdad”, le susurró a don Teófilo mientras caminaban rumbo al altar. El novio esperaba vestido con un traje italiano negro, camisa con alforzas de puro algodón importado, y sin corbata ni accesorio alguno. En el momento de los anillos los recién casados se confesaron su amor ante el pastor Stamateas. A Leonardo le tembló tanto la mano, que a duras penas logró colocar la alianza en el anular de la novia... luego de que se le cayera al suelo.

Lograda la faena, K hizo lo suyo al instante, y sin vacilar. Más tarde, Stamateas les indicó que arrojaran unos globos al aire, para que con ellos se fuera el pasado, y que naciera una nueva vida. Otra vez, K volvió a la carga, monotemática: “Es el primer hombre que supo amarme bien”. Luego, a la usanza, los novios saludaron, no en el atrio sino en la puerta del Tattersall, custodiados por veinte bodyguards a cargo de Federico Perroti, el pope de la seguridad de la fiesta. Además, y por si poco fuera, Leonardo contrató para el mismo métier a Dani La Muerte (sí, el ex guardaespaldas de Ricardo Fort), vigía de cada paso de los novios. Y más tarde, ¡a la carga! Los 360 invitados cayeron sobre el menú (300 pesos per cápita): pasta o pollo de primer plato, volcán de chocolate con helado para rematar, y en el jardín de invierno, dos mesas con show de dulces delicias. ¿La torta de boda? Tres corazones de tres pisos, cien por ciento chocolate, sin cintitas para tirar, y cero adorno: minimalista, digamos.

HOLLYWOOD EN PALERMO. Rota la barrera de la medianoche, ¡fiesta! Salón símil film Avatar, pista coronada por treinta bolas de espejos, candelabros de vidrio portugués con caireles, arañas de hierro, veinte árboles con más de siete mil flores blancas (dominaron las rosas ecuatorianas y las orquídeas). La wedding planner (Bárbara Diez, la mujer del Jefe de Gabinete porteño Horacio Rodríguez Larreta) sus colaboradoras, all in black, se ocuparon a full de la logística, y sin fallas. Mass Group hizo la prensa. El DJ Thomas Penton, llegado especialmente desde Miami, se lució, y con sorpresa: hombres zancudos parecidos a robots que atacaban con rayos láser, y las bailarinas de Tequila, súper sexys. Una nube negra: nada bien les cayó a los novios ver a Tacho Riera llegar tardísimo, con jeans, remera y zapatillas... ¡y sin que lo invitaran! También sorprendió la ausencia ab-so-lu-ta de la familia del novio. Y que Teófilo y Violeta, los padres de K, no bailaran ni medio paso.
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Siete y media de la mañana. Sol naciente. Y K diciéndole a GENTE: “Ojalá que nuestro matrimonio sea tan divertido como fue nuestro noviazgo”. Ipso facto, la pareja trepó al Honda último modelo. Destino: la suite presidencial del Four Seasons. El tiempo terminará de contar la historia.

  Antes de cortar la primera porción de la torta de chocolate (con tres corazones, uno en cada piso), los novios jugaron con las orquídeas y la crema de la torta. Toda la noche estuvieron así de mimosos.

Antes de cortar la primera porción de la torta de chocolate (con tres corazones, uno en cada piso), los novios jugaron con las orquídeas y la crema de la torta. Toda la noche estuvieron así de mimosos.

Karina llegó al Tattersall del brazo de su padre, Teófilo, quien la acompañó hasta el altar improvisado en el jardín, allí donde la esperaba el novio. En el momento crucial, ella se corrió el velo de la cara para que el mediático pastor Bernardo Stamateas y su mujer, Alejandra, los pudieran casar. Antes de contestar afirmativamente, confesaron los sentimientos que cultivaron durante los 90 días de amor. Todo muy romántico.

Karina llegó al Tattersall del brazo de su padre, Teófilo, quien la acompañó hasta el altar improvisado en el jardín, allí donde la esperaba el novio. En el momento crucial, ella se corrió el velo de la cara para que el mediático pastor Bernardo Stamateas y su mujer, Alejandra, los pudieran casar. Antes de contestar afirmativamente, confesaron los sentimientos que cultivaron durante los 90 días de amor. Todo muy romántico.

Karina y Leonardo después de la ceremonia, súper emocionados. Les mostraron sus alianzas a todos los presentes. Aunque muchos creían que se irían de luna de miel muy rápido, contaron que lo harán recién dentro de unos días. ¿Destino? La Costa Azul.

Karina y Leonardo después de la ceremonia, súper emocionados. Les mostraron sus alianzas a todos los presentes. Aunque muchos creían que se irían de luna de miel muy rápido, contaron que lo harán recién dentro de unos días. ¿Destino? La Costa Azul.

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