“Me avivé a tiempo y pude dejar los vicios de la noche” – GENTE Online
 

“Me avivé a tiempo y pude dejar los vicios de la noche”

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El campeón perdió un round en la escuela: repitió el segundo año. Las concentraciones lo mantuvieron demasiado tiempo lejos de clase. “Di muchas ventajas”, se lamente la Hiena. Y pide revancha.

–¿Todavía quiere pelear por el título, Rodrigo?
–No pienso abandonar los estudios. Sólo voy a dejar de ir al colegio cuando me reciba de bachiller. Ahí pienso cortar las calles de Tigre y hacer un asado para todo el mundo.

–Primero va a tener que revertir esta primera derrota en las aulas…
–Fue terrible. No me gusta perder a nada. Aunque lo peor fue cuando me agarraron macheteándome… ¡Me sentí un bobo! Me firmaron la hoja en rojo y me mandaron a casa. Un papelón. ¿Cómo le digo a Yamila, mi hija que estudie? “Si vos te copiaste, papi”, me puede contestar la nena. Este año viví mucho tiempo concentrado y no me resignaba a repetir. Pero aprendí que no se puede patear el córner e ir a cabecear… Che, ¿te parece que sigamos hablando de la escuela?

–¿Acaso el tema lo atormenta?
–Para nada, pero no te quiero aburrir. Hace poco estaba comiendo en Casa Cruz y se me acercó un cheto repugnante. “Hiena, cortála con el verso de la escuela. ¿Cuánto más vas a seguir robando con eso?”, me dijo. Me volví loco, lo miré fijo a los ojos y le dije: “¿Qué problema tenés, nene?”. El tipo se puso blanco. “No, te quería decir que me pone muy contento que sigas estudiando”, me contestó (ríe). ¿Por qué no voy a contar que voy a la escuela?

Break. Rodrigo La Hiena Barrios (29) es campeón mundial de boxeo. El mejor en la categoría súper pluma, según la OMB. Y el boxeador más carismático de la Argentina. Ahora disfruta de sus vacaciones en familia, junto a Laura (20), su esposa, y su hija, Yamila. Mientras tanto, habla de Carlos Baldomir, el boxeador santafesino recién consagrado en Nueva York. “Lo de este tipo fue espectacular. Quedó en la historia del boxeo argentino. ¿Sabés lo que es ganarle a un pupilo de Don King en el Madison Square Garden? Baldomir luchó 34 años para conseguir esto… ¡Le ganó a la máquina de hacer billetes! A los que entregan los Olimpia les sugiero que este año no hagan fiesta y le den el fierrito de oro a este muchacho”, dispara. A cada paso, recibe elogios. “¡Grande, campeón!”, “¡Sos un fenómeno, Hiena!”, “¿Me puedo sacar una foto con vos, campeón?”… Y responde siempre con una sonrisa. Segundos afuera.

–¿Es difícil mantener los pies sobre la tierra, campeón?
–Esa materia la aprobé. Hace cinco años, cuando gané el cinturón de la WBU, me mareé como loco. Era muy pibe y quise vivir todo en una noche. Si Monzón se mareó a los 30 años, cuando le ganó a Nino Benvenutti, ¿cómo no se me iban a volar los pajaritos a mí, que era un pibe? Tenía 17 mil dólares y me quería comprar una casa de 60 mil. Hasta que un día me encontré arruinado, sin un peso. ¡Era campeón del mundo y sólo podía llevar a mi mujer a cenar afuera si me invitaban! Esa experiencia me enseñó que la joda no es eterna. Y busqué la revancha.

–¿Ya no lo tientan los excesos de la noche?
–Yo salgo con mi mujer y, como mucho, me puedo tomar un champagne o un fernet como cualquiera. ¿La droga? Es historia, ya pasó. Y eso que veo gente que toma todo el día, que fuma porros… Pero saben que yo me abrí, no me buscan de cómplice. La milonga está en todos lados, pero a mí no me asusta ni me tienta.

–¿Cuáles son sus lujos de campeón?
–Metí un jacuzzi en el jardín de mi casa. También pileta, parrilla y un quinchazo. Tengo aire acondicionado en la habitación, hice una gran fiesta de casamiento, me tiré un poco de oro encima… Ahora quiero pintar un escudo de Tigre en el fondo de la pileta de casa. Y, cada tanto, me tomo un vinito de sesenta pesos. A veces me tiento con un Pommery, pero cuando veo el precio prefiero gastarme la guita en pilcha. Una remera, unas bermudas…

–¿Reconoce alguna excentricidad?
–Me avivé a tiempo y pude dejar los vicios de la noche… No soy drogadicto, no soy jugador, ¡ni siquiera ando en auto importado! Me lo puedo comprar, pero no me interesa convertirme en esclavo para pagar la patente.

–¿Qué pasó con aquel auto que compró con su primera bolsa grande?
–Todos los negros hacemos lo mismo… ¿Sabés por qué los boxeadores nos compramos un auto con la primera plata? ¡Porque las casas no tienen ruedas! Choqué un par de veces y lo vendí. Ya no manejo más. ¿Para qué? Si el autito de Laura nos lleva y nos trae. No tiene aire acondicionado, pero cuando tengo calor bajo la ventanilla.

–¿En qué invierte su dinero?
–En ladrillos, departamentos. No tengo asesores. Prefiero equivocarme solo. Aunque hasta ahora no fallé mucho. Erré cuando me compré un almacén y no lo pude alquilar.

–¿A dónde quedaron “los amigos del campeón”?
–No me gustan las mesas grandes. No las pago. Y si no sacás el billete, “los amigos del campeón” no se enganchan. Prefiero a los amigos de Tigre, los que están siempre y no vienen a golpearme la puerta para manguearme.

–¿Cómo cambió su vida desde el matrimonio?
–Laura me ordena, que no es lo mismo que sargentear. Ella me dice: “Ya salimos ayer. Hoy mejor vamos a dormir temprano”. Mi mujer me convirtió en un tipo de familia que trata de caminar derecho por la vida.

–¿Es cierto que al campeón las mujeres lo ven más lindo?
–Me ven hermoso, pero no me engrupen: no soy Pablo Echarri. ¡Si tengo la cara estropeada! Un amigo me dijo que todas las mujeres eran iguales, pero yo no estoy de acuerdo: la mía es la mejor. ¿Cómo te explico? Mi mujer es como un buen asado. Y, con un buen asado en casa, ¿quién va a tener ganas de salir de copetín?

–¿Por qué rechazó una oferta para irse a los Estados Unidos?
–Me encerró Oscar de La Hoya en su oficina y me dijo que allá iba a ganar el triple de guita. “Tenés que seguir el ejemplo de Ginóbili”, me dijo. Pero yo no me puedo ir de la Argentina. ¿Para extrañar a mis afectos? Si la plata que ganamos acá nos alcanza. No me interesa hacer ostentación. Yo sólo quiero ganar mi platita cada mes y poder salir de vacaciones una vez al año. Estoy seguro de que cuando deje el boxeo voy a tener que seguir trabajando. ¡Tampoco pretendo colgar los guantes para rascarme mejor! Mi ambición no es económica, sino deportiva. Y puedo ganar mis peleas entrenando en Nueva York o en La Pampa.

–“Cuando estás en el ring quedás solo y te sacan hasta el banquito”, decía Bonavena.
–¿Y qué pretendía? ¿Qué salte el rincón a defenderlo? Yo me la aguanto demasiado. No quiero que se meta nadie. Si es posible, que saquen también al referí.

–Monzón se motivaba pensando que su rival pretendía robarle la comida de sus hijos…
–(Interrumpe) Tampoco coincido. ¡El que está enfrente sólo te quiere moler a trompadas! Y si perdés, le podés dar de comer a tus hijos remiseando.

–Finalmente, ¿pudo descifrar qué es la felicidad?
–La felicidad es un ratito. Como tener a mi vieja en la playa, mostrarle que estoy corregido… Cuando era pibe mi vieja me sacaba de la cama a los palazos. “Andá a trabajar, que el boxeo no te va a dar nada”, me decía. Aprendí que si no aceptás a tu familia como es, te quedás paria. No vivo con rencores. Hoy, el colmo del placer para mí es hacer un asado en casa, pasear con mi mujer, despertarme temprano para prepararle el desayuno a mi hija…

–Intuyo que si le hablaba de esta vida hace cinco años…
–¡Te mandaba a la m…! Pero sólo los descerebrados siguen igual toda la vida.
Junto a Omar Narváez y Carlos Baldomir, Rodrigo es uno de los tres campeones que tiene la Argentina. “<i>Para sacarme el cinturón me van a tener que arrancar la cabeza</i>”, asegura.

Junto a Omar Narváez y Carlos Baldomir, Rodrigo es uno de los tres campeones que tiene la Argentina. “Para sacarme el cinturón me van a tener que arrancar la cabeza”, asegura.

Todos los días entrena en el gimnasio del B-12, en Punta Mogotes. Sabe que su próxima pelea puede “<i>salvarlo</i>” económicamente por muchos años. De Laura, su mujer, no se despega ni siquiera en las noches.

Todos los días entrena en el gimnasio del B-12, en Punta Mogotes. Sabe que su próxima pelea puede “salvarlo” económicamente por muchos años. De Laura, su mujer, no se despega ni siquiera en las noches.

“<i>¿Mis lujos de campeón? Metí un jacuzzi en el jardín de casa; tengo aire acondicionado en la habitación; hice una gran fiesta de casamiento; me tiré un poco de oro encima… Y ahora quiero pintar un escudo de Tigre en el fondo de la pileta</i>”

¿Mis lujos de campeón? Metí un jacuzzi en el jardín de casa; tengo aire acondicionado en la habitación; hice una gran fiesta de casamiento; me tiré un poco de oro encima… Y ahora quiero pintar un escudo de Tigre en el fondo de la pileta

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