“Mataría a mi hermano con mis propias manos” – GENTE Online
 

“Mataría a mi hermano con mis propias manos”

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Dicen los que saben que las almas tortuosas son las más creativas. Ese fue, quizás, mi consuelo y mi sanación”, asegura Roberto Piazza, quien supo ganarse un lugar indiscutido en las pasarelas argentinas. Verborrágico como siempre, triste como nunca. No se leerá la lista de golpes, aberraciones, abusos y violaciones que sufrió. Pero existieron. Roberto recuerda todo. Muchas veces. Pasaron 43 años, sin olvido. “Hay secuelas que son para toda la vida. Mi terapeuta me dijo que podría haber sido autista. Ricardo me robó la inocencia a los 5 años. Había violación, vejación, violencia física y psíquica. El era el galán de la familia, el típico psicópata: seductor, comprador, caballero. Después llegaba la violencia: cigarrillos en el cuerpo, piñas, violación. ¡Yo vivía aterrado! No podía dormir sabiendo que entraría en mi dormitorio y me llevaría a algún lado para hacerme alguna de sus perversiones. Mi primer intento de suicidio fue a los 15 años. Mi papá era cómplice, mi mamá otra víctima. Los perdono”.

–¿Nadie del entorno reaccionó?
–Somos una familia patológica. Cualquier psiquiatra percibe que hay un mandato paterno que se transmitió de mi abuelo a mi papá, a su hermano, a los hijos, y así sucesivamente. Se trataba de buscar un chivo expiatorio de la perversión del grupo. Todo parecía normal hasta la muerte de mi mamá.

–¿Qué pasó entonces?
–El collar de perlas se disgregó. Por ejemplo, yo tengo un medio hermano que se llama Roberto, igual que yo. Me acuerdo que su madre –amante de mi padre– venía a casa como si fuera una tía, y yo a él lo tenía que proteger y cuidar. O sea, nada se asumía. Al final, cuando a los 18 años mi papá me echó de casa por p..., me hicieron un favor.

–¿Buenos Aires te ayudó a olvidar?
–Cuando llegué a la Capital tapé el pasado con las luces, los brillos, las flores, las lentejuelas, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Moria Casán... Pero cuando murió mi mamá me caí, me explotó la cabeza. Tuve el segundo de mis tres intentos de suicidio, cáncer de colon... Me pasó de todo, pero seguí callando.

Hasta 2007. Entonces Roberto se animó a contar su vida sobre las tablas con su musical Mi vida es un cabaret. Un año después, la obra se convirtió en el libro Corte y confesión, y así su historia se hizo pública y llegó hasta Santa Fe. “La cobardía de mi familia le impidió animarse a leerlo. Mi sobrino, por suerte, no siguió ese mandato”, dice el modisto.

–¿Cómo se contactaron?
–Una de sus medio hermanas me dijo que él quería contactarme, y antes de fin de año lo llamé. Una voz muy tierna me dijo “Hola, tío...”, como si me conociera bien. Y me contó todo lo que este degenerado le hizo: penetración, eyaculación, fellatio, cunnilingus, golpes... Las mismas aberraciones, en la misma cama y en la misma casa.

–¿Cómo reaccionaste?
–Inmediatamente hablé con mi cuñada, que no paraba de decir: “Soy una b... No entiendo lo que pasó”. El menor de sus tres hijos, de 11 años, estaba con Ricardo, así que tuvo que inventar una mentira para sacarle al chico. Dos días después, el 2 de enero, hicieron la denuncia y quedó detenido. Y a mi sobrino le expliqué que es digno el que da la cara al sol y cuenta la verdad, el que no se esconde y se convierte en un hombre de bien, más allá de todo su pasado.

Acusado del delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado”, Ricardo, de 61 años, quedó a disposición de Pedro Guevara, juez de Instrucción en lo Penal de Santa Fe. La semana pasada, Roberto Piazza acompañó a su sobrino de 24 años al careo con su padre, en el que detalló los abusos sufridos entre los 5 y los 17 años. Ricardo negó todo. Esta semana será el turno de declarar de sus dos hijas mujeres, de su primer matrimonio. Del segundo matrimonio nacieron tres varones: el que concretó la denuncia, otro de 18 años y el tercero de 11, que están siendo sometidos a pericias psiquiátricas.

–¿Cuándo fue la última vez que viste a tu hermano Ricardo?
–Hace diez años, en la casa paterna. Nunca volví mientras estaba él. Hace un tiempo él vino a mi estudio y, como yo no estaba, una de mis asistentes me llamó para avisarme. Le dije que lo sacaran inmediatamente o yo no volvía nunca más.

–¿Cuánto afectó tu vida sexual?
–El tratamiento psicoanalítico me salvó de ser un gay reventado, frígido o histérico. Pude tener una vida sexual normal gracias a que, cuando dejé de sufrir las violaciones de este perverso, tuve mi primera relación sexual. Fue a los 18 años con un hombre absolutamente tierno, tranquilo. Pero sé que habría podido tener una vida sexual más libre si no hubiera pasado por todo aquello.

–¿En qué sentido?
–En la intimidad hay cosas que no puedo hacer. También tengo un rechazo muy fuerte a ciertas caricias, y me quedaron algunas locuras que asocio con colores, olores, lugares de la casa, mi cama infantil... También recuerdo los pisos y las paredes cubiertas por sus escupidas. Por eso, una de mis obsesiones son los pisos siempre brillantes.

–¿Si lo pide la Justicia aceptarías un careo con tu hermano?
–Me encantaría, pero tendrían que ponerlo detrás de un vidrio para que no lo mate.

–¿Qué condena esperás?
–Si dependiera de mí, lo mataría con mis propias manos. Lo ahorco, le saco los ojos, le prendo fuego. Pero si lo condenan a 20 años de prisión y queda en la “piojera” me conformo, porque es la antesala del infierno. Ya es un vivo muerto, un psicópata poseso. Sé que en la cárcel le dicen “mi señorita” y “mi sirvienta”. No es poco...

–¿Cómo vive tu sobrino este momento?
–Está sufriendo, pero después de las aberraciones que le hizo su padre, ¿qué compasión puede sentir? Todo esto tiene que servir para que las chicas y los chicos denuncien a los abusadores, se animen a pedir ayuda, y que las madres no se hagan las p... ¿Cómo van a soportar que abusen de sus hijos?

–Si se prueban las denuncias y lo condenan, ¿cómo te imaginás el día después?
–Voy a enviar una carta a mis familiares diciéndoles lo que pienso de ellos, uno por uno. Tengo pendiente denunciar penalmente a parte de la familia por estafa. Pero también quiero pensar en cosas lindas, porque lo que no mata, fortalece. Ya empecé a recuperar los sueños en colores, por ejemplo, algo que no me pasaba desde que era chiquito. Y te adelanto que voy a hacer una fiesta fenomenal con todos mis sobrinos, para celebrar la llegada de una nueva generación de familia sana. Espero festejar con ellos mis 50 años. Voy a disfrutar como un chico. “Mi hermano me robó la inocencia”, dice Roberto Pezzone Piazza (49). Dejó Santa Fe a los 18 para forjarse una carrera vertiginosa en el mundo de la moda. Pero el dolor nunca lo abandonó.

“Mi hermano me robó la inocencia”, dice Roberto Pezzone Piazza (49). Dejó Santa Fe a los 18 para forjarse una carrera vertiginosa en el mundo de la moda. Pero el dolor nunca lo abandonó.

“A mi sobrino le expliqué que es digno el que da la cara al sol y cuenta la verdad, el que no se esconde y se convierte en un hombre de bien, más allá de todo su pasado”.

“A mi sobrino le expliqué que es digno el que da la cara al sol y cuenta la verdad, el que no se esconde y se convierte en un hombre de bien, más allá de todo su pasado”.

Ricardo (el de saco blanco), actualmente detenido tras la denuncia de su hijo, en un desfile de Roberto Piazza (pañuelo rojo) durante los años 80’.

Ricardo (el de saco blanco), actualmente detenido tras la denuncia de su hijo, en un desfile de Roberto Piazza (pañuelo rojo) durante los años 80’.

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