“Más que impostores de alto vuelo y guante blanco, somos chantas porteños” – GENTE Online
 

“Más que impostores de alto vuelo y guante blanco, somos chantas porteños”

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No tiene sentido ser un estafador si se gana lo mismo que siendo un ciudadano honesto” (Paul Newman en la película El golpe)

¿Héroes o villanos? Las estafas, los engaños, las imposturas, están a la orden del día en la crónica policial. Y sin embargo, por sobre todos los delincuentes posibles, los grandes maestros del engaño están teñidos de un divertido romanticismo, de un encanto atorrante…

A esa dosis de ingenio, humor, aventura y –por qué no– romance que tienen los cinematográficos ladrones de guante blanco apuestan estos flamantes Impostores, la nueva serie del canal de cable FX, sobre idea original del fallecido Fabián Bielinsky –hizo ni más ni menos que Nueve reinas, y convertir sus historias en una serie era uno de sus sueños–, donde Leonardo Sbaraglia interpreta a Alex (un estafador escondido en la piel de un chico bueno), y Leticia Brédice (“34 años, no 37, como sale en Internet”, dice) es Vicky, una deliciosa… impostora.

Graban febrilmente. Repasan guiones. Se ríen. Se divierten con lo que hacen. “Soy feliz”, dice Leticia. Festejan un proyecto casi alocado. Leo, disfrazado y maquillado de borracho, con ojeras y pelos parados, parece Andrés Calamaro después de meter los dedos en un enchufe. Leticia, de monja. Sí, ¡de monja, flor de impostora! Y sigue siendo sexy…

–¿Es tan distinto trabajar como actor a ser estafador? Al fin y al cabo, los dos trabajan con la mentira.
Brédice: Muy distinto, porque actuar no es un engaño. Cuando uno actúa, uno “es” el personaje, uno se mete. Engañar engaña un mago, que hace creer lo que no es. El actor que engaña es un mal actor.
Sbaraglia: El fin del actor es otro: pasa por una necesidad profunda de expresión. Tiene que arrojarse de cabeza a los personajes y creérselos él mismo, para que sean creíbles ante los demás. Y eso es muy bueno, porque te da la posibilidad de explorar la mente de un montón de gente.

–¿El estafador es una especie de héroe dentro del espectro de los delincuentes?
Brédice: Es más bien un antihéroe, porque las estafas no siempre salen bien. Y las cosas pueden ponerse muy feas…
Sbaraglia: En los Estados Unidos le pusieron un nombre a este género: heist movie. Todo lo que tiene que ver con el atraco, con la estrategia, donde el villano puede ser el héroe.

–¿Eso es Impostores?
Sbaraglia: Está en ese registro, pero va un poco más allá. Porque estos impostores, en realidad, no lo son: son los típicos chantas, los atorrantes, los desconocidos de siempre. El nombre Impostores es para toda Latinoamérica. Si hubiéramos tenido que ponerle un nombre para la Argentina tendría que haber sido Los chantas.

–¿En qué se parecen a Los simuladores, aquella serie tan exitosa?
Brédice: Estos dos son sobrevivientes, y absolutamente imperfectos. A Los simuladores les salía todo bien, y a nosotros, la mitad de las estafas nos resultan mal. Las que salen bien, es por casualidad.
Sbaraglia: Tienen esa cosa muy argentina de “lo atamos con alambre”...

–Sin embargo, los estafadores tienen un charme especial. Sobre todo los del cine... Pensemos en el Frank Abagnale de Leonardo Di Caprio en Atrápame si puedes, o en el Danny Ocean de George Clooney, en la trilogía de los robos a los casinos...
Brédice: ¡Y eso que no lo vieron a Leo Sbaraglia! Está absolutamente encantador, súper romántico, y tan gracioso que casi me hago pis encima durante una filmación, de la risa…
Sbaraglia: Es cierto: hay tomas que no podemos terminarlas. ¡Nos tentamos! La serie tiene un humor muy fino y a la vez muy absurdo. Por suerte, con Bruno Stagnaro, el director, tenemos un sentido del humor muy parecido, y eso es fundamental a la hora de trabajar. Si tuviéramos un director que no se ríe de lo que hace el actor, o viceversa, estaríamos perdidos… Pero tenemos una gran química.
Brédice: Es que estafar nos permite jugar muchísimo, como si fuéramos chicos, tener distintos roles, ser hoy un travesti y mañana una monja, una cirujana, una emperatriz…

–¿Pero, por qué generan admiración los estafadores?
Brédice: Creo que es parte de una constante pelea contra el establishment. Hay un síndrome de Robin Hood muy importante, porque los estafadores les roban a los ricos, y eso genera identificación. No sólo hay un espíritu justiciero: también una cuestión de supervivencia.

–Dicen que Vicky, tu personaje, es una seductora y una experta manipuladora de hombres…
Brédice: Ella tira y afloja… A los tipos, todo el tiempo les dice que no, pero después se les acerca. Al ser la única mujer en una banda de intregada exclusivamente por hombres, es toda una estratega, que va buscando estar bien con todos y siempre, pero sin exponerse demasiado, para protegerse. Los maneja con cierta distancia y juega cartas de seducción para estar segura, y que todos la cuiden.
Sbaraglia: Es cierto. Vicky es la única mujer del grupo, y tiene a todos los hombres revoloteando alrededor, como buitres. Pero ella los domina con mucho carácter. Tiene una cosa salvaje que los atrapa y no los suelta.

–En el film La emboscada, Sean Connery le dice a Catherine Zeta-Jones que para que haya confianza entre los delincuentes no debe haber nada personal. Pero entre Vicky y Alex algo habrá...
Brédice: ¿Ves? Esa es una curiosidad de los estafadores: los que son pareja nunca trabajan juntos. Es una actividad peligrosa: te pueden matar. Entonces, el estafador no trabaja con su pareja, para no exponerla. Hay una entrega muy grande, y eso me parece híper romántico. Es la base de las buenas relaciones: no hay que arriesgar al otro a que salga lastimado. Entre Alex y Vicky seguramente habrá una historia de amor. Y ése será uno de los grandes problemas…
Sbaraglia: Entre ellos hay un vínculo... raro. Son como agua y aceite. Vicky es una fiera arisca e inmanejable. Alex, en cambio, es un tipo que se encariña. Si bien a los dos les pasan cosas con el otro, la forma en que encaran las relaciones es totalmente distinta. Son difíciles de definir, porque es tal su locura, están tan metidos en cambiar de personaje para sus estafas, que es difícil encasillarlos. Ese algo que hay entre ellos está siempre en conflicto.

–¿Es complicada una relación entre dos personas que se dedican profesionalmente a mentir?
Sbaraglia: Complicadísima. Además Alex es un tipo de una gran torpeza. Impostando, interpretando un personaje para una estafa, es muy bueno. Pero cuando vuelve a ser él mismo y tiene que asumir su propia identidad, es muy torpe, sobre todo para relacionarse con el sexo opuesto. ¡Siempre muestra la hilacha! Es una mezcla de Homero Simpson con Ben Stiller…
Brédice: Ella, en general, podrá mantener los límites entre lo profesional y lo personal. Pero él no, porque es un romántico empedernido, un tierno… ¡y es muy gracioso!

–Vicky y Alex son una pareja despareja. ¿Ustedes también?
Brédice: Absolutamente. Pero a esta altura de nuestras vidas somos como hermanos. Hace tanto que nos conocemos...
Sbaraglia: Con Leticia siempre nos llevamos muy bien, trabajamos mucho juntos, y siempre fue como mi hermanita. Además es una de las actrices argentinas jóvenes más interesantes, con una versatilidad y un riesgo en su actuación que me parecen fantásticos.

–¿Siempre funcionan las historias de amor entre este tipo de parejas? Bruce Willis y Cibyl Sheppard en la serie Moonlighting, o Pierce Brosnan y Stephanie Zimbalist en Remington Steele, otra de las tiras que nos devorábamos en la tele de los 80, por ejemplo…
Sbaraglia: Sí, porque no les queda más remedio...
Brédice: O porque todos buscamos alguien que nos complemente. Ese polo opuesto es casi una cuestión metafísica. En la pantalla, las parejas desparejas funcionan muy bien, porque somos así. Nos “emparejamos” con alguien diferente, porque si fuéramos iguales sería aburridísimo… y empobrecedor. Todos queremos (o fantaseamos) con la atracción de los polos opuestos.

–¿Es cierto, Leticia, que te vinculaste con gente del hampa, con verdaderos estafadores, para prepararte?
Brédice: ¡Ah, no! No te puedo contar todos los secretos de una actriz para preparar su papel. Eso, nunca…. Leticia y Leonardo (Vicky y Alex en la ficción) maquinan cada día por quiénes se hacen pasar para concretar una estafa… pero sus planes no suelen ser muy exitosos.

Leticia y Leonardo (Vicky y Alex en la ficción) maquinan cada día por quiénes se hacen pasar para concretar una estafa… pero sus planes no suelen ser muy exitosos.

Entre crímenes y pasiones, los unió Cenizas del paraíso (1997), la multipremiada película de Marcelo Piñeyro que lanzó a Leticia (37) al estrellato y terminó de sellar la popularidad de Leonardo.

Entre crímenes y pasiones, los unió Cenizas del paraíso (1997), la multipremiada película de Marcelo Piñeyro que lanzó a Leticia (37) al estrellato y terminó de sellar la popularidad de Leonardo.

Leticia Brédice y Leonardo Sbaraglia, ya como Vicky y Alex, en una escena de Impostores, planeando una estafa a gran escala que (como la mayoría) les fallará. Y que si sale bien será por pura casualidad. Ese es el karma de esta insólita pareja de tramposos, más cerca de los chantas porteños que de los cerebros de guante blanco que hicieron historia en la vida real.

Leticia Brédice y Leonardo Sbaraglia, ya como Vicky y Alex, en una escena de Impostores, planeando una estafa a gran escala que (como la mayoría) les fallará. Y que si sale bien será por pura casualidad. Ese es el karma de esta insólita pareja de tramposos, más cerca de los chantas porteños que de los cerebros de guante blanco que hicieron historia en la vida real.

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