Mamá filma tranquila en San Luis… porque papá cuida a la nena en México – GENTE Online
 

Mamá filma tranquila en San Luis... porque papá cuida a la nena en México

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La vida tiene esas cosas. Te conocés gracias a un programa de televisión, te enamorás, te casás, formás una familia y llega el día en que otro programa de televisión te separa. Algo así les pasó a Mónica Ayos (33) y Diego Olivera (36), que se conocieron en 2001 durante las grabaciones de Matrimonios y algo más. Se enamoraron, se casaron a fines de 2002, en marzo de 2004 tuvieron una hija y este año, por esas cosas de la profesión, debieron separarse… Momentáneamente, claro. Porque a Diego le surgió una oferta imposible de rechazar (“El papel de mi carrera”, según sus palabras) y en agosto viajó a México para ponerle el cuerpo a la versión azteca de Montecristo, que pronto se transformó en un éxito de audiencia y lo convirtió a él en una estrella. Y al mismo tiempo, en la Argentina, Mónica comenzó a vivir algo con lo que siempre soñó: su explosión actoral, que a la fecha se traduce en las grabaciones de Sos mi vida (para la tele, por Canal 13), los ensayos de Doña Flor y sus dos maridos (para el teatro de verano en Mar del Plata) y la filmación, bajo las órdenes de Sergio Renán, de Tres de corazones (en San Luis, para cine).
Genial todo. Salvo que, en medio de sus metas laborales concretándose, hay 6.788 kilómetros de distancia. Pequeño problema...

–¿Cómo hacen?
Ayos:
Hablamos todo el día o chateamos, pero no creemos mucho en el sexo virtual. Por eso ya viajé a México como cinco veces. Creo que no nos bancaríamos un año más separados. Ya tengo tantas millas como para irme a Egipto.
Olivera: Ayer nos quedamos chateando hasta las cinco de la mañana, y hoy ya hablamos tres veces. Estamos siempre conectados. Si no, sería insoportable tanta lejanía.

Así que, para entrevistar a esta pareja, se necesita poco menos que montar una superproducción. Viajar hasta el Distrito Federal para hablar con él y volar hasta los pagos puntanos para conversar con ella. Y allí, en estas dos ciudades, entre dos amores a la distancia, estuvo GENTE.

EN MEXICO. Viajar hacia el último país de habla hispana del norte americano es sumergirse en una nación con 113 millones de habitantes, donde la industria de las telenovelas es un verdadero imperio y donde Montecristo se convirtió en un gran fenómeno mediático –éxito de rating y crítica incluidas–, y donde la cara de Diego con el pelo largo y al viento aparece estampada en los carteles de la vía pública, en las publicidades de los colectivos, en las revistas. “Es una obra maestra, que necesariamente pasará a la historia de la tevé mexicana”, dice la crítica. Lo cual indica que probablemente tenga su segunda temporada en 2007 y su estadía en aquellas tierras deba extenderse un tiempito.

–¿Ya hablaron con Mónica sobre esa posibilidad?
–La verdad es que me aparecieron propuestas muy grossas para 2007. Tenemos que ver. Sabemos que otro año separados no queremos estar. Ojalá yo tuviera las mismas posibilidades en la Argentina. Pero no pasa. Acá me va bárbaro. Si incluso Mónica se está haciendo conocida en México como la mujer de Montecristo.

–Y a ella le ocurre al revés: vive su mejor momento laboral en la Argentina…
–Sí, le está yendo muy bien. Pero creo que acá también la puede romper. México es un mercado enorme. Ahora te hablo con acento argentino, pero acá lo hago con acento mexicano. Creo que con eso los compré. No sé si está bien que yo lo diga, pero la verdad es que me rompo el alma trabajando. Ellos se dan cuenta si venís a laburar o a hacerla de taquito.

–¿Mónica pudo comprobar que sos toda una estrella en México?
–Sí. Cuando me vino a visitar en agosto se dio cuenta del fenómeno que genera la tira. El otro día fuimos con mi mamá, Teresa, y mi hija a un shopping y mientras caminábamos, descubrimos una nube de gente alrededor sacándonos fotos con sus camaritas y celulares. No lo podía creer. De a poco, Montecristo se está transformando en un programa de culto. El otro día organizaron una firma de autógrafos y vinieron a verme tres mil personas.

–¿Se puede decir, entonces y en síntesis, que hoy a vos y a Mónica el éxito los separa?
–Tal cual. El tema es que es muy difícil decirle que no a cosas importantes. Aunque Mónica y yo somos dos laburantes, acá lo importante no es lo económico: es la satisfacción de ir cumpliendo metas. Aparte duele, porque yo soy muy familiero. Me cuesta un montón estar lejos.

–Ergo, ¿puede que la familia se instale un tiempito acá, en México?
–Y… Es posible. A Mónica todavía no le gusta mucho la idea, pero cuando vino no sólo vio lo que está pasando acá conmigo, sino que también recibió algunas ofertas laborales. Además tengo ganas de dirigir y creo que las podría llevar a cabo perfectamente en México. ¿Quién te dice que en unos años hasta termine dirigiendo a Mónica?

EN SAN LUIS
. Hay un alto en la filmación de Tres de corazones y nos recibe Mónica. La ex vedette viene llevando adelante su primera experiencia en el cine: nada menos que un protagónico junto a Luis Luque y Nicolás Cabré, con quien comparte algunas escenas bien calientes. Por estos días la vida de la actriz es un territorio un tanto accidentado. Televisión, teatro, cine, casa, hijos (Federico, de 14, y Victoria, de 2 años y siete meses) y, como si fuera poco, marido lejos… “A veces me pongo a pensar y me desespero. Soy una mujer perfeccionista –mete primera Ayos–. Lucho cada día por crecer en lo personal y en lo profesional. Es muy fácil soñar con armar la familia perfecta. Lo ideal sería mantenerla unida, en especial cuando los dos trabajamos en un medio con tanta exposición. Pero bueno… A veces la vida te da estas sorpresas y te acerca estos desafíos personales”, agrega.

–¿Hubo celos de Diego cuando se enteró de que en Doña Flor… vas a hacer un desnudo completo?
–Sí, pero los celos son sanos en nuestra relación. Yo quería hacer esta obra y él lo pudo entender, como yo entendí que su mejor presente estaba en México. Más allá de que a ninguno de los dos nos causa mucha gracia, lo admito. Yo me puedo desnudar o encarar una escena hot siempre y cuando esté presente la actriz. La obra es un musical, donde voy a cantar y bailar. El desnudo es una ropa más. Trata sobre una mujer que se debate entre un marido conservador y fiel y otro fogoso y atorrante.

–¿Tuviste relaciones así?
–A mi edad ya tuve varios especímenes en mi vida, pero en Diego encontré al hombre ideal: él, si quiere, puede ser el tipo más intelectual, o el más osado y salvaje.

–Ensayás teatro, filmás una película, grabás a diario la ficción más vista de la televisión, cuidás tu casa… No parás.
–No paro... Y siento que el trabajo me sirve para canalizar la ausencia de Diego, porque él fue y es mi compañero, mi amigo, mi amante, mi novio, mi esposo y el padre de mis hijos. De la misma manera que yo con él conformo un cóctel explosivo de mujer, porque tengo buen lomo y puedo ser sexual, inteligente y graciosa.

–¿Repercutió en la relación el hecho de que se te haya vinculado de alguna manera a Elías Viñoles (el adolescente con el que vive una historia de amor en Sos mi vida)?
–Los temas de conflicto con Diego no pasan por ahí… El otro día, por ejemplo, me dijo de todo cuando perdí el control remoto del garaje, o se enojó porque me olvidé de pagar la luz. En realidad, estamos bárbaro. Igual, es difícil que no me involucren con alguien. Imagináte: él se fue por ocho meses, yo estoy trabajando en teatro con Miguel Habud y Claudio García Satur, en la tele con el bombón de Elías y en el cine con Nicolás Cabré y Luis Luque. Hay una lista larga de opciones para quien tenga ganas de inventar algo...

–Finalmente, ¿cómo imaginás tu 2007?
–Seguro, haciendo Doña Flor… Y paremos ahí. No me quiero comprometer con ninguna novela, porque tengo ofertas para irme a trabajar a México, y con Diego aún no decidimos cuál va a ser nuestro destino. De lo único que estamos seguros es…

–¿Es?
–De que el año que viene no van a tener que hacernos esta nota por separado.

Ayos sin Diego, pero feliz por su debut en cine. “<i>A veces la vida te da estas sorpresas y te acerca estos desafíos personales</i>”, señala ella.

Ayos sin Diego, pero feliz por su debut en cine. “A veces la vida te da estas sorpresas y te acerca estos desafíos personales”, señala ella.

Olivera, guión en mano, y un piquito con Victoria. “<i>A Mónica le está yendo muy bien en la Argentina. Pero creo que acá también puede romperla</i>”, puntualiza él.

Olivera, guión en mano, y un piquito con Victoria. “A Mónica le está yendo muy bien en la Argentina. Pero creo que acá también puede romperla”, puntualiza él.

Diego en los estudios de <i>TV Azteca</i>, durante una grabación de la versión mexicana de <i>Montecristi</i>.

Diego en los estudios de TV Azteca, durante una grabación de la versión mexicana de Montecristi.

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