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Los secretos del convento

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"Se hacía tarde, y entre las 23 y 00 horas la madre Alba nos dijo que ‘no lo esperemos más a José (López)’, que nos fuésemos a descansar. A la madrugada sonó el teléfono interno del sector de la ropería, yo me levanté a atender y era la madre Inés, que me dijo que vaya a la vivienda de la madre Alba. Tenía la voz temerosa. Eran más o menos las 4 de la mañana. Fui con el salto de cama y el velito, que es como una toca. Fui a la vivienda, por adentro. Entonces la madre Inés me dijo que habían tocado el timbre de la casa de Monseñor (Rubén Di Monte, ya fallecido, que vivió en el convento desde su retiro hasta su muerte en abril pasado) y bueno, miramos por la ventana y vimos al señor José, a quien reconocimos porque estaba iluminado. Abrió la puerta la madre Inés. José estaba ahí con unos bolsos”.

Esta es parte de la declaración testimonial de Marcela Estefanía Albin, nacida el 26 de agosto de 1977, argentina, soltera, cocinera, quien se autodefinió como “monja de clausura” del monasterio Nuestra Señora de Fátima, ubicado en la calle Mansilla 713 del partido de General Rodríguez, provincia de Buenos Aires, hacia cuyo interior el ex secretario de Obras Públicas, José López, supo revolear varios bolsos que contenían cerca de nueve millones de dólares durante la madrugada del 14 de junio último. La religiosa fue una testigo privilegiada, y jamás pensó que el 22 de julio iba a estar declarando en el Juzgado Criminal y Correccional Federal 3, a cargo del juez Daniel Rafecas. Y menos que llegaría y se retiraría en medio de un operativo blindaje ordenado por el magistrado, que incluyó hasta un cambio de vehículo y bolsas plásticas negras que la taparon de pies a cabeza. La mujer transpiró frío desde que arribó hasta que se fue.

GENTE tuvo acceso al expediente, donde tanto ella como otra novicia no escatimaron detalles en cuanto a la impresión que les dio López aquella madrugada: “La madre Inés le abrió la reja primero y después la puerta, y él le dijo ‘esto traigo para el Monasterio’, y que ‘quería ver a la madre Alba’, porque siempre hablaba con ella o con el Monseñor. Bueno, entonces José agarró los bolsos y la madre Inés lo ayudó a meterlos adentro de la casa. José y la ‘señora Mari’ (María Amalia Díaz, esposa de López) a veces traían comida, té, fideos, arroz, también donó sábanas, ropa, todo para nosotras... Como creímos que eran comestibles, Inés le pidió que los llevara a la cocina, y después de eso, él se fue a la habitación de la madre Alba. Mientras tanto, Inés y yo esperamos en el comedor... Yo no atendí el portero porque no tengo permiso, pero sí vi por el visor que estaba la policía. Ahí fui y la llamé a la hermana María y le avisé. La hermana María atendió el portero. La policía le dijo que un hombre había saltado el portón, que los vecinos habían avisado, que les abra. La madre Inés le dijo que ‘José iba a salir ya, que le abra el portón’. Ahí vimos por el visor que la policía lo agarró al ‘Sr. José’.

Después fuimos con María a la casa de la madre Alba, la policía ya estaba ahí, ya había entrado a la casa, nos mostró el arma. Ninguna había visto el arma cuando el Sr. José trajo los bolsos. No llegamos a ver lo que había en ellos... José fue directo a ver a la madre Alba, quien un rato después me llamó para pedirme que le lleve los scones que siempre le obsequiaban a él... ¿Cómo lo vi a José? No lo vi como antes, estaba con los ojos medio saltones, como cuando a uno lo persiguen, como asustado, después entró los bolsos y fue directamente a ver a la madre Alba... Ella pensaba que José era un hombre bueno, que lo quería a Monseñor, y no cayó en lo que realmente sucedió...”.

LA OTRA TESTIGO. Nacida el 13 de junio de 1940, argentina, soltera, María Antonia Casas se definió en el Juzgado como “encargada del Monasterio”: “Hace veinte años que estoy ahí, bajo el régimen de clausura, para lo cual hice el noviciado y luego el voto solemne en la congregación de Monjas Misioneras orantes. Vivimos de tal forma que no podemos hablar con nadie, salvo que la madre superiora nos permita... Las cámaras que hay en el Monasterio las colocaron hace un año. Las del interior se visualizan desde la pieza donde habita actualmente la madre Alba. Lo que pasó la noche del 14 de junio fue algo inusual. A las 21 horas me avisó la hermana Marcela, que esté atenta al portón de entrada porque iba a venir ‘José’. Ya me estaba por ir a dormir y tuve que volver y sentarme en el torno a esperar que llegue. Lo conocía porque me lo habían presentado dos veces a él y su mujer ‘Mari’, hace cuatro o cinco años, porque yo preparaba el té de la tarde cuando ellos venían de vez en cuando. Nunca supe quién era o a qué se dedicaba José o su mujer... Esa noche estuve esperando hasta las doce. Después me llama la hermana Marcela, me golpea la puerta, y me avisa que había policía afuera, no recuerdo la hora, me asusté porque no entendía por qué estaban. Atendí el portero eléctrico y me explican que el vecino de enfrente había visto a un hombre que saltó el portón con bolsos... Llamé a la madre Alba para avisarle que estaba la policía. Me dijo que abra el portón ‘porque José se va’. Ahí me enteré que él estaba en el interior del Monasterio. Después prendí la tele para ver qué estaba pasando...”.

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Ahora el juez Rafecas quiere escuchar a la monja Celia Inés Aparicio, quien ayudó a López a entrar los bolsos al convento, y también a los empresarios Andrés Galera y Eduardo Gutiérrez, presuntos testaferros del ex funcionario. También deberá presentarse la esposa del ex secretario de Obras Públicas, María Amalia Díaz. Y el propio López, que tendrá la oportunidad de ampliar su indagatoria. Dicen que en el Penal de Ezeiza vive alterado, se la pasa a los gritos, y los demás reclusos ya no lo aguantan. 

 

Por Miguel Braillard. Fotos: Télam, gentileza Big Bang News e imagen de TV. 

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