“Los que me cargaban en el colegio por gordo hoy me manguean entradas” – GENTE Online
 

“Los que me cargaban en el colegio por gordo hoy me manguean entradas”

El 14 de octubre del ’82 nace un loco en la ciudad de Buenos Aires. Los padres, músicos –“pero no bohemios”– le ponen de nombre Dan, uno de los hijos de Jacob en el Antiguo Testamento. La infancia la pasa en el barrio de Caballito, siendo víctima del bullying en cada uno de los colegios a los que asiste –seis, para ser exacto–, y soñando con ser actor. Los años pasan y hoy, abril del 2014, Dan Breitman (31) se luce como un excéntrico comisario de abordo en Guapas (de lunes a jueves a las 22 por El Trece), y destila el resto de su arte –de su locura– en Ciclotimia musical, un show extravagante y divertidísimo que puede verse los sábados a las 21 horas en el Velma Café. El resto de su cerebro, oculto de la pantalla y del teatro, aparece aquí, traducido a entrevista para que todos lo entiendan. Con ustedes, retrato de un loco encarrilado.

–Algunos te definen como un bizarro.
–Muchos me dicen eso, pero me parece que es, nomás, porque la palabra está de moda. Tantas cosas son bizarras que no sé si sirve para definirme. Lo que intento es generar algo diferente. Eso es lo que hace un artista.

–Te podemos recordar de Cómico stand up, donde reemplazaste a Diego Reinhold, o de tu participación el año pasado en Solamente vos. ¿Antes qué hubo?
–Laburé mucho en el under, en pubs. Hice participaciones en boliches, algunos shows para empresas. Y el stand up vino después de La jaula de las locas, de Ricky Pashkus, Ahí me vieron los productores de Cómico y empecé esa etapa.

–¿Cómo fue tu juventud?
–Familia de clase media de Caballito. Fui a varios colegios: al Calasanz, al Manuel Solá, después a un colegio judío, después al Normal 7, después al Bertrand Russell, al William Morris...

–¿Por qué tantos?
–Porque me cambiaban. Porque me echaban. O porque me iba. Siempre quería estudiar arte y mi vieja trataba de buscar un colegio en el que además de lo curricular se pudiera estudiar algo artístico. Hasta que se abrió la escuela de comedia musical de Julio Bocca y Ricky Pashkus.

–¿La pasabas mal en el colegio?
–Y... me jodían mucho. Me decían “gordo puto”. Me jodían heavy. La pasaba realmente mal. Yo escuchaba música romántica y se reían. Y yo me exiliaba. Cuando me jodían, yo me iba a las aulas vacías con mi walkman y me imaginaba que estaba en un teatro actuando.

–Una infancia triste.
–En el colegio, mi vida era pura tristeza, sí... Hasta que descubrí la escuela de Julio Bocca. Ahí vi que había gente más grande que pensaba como yo.

–¿Te preocupaba más esa incomprensión de tus ganas de ser actor o la burla a tu sexualidad?
–La sexualidad me traumaba, sí, pero estaba relacionado con el querer ser artista. Porque mi forma de expresarme, mi arte, tiene que ver con lo gay. Por lo menos por ahora. Me llaman para hacer personajes de gay, y cuando actuaba lo hacía en boliches de ese ambiente.

–¿Cuándo fue eso?
–Cuando tenía 16 o 17 años. Hacía transformismo. Me ponía pelucas, hacía cosas. Me divertía vestirme de mujer. El universo femenino siempre estuvo presente.

–¿Cómo recordás esa época?
–Con cariño. Esos boliches fueron los primeros que me dieron una oportunidad para ganar plata.

–¿Tus viejos sabían?
–Sí. Al principio, me re putearon. Se dieron cuenta de que había tacos en mi habitación. Yo iba con los transformistas pero, a diferencia de ellos, quería cantar, actuar... Hacía humor.

–¿Qué pasó cuando tu viejo encontró los tacos?
¿Tuvo la fantasía de que habías llevado una mina? –No. Creo que él nunca esperó eso de mí. Y respecto de los tacos... bueno, no le copó, pero se la bancó. Me preguntó qué estaba haciendo, porque yo salía de noche, pero cuando vio que no era nada peligroso se calmó. Igual, la verdad es que mis viejos me han bancado siempre. Su única condición era que estudiara.

–Hablemos un poco de Ciclotimia musical, tu espectáculo teatral. En él hacés, además de monólogos, popurrís intervenidos con muchas canciones románticas. Hay Luis Miguel, Cristian Castro, Bandana... ¿Es tal vez una reivindicación de ese tiempo en que se burlaban de vos por eso?
–Los que me hacían burla en el colegio por gordo, hoy me manguean entradas para venir a verme. “Capo, capo, capo...”. Me viven diciendo “capo”.

–Y vos estás con la listita viendo a cuál le das el tiro primero.
–Más o menos. No soy resentido, pero digo: “Hijo de puta. Yo era gordo y vos me agarrabas las tetas... ¿Y ahora me decís ‘capo’...?”.

–¿Les das entradas?
–No, no les doy. ¿Querés entradas? Pagalas.

–¿Fuiste aspirante a Mambrú?
–Sí, llegué hasta los últimos 200. Me sacaron en la ronda de baile. Se ve que bailé medio como loco. Levantaba las piernas, qué sé yo...

–Hiciste un baile muy gay, capaz...
–Sí. Querían un chongazo y yo debo haber estado muy amanerado.

–¿Cómo fue siempre tu relación con la sexualidad?
–Desde chico supe que me gustaban los chabones. Ahora, de grande, te puedo decir que voy en vía de convertirme en bisexual. Hay algo que se está despertando. Podría estar con una mina. Aparte, tengo más levante con minas que con chabones. Y se me abre el interrogante, porque también me dan ganas de tener una familia. La podría tener con un hombre, pero hoy no descarto que sea del modo tradicional.

–¿Como tomaron tus padres el tema?
–Al principio hicieron un poco de drama, mi vieja se puso a llorar, pero después me acompañaron siempre. Es un tema candente la sexualidad. Yo creo que está bueno enamorarse de los seres humanos. No me quiero hacer el Sai Baba, pero creo en el amor de verdad. Al menos hoy, después de once años de terapia, me animo a decir eso con honestidad.

–Por último, y después de esa larga década, ¿creés que estás loco, Dan Breitman?
–¿Loco yo? Y, sí... puede ser... Un poco, sí. Pero tengo la suerte de estar rodeado de gente que me contiene y me quiere, y entonces no se sufre tanto. Porque la locura es un arma de doble filo. Es lindo vivir estando un poco loco, pero también te hace sufrir. No vamos a engañar a la gente, ¿no?

Su mundo: en el living de su departamento de dos ambientes en Villa Crespo, Dan tiene una cinta para entrenar, un piano, un escritorio y pantalla led colgada. Además, decoró una de las paredes con luces fluorescentes que forman figuras.

Su mundo: en el living de su departamento de dos ambientes en Villa Crespo, Dan tiene una cinta para entrenar, un piano, un escritorio y pantalla led colgada. Además, decoró una de las paredes con luces fluorescentes que forman figuras.

Aunque siempre logró vivir del arte, recién ahora dice que está cómodo. Se compró un auto  y ya no se mueve en subte. Está soltero. Barre, limpia y plancha. ¿Cocina? A pura conciencia. “Creo que somos lo que comemos”, afirma.

Aunque siempre logró vivir del arte, recién ahora dice que está cómodo. Se compró un auto y ya no se mueve en subte. Está soltero. Barre, limpia y plancha. ¿Cocina? A pura conciencia. “Creo que somos lo que comemos”, afirma.

En Guapas representa a un comisario de abordo gay y comparte la mayor parte de las escenas con Carla Peterson y Vivian El Jaber.

En Guapas representa a un comisario de abordo gay y comparte la mayor parte de las escenas con Carla Peterson y Vivian El Jaber.

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