“Los premios me dan la pauta de que hubo gente mirando y escuchando mi obra” – GENTE Online
 

“Los premios me dan la pauta de que hubo gente mirando y escuchando mi obra”

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Si hay algo a lo que no se acostumbra Juan José Campanella (48) es a subirse a sus propios éxitos. “Adquirís un nivel de sabiduría tal que te alegrás si ganás, pero no te enojás si perdés”, reflexiona, mientras se acomoda en su silla al iniciar la charla. Parece lejana la emoción que vivió apenas un par de horas atrás, cuando se escuchó una y otra vez: “El ganador es: ¡Vientos de agua, Canal 13!”. Es que el gran director de cine, volcado esta vez a la televisión, sumó cinco estatuillas en la noche de los Martín Fierro 2007: Mejor unitario/miniserie, Mejor producción integral, Mejor director, Mejor tema musical original y Mejor autor/libretista.

Una torta milhojas y un cortado... Ah, y un vasito de agua, si no es molestia. No estoy a dieta, quiero que lo sepan…”, dice sonriendo en el bar donde se desarrolla la entrevista. En el 2002 recibió un Martín Fierro de Oro por la tira Culpables, donde se lució como coautor de los guiones. Un año antes, su film El hijo de la novia estuvo muy cerca de obtener el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Más tarde fue el turno de Luna de Avellaneda, que tuvo gran repercusión de público. Pero no son sus únicas creaciones. Al currículum de Campanella hay que sumarles, entre otras, las películas El mismo amor, la misma lluvia –durante cuya filmación conoció a su mujer, Cecilia Monti, con la que hace un mes tuvo a Federico, su hijo– y Ni el tiro del final. Eso sin contar sus logros en la tele norteamericana como director, en series como La ley y el orden y Dr. House.

Y en el 2006, el estudiante que empezó a cursar cine en Avellaneda y viajó en 1983 a los Estados Unidos para terminar sus estudios, logró contar una nueva historia y atrapar al público con la miniserie Vientos de agua, coproducción entre Pol-ka, 100 Bares (la empresa de Campanella), Telecinco e Icónica, estas últimas españolas. Sólo 13 capítulos, de un costo aproximado a los 500 mil dólares, reunieron a destacados actores (por nuestro país, Héctor y Ernesto Alterio, Pablo Rago y Eduardo Blanco, y los españoles Bárbara Goenaga y Rubén Ochandiano, la colombiana Angie Cepeda y la italiana Caterina Murino) en escenarios de España y la Argentina para emprender un nuevo desafío del director y guionista.

–¿Cómo nació la idea de la serie y cómo fue la etapa de producción?
–Fue durante una charla de café con Eduardo Blanco. Yo viví muchos años afuera, y él estaba viajando asiduamente a España. Comparamos nuestra realidad con la de nuestros abuelos, y así nació la idea. Para crear los personajes tardamos cinco meses y para escribir el resto, un año y medio más. Los últimos dos capítulos los fuimos elaborando cuando el programa ya estaba saliendo al aire.

–¿Y la experiencia de trabajar con tantas figuras destacadas?
–Logramos tener un código muy gratificante entre profesionales. Los actores de Vientos de agua no tuvieron vedetismos... Se hablaba de los guiones, de las escenas, todo de manera muy profesional. Lo más importante es la satisfacción que tuve al ver tan brillantes actuaciones.

–Imagino que esa satisfacción se habrá opacado con los continuos cambios de horario que padeció el ciclo…
–No me gustaría quedarme en el disgusto de los cambios, sino en la repercusión entre el público. Lo que pasa en los canales y sus diferentes internas son cosas temporales… Y Vientos de agua sufrió lo que les sucede a todos los programas que no están en la franja horaria principal. La televisión es un lugar insano para trabajar, más para aquellos que no somos parte de los programas que van desde las 20 hasta la medianoche.

–¿Eso afectó directamente la esencia del programa?
–En cierto sentido, sí. La televisión argentina prefiere nutrirse de productos maleables, porque si les va bien duran media hora más. Y eso es algo imposible de lograr con la ficción. El pico de rating, del cual nunca antes habíamos escuchado hablar, se convierte en un arma publicitaria. Cuando en realidad un pico son sólo dos minutos, durante los cuales el televidente se puede haber quedado pensando: “¡Qué basura!”. En una ficción hay que engancharse. Sin haber visto el desarrollo, es imposible decir: “Quiero ver la escena donde se descubre al asesino”, porque hay que conocer el caso y a los posibles asesinos.

–¿Es difícil ganarse a la audiencia argentina?
–No, es como cualquier público del mundo. Lo que hay que lograr es la empatía. Pero hoy siento que aquí se está buscando una audiencia más masiva, motivada por cierto tipo de escándalos, o programas de poca producción.

–En el primer Martín Fierro te sorprendiste, en el segundo sonreíste, en el tercero estabas en estado de shock...
–(Risas) ¡Sí! Es más: mi día había sido muy tranquilo. A la mañana me quedé con mi hijo, Federico, después estuve en la productora y a las 7 de la tarde me llegó la hora de cambiarme. En realidad no fui con ninguna expectativa. Lo único que pretendía era que fuéramos reconocidos por dos cosas: una se dio –la música de la miniserie–, y la otra no –el trabajo de Pablo Rago–. Hubo un momento en que los premios se dieron todos juntos y llegaban sin parar. En el último me dieron un empujón para que suba al escenario, porque no lo podía creer. Estaba tan sorprendido, que a la hora de los agradecimientos me olvidé de muchas personas, como los editores y demás trabajadores del canal.

–¿Qué se siente al haber ganado todos estos reconocimientos?
–En situaciones normales uno trata de ganar todo, pero al mismo tiempo busca no bajonearse cuando no se da. Y eso me pasó a mí... Claro que en este caso había un condimento extra, que fue hacer una serie ignorada por la industria, pero no por el público. Ignoro los motivos por los que pasó eso. Tal vez sucedió que era un medio que yo desconocía (en el país sólo había hecho la tira Culpables). Los premios me dan una satisfacción especial, porque me dan la pauta de que hubo gente mirando y escuchando.

–¿Es cierto que no quiere volver a hacer televisión?
–Me encanta el medio, pero hasta que no se normalice el panorama, no quiero. Yo dirijo desde hace varios años en la tevé americana –allá hice más series que películas–, pero mientras el producto sufra cambios de horarios y de días, no voy a seguir.

Campanella hará un alto en la tevé nacional: ahora viaja a los Estados Unidos para dirigir la nueva temporada de La ley y el orden mientras ve crecer a Federico, su hijo de un mes.

Campanella hará un alto en la tevé nacional: ahora viaja a los Estados Unidos para dirigir la nueva temporada de La ley y el orden mientras ve crecer a Federico, su hijo de un mes.

Campanella con Julia Montesoro, integrante de APTRA, y con el equipo de Vientos de agua. Para muchos, la miniserie merecía el Martín Fierro de Oro.

Campanella con Julia Montesoro, integrante de APTRA, y con el equipo de Vientos de agua. Para muchos, la miniserie merecía el Martín Fierro de Oro.

En situaciones normales uno trata de ganar todo, pero al mismo tiempo busca no bajonearse cuando no se da. Y eso me pasó a mí... Claro que en este caso había un condimento extra, que fue hacer una serie ignorada por la industria, pero no por el público". ">

"En situaciones normales uno trata de ganar todo, pero al mismo tiempo busca no bajonearse cuando no se da. Y eso me pasó a mí... Claro que en este caso había un condimento extra, que fue hacer una serie ignorada por la industria, pero no por el público".

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