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"Los jugadores yugoslavos nos pidieron perdón"

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Diez años después, los dos hombres se volvieron a juntar en el mismo
patio bahiense que los vio crecer. Y contra una de las paredes, unos metros sobre
la ventana de la cocina, el aro de básquet es el testigo privilegiado de
aquellos momentos donde un doble o un triple, en el último minuto, servía
para ganar la apuesta y tomar una Coca gratis en el kiosquito de la esquina. Hoy,
Juan Ignacio Pepe Sánchez (25) y Emanuel Manu Ginóbili (25), los
protagonistas de esta historia, se paran a la misma distancia y vuelven a encestar
la gastada pelota naranja. Lorna, dueña de casa y mamá de Juan,
los mira a través del vidrio y se le humedecen los ojos. Es que esos chicos,
que no hace tanto compartieron peleas y abrazos, hoy están parados en el
mismo cemento, luciendo una remera de la selección argentina y una medalla
plateada que les golpea el pecho: “Acá estoy invicto. ¡No
perdí nunca!”
, asegura Pepe mientras mira de reojo a Manu y le
muestra una sonrisa cómplice. Minutos después, con el mate amargo
de compañero, los dos integrantes del Dream Team argentino, equipo que
se alzó con un histórico segundo puesto en el Mundial de Indianápolis
2002, hablan de sus enfrentamientos en el barrio, en Europa y de los que se vienen,
nada menos que en la NBA.

–¿Es verdad que de chicos
se tenían tanta bronca que llegaron a trompearse?

Sánchez:
–No, pará, no era para tanto…
Ginóbili: –Ahora
nos van a empezar a inventar cualquier tipo de historia. Es más (lo mira
a Pepe y empieza a reírse), la versión que me llegó es que
no querías hacer esta nota por miedo a volver a perder en el fondo de tu
casa (carcajadas).

–Más allá de las cargadas, había
una especie de competencia, sana, pero sin tregua, cuando se juntaron en el club
Bahiense del Norte…

Sánchez: –Discutíamos bastante
porque los dos veníamos de ser figuritas en sus equipos, y cuando nos encontramos
teníamos 15 años y cada uno se quería destacar por sobre
el otro. Pero nunca pasó de alguna discusión o una mueca de disgusto.

Estos
primeros enfrentamientos no fueron los únicos en la vida de los dos jugadores,
aunque después de esa experiencia en el club de Bahía Blanca, cada
uno marchó por caminos distintos. A los 17 años, mientras Juan miraba
por televisión un partido de la NBA, tomó la decisión de
irse a jugar a los Estados Unidos. Comenzó la carrera de Historia en la
Universidad de Temple y de ahí pegó el gran salto: el 31 de octubre
de 2000 se convirtió en el primer argentino que jugaba en la NBA,
al debutar como base de los Sixers de Filadelfia. Después pasó
a los Hawks de Atlanta y en el 2000 se fue a jugar al Panathinaikos de
Grecia. Ahora, después de su deslumbrante actuación en el Mundial,
firmó para los Pistons de Detroit, también en la NBA.
Para Emanuel, en cambio, su carrera fue por rumbos distintos. En 1998 se fue a
jugar –también como base– al Reggio de Italia y en el 2000 pasó
al Kinder de Bolonia. En agosto de este año, firmó para los Spurs
de San Antonio. Sin embargo, en el 2001, los dos se volvieron a ver las caras
en la final de la Euroliga entre Panathinaikos y Kinder: “Ahí,
como cuando éramos chicos, le volví a ganar”
, asegura Juan
y se ríe ante una arremetida de Emanuel: “No te agrandes que ahora,
cuando nos veamos en el duelo de la NBA, no te vas a salvar”.


–¿Alguna
vez imaginaron que, a pesar de sus diferencias, sus carreras iban a ir por caminos
tan paralelos?

Ginóbili: –Teníamos el mismo sueño,
que era jugar al básquet, y poder vivir de eso, pero nunca se nos cruzó
algo como lo que nos pasó.
Sánchez: –Hace poco, cuando firmé
para los Pistons, le conté a un dirigente mi historia y la de Manu y el
tipo me dijo que era para filmar una película. Los dos jugamos en el mismo
club de chiquitos, después nos fuimos a Europa, nos enfrentamos en una
final del continente, estuvimos a un paso de salir campeón del mundo con
la selección y ahora nos vamos a enfrentar en la NBA.

–¿No
piensan que por haberle ganado al Dream Team los pueden tratar un poco
mal? Por ejemplo, Maradona dijo que nunca le perdonaron que la Argentina haya
eliminado a Italia en el Mundial del ’90.

Sánchez: –No,
porque los americanos son mucho más abiertos. Por ejemplo, después
del partido, me llamó mucha gente de la NBA y me felicitó porque
consideraban que su equipo era muy arrogante y merecían esta derrota.
Ginóbili:
–Esa noche, cuando salimos a cenar, la gente del restaurante nos decía
que era hora de que les ganemos a ellos porque los jugadores se creían
imbatibles.

–Pasarán los años y la historia dirá
que fueron el primer equipo que los venció. ¿Son conscientes de
lo que significó ese triunfo?

Ginóbili: –En ese momento
no lo pensamos, pero después, cuando llegamos al hotel, la escalera estaba
rodeada de cientos de jugadores de todas las selecciones que empezaron a aplaudirnos
mientras caminábamos rumbo a las habitaciones. Es increíble que
nos hayamos ganado el respeto de todos los rivales. Algo muy importante.
Sánchez:
–La prensa mundial empezó a decir que éramos el mejor equipo
del Mundial y que merecíamos salir campeones. Lástima lo del último
partido…

–¿Por qué creen que se perdió
esa final? ¿Por errores del equipo o por las fallas del árbitro
griego Nikos Pitsilkas?

Sánchez: –Pensando bien, por ahí
planteamos mal el partido y nos ganó un equipo con mucha experiencia. Pero
las equivocaciones que cometimos son las normales. De todos modos fueron decisivos
los dos últimos errores de los árbitros. Sería muy triste
para el prestigio del básquet que no se tomaran medidas serias contra estos
jueces.
Ginóbili: –Todo el mundo dijo que fue un robo y te voy
a confesar algo: cuando terminó el partido, los yugoslavos nos saludaron
y nos pidieron perdón.

por Sergio Oviedo


fotos: Alejandro Carra
y Diego Soldini
(agradecemos a Ariel Laruina y Luciano Mutti)En 1985, Pepe Sánchez -pelota en mano- y Emanuel Ginóbili juntos con la camiseta bahiense.

En 1985, Pepe Sánchez -pelota en mano- y Emanuel Ginóbili juntos con la camiseta bahiense.

Volvieron a reunirse en el patio de la casa de los Sánchez. y el mes próximo estarán en la NBA. Pepe, con los Detroit Pistons, y Manu, en los San Antoio Spurs. A ellos se les acaba de sumar Rubén Wolkowyski, el flamante pivot de los Boston Celtics.

Volvieron a reunirse en el patio de la casa de los Sánchez. y el mes próximo estarán en la NBA. Pepe, con los Detroit Pistons, y Manu, en los San Antoio Spurs. A ellos se les acaba de sumar Rubén Wolkowyski, el flamante pivot de los Boston Celtics.

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