con la que empezamos a tener, por fin, armonía". Con proyectos: firmó con Tinelli para Costumbres argentinas y va a hacer teatro en verano, en Mar del Plata, junto a Juan Leyrado. Sintiéndose "una nenita, y con el corazón cero kilómetro". Nunca tan directa, nunca tan íntima." /> «Los hombres creen que soy el parque de diversiones más grande del mundo» – GENTE Online
 

"Los hombres creen que soy el parque de diversiones más grande del mundo"

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Cierto pájaro canta. Un hombre, con lentos movimientos de remo, libera de
hojas muertas el agua de la piscina. Son los únicos sonidos en este punto y en
este atardecer. Los mismos sonidos -pienso- que oía Philip Marlowe cuando
cruzaba el jardín de una mansión, en Beverly Hills, en el preludio de una negra
historia policial. Pero después, ya en el dormitorio de Moria (enorme cama con
dosel, maderas blancas, paredes verde manzana, jacuzzi a cuatro pasos de la
enorme cama, espejos, cremas, perfumes, libros, televisor), con Moria sentada en
el borde de la enorme cama, Marlowe se convierte en un módico Freud nativo: yo.
Que no pregunto. Que le digo.

-Hablá. De lo que quieras. De lo que tengas ganas.
-Soy una mujer que vive en perpetuo estado de celebración. Eso, sí: de
celebración.

-¿Hay tanto que celebrar?
-Sí, sí. Disfruto de todas y cada una de las cosas que me hacen feliz.

-Pero también habrá de las otras, supongo.
-Claro. Pero me fabrico una vida para gozar, no para sufrir.

-Menudo trabajo. ¿Cómo? Dame la receta…
-Me miro. Entro y salgo de mí. Si no hiciera eso, viviría encerrada en un
laberinto, y sin cable a tierra.

-Entrás, salís… ¿y qué ves en cada viaje?
-¿Hoy? Me encuentro más… nenita. Yo, tan fuerte, tan vivida, tan mujer, tan
karmática, tan proveedora, me veo más nenita que nunca.

-¿Te preguntaste por qué?
-Tal vez porque me quedé sin padre hace muchos años, sin madre hace dos, no
tengo familia, mi hija y yo estamos solas, solitas.

-Pero hubo señores pasajeros, un marido, novios, parejas largas…
-Sí, es cierto. Pero al final de la historia, siempre somos mi hija y yo.

-¿Eso forma parte de la dicha o de la desdicha?
-De la dicha, sin duda.

-¿Y de la desdicha, qué?
-Todo lo que pasa en el país me incomoda, me abruma. Es como… una mala
atmósfera. Una atmósfera que no tiene nada que ver conmigo y que me empuja a
aislarme, a meterme en un búnker.

-¿Hablás de la inseguridad, por ejemplo?
-No. Es algo más profundo. Nunca estuve tan cerca de irme del país como ahora.

-Pero no te vas.
-No. Ni me quejo. Quejosa, jamás. En la Argentina, la queja es una institución,
que para colmo siempre queda en la nada. Si no aguanto, prefiero el autoexilio a
la queja. Parto. Me voy sin que me echen y vuelvo sin que me llamen. Además, ¿de
qué podría quejarme? Me sobra laburo, me retroalimento, tengo éxito, tengo
proyectos fantásticos…

-Según mis cálculos, estás cumpliendo treinta años de escenario.
-Sí. Pero laburo desde los doce. No por necesidad. A los doce determiné mi
independencia. Un día salí de compras con mi mamá, vi unas zapatillitas
amarillas lindísimas, pero no me animé a pedirle que me las comprara. Al llegar
a casa le pedí a mi viejo que me pusiera una barra y un espejo en el garaje. Me
preguntó para qué. "Para dar clases de danza". Todavía me faltaba un año para
recibirme, pero empecé a dar clases, gané mi primera plata, y desde entonces
jamás dejé de trabajar ni jamás volví a pedirle plata a alguien.

-Pero más de un señor te la habrá ofrecido.
-Sí. Pero no la acepté. Es el mejor modo de andar sola por la vida. El más sano.

-Hablábamos de desdichas, pero nos fuimos de partitura. ¿Retomamos?
-Desdichas… Bueno, ¡me pasa de todo!

-¿Una víctima eterna?
-Nooo… Nunca me hago la víctima. Me pasa de todo porque vivo con tremenda
intensidad, no negocio mi libertad, no me guardo los sentimientos, no me
preservo.

-¿Eso es bueno o es malo?
-Es tener el corazón cero kilómetro. Todo fluye.

-Cuando todo fluye, puede haber caos.
-Parece caos, sí. Para los demás. Para mí, es sabiduría.

-Explicame. No entiendo.
-Mirame bien. Tanta vida, tanta desmesura, tanta pasión, ¿qué te sugiere?

-Lo que me sugiere a mí no importa. ¿Qué te sugiere a vos?
-Ternura. Me doy ternura. Soy -antes te lo dije- como una nenita que necesita
empezar todo de nuevo.

-Es curioso. Eso supone que estás esperando un señor que te quiera, te proteja,
te cuide, pero acabás de terminar tu historia con el último…
-Es cierto. Tenés razón.

-¿Será porque tu personalidad termina arrasándolos?
-Puede haber algo de eso. Empiezo como mujer y termino como madre.

-Ya que llegamos al capítulo Hombres, ¿por qué elegís siempre parejas que,
parecen al menos, intelectualmente inferiores?
-Vamos por partes. Castiglione era muy culto y muy inteligente, aunque no lo
creas…

-Ni creo ni descreo. Estás en uso de la palabra.
-Pero era un resentido. Le agradezco, porque gracias a él tuve a mi Sofía, a mi
hija. Pero era un tipo muy jodido. Todo el tiempo estaba con ese rollo de que
"
Ana María Casanova es una persona, y Moria Casán otra". ¡Ana María Casanova y
Moria Casán son la misma persona! Trabajaba, sí, porque le di un lugar, lo hice
mi coequiper, pero él no lo disfrutaba. Vivía psicopatéandome intelectualmente.
Combatía mi personaje y mi carrera… ¡pero vivía de eso!

-Capítulo dos. Vadalá. ¿Cómo se entiende?
-¿Vos no lo entendiste? ¡Yo tampoco!

-¿Te agarró en un mal momento? ¿Con las defensas bajas?
-No. El quería casarse, pero yo ni siquiera estaba enamorada.

-Sin embargo, la historia duró ocho años.
-Sí. Y con mal final. Desagradable, traumático, traicionero.

-¿Qué los mantuvo unidos ocho años? ¿El sexo?
-Tampoco. No sé. Me preguntás, y no sé qué contestarte. ¿Sabés qué pasa? En
algún momento, la pareja se me muere, hace clic. Hago el duelo, y se acabó. Pero
sigo adelante, esperando que él se dé cuenta, que decante. Al mismo tiempo,
siento que si lo echo lo dejo desprotegido. Se me mezclan lo fraternal, lo
maternal, ¡qué sé yo! A lo mejor espero en la puerta de mi tienda ver pasar el
cadáver de mi enemigo. Es muy loco…

-Pero no te olvidan.
-Nunca. Vadalá anda diciendo por todos lados que tiene un restaurante y una vida
nueva. El restaurante lo tiene gracias a mí, y la vida nueva, no sé, porque vive
llamando al mailing de su vida vieja. Sigue colgado de Moria.

-Después llegó Xavier Ferrer Vázquez. Un año y medio, y good bye. Estabas muy
lanzada, hablando del nidito de amor y compañía…
-El nidito de amor lo quería él, él, él, él, ¡él! El nidito de amor, una pareja
estable, un hijo, una familia, una paramédica, una psicóloga ¡todo! Lo que nunca
tuvo. Al final, con lo del hijo paré, porque me di cuenta de que mi hijo era él.

-Cuando leí aquello del nidito de amor -perdoname- sentí que ibas a doscientos
kilómetros por hora contra un paredón.
-Pero Xavier, peor. El cree más en los autos que en las mujeres. Yo, para él,
era un trofeo. Un Lamborghini Murciélago, y no lo corría a doscientos: lo corría
a trescientos kilómetros por hora. A mí me gusta la velocidad, pero normal.
Entonces, cuando él apretaba el acelerador, yo le pisaba el freno, y el
Lamborghini parecía una diligencia. Bajaba de allí demasiado contracturada… No
me lo merecía.

-Dijiste que te veía como un trofeo. ¿De qué tipo?
-Demandaba demasiadas cosas… Los hombres creen que soy el parque de diversiones
más grande del mundo, y con tetas. Yo, para Xavier, era Disneyworld…

-Si querés llorar, llorá.
-No. Ni lloro ni me río. Lo peor es que ahora anda haciendo un tour televisivo.
Se hizo adicto a las cámaras, y me declara su amor en vivo y en directo.

-Bueno: vos también llevaste a tus ex a un programa.
-Sentí esa necesidad. Pero ojo: no cualquiera puede hacerlo. No cualquiera puede
sostener esa sobreexposición.

-¿Convivir con vos es dramático, insoportable, o simplemente difícil?
-Al contrario. Mirame, y mirá a tu alrededor: ¿¡quién se quiere ir de acá!?
Laburo, gano buena plata, soy proveedora, no rompo las pel…, no meto los
cuernos, no tengo celos… ¿Vos te irías?

-Si te contesto, mañana estamos en todas las columnas de chimentos. Mejor
hablemos de tu hija, de Sofía Gala. ¿Cómo anda la relación de ustedes?

-Ahora, muy bien. Estamos recomponiendo ese puzzle que fuimos durante mucho
tiempo. Parecíamos dos autistas: no nos conectábamos.

-¿Por qué?

-Sofía se aisló porque nunca quiso interferir en mis parejas. Tal vez sentía que
su presencia las fracturaba.

-Arriesgo: tal vez no se acercaba porque nunca vio en ellos a un posible segundo
padre. No creyó que te durarían.
-Sí, creo que tenés razón. Si fue así, quiere decir que, a pesar de sus
dieciséis años, es muy sabia y muy madura. A veces creo que ella es mi madre, y
yo su hija, y que me enseña más cosas a mí que yo a ella.

-Me dijiste antes que le diste mucha libertad. ¿Fue demasiada?
-No. Le di mucha soga, pero la usó para saltar, no para ahorcarse. A veces la
prevengo, pero no desde el miedo, porque el miedo paraliza. Le di la vida, es
cierto, pero esa fue mi elección. Ella es de ella, y del mundo. No somos una
madre y una hija convencionales, estándar, pero en el fondo tenemos una relación
muy armónica.

-¿Quiere ser actriz? ¿Quiere ser Moria Dos?
-No. Para nada. Está lindísima: es una Lolita de aire euroasiático. La llamaron
Tinelli, Suar, y hasta la agencia Ford. Pero no le interesa. Por ahora quiere
ser arquitecta.

-Treinta años de escenario. ¿Vas a volver a la revista?
-No. Punto. Basta de mostrar el lomo, de bikinis, de lolas-mostrador. No porque
no pueda: simplemente, no quiero.

-And now, what?
-Verano. Mar del Plata. Hotel Hermitage. Voy a hacer Cabaret Bijou, una obra
maravillosa de Alfredo Zemma. Coequiper: Juan Leyrado, que hace de travesti. Yo
soy una cabaretera en decadencia que se hizo sindicalista y canta canciones de
protesta. ¡Es un espectáculo glorioso, ya vas a ver! También firmé con Tinelli
para Costumbres argentinas.

-¿Hombres? ¿Un hombre en vista?
-Cuando llegue, te aviso.

por Alfredo Serra
fotos: Christian Beliera
producción: Gabriela Díaz
agradecimientos: Gropius-Design (Honduras 6027)
peinó: Rubén Brutton para Marcos Román.
maquilló: Leandro Damario para Oscar Mulet.

En su jardín de Parque Leloir, tranquila por dentro y diosa por fuera. Asegura que cada día se fabrica una vida para gozar, no para sufrir.

En su jardín de Parque Leloir, tranquila por dentro y diosa por fuera. Asegura que cada día se fabrica una vida para gozar, no para sufrir.

Me gano la vida desde los 12 años, y no por necesidad: por decisión. Nunca necesité que un hombre me diera plata. Más bien fue al revés..."">

"Me gano la vida desde los 12 años, y no por necesidad: por decisión. Nunca necesité que un hombre me diera plata. Más bien fue al revés..."

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