“Los críticos no entienden mi lenguaje, por eso no me premian” – GENTE Online
 

“Los críticos no entienden mi lenguaje, por eso no me premian”

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"Hay mucha gente que se sigue asustando con mis personajes y con mis shows. Depende del tester de auto-represión que tenga”, dice Favio Posca (42). Presentación: Nació en Mar del Plata, creció en La Falda, volvió a la Bristol, después Buenos Aires (ya de a dos, casado con su “compañera”, María Luisa Callau, con la que tuvo dos hijos, Manuela y Rocco). Estudió danza, clown, acrobacia, teatro; pisó los escenarios de los prestigiosos centros culturales San Martín y Rojas y descendió al under en el mítico Parakultural. El ritmo vertiginoso de la sangre Posca también explotó en televisión con Alfredo Casero en De la cabeza y Del tomate; con Nicolás Repetto en Nico; y en las tiras Poliladron, Verdad/Consecuencia y Gasoleros, entre otras producciones de Pol-Ka, que lo convirtieron “un chico Suar”. Tampoco dejó pasar oportunidades de dejar su marca personal en el cine: El dedo en la llaga, Apariencias, La nube y Cohen vs. Rossi. La radio llegó a su vida en 1999 y desde hace seis años conduce He perdido mi malla, por la Rock & Pop. Además, escribe, compone, filma, decora y actúa en sus agitados unipersonales: El perro que los parió, Mamá está presa, Boster Kirlok, Lagarto blanco, Alita de Posca y el flamante Los quiero muchísssimo, en cartel en el Paseo La Plaza.

–¿Qué buscás sobre el escenario?
–Hablar del comportamiento humano, desestructurar el ser. Basta de “esto no lo digas, esto no lo pienses”; quiero meterme en lugares, abrir canales que generen risa y a la vez, libertad. ¿Aprendiste algo en Los quiero muchísssimo?

–Sí, imposible no aprender algo...
–¡Yeah! (risas) Es impresionante cómo explota la gente… Además le apunto desde distintas ópticas: lo musical, lo estético, la actuación… El objetivo es lo que pasa: que la gente se agarre la panza de la risa. Pero la calidad es lo primero; me interesa que el sonido sea increíble, incorporar nuevas tecnologías, que los temas suenen como en un recital. Si eso está, de ahí en más, digo todo.

–¿Por qué creés que el público se ríe de las vidas tristes de tus criaturas?
–Es que nacen de la mezcla de cosas que viví o vivo, de gente que conozco y de fantasías, y eso se intuye. Tengo los cinco sentidos despiertos todo el tiempo, porque Pitito (su personaje más fresco, el que está en el living de Susana), por ejemplo, si se va del otro lado de la cornisa, puede ser muy triste. O Angelito, el abogado drogadicto: le encontré la risa sublimatoria a lo terrible de cualquier adicción. Me interesa que la mixtura Posca tenga lo deforme, lo callejero y la belleza estética.

Con la luz roja del estudio se enciende una anécdota de la fauna Posca: “Salí a rollear con mi perro, que es un león. Se le cruza un gatito. Se va al cuello, lo levanta, el gato da cuatro vueltas en el aire, cae. Yo miro a la dueña, desesperado, y le digo: ‘¡No-le-ha-ce-na-da!’ Trato de interceder, en rollers. El gato se empieza a trepar a un árbol, mi perro lo agarra de la cola y ¡fra! Por suerte no lo mató, por eso me río. Distinto hubiese sido si viviera Caruso, mi ex perro, que era un killer cat absoluto. Lo vi desnucar a dos ejemplares que se metieron en mi casa por error". Corte. Música. Posca despliega sus infinitas onomatopeyas: “Hip hop inglés, pech, pech, pech, última canción del día de hoy. Muy bien, ¡Cómo la manejamos! Sale shhhh, shhhh, surfeando. Ya son muchos años, ¿viste?. Tiene mucho ritmo el programa, bueno, como todo lo que hago”.

–¿Estás más rockero en esta etapa?
–Para Los quiero muchísssimo compuse catorce canciones con tracción a sangre, prácticamente no hay máquina. Para los videos me jugué a filmarme yo mismo, como una cámara testigo. Hay una especie de corto de seis minutos en que me voy a tomar un champán detrás del escenario y escucho cómo se ríen.

Ultimo corte del programa y despedida: “En el teatro, después de dos horas de show, no tengo tiempo de decirles gracias de verdad, y ahora aprovecho ¡Gracias! Chau Fin-n”, cierra, como hace Pitito, el personaje que martes y jueves interpela a Susana Giménez en su sofá inmaculado por Telefe.

–¿Qué repercusiones tenés del sketch con Susana?
–Superó mis expectativas: la producción me dijo que mucha gente joven se sumó al público habitual. Pitito no es un personaje fácil; la locura da mucho miedo en una sociedad en la que no está permitido que un psicótico esté en televisión. Pero la frescura y la espontaneidad de Susana mantienen la adrenalina y Pitito le habla desde la ternura. El rating también está muy arriba, minuto a minuto. Eso está bueno… De eso se trata la tele, ¿no?

–¿Tus fans son los mismos de hace quince años?
–El público que realmente me entiende, me sigue, consume lo que hago y disfruta en su totalidad de mi propuesta, es el público joven. Puede ser mucho más joven debido a la tele y más grandes también, pero anoche, en el Pase La Plaza, había chicas de 16 años, que no suelen ir al teatro.

–¿Te preocupa que dejen de entender tus códigos o viceversa?
–No, para nada, porque trabajo desde mi inconsciente. Nunca me pregunté cuando estos pibes crezcan, qué. El lenguaje sucede. Mi público sigue siendo joven, y eso me gusta.

–¿Qué te pasa con la crítica?
–A pesar de muchos críticos y de jurados de premios que no me entienden y tal vez, nunca lo harán, estoy dispuesto a pagar el precio de haberme jugado a abrir una brecha en lo teatral. Muchos dicen que soy un desperdicio, se quejan por la mala palabra, pero yo estoy inventando un lenguaje.

–¿Tus hijos ven tus espectáculos?
–Rocco viene siempre. Tiene 8 años, es varón y hay cosas que sé que todavía no entiende. Manuela, en cambio, ya cumplió 14 y este año me pregunté qué onda, pero decidí que no podía prohibirle ver el show. ¡Y me pidió venir con una amiga! Tuve que hablar con los padres… Al final la dejaron, las chicas flashearon y se rieron, pero bueno, antes que todo, para ellos soy el padre, ¿no?

Este año, Posca ocupa el lugar que tuvieron Antonio Gasalla y Humberto Tortonese en el living de Susana. Sin dudas, su mayor desafío en televisión.

Este año, Posca ocupa el lugar que tuvieron Antonio Gasalla y Humberto Tortonese en el living de Susana. Sin dudas, su mayor desafío en televisión.

“En mis shows, la calidad es lo primero: que el sonido sea increíble, incorporar nuevas tecnologías, que los temas suenen como en un recital. Pero el objetivo final es que la gente se agarre la panza de la risa”

“En mis shows, la calidad es lo primero: que el sonido sea increíble, incorporar nuevas tecnologías, que los temas suenen como en un recital. Pero el objetivo final es que la gente se agarre la panza de la risa”

“Pitito no es un personaje fácil; la locura da mucho miedo en una sociedad en la que no está permitido que un psicótico esté en televisión”

“Pitito no es un personaje fácil; la locura da mucho miedo en una sociedad en la que no está permitido que un psicótico esté en televisión”

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