“Lorena Paola fue mi amor imposible” – GENTE Online
 

“Lorena Paola fue mi amor imposible”

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Tiene 32 años y la calma de saber que ha hecho bien el trabajo. Habla pausado, mira a los ojos, elige las palabras. Se cuida bien. No parece tener huellas de la rabia, la lujuria o la picardía que se desprende de Mordisco (Sony BMG), el tercero de los discos de Emmanuel Horvilleur. “Mordisco me suena a un gesto, la maximización del beso. No es un mordiscón violento. Y también se puede interpretar como ‘more disco’, o sea, más disco”, explica.

–Tiene canciones con muchas curvas…
–Sí, hay sudor y joyas…

–¿Son recuerdos o fantasías?
–La verdad es que hago mucho uso de mi memoria emotiva. Si no, ¿para qué vivimos o crecemos?

–Radios fue el hit del verano y no para de sonar en las FM. En la era digital, ¿por qué elegiste hablar de un medio de comunicación tradicional?
–La idea nació de una sensación de mi infancia, cuando me grababa compilados con mi radiograbador. Así conocí mucha música; fue inspirador. Ahora, mi crítica tiene que ver con que ya no se escuchan tantas canciones nuevas en las radios. Atienden al mercado, al que, por otra parte, todos respondemos. Pero lo cierto es que ya no me guían hacia otros lugares, ya no me transportan. ¡Aunque voy a aterrizar en el Gran Rex! (el 22 de agosto presentará Mordisco en el teatro de la avenida Corrientes). Es mi presentación de lujo. Allí debuté con llya Kuryaki & The Valderramas en 1990, con Fito Páez y también vi a artistas que admiro mucho.

–Ganaste el Premio Gardel al Mejor Album Artista Masculino Pop, fuiste telonero de Calle 13 en el Luna Park, te ovacionaron en México y Estados Unidos… ¿El éxito te estimula o te paraliza?
–Hay días en los que estoy demasiado conmigo, hablo sólo de mí, como ahora (risas). Lógicamente, tengo un ego artístico, pero hay una llave de corte, porque es mejor vivir sin eso. Además, todo se fue dando paso a paso y tengo claro que, cuando llego a mi casa, debo hacerme cargo de un montón de situaciones en las que el ego no sirve para nada: ordenar, llevar la ropa a lavar o hacer las compras.

–Vivimos en una cultura de la imagen. ¿Sos víctima de tu estética?
–No, para nada. No me va la dictadura de la imagen ni la exacerbación que arrasa con otros valores. Yo, ante todo, soy músico. Después, lo estético acompaña todo lo que hago; desde el primer disco con Kuryaki me gusta elegir el vestuario. Además, todos los músicos tienen una estética, incluso los que juegan a no tenerla.

Como si se tratara de los deberes escolares, abre el cierre de un mutilado bolso deportivo para dar a luz sus discos preferidos, según le habíamos pedido. “Seeing sounds, de la banda Nerd; Chromeo, de Nancy Footwork, que tiene algo de Michael Jackson y breakdance y Around the world in a day, de Prince”, enumera. Sigue con los DVDs: Operación Dragón, de Bruce Lee; Flash Gordon y Perversa luna de hiel, de Roman Polanski. Por último, sus libros: “Estoy leyendo Crónica del pájaro que da vuelta al mundo, de Haruki Murakami. Y otros que me gustaron mucho son La larga noche de Chet Baker, de James Gavin, y La música del azar, de Paul Auster”.

–¿Tenés también un ranking de recuerdos?
–¡Qué difícil! En lo musical, cuando tocamos El mono tremendo, el tema de mi primera banda, Pechugo, con Luis Alberto Spinetta. En lo personal, cuando no me casé… (risas). Lo lógico: cuando nació André (su hijo de tres años con la actriz Celeste Cid). Y algunas anécdotas divertidas, como cuando conocí a Nelson de la Rosa (el fallecido actor dominicano conocido como el Hombre Rata, que protagonizó el video clip de Mover el culo). ¡Fue increíble! ¡Cómo nos mentía! Nos decía que iba a filmar su versión de Batman y que íbamos a ser sus actores. A todas las chicas que bailaban en el video les prometía el papel de Batichica. Otro momento inolvidable fue cuando conocí a Lorena Paola, el amor imposible de mi infancia. Tenía seis años y mi papá me llevó engañado a la casa porque le tenía que hacer unas fotos. ¡No la pude ni mirar a los ojos!

–Hablando de progenitores, ¿sos un papá permisivo?
–Soy peor de lo que imaginaba, lo cual quiere decir que soy mejor, en el sentido de que estoy muy presente, lo disfruto mucho. La palabra “padre” tiene peso y estoy ahí para hacer lo que esa palabra me dicta. Pero también nos divertimos mucho. Por ejemplo, el otro día en la plaza un chico le preguntó cómo se llama, y él le dijo “Andrés sin ‘s’”. Nos encanta mirar videos. En Thriller, de Michael Jackson, se tapa los ojos cuando aparece el lobo. Y si estoy tocando y él mirando dibujitos, me baja el volumen de la guitarra con su manito y me dice: “Más bajito”.

–¿Hay un amor en camino?
–Sí, con Graciela Pal. ¿O era NTSC? (risas). El problema es que las vedettes no me dan bola, soy demasiado sensible.

–¿Qué buscás?
–Después de mi hijo, lo que más me importa es la música. De las mujeres hago una especie de usufructo, porque me sirven para inspirarme. Cuando llega la primavera, las flores renacen y las mujeres también: dejan sus abrigos en casa. Básicamente, me encanta mirarlas.

–Conocés de primera mano a muchos artistas. Algunos zafaron, pero otros se metieron en problemas, como le pasa a Charly García, por ejemplo.
–¿Cuántos han gozado, disfrutado, crecido con las canciones de Charly? No me gusta verlo mal. Sin dudas tiene una enfermedad, pero también una parte autodestructiva, ¿no? Llega un momento en que pienso si no será eso lo que él quiere. Yo ya no me puedo poner tan triste por él. Me pone peor pensar en los chicos que están en el Hospital de Niños.

–¿El rock hace mal?
–Hay gente a la que el ego la devora. De vez en cuando está bueno hacer uso, pero el ego tiene que ser un adorno. Quizás hay políticos con una locura galopante, pero el artista tiene el corazón afuera. La fractura en el rock está más expuesta.El 22 de agosto, Horvilleur desembarcará en la avenida Corrientes. Estrenará en público Mordisco, en el teatro Gran Rex, donde debutó en 1990. “Será mi presentación de lujo”, asegura.

El 22 de agosto, Horvilleur desembarcará en la avenida Corrientes. Estrenará en público Mordisco, en el teatro Gran Rex, donde debutó en 1990. “Será mi presentación de lujo”, asegura.

“<i>Cuando llego a mi casa tengo que hacerme cargo de un montón de cosas en las que el ego no sirve para nada: ordenar, llevar la ropa a lavar o hacer las compras</i>”.

Cuando llego a mi casa tengo que hacerme cargo de un montón de cosas en las que el ego no sirve para nada: ordenar, llevar la ropa a lavar o hacer las compras”.

“<i>Con mi hijo André soy peor de lo que imaginaba, lo cual quiere decir que soy mejor, en el sentido de que estoy muy presente y lo disfruto mucho. La palabra ‘padre’ tiene peso y estoy ahí para hacer lo que ella me dicta</i>”.

Con mi hijo André soy peor de lo que imaginaba, lo cual quiere decir que soy mejor, en el sentido de que estoy muy presente y lo disfruto mucho. La palabra ‘padre’ tiene peso y estoy ahí para hacer lo que ella me dicta”.

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