“Lo que dicen de mí me divierte, pero sólo soy un futbolista” – GENTE Online
 

“Lo que dicen de mí me divierte, pero sólo soy un futbolista”

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Escuchame, Javier. Estuve pensando y quiero hacer un cambio en el equipo. No sé si te va a gustar, pero ya lo tengo decidido.

–¿Qué cambio, papá?
–No vas a ser más delantero. A partir de ahora, vas a jugar de 5.

–¡¿Cómo que de 5?! ¡Papá, no, por favor!
–No es un capricho. Me parece que, por tus características, podés rendir más en ese puesto.

–No, no... No tengo ni idea de cómo jugar de volante central.
–Ya está definido, Javier. Te voy a explicar un par de cositas, nada más. El resto lo tenés vos. Vas a ver.

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Aquella noche, durante la cena en la casa de los Mascherano, un pibe estaba encontrando su destino. Porque papá Oscar –entrenador de la categoría ’84 de Defensores de Barrio Vila– le acababa de comunicar a su hijo (a sus doce años, baluarte del equipo) que se olvidara de ser delantero. “Y eso que tenía condiciones para jugar arriba, ligerito como una flecha y muy encarador. Pero Javi sobresalía por otra cosa: garra, tenacidad, sed de triunfo. Y un liderazgo nato. Aunque fuera mi hijo, el benjamín de la familia, yo tenía que actuar como director técnico. Y pensar en el bien del equipo. Por eso lo puse de 5. Y ahí se quedó para siempre, je”, recuerda Oscar, ex jugador de Newell’s y Argentino de Rosario, aunque nunca llegó a Primera.

Sebastián (37), el primer hijo que tuvo con Chiche –maravillosa señora que no querrá confesar su nombre de pila porque, dice, es feo–, también salió futbolista. Pero no pudo llegar lejos y ahora atiende un bar. Al año vino Natalia (36). Tiempo después, Javier Alejandro (30), un enamorado de la pelota desde su más tiernísima edad. “Desde chiquito nomás ya decía que quería ser futbolista. Su único juguete siempre fue la pelota; no quería otro”, recuerda Chiche en la misma casa del barrio Alem, en San Lorenzo (a 25 kilómetros del centro de Rosario). Nadie se atrevería a desconfiar de su palabra. Transcurrido el Mundial de Brasil, la descomunal actuación de Mascherano –llena de coraje y pasión– le valió el cariño de todos. Una verdadera “maschemanía”, que no escapó a su propia ciudad.

El miércoles 16 de julio, el hijo pródigo de San Lorenzo fue ovacionado por cientos de coterráneos, que se agolparon en la puerta de la Municipalidad para verlo, tratar de tocarlo y, de ser posible, sacarse una foto con él. “Agradezco mucho todo el cariño y las cosas que dijeron de mí. Debo reconocer que con algunas me divertí mucho. Pero sólo soy un jugador de fútbol y quiero seguir así”, aseguró Javier, siempre cultor del bajo perfil. Mascherano tira el centro y cabecea. Mascherano negocia con los Fondos Buitres y trae el vuelto. Mascherano es ídolo gane o pierda, aun en estos desconcertantes tiempos de riguroso exitismo.

“Lo más importante es lo que le transmitimos a la gente. Todos fueron creyendo al compás nuestro. Llegamos a la final... No se pudo... No ponemos excusas”, decía Javier, siempre custodiado por los amores de su vida: Lola (8) y Alma (6), las hijas que tanto lo extrañaron durante esta larga aventura mundialista. Muy cerca, Fernanda sonreía paciente ante el acoso incesante hacia su marido: “Estoy súper orgullosa de él. Y del equipo, que siempre se manejó con humildad y muy unido. Javier estaba un poco triste después de la final, por no haber podido lograr el gran sueño. Pero todos dejaron el alma... ¿Cómo vivimos todo lo que se generó con su persona? Bien, tranquilos. Somos gente humilde, de perfil bajo, y Javier no va a cambiar nunca”.

Hay un cartel en la entrada a la ciudad, que reza: “Nuestro mayor orgullo, ¡gracias, Javier!”. También una pantalla gigante, colgada sobre la avenida, que entre publicidad y publicidad revive los mejores momentos de Masche en el Mundial. El intendente, Leonardo Raimundo, lo nombró Ciudadano Destacado y le entregó la distinción frente a su pueblo. Si Sergio Goycochea quedó marcado como héroe luego de Italia ’90 (y desató pasiones similares), éste es el turno de Javier. Pero él, líder al fin, no se olvida de su socio en la Selección y en Barcelona. Y si alguien se atreve a criticar a Leo Messi (vaya combo de ingratitud y desconcierto), Masche es el primero que planta bandera para defenderlo. “Messi le dio más al equipo de lo que el equipo le dio a él. En un momento cambiamos la estrategia de juego y Leo resultó el más perjudicado. Sin él, llegar a la final hubiese sido imposible”, afirmó.

“Javier es un ídolo, pero desde hace rato. No nos olvidemos que ganó dos medallas de oro olímpicas, algo inédito. Esta es una ciudad luchadora, histórica, la ciudad donde José de San Martín, en el mítico convento, libró su único combate en suelo argentino. Y nos enorgullece mucho que sea un sanlorencino más. Ese mensaje de solidaridad que Javier muestra cuando entra a una cancha de fútbol –en contraposición al individualismo egoísta– es muy destacable”, opinaba el intendente Raimundo, con ancha sonrisa. Aquel pibe del club Defensores de Barrio Vila, que según su mamá “cuando no está jugando es otra persona, porque es callado, tranquilo”, pasó por Renato Cesarini (club rosarino formador de cracks), luego fue a River Plate y, aun antes de debutar en la Primera del Millonario, lo hizo en la Selección mayor. Marcelo Bielsa se la jugó por él, con 19 años recién cumplidos. Queda claro: el Loco no se equivocó un ápice. En 2005 comenzó su periplo en el exterior que, tras pasar por Brasil e Inglaterra, lo depositó en Barcelona. Un carrerón, que le dicen... “Javier dejó de lado muchísimas cosas en su adolescencia y juventud para ser futbolista profesional. Siempre lo tuvo clarito... ¿Viste cómo alentó a Romero antes de los penales, contra Holanda? Bueno, eso se lo vi hacer en todas las definiciones, con once o doce años, apuntalando al arquero de turno. Nunca insultó a un compañero. Y nunca me preguntó por qué, a veces, lo ponía en el banco. Ya lo dijo Pep Guardiola: ‘Javier, como jugador y como persona, lo tiene todo’”, se emociona papá Oscar, técnico químico de profesión.

Es que Mascherano le desata la vincha a Rambo, les arregla el casamiento a Romeo y Julieta y nos revela, en animada charla de café, de qué se ríe la Gioconda. Y además de ganar dos oros olímpicos, la Champions, el Mundial de Clubes, y de este subcampeonato brillante, nos regala un imperecedero póster para la pieza: Masche heroico hasta el final, más Cabral que San Martín, en su batalla por enseñarnos a ser cada vez más solidarios.

Inolvidable postal del 16 de julio: Javier, acompañado por sus hijas Lola (8) y Alma (6), con toda la multitud a sus espaldas. El pago chico se paralizó para recibir a su hijo pródigo.

Inolvidable postal del 16 de julio: Javier, acompañado por sus hijas Lola (8) y Alma (6), con toda la multitud a sus espaldas. El pago chico se paralizó para recibir a su hijo pródigo.

Oscar y Chiche, los padres de la criatura, posando con sus trofeos.

Oscar y Chiche, los padres de la criatura, posando con sus trofeos.

El intendente, Leonardo Raimundo, lo reconoció como Ciudadano Destacado.

El intendente, Leonardo Raimundo, lo reconoció como Ciudadano Destacado.

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