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La historia detrás de la primera foto del coronavirus que circula en Argentina

La historia detrás de la primera foto del coronavirus que circula en Argentina

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“Ví a nuestro enemigo”, así lo asegura Adrián Lewis, el jefe del Servicio de Microscopía Electrónica del Instituto ANLIS Malbrán que tomó la imagen y que actualmente está trabajando en una nueva técnica de diagnóstico.

“Vi a nuestro enemigo de repente, mientras operaba el microscopio”, cuenta el bioquímico.

“Estos últimos días fueron cualquier cosa menos normales”, admite Adrián Lewis (52), el bioquímico que tomó la única foto que existe del coronavirus que está circulando en el territorio argentino. Él, que vive en Palermo junto a su mujer y sus cuatro hijos, lo cuenta desde el laboratorio de Barracas donde se desempeña como jefe del Servicio de Microscopía Electrónica del Instituto ANLIS Malbrán, sitio emblemático donde trabaja desde hace treinta y dos años.

–Muchos dicen que le pusiste cara a un enemigo invisible. ¿Vos lo sentís así?

–Sí. O sea, yo estoy acostumbrado a sacar fotografías de virus, porque lo hacemos todo el tiempo, pero ésta tuvo un efecto muy particular en todos. Primero en mí, porque fui el único que lo vio de repente mientras estaba operando el microscopio, y después en todos los que fueron viendo el registro fotográfico digital. Sin dudas, los que están trabajando en el tema fueron los que tuvieron la reacción más fuerte, porque era algo que querían ver y les emocionó poder hacerlo.

–¿Quién fue la primera persona a quien se la mostraste?

–A mi compañero de laboratorio y a dos personas de la Facultad de Medicina, donde sacamos la foto. Después, la foto se hizo viral muy rápido, incluso antes de que el Ministerio de Salud la distribuyera.

–¿Es la foto más famosa que hayas sacado?

–Sin duda. ¡Lejos!

“En la Ciudad de Buenos Aires hay sólo dos microscopios electrónicos: el del Malbrán y el de la Facultad de Medicina. Y como el nuestro está en reparación, la foto se tomó en la UBA”, cuenta Lewis.

–¿A quién pertenece la muestra?

–No tengo los datos del paciente inicial, pero sé qué era una muestra positiva proveniente del Chaco.

–¿Llevabas muchos días tratando de obtener la imagen?

–En realidad, la foto fue un efecto colateral del trabajo que estábamos realizando. Veníamos tratando de cuantificar la cantidad de virus que había en el resultado de un ensayo de aislamiento viral y de cultivos celulares. Contar partículas virales a bajo aumento es como contar pelotitas. Y como el microscopio electrónico tiene la posibilidad de aumentar mucho más, lo hicimos: lo aumentamos 250.000 veces y ahí salió la foto, que está bastante nítida.

–¿Pudieron terminar la cuantificación?

–Sí, y estamos muy contentos con el resultado, porque el sistema celular que se estaba probando fue muy exitoso. El virus replica muy bien ahí. En este momento estamos trabajando con la gente del Servicio de Virus Respiratorio (N. de la R.: El centro de referencia para el diagnóstico de coronavirus en Argentina) en la puesta a punto de técnicas diagnósticas que se basan en infectar células de mono con el virus en el laboratorio de bioseguridad de nivel 3, y viene funcionando muy bien.

–Para explicárselo a la gente, ¿qué es exactamente lo que acaban de conseguir?

–¿Vieron los diagnósticos rápidos que se empezaron a utilizar en la Argentina? Bueno, la técnica que estamos poniendo a punto tiene el mismo objetivo: estudiar los anticuerpos que desarrollamos cuando nos ponemos en contacto con el virus. Pero esta técnica tiene mejor desempeño que la que se viene utilizando. De todos modos, como es nueva, hay que ponerla a punto y conocer exactamente cuál es su sensibilidad y especificidad.

“La Argentina viene destacándose en el concierto de países de Sudamérica”, sostiene el padre de familia que cursó toda su carrera –primaria, secundaria y terciaria– en escuelas públicas.

–¿Cuánto tiempo lleva eso?

–Hay que realizar ensayos con muestras de varios pacientes. Estamos trabajando mucho en forma conjunta, porque prácticamente todo el mundo está haciendo lo mismo en simultáneo, y eso favorece que la cosa sea un poco más rápida: uno puede utilizar en parte los resultados que obtienen los demás países.

–¿Hay algún país que tengamos más en referencia que otro?

–En este momento el mundo está funcionando como un todo, pero obviamente son los países que tienen más recursos y están más avanzados los que generan más resultados.

–¿En tu área cuál es el próximo objetivo?

–Seguir colaborando con la puesta a punto, con el desarrollo de técnicas de diagnóstico y, eventualmente, si existe la posibilidad, con técnicas terapéuticas.

–¿Y la vacuna?

–El tema con la vacuna es que si algún país logra tener éxito, va a ser muy difícil que se logre distribuirla a todo el mundo en la cantidad y con la rapidez necesarias. Entonces, cuanto más avanzado esté cada país en ganar experiencia, más factible va a ser replicar eso, y eventualmente producir vacunas.

–¿En cuánto tiempo pensás que la tendremos?

–El desarrollo puede llegar a tardar un año, o un poco más. Y suponiendo que la vacuna que empezaron a probar ahora en Inglaterra funcione bien, calculo que ellos, de acá a fin de año y con los mejores pronósticos, tendrían dosis para cubrir solamente su país. El resto del mundo es otra cosa.

–Queda claro que tenemos una larga lucha por delante. ¿Tenés esperanza?

–¡Claro que sí! No hay ninguna duda de que esto va a pasar. Pero cuando suceda, el mundo ya no va a ser como era.

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