Ahora leyendo
Le regalaron un número histórico de GENTE al Papa, y los llamó por teléfono: “En épocas de catástrofes como éstas, es cuando los pueblos sacan lo mejor y lo peor de sí mismos”

Le regalaron un número histórico de GENTE al Papa, y los llamó por teléfono: “En épocas de catástrofes como éstas, es cuando los pueblos sacan lo mejor y lo peor de sí mismos”

Leo Ibáñez

Fue la familia Patiño, que viajó a Roma para pedirle una bendición por sus dos décadas de matrimonio. Carla, fanática de GENTE, le acercó a través de un guardia la edición de su asunción como Sumo Pontífice, en 2013. El último jueves, en plena cuarentena, Francisco los llamó a Arroyo Seco, Santa Fe, para agradecerles.

Claudio, Alba, Virginia y Carla, en la audiencia del miércoles 29 de enero de 2020.

“Fue el jueves 26 de marzo a las dos de la tarde”, puntualizan Carla Nebbia y Claudio Patiño al mismo tiempo. Y casi como si fuera ensayado (o porque se conocen bastante, aparte de sumar los mismos 47 años), empiezan a contar los detalles de una especie de milagro: que el Papa (83) los llamara por teléfono a su casa de Arroyo Seco, treinta kilómetros distante de Rosario, Santa Fe…

La salida del Sumo Pontífice del Aula Pablo VI.

Arranca él (Lilu, para sus conocidos): “Cumplíamos dos décadas de casados y soñábamos con recibir una bendición de Francisco. Habíamos conseguido la invitación para asistir a su audiencia del miércoles 29 de enero, y fuimos en familia, con los chicas (Alba Paz, de 13 años, y Virginia Luz, de 18). Mi mujer, que es fanática de GENTE y suele guardar sus tapas históricas, le llevó la de su asunción, en 2013, anhelando que se la firmara y dedicara, para reintegrarla a su colección”, le cede la palabra a ella, Coki (tal su apodo lugareño).

Como Carla (Coqui) no pudo acercarse al Papa, le dio la GENTE a un guardia, para que se le hiciera llegar.

“Debido a que llovía, la audiencia se concretó adentro de un salón (el Aula Pablo VI) y no en la Plaza de San Pedro, donde es costumbre… Apenas ingresamos supimos, por la cantidad de personas, que nos resultaría imposible acceder a Jorge Bergoglio. Al terminar me acerqué al sector en el que finalizaba su recorrido, para intentar acercarle mi GENTE, pero no llegué. A cambio, un guardia me ofreció hacerlo. Dudé y se lo dije: ‘¿Vos estás seguro de que se la vas a entregar a Francisco? ¡Porque yo amo a esta revista!’. ‘… Ma, signora’, me respondió entre simpático y confiable. Veloz de reflejos, mi esposo me recomendó dejarle un mensaje y un teléfono. Lo hice en marcador indeleble, sumé nuestra dirección y la entregué. ‘Pero, ¿estás seguro…?’, pretendí repetirle mis dudas al custodio. ‘¡¡¡Sig-no-ra!!!’, la tomó y partió”.

El número de GENTE de hace siete años, con el saludo y la dedicatoria de los Patiño.

… Y pasaron casi dos meses.

Retorna a la actualidad Lilu: “El bendito último jueves, mientras cumplíamos la cuarentena en casa, me sonó al celular un número privado. Yo no suelo responder, ya que por lo general se trata de alguna tarjeta o banco. Sin embargo -y ahora sé por qué-, apreté el Ok. ‘Hola, ¿me comuniqué con el celular de la familia Patiño?’ ‘Sí, ¿quién es?’, dudé. ‘No me cortes, por favor, que no es una broma: Te habla el papa Francisco… ¿Ustedes me dejaron una revista GENTE en el Vaticano hace más o menos un mes y medio?’ ‘¡Sí!’. Mi mujer, que estaba amasando una pastafrola, puso los ojos redondos, suspiró asombrada y… a partir de ahí tuvimos un ida y vuelta de 6:03 minutos que aún nos tiene alborotados y emocionados, ¿verdad, querida?”.

Parte de la colección de revistas que atesora Coqui en Arroyo Seco, a 30 kilómetros de Rosario.

Coki toma la posta: “Y cómo… Le pedimos permiso para poner el altavoz, y hablamos sobre un montón de cosas, incluso de la pandemia del Covid-19. Ahí lanzó una de sus frases clarificadoras: ‘En épocas de catástrofes como éstas, es cuando los pueblos sacan lo mejor y lo peor de sí mismos’. Y añadió: ‘Creo que a partir de ahora, entre todos, juntos, vamos a reconstruir cosas muy lindas’. Entonces lo ponderamos, rió, le presentamos a las nenas, le agradecimos, comentó que nos mandó una carta y hasta nos acercó una bendición para Arroyo Seco. También señaló que ‘dejarme esta revista es mejor que dejarme un plato de oro. Se nota que vos la apreciás mucho, así que más adelante te la voy a devolver’, me anticipó. En ese momento morí de felicidad… Menos mal que nuestras hijas estuvieron rápidas y grabaron todo. Porque al instante, acá la historia se viralizó más rápido que cualquier coronavirus. El llamado del Papa argentino nosotros lo tomamos como un mensaje de amor, esperanza y oración en medio de los duros tiempos que corren”, entiende.

Puede interesarte
Una postal familiar en la entrada de su casa.

Tras la audiencia, en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

“Fue el jueves 26 de marzo a las dos de la tarde”, repiten Carla y Claudio. “Un día, una hora y 6:03 minutos que los Patiño jamás olvidaremos.”

Fotos: Cortesía álbum familiar

Ir Arriba