“Le esquivé a la muerte porque sé pelear” – GENTE Online
 

“Le esquivé a la muerte porque sé pelear”

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Tantas veces lo golpearon, tantas veces se puso de pie. Cuando boxeaba,
cuando dentro de un cuadrilátero punteaba con el jab y pegaba todo lo
duro que su mano y su alma se lo permitían. Y después, cuando los días de la
euforia pasaron a ser los días en los que recordaba la euforia. Y a principios
del año pasado, cuando se estrelló con su auto. Y a finales del 2004, el 21 de
septiembre, cuando un accidente cerebrovascular afectó su tronco
encefálico y se derrumbó en el gimnasio del "Bocha" Martinetti, donde
había conseguido trabajo hacía poco, bien poco.
Pero como contra Leo Cruz, la sexta defensa -que fue la última-, llegando hasta
el 15º round y aguantando el aluvión, derrotado pero de pie, Palma volvió desde
el fondo de sí mismo para jurarse que esta vez tampoco se iba a quedar allí
abajo, tendido, el cuerpo muerto o dormido. "Los médicos me dijeron que sólo
el 2 por ciento de quienes padecen algo así pueden sobrevivir
", dice Palma,
la mano temblona y quebradiza sobre la mesita de un cuarto algo barroco y lleno
de libros, en su casa del Once. "Sólo el dos por ciento", repite y hace
un dos con los dedos frágiles, él, que fue la mano más dura en la época en que
para llegar había que tener de verdad la mano bien dura. Tantas veces lo
golpearon. Tantas veces se puso de pie.

Sergio Víctor Palma se coronó campeón del mundo Pluma AMB el 9 de
agosto de 1980, cuando en el quinto round, con el público de Spokane
-estado de Washington, en la Costa Oeste de los Estados Unidos- como testigo,
derribó para siempre a Leo Randolph. Hizo seis defensas y con eso le alcanzó
para ganarse un lugar en la historia del boxeo argentino. Pegaba fuerte, era un
duro. Por eso algunos no entendieron bien de dónde le venían la suave prosa y
los poemas que comenzó a escribir después.

Ahora, sereno y sonriente, vacilante cuando intenta caminar, apoyado en un
bastón rústico, los ojos casi transparentes, la cara ancha y redonda, Palma
lagrimea. Frente a él, dos diccionarios y una Biblia. Después, la charla: "Toda
la vida me acompañó la necesidad de ser comprendido. Por eso estos libros,
porque me ayudan a decir correctamente las cosas, es decir, a que me comprendan
mejor
".

-¿Quiénes?
-El mundo.

-¿Sos un purista idiomático?
-No, ni soñando. No es una cuestión de pureza, sino de entendimiento. Cuando
Monzón decía "estea" o "haiga" todos se reían de él. Pero en ese caso estaba
bien dicho, porque el hombre era orgulloso y seguía hablando como hablaba su
gente.

-¿Por qué estás vivo?
-Porque sé pelear, por el trabajo del equipo médico del Instituto Güemes y
porque Dios así lo quiere.

-¿Tuviste miedo de morir?
-Entre perder una pelea y morir, a los boxeadores siempre nos queda más
cerca morir, así que te imaginarás… El mundo, además, está lleno de muerte, de
muerte inútil, absurda. La mayoría de la gente se muere de una enfermedad que se
cura con un sánguche de mortadela.

-¿El hambre es el combustible del boxeo?
-No, jamás. Eso es una mentira. Que el boxeador boxea por hambre es una
respuesta fácil pero falsa, como la que da el nene que quiere a su mamá porque
es la más buena del mundo. ¿Acaso hizo una evaluación de la bondad de todas las
madres del mundo? No, pero así explica su amor. Con el boxeador pasa lo mismo:
el hambre le sirve para explicar su amor por el combate.

-En el boxeo, en la vida, frente a una situación terminal, ¿es posible
aprender a perder?
-La pelea más importante de mi vida fue una pelea que perdí. Era mi primera
pelea por un título del mundo, en Colombia. Todo el tiempo supe que iba ganando,
pero también sabía que la pelea se la iban a dar a mi rival. Cuando terminó,
supe que le iban a levantar a él la mano, pero también supe que yo era el nuevo
campeón del mundo. Sucedió tal como yo creía. Y entonces aprendí a creer en mí.

La casa de Palma es un departamento sin mucha luz natural, en el primer piso de
un complejo de pehaches sobre la avenida Rivadavia, a pocas cuadras de Plaza
Once. En el living hay algunas guitarras que Palma está lejísimos de poder
tocar. En el cuarto, especie de estudio/escritorio/sala de reflexión, hay
cadenitas y todo es muy parecido a un santuario. Palma va y viene de un llanto
que nunca termina de explotar. Se emociona cuando defiende a Tyson.

-Pero fue un violador…
-Y lo condeno, pero creció en un mundo donde las cosas que se desean hay que
ir y tomarlas. Y cuando no se pueden tomar, hay que romper aquello que impide
tomarlas. Su manager, después que Tyson atacó a aquella mujer, le puso un
revólver en la sien y le dijo: "Mike, vuelves a hacerlo y te mato". ¿Y qué pasó?
La empresa que lo manejaba echó al manager. Mensaje: "Sigue violando Mike, sigue
violando".

-¿Qué queda ahora para vos?
-Seguir para adelante. Soy columnista de boxeo en el programa de radio de
Marcelo Tinelli, y de a poco voy a ir volviendo.

-¿A enseñar boxeo?
-Entre otras cosas.

Con el mate en la mano, una pasión que jamás abandonó, en <i>Dulce condena</i>, el<br />
programa de radio que conduce Marcelo Tinelli, donde tiene una columna de box<br />
todos los martes (izquierda). Con los guantes puestos, hoy dice: “<i>Entre perder<br />
una pelea y morir, a los boxeadores siempre nos queda más cerca morir</i>”. Junto a<br />
Liliana Puertas, la mujer que lo acompaña y le da fuerzas desde hace 27 años.

Con el mate en la mano, una pasión que jamás abandonó, en Dulce condena, el
programa de radio que conduce Marcelo Tinelli, donde tiene una columna de box
todos los martes (izquierda). Con los guantes puestos, hoy dice: “Entre perder
una pelea y morir, a los boxeadores siempre nos queda más cerca morir
”. Junto a
Liliana Puertas, la mujer que lo acompaña y le da fuerzas desde hace 27 años.

En su casa de Once, con la guitarra que lo acompañó en sus incursiones musicales, y que hoy puede tocar a duras penas.

En su casa de Once, con la guitarra que lo acompañó en sus incursiones musicales, y que hoy puede tocar a duras penas.

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