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Las plegarias que invoca el Papa Francisco para rogar por el fin del coronavirus

Las plegarias que invoca el Papa Francisco para rogar por el fin del coronavirus

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El Sumo Pontífice salió del Vaticano el domingo 15 y veneró la imagen de la Virgen, bajo la advocación Salus Populi Romani, en Santa Maria Maggiore. Luego, en San Marcello al Corso, rezó ante el crucifijo que salvó a Roma de la peste.

El papa Francisco frente al crucifijo milagroso de la iglesia de San Marcello al Corso, que salvó a Roma de la peste

El pasado 15 de marzo –tercer domingo de Cuaresma– el papa Francisco dejó la sede pontificia en privado –según informa el director de la Sala de Prensa del Vaticano– y visitó la Basílica de Santa Maria Maggiore, para dirigir una oración a la Virgen, Salus Populi Romani, cuyo ícono es custodiado y venerado allí. Después, haciendo un tramo de la Via del Corso a pie, como en procesión, el Santo Padre llegó a la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el crucifijo milagroso que en 1522 fue llevado por los barrios de la ciudad para acabar con la Gran Peste que azotaba a Roma. Con su oración, el Santo Padre invocó el fin de la pandemia que golpea a Italia y al mundo, imploró la curación de tantos enfermos, recordó a las muchas víctimas de estos días y pidió que sus familiares y amigos encuentren consuelo y alivio. Su intención también fue por los trabajadores de la salud, médicos, enfermeras y todos aquellos que en estos días, con su trabajo, garantizan el funcionamiento de la sociedad.

SALMO 39: SÚPLICA CONFIADA

Yo me callo, no me atrevo a abrir la boca,
porque eres Tú quien hizo todo esto.
Aparta de mí tus golpes:
¡me consumo bajo el peso de tu mano!
Tú corriges a los hombres,
castigando sus culpas;
carcomes como la polilla sus tesoros:
un soplo, nada más, es todo hombre.
Escucha, Señor, mi oración;
presta oído a mi clamor;
no seas insensible a mi llanto,
porque soy un huésped en tu casa,
un peregrino, lo mismo que mis padres.
No me mires con enojo,
para que pueda alegrarme,
antes que me vaya y ya no exista más.

ORACIÓN DE DAVID ANTE LA PLAGA

Y David dijo a Yahvé: “Yo fui quien ordenó hacer el censo del pueblo. Yo fui quien pequé; yo cometí el mal; pero estas ovejas ¿qué culpa tienen? Oh Yahvé, Dios mío, caiga tu mano sobre mí, y sobre la familia de mi padre, pero que no haya plaga en tu pueblo”.

Imploró la curación de tantos enfermos, recordó a las muchas víctimas de estos días y pidió que sus familiares y amigos encuentren consuelo y alivio

SALMO 93: SÚPLICA ANTE EL PELIGRO

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: “Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío”.
Él te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.
Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.

Francisco tiene fe y súplica porque se encuentre la cura de esta pandemia

SALMO 6: SÚPLICA DE UN ENFERMO GRAVE

Señor, no me reprendas por tu enojo
ni me castigues por tu indignación.
Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas;
sáname, porque mis huesos se estremecen.
Mi alma está atormentada,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo…?
Vuélvete, Señor, rescata mi vida,
sálvame por tu misericordia,
porque en la Muerte nadie se acuerda de ti,
¿y quién podrá alabarte en el Abismo?
Estoy agotado de tanto gemir:
cada noche empapo mi lecho con llanto,
inundo de lágrimas mi cama.
Mis ojos están extenuados por el pesar
y envejecidos a causa de la opresión.
Apártense de mí todos los malvados,
porque el Señor ha oído mis sollozos.
El Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi plegaria.

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SÚPLICA DE JEREMÍAS

¡Sáname, Señor, y quedaré sano,
sálvame y estaré a salvo,
porque tú eres mi alabanza!
Mira cómo me dicen:
“¿Dónde está la palabra del Señor?¡Que se cumpla!”.
Pero yo no te instigué a mandar una desgracia
ni he deseado el día irreparable.
Tú lo sabes: lo que salía de mi boca
está patente delante de tu rostro.
No seas para mí un motivo de terror,
tú, mi refugio en el día de la desgracia.
¡Que se avergüencen mis perseguidores, y no yo;
que se aterroricen ellos, y no yo!
Atrae sobre ellos un día de desgracia,
quiébralos con un doble quebranto.

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