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“Las mujeres inteligentes no me tienen envidia”

“Las mujeres inteligentes no me tienen envidia”

Redacción Gente

Mucho se dice de Florencia de la V. Mucho se miente. Mucho es verdadero. Esta
vez, en la intimidad de su camarín, ella misma hablará de su persona y de su
personaje. Sin maquillaje, se muestra dispuesta a desplumar a la vedette que -a
los 28 años- acaba de debutar sobre los escenarios de la calle Corrientes con
Diferente, la nueva obra de Gerardo Sofovich.

Primero, se mira de reojo al espejo para acomodarse el pelo. Después, clava sus
ojos negros en el grabador para asegurarse de que -de ahora en más- todo lo que
diga podrá ser utilizado en su contra. O a su favor, claro.

-¿Se acuerda cómo y cuándo debutó?
-¡Pero qué pregunta más íntima! (Enseguida, apoya el dedo índice en su mejilla
derecha, al estilo Mirtha Legrand, y bromea: “Se lo digo o no se lo digo…”.)
Bueno te lo voy a contar y con lujo de detalles…

-Entonces, la escucho.
-Fue hace siete años atrás, cuando mi amigo Ernesto Medela, que trabajaba con
Carlos Rottemberg, me dijo que necesitaban a alguien para reemplazar a Cris Miro
en el Teatro Tabaris. Me maquillé, me peiné, me puse un tailleur gris muy
delicado, y fui. Carlos me probó y quedé. La obra se llamaba Más pinas que las
gallutas, pero te juro que si me ofrecían hacer Bananas en pijamas también
aceptaba. Eran tiempos en los que necesitaba trabajar. El debut fue genial: la
primera noche me di cuenta de que mi vocación era actuar. Después, me llegó la
televisión.

-Su segundo amor.
-Mi gran amor. Empecé de movilera para el programa de Georgina Barbarosa, en
Villa Carlos Paz. Ahí descubrí que la gente se reía cada vez más con mis
absurdos. No sólo encontré mi veta, entonces también aprendí a desdramatizar mi
vida.

-¿Cuánto trabajo le lleva cuidar su imagen?
-Hay días en que me puedo producir en veinte minutos y otros en los que tardo
dos horas. Siempre me preocupé por mi estética y por estar arregladita. Una vez
leí que Cindy Crawford decía: “Una mujer no puede salir a ningún lado sin su
peluquero y su maquilladora
“, y a esas palabras yo las tomé al pie de la letra.
Ahora no salgo a ningún lado sin estar maquillada por Maby Autino y peinada por
Joaquín Person, mis manos mágicas.

-Una duda, ¿le teme al paso del tiempo?
-No, lo que más miedo me da es que me agarre una obsesión el día de mañana por
las cirugías, y que me empiece a deformar. Me da miedo pasar por el quirófano.

-¿Qué le pasa a sus manos cuando cocina, lava y plancha?
-Ahora, por suerte, tengo una señora que me ayuda con todas esas cosas. No de
diva que soy, sino porque trabajo tanto que no estoy nunca en casa. Igual, jamás
se me cayeron ni se me van a caer los anillos por hacer las tareas hogareñas.

-Pero reconoce que abandonó su rol de ama de casa.
-Ni loca. Las compras del super, las sigo haciendo yo. No soporto que me roben:
recorro todas las góndolas comparando precios y calidad. Soy muy observadora y
obsesiva.

-¿Pero las divas no van al supermercado?
-Yo, en el escenario, soy una diva, pero en mi casa no uso bata de seda, ni
plumas, ni tacos, ni maquillaje. Igual es lindo que la gente se crea que ando
producida todo el día; los artistas somos grandes vendedores de fantasías.

-¿Y qué clase de fantasías vende Florencia de la V?
-Muchas. Las mujeres son las que más fantasías tienen conmigo, hasta me dicen
piropos por la calle. Las mujeres inteligentes no me tienen envidia. A ellas les
gusta mucho mi humor y glamour. Es increíble, muchas me celan porque no tengo un
gramo de celulitis. Y muchas otras me preguntan qué hago para estar tan bien.
Quieren saber todos mis secretos y cuidados…

-Tomo nota, entonces…
-Como no tengo tiempo de cocinarme comida sana, estoy contratando las viandas
que te manda el doctor Cormillot. Hago una dieta de cuatro ingestas diarias que
traen un caldo diet, una ensalada y un plato principal.

-¿Se analiza?
-Sí, desde hace dos años. El año pasado iba dos veces por semana. Ahora, voy
cuando lo necesito. Yo no soy adicta al diván.

-¿Y a qué es adicta?
-A los zapatos, a las carteras y a las películas románticas que te hacen llorar.

-¿Qué otras cosas la hacen llorar?
-La ausencia de mi mamá. En los momentos importantes necesito estar cerca de
ella, abrazarla, hablarle. Pero no me llego a deprimir, yo creo mucho en la
terapia de la risa y enseguida apuesto a la buena onda.

A Florencia no le han dado cualquier camarín. Detrás del escenario del Lola
Membrives, por un pasillo largo que conduce a cinco cuartos, la primera puerta a
la izquierda es la suya. Allí, en el mayor de todos, se encuentran sus seis
pares de zapatos, sus siete trajes, su frasco de Angel (su perfume favorito),
sus portarretratos y todos sus santos. Que no está en cualquier camarín,
decíamos, porque ahí mismo se producía una de sus máximas ídolas, Susana Giménez,
cuando hacía Molly Brown.

-Su es una grande -afirma.
-¿Quién más?
-La Legrand, desde ya. Y no me hagas hablar porque después el resto se ofende.

-¿Se refiere a Moria?
-Sí. Prefiero no hablar de ella.

-Con los santos que la rodean no creo que le lleguen las malas energías.
-Nunca tuve mala onda con ella, al contrario. No sé qué le pasó. Pero sí, me
gusta sentirme protegida por santos y vírgenes. Tengo imágenes de la Virgen del
Rosario, de la Virgen de San Nicolás, de la Virgen Desatanudos, de San Expedito
y otros tantos. No bien entro a mi camarín, enciendo velas, pongo flores…

-¿Y qué otras cosas hace en la intimidad de su camarín?
-En el trabajo me gusta sentirme tan cómoda como en casa. Por eso, acá recibo
amigos, ando descalza y hasta hago el amor. Con la puerta cerrada, claro.

-¿Cómo le caen las críticas? Recibió un par en estos días…
-Estoy cansada de que me ataquen por mi sexualidad, pero por suerte se ve que es
lo único que tienen para decirme. Lo cual habla muy bien de mí como artista.

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-¿Qué ve cuando se queda sola frente al espejo?
-Un ser que a los 28 años tocó el cielo con las manos. Porque yo nunca me
imaginé viviendo este éxito. Estoy al lado del hombre que quiero, rodeada de mis
amigos de siempre y también de mi familia. En lo artístico estoy en Los Roldan,
el programa más visto de la televisión argentina y encabezando en la calle
Corrientes Diferente, la obra que Gerardo Sofovich armó para mí.

-¿Cómo es hoy la relación con su familia?
-Cuando empecé, me alejé de todos para protegerlos. De a poco, nos fuimos
acercando otra vez. Hoy, mi vida son mis amigos, mi papá, mi hermano, mis
sobrinos y las primas con las que me crié.

Entonces, Florencia de la V se mira al espejo y vuelve a sonreír. Le avisan que
Mirtha Legrand esta en el teatro, entonces se emociona. Se pone más perfume, se
persigna, y antes de salir a escena confiesa su cábala: “No creo en brujas ni en
malas ondas, pero por las dudas antes de pisar las tablas me pongo una
bombachita roja”.

-¿Le funciona?
-¡Y cómo!

El público la aplaude de pie, le dice piropos, le regala estampitas, le pide autógrafos. Y el teatro entero la ovaciona cuando baja las escaleras, con su gran capa de plumas blancas, al mejor estilo Nélida Lobato.

El público la aplaude de pie, le dice piropos, le regala estampitas, le pide autógrafos. Y el teatro entero la ovaciona cuando baja las escaleras, con su gran capa de plumas blancas, al mejor estilo Nélida Lobato.

En su camarín tiene estampitas, fotos, flores y velas blancas para la buena onda.

En su camarín tiene estampitas, fotos, flores y velas blancas para la buena onda.

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