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Las escalofriantes imágenes de la destrucción del fondo marino por la depredación pesquera: basura y estrellas de mar muertas

Las escalofriantes imágenes de la destrucción del fondo marino por la depredación pesquera: basura y estrellas de mar muertas

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Fotos y video que impactan: suelos desérticos en lugar de miles de peces, campos de esponjas y arrecifes de coral. Los primeros testigos argentinos de la devastación del lecho del océano Atlántico Sur llegaron al Agujero Azul –en el límite de la zona económica exclusiva de nuestro país– y lanzaron drones submarinos desde el buque Esperanza, de Greenpeace, en su expedición por la protección de los océanos. Martín Brogger, investigador adjunto del CONICET, señaló: “junto a los bosques del Amazonas, son los ambientes más perjudicados, pero como el fondo marino no se ve, para muchos esta destrucción es invisible”

Basura y estrellas de mar muertas en el fondo del mar, muy cerca de nuestra zona económica exclusiva. Foto: Greenpeace.

Imágenes captadas por un dron submarino muestran la dramática escena del suelo oceánico, donde existe un evidente desequilibrio en el ambiente, similar a un bosque arrasado después del desmonte. Estrellas de mar muertas, un suelo desértico y basura se observa donde debía haber especies marinas, campos de esponjas y arrecifes coral. Hasta allí llegó el investigador adjunto del CONICET Martín Brogger, a bordo del buque Esperanza de Greenpeace. Según Luisina Vueso, coordinadora de la campaña de océanos de la organización ecologista, “la responsabilidad recae sobre la práctica de la pesca de arrastre, una de las más nocivas, ya que actúa como una topadora sobre el fondo marino. Utilizan redes del tamaño aproximadamente de una cancha de fútbol, de entre 60 a 100 metros de ancho y más de 200 de largo, con cadenas pesadas que arrasan indiscriminadamente con toda la flora y fauna que se encuentra en su recorrido”. 

Un camposanto de estrellas marinas. Foto: Greenpeace
El lanzamiento del dron submarino desde el Esperanza, el buque de Greenpeace. Foto: Greenpeace/Cristóbal Olivares.

Por otro lado, Brogger señaló que “mientras podemos identificar claramente la destrucción de lo que se encuentra sobre la superficie, como con la deforestación o los incendios en Amazonas,  entre los ambientes más afectados se encuentran los fondos marinos, perjudicados principalmente por la pesca de arrastre. Pero estos no se ven, y como no los vemos, son invisibles para muchos. Es por eso que el objetivo principal de la campaña científica a bordo del buque Esperanza durante esta etapa de la expedición es el reconocimiento de los fondos marinos afectados por la sobrepesca en la región del Agujero Azul”.

El científico del CONICET, Martín Brogger, observa el resultado de la expedición. Foto: Greenpeace/Cristóbal Olivares.
La pantalla donde el científico del CONICET, Martín Brogger, realizó sus observaciones. Foto: Greenpeace/Cristóbal Olivares.

El Agujero Azul, lugar codiciado por la industria pesquera de países como China, España, Corea del Sur y Taiwán, se encuentra amenazado por la intensidad de la actividad establecida desde hace ya 50 años. Actualmente, más de 400 buques al año llegan a esta zona para operar como depredadores insaciables del hogar de animales amenazados y en peligro de extinción que se instalan allí también para alimentarse y que se ven forzados a convivir con los buques pesqueros.

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El lecho marino tiene huellas de las pesadas cadenas con que los pesqueros hacen arrastre. Foto: Greenpeace.
Un pez solitario en el fondo del mar destruido. Una imagen que debería cambiar para salvar a nuestra especie. Foto: Greenpeace.

“Con frecuencia las flotas aquí presentes incurren en actividades no reguladas e incluso en ocasiones llegan a cruzar los límites de la zona económica exclusiva (ZEE) para pescar ilegalmente” detalló Vueso y afirmó que “evidenciar lo que ocurre aquí junto con el trabajo de documentación científica nos permitirá mostrar la falta de control y regulación de las aguas internacionales, lo que le permite a las pesqueras saquear el océano y vulnerar su biodiversidad. Solo el 1% de los océanos globales está protegido y los gobiernos en la ONU tiene la oportunidad histórica de cambiarlo y proteger al menos el 30% de los océanos para 2030”.  

Video: Greenpeace/Axel Indik

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