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Las chicas quieren lola

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"Quiero tener más de cien, doctor". La frase, dicha en los consultorios de los cirujanos plásticos más famosos de Buenos Aires, se repite una y otra vez. Ya no alcanzan esos ideales 90 centímetros (acompañados de un 60 de cintura y otro 90 de cadera) que lucían las diosas en su extrema perfección física. Ahora, en este 2002 que se termina, las nuevas bombas sexy del mundo fashion y de la tevé quieren ser "pulposas al extremo".
El escote debe desbordar, las curvas deben ser definitivamente peligrosas, el escote no puede pasar inadvertido desde ningún punto de vista.
Ahora, las chicas van por más: quieren 95, 100, todas piden medidas de "pechochas". La seducción, para muchas argentinas, pasa por unas lolas que harían morir de envidia a la mismísima Maria Grazia Cucinotta y que antes sólo podían verse en los teatros de revista (¿qué harán las vedette con esta nueva e inesperada competencia?). Las que no se animan a recurrir al bisturí, buscan corpiños con siliconas, rellenos, almohadillas, aros que levanten, aros que junten. La idea es una sola: tener mucho y mostrarlo sin ruborizarse.

¿No estarán exagerando las nuevas diosas de nuestras pampas? ¿Para el hombre argentino es sexy una mujer exageradamente pulposa? La onda viene fuerte y habrá que ponerle el pecho. A no achicarse ahora.

LA PRECURSORA. Estados Unidos fue el primer país en implementar las prótesis mamarias como receta estética. Pamela Anderson -canadiense de nacimiento, americana por adopción- fue una de las primeras en hacer uso (y abuso) de sus ventajas a la hora de seducir. Ella, responsable de la onda "chica Baywatch", expuso e impuso sus curvas por todo el mundo, contagiando así las ganas de pasar por el bisturí tanto a americanas como a extranjeras. Tarde o temprano, el huracán Pamela pasaría por Baires. Y llegó. Los 90 fueron la década de las siliconas: las que tenían poco o habían perdido el volumen y forma se animaron a hacérselas. Ahora, en 2002, la onda es otra: "Quiero más lolas, que se noten bien", piden las chicas. Un ejemplo concreto, de carne, hueso y otro tanto de plástico, es el de Verónica Manso (20 años, mediática participante del programa Confianza ciega), quien le exigió a su cirujano: "Quiero verme pulposa y que se note bien la diferencia". Hoy, un año después, se confiesa fe liz por la decisión: "Antes de tener lolas la gente me veía como una chica llamativa. Ahora, los hombres me ven como una mujer sexy, con personalidad. Hoy las modelos nos caracterizamos por tener más carne, más curvas. Las flacas ya fueron". ¿Sus curvas? 95-60-90, en 1,70 metro de altura y 54 kilos de peso.

¿SE VIENEN LAS PULPOSAS? Para el cirujano plástico Manuel Sarrabayrouse (jefe de cirugía estética del Hospital Italiano, docente de la UBA y miembro titular de la Asociación de Cirujanos Plásticos), sí se vienen las pulposas: "No sólo cada vez son más las que se animan a agrandar el volumen de sus pechos, sino también aumentó la cantidad de mujeres que piden medidas más exuberantes. Hoy la moda pasa por ser flaca, pero con grandes mamas, como el modelo físico de las norteamericanas", confirma.

Luciana Salazar, la nueva bebota del programa de Guillermo Francella, no escapa a esta tendencia. Con 23 años, 1,65 de altura, 41 kilos y 90-53-88 de medidas, quiso ir por más. "Tengo mucha cola y pocas lolas", se quejó frente al cirujano, que aceptó agregarle 5 centímetros más de busto. "Cuando mi mamá me vio, se puso a llorar. Dice que tengo el cuerpo demasiado chiquito para tanta lola. Me encanta como queda, hoy no tengo ningún complejo con mi cuerpo. ¿Qué me dicen los hombres? Imaginate, mi novio me dejó porque no toleraba que me acosaran debido a mi nuevo escote de 95".

MUJER SEXUAL. Provocar más que insinuar. Ir de frente y al frente sin demasiadas vueltas. Esa es la consigna. "La mujer argentina le perdió el miedo a la cirugía de lolas porque la ayuda a valorarse más, a disfrutar mucho más de su sensualidad y sexualidad", asegura el cirujano plástico Carlos Elías. Aunque él lo mantenga bajo el más absoluto secreto profesional, se sabe que por sus manos pasaron varias top como Araceli González y Flavia Palmiero. "Me las hice después de darle de mamar a Tomás. Me puse 95, lo mismo que tenía antes de tener al bebé. Me faltaba ese touch, hoy me siento completita, mis lolas quedaron bien", confesó la actriz y ¿ex? mujer de Suar luego de operarse.

Según Flavia, la operación la hizo sentirse una mujer muy sexy otra vez: "Las siliconas protegen mi corazón", dice riendo mientras luce su nuevo y generoso escote. "Quería volver a tener las formas que tuve antes de tener a mis hijos y me gustan los escotes voluminosos, pero no me puse más de lo que la naturaleza me había dado años atrás", asegura. Nancy Dupláa eligió al cirujano Horacio López Carlone: ella no estaba contenta con su busto después de tener a Luca y se lo hizo saber. Ya casada con Pablo Echarri (y sin recordar quizá que sin lolas voluminosas había conquistado al hombre más deseado de la Argentina) se operó. Su nueva figura la muestra sexy y llamativa: "Estoy feliz, me veo mucho mejor", reconoció.

Graciela Alfano, operada hace muchos años, decidió en el 2001 ponerse un poquito más. Los 90 que tenía no la satisfacían. Sobre el escenario del teatro hoy luce su exuberante delantera. A ella no le importó estar entre las más sexy, ni ser considerada una bomba ni tener un físico de diosa antes de decidirse a pasar por el quirófano: quería más de 95. Y lo logró. Los escotes de sus vestidos de antaño, obviamente, le quedan chicos.

Pamela David (santiagueña, 24 años, la que cautivó a los televidentes desde el reality El Bar) también se confiesa: "Me las hice hace cuatro años para verme mejor. Hoy me siento más segura, con más personalidad. Con esta operación todas buscamos sentirnos mejor anímicamente, más mujeres, más sexy". Y son pocos los que pueden resistirse a esta morocha de mirada verde y medidas vertiginosas (93-63-93 marca el centímetro sobre su piel). "¿Si me quedó mucho? Para nada, a mí me encantan. Y a los hombres también", asegura.

¿LOLA O COLA? Las estadísticas indican que las argentinas piden reducción de cola (lipoaspiración en caderas y glúteos) y aumento de busto. "Las mujeres siempre quieren soluciones rápidas -asegura el personal trainer Claudio Borges-. Sin embargo, saben que con ejercicios, la cola puede tener solución, en cambio las lolas no. Con trabajos localizados se consigue levantar y tonificar los glúteos; en cambio, por más que trabajen los pectorales jamás podrán endurecer el busto. Creo que principalmente por eso, ellas solucionan en el quirófano lo que la naturaleza no les dio".

Las chicas aseguran: "Si sólo tenés una buena cola, es una lástima no mejorar tus medidas agregándote busto -reflexiona Luciana Salazar-. Hay varias medidas de prótesis, obviamente no me puse mucho (¡!), pero como ya tenía, ahora llamo mucho más la atención".

Para Pamela, los hombres se fijan más en la cola que en las lolas cuando miran a una mujer. "Eso sí, si tenés poco busto después te vienen con eso de que más que una novia sos como un amigo…", se queja entre risas. Manso, por su lado, dice que para seducir vale todo: "Tener buena cola y buenas lolas es importante, pero el conjunto es lo que en realidad los termina conquistando".

EL PRECIO DE LA FAMA. Así, fueron juntando Silvina Luna y Karina Jelinek para conseguir las lolas soñadas. Hoy la prótesis mamaria cuesta entre 600 y 2.000 dólares (todas son importadas), y a eso hay que sumarle el costo de la operación (entre 3.000 y 6.000 dólares, según la fama y el currículum del cirujano). "Nunca me alcanzaba la plata. Y aunque me agarró el aumento del dólar, me las hice igual para cumplir con mi sueño. Yo siento que llamo más la atención ahora; además me encanta jugar a ser una chica sexy. Las flacas no van más, la onda Baywatch está instaladísima y cada día son más las que quieren tener buenas curvas", afirma Luna. ¿Sus números? 22 años, 52 kilos, 1,70 metro de altura y 95-60-90 de curvas.

Con sólo 17 años, Jelinek, la morocha 2001 de GENTE, se agregó cinco centímetros de busto. Se operó en su Córdoba natal y con el consentimiento de sus padres. "Ellos me dijeron: 'Si querés, hacételas, pero la plata te la juntás vos solita'. Entonces todos los meses iba ahorrando en un chanchito la platita para hacerme las lolitas", cuenta. Hoy, cuatro años después, y con 92-61-92 de medidas, asegura: "Tener más lolas me permitió conseguir más trabajo porque, no nos engañemos, yo vivo de mi imagen. Además -reconoce- me encanta que me miren. ¿Tengo mucho? Para mí está bien, pero la idea es esa: que se noten".

MEDIDAS EXTREMAS.
Muchas no buscan la armonía del cuerpo, sino el volumen y la abundancia. "Yo no les aconsejo ponerse demasiado busto; la idea es que las lolas queden acordes al cuerpo de la paciente. Depende de su espalda, de su altura, de sus caderas, de todo. Pero los gustos cambian y hoy algunas no le dan tanta importancia a la estética: piden más porque quieren mostrar, seducir, y eso es lo que les encanta", comenta la cirujana Mónica Milito.

¿Por qué esté plagio a la Anderson? ¿Moda exagerada? ¿Una manera menos sutil a la hora de seducir? ¿Pura competencia femenina? Más de 95 quieren todas. Al parecer, por tener (mucho) pasa la cuestión. Las chicas de hoy, sin dudas, van al frente.

por Mariana Montini y Pablo Procopio
fotos: Santiago Turienzo. Asistente: Diego Soldini
producción: Sofía Delger
(agradecemos a Class Life, Cocot, Ricky Sarkany y a Marina, que peinó para Roberto Giordano)

Hace sólo tres meses se agregó  5 centímetros de lolas. Tiene 23 años, y hoy sus medidas son 95-53-88. Cuando mi mamá me vio, se puso a llorar", cuenta la nueva bebota de Francella.">

Hace sólo tres meses se agregó 5 centímetros de lolas. Tiene 23 años, y hoy sus medidas son 95-53-88. "Cuando mi mamá me vio, se puso a llorar", cuenta la nueva bebota de Francella.

Tiene 21 años y  92-61-92 de curvas. Tener lolas me permitió conseguir más trabajo. Además me encanta que me miren".">

Tiene 21 años y 92-61-92 de curvas. "Tener lolas me permitió conseguir más trabajo. Además me encanta que me miren".

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