“Las argentinas son las mujeres que más se exigen en el mundo” – GENTE Online
 

“Las argentinas son las mujeres que más se exigen en el mundo”

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¿Mi talento…? ¿Quieres saber cuál es? Creo que mi mayor talento es la capacidad que tengo para hacer reír y llorar a las personas. También lo tengo para expresar las alegrías y las tristezas. Sí, ése es. Si tuviera que presentarme lo haría con un monólogo, con algo para decir. La comunicación es algo natural en mí…

–¿Y qué dirías?
–Que me llamo Catherine Fulop y que, aunque trabaje en la televisión, me siento tan mujer como cualquier otra. Que tengo mis complejos y mis inseguridades como todas, chica.

–¡Al fin una diosa que se humaniza!
–Sí, yo hice teatro de revista y jugué a la vedette, pero siempre tuve los pies muy puestos sobre la tierra. Por eso, cuando me tocó interpretar Educando a Rita en el teatro me puse muy contenta: fue la forma que tuve de mostrar a la actriz y descansar un poco de ser la mujer sexy. Durante años me pusieron el rótulo de sex symbol. Luego, pasó lo de la enfermedad y la muerte de mi papá… Y no quise seguir en ese lugar: todo me estaba pasando por dentro y no por fuera. Entonces, me relajé con el tema del cuerpo, del ejercicio, de la comida, que para mí son una forma de vida. Porque me encanta tener la cola parada, pero más allá de eso, me importa cuidar mi salud. Cuestión, me olvidé del físico y subí unos cuatro, cinco kilos.

–¿¡Dónde…!?
–Acá (se toca la panza), acá (se señala la cola), acá (se agarra el muslo de la pierna derecha), en todos lados. Cuando te digo que me relajé es porque me relajé. Había pasado tres veranos sin descanso y lo de mi papá me paralizó. Como no tenía la exigencia de mostrar mi físico ni nada, creo que canalicé todo por ahí. Si no fuera por la exposición y la presión del medio estaría feliz con mi pancita, pero tengo que mantener estos 22 años de carrera…

–¿Acaso te ves gorda?
–Gorda no, sólo algo pulposa….

–¿Eso está mal?
–Según para quién. La exigencia por estar flaca y todo el rollo de la celulitis son cuestiones muy femeninas. Los hombres prefieren tener de dónde agarrarse, pasa que nosotras no los queremos escuchar.

–Quizá tu marido no sea el mejor ejemplo: Ova da la impresión de ser tanto o más fanático de la estética que vos…
–Para nada. Le gusta cuidarse y no puede estar sin hacer ejercicios. Pero está feliz con el cuerpo que tengo hoy; es más, ya me pidió que no baje ni un solo gramo. El dice que así le gusto mucho más.

–¿Entonces qué pasa: las argentinas estamos para el diván…?
–Ja, ja, ja, ja… Pasa que hoy las mujeres nos preocupamos más por agradar al resto de las mujeres que a los hombres. Ojalá estuviéramos de moda las pulposas, pero la verdad es que hoy se impone el estar flaca, estilizada: si eres piel y hueso, ¡mejor!

–Y así terminó Karina Jelinek, desmayada en un estudio de televisión.
–No conozco su caso ni lo justifico, pero lo entiendo. Hoy el medio vende eso… Y aunque pocos lo reconozcan, la gente en la calle es muy cruel. El otro día escuché a un señor que le decía a su mujer: “¿Viste que no era gorda?”. Hablaban de mí. La señora, obviamente, en algún momento mencionó mis curvas…

–¿No tenés miedo de que todas esas obsesiones influyan en tus dos hijas?
–Claro, es muy complicado el tema, más cuando entran en la pre-adolescencia. Pero lo importante es el ejemplo, lo que tú muestras y dices en tu casa: yo soy relajada, me cuido porque me gusta llevar una vida sana y porque trato de mantenerme bien, de que el espejo me devuelva una imagen bonita. En casa no se come nada diet ni light, sino sano: barras de cereal para sentir energía, tomo mis batidos de proteínas y busco, en lo posible, comprar comida orgánica. Pero comer como, y muchísimo. Yo no digo que esté gorda para la vida, estoy pulposa para lo que es este medio, tan-tan-tan exigente con la imagen.

–Se viene el slogan: “Juventud a cualquier precio”.
–Totalmente. Ya no importa si hay exceso de bisturí o de photoshop, lo importante es verte joven. Todas buscan la excelencia y encima las revistas y la televisión venden fantasías… Es duro, pero todas le tememos a la vejez. Darte cuenta de que ya ves menos, encontrarte esos pocitos en las piernas, las patitas de gallo… Quiero envejecer con dignidad, ¡el problema es que no tengo muy en claro cómo se hace! Ja, ja, ja…

–Pero sabés cómo no hay que hacer, tenés varios ejemplos...
–Sí, incluidos los míos. Porque la primera vez que me puse botox en la frente casi me muero, era un espanto, no era yo, era otra mujer: no tenía expresión, parecía un muñeco de cera… un horror. Ahora me pongo apenas, muy poquito, alrededor de los ojos, para quitar las arrugas, pero nada más. Los años pasan para todas. A los 20, salía en las fotos siempre bella. Ahora, en cambio, tengo mis lados buenos y mis lados… ja,ja,ja,ja... No hay escapatoria: después de los 40 hay que cuidarse más, nadie zafa.

–¿Tenés 42…?
–Así es. Y a esta edad te cambia el metabolismo, la piel, todo. Ahora mismo ando con mis hormonas alborotadas.

–¿Apareció el primer fantasma de la menopausia?
–No, yo estoy asesorada permanentemente por mi clínico, mi ginecólogo, mi dermatóloga, que son todos muy buenos profesionales. Me han hecho todo tipo de análisis, hasta de sangre y sí, los estudios han dado que ahora tengo todas mis hormonas alborotadas, y por eso estoy haciendo catarsis…

–Hasta no hace mucho estabas buscando otro hijo…
–¡Ay, no, por favor! Ya no. Ahora quiero disfrutar de mi pareja, estamos en otra etapa. Así, con Ova y las dos chicas, estamos muy bien; ya no necesitamos agrandar la familia. La catarsis viene por un lado más sensible, donde todo me emociona: cuando veo subir a un participante mayor, viejito, al escenario de Talento argentino, se me caen las lágrimas pensando que ese hombre podría ser mi papá. Lloro por todo. Estoy viviendo un desgaste emocional impresionante. En el programa podría ponerme en el lugar de profesional experta, pero la verdad es que nunca me la creí ni me la quiero creer. Ahora me tocó el rol de jurado, pero trato de evaluar como espectadora.

–Te critican por ser demasiado piadosa…
–Sí, a veces siento que me falta un poco de fuerza a la hora de condenar cuando algo no me gusta. Me cuesta hacerlo…

–¿No querés caer mal o tenés miedo de herir?
–Creo que hay un poco de las dos cosas. No me gusta caer mal: mi trabajo se basa en agradar al otro. Y no soportaría cargar con la culpa de hacerle mal a alguien. Además, ves con las ganas y la ilusión que llegan, que no los podés dañar.

–¿De quién heredaste tanta exigencia?
–Supongo que de Cleopatra, mamá, que es una santa: huérfana, criada en un orfanato, seis hijos que cuidar y criar sin mucho dinero para gastar, fue una excelente madre, una adorable esposa, una amiga ideal, un ejemplo de mujer. Bah, lo sigue siendo. De ella me contagié también el ser servicial, atenta con la gente, solidaria… Incluso copio esas cosas que antes odiaba de mi madre, como eso de llegar a casas ajenas y ponerse a fregar. Me acuerdo que, muerta de vergüenza, le decía: “Mamá, aquí no, por favor; hay servicio”. Y ella contestaba: “¿Y, qué hay? Soy la misma”. Bueno, ahora, cuando me invitan a comer, no puedo evitar el levantarme a recoger la mesa.

–Habrás conquistado a tus suegros con eso…
–¿Cómo lo sabes…? Creo que a mi suegra me la gané lavando los platos de la primera comida. Supuso que iba a consentir al nene tanto como ella. Y no se equivocó. Sin ir más lejos, mi mucama el otro día me dijo: “Yo nunca vi una pareja así, ¿ustedes nunca pelean?”.

–¿Y es cierto?
–¡Pero claro que sí! Tenemos nuestras diferencias, por supuesto, no te voy a mentir. Incluso hemos pasado nuestras crisis. Pero siempre, antes de herirnos, antes de levantar la voz, respiramos profundo y nos callamos. Preferimos esperar a que llegue un mejor momento para hablarlo. Hay mucho amor entre nosotros, mucha lucha por ser mejores. Si tuviera que volver a elegir un hombre para compartir mi vida, volvería a elegir a Ova.

–Dicen que mejor malo conocido, que bueno por conocer…
–(Carcajadas) Pero no, ¡qué graciosa eres! No es por eso. De verdad, Ova es un hombre maravilloso, pero maravilloso. Yo siento que será para siempre el hombre de mi vida.

–¿Ni por la educación de las chicas discuten?
–A ver… Si las gordas quisieran seguir una carrera artística ahora, yo las apoyaría: Oriana, la de doce, canta lindísimo y toca muy bien el teclado, yo la veo música. Y Tiziana, que tiene nueve, estudia pintura y la veo como para artista plástica. Pero Ova ni quiere pensar todavía en eso; quiere que terminen el colegio.

–Quizás la experiencia al lado de Gaby, su hermana, le sirvió para ver que no está bueno quemar etapas, ¿no?
–Yo creo que Gaby fue quien quiso ser y lo disfrutó un montón. Algunos pensarán que por culpa del tenis perdió la adolescencia, pero yo sé bien, porque ella misma me lo ha dicho, que fue muy feliz en ese tiempo, que era su verdadera pasión. Pasa que Gaby es una persona muy introvertida, a la que le cuesta demostrar cuándo está triste y cuándo contenta. Yo la comprendo porque si alguna vez llegan a conocer a mi hija mayor, a Ori, verán que es igual. Cada día está más parecida a su tía. Siempre le digo que no pretendo que sea como yo, así de extrovertida, pero le pido, le ruego, que no se guarde las cosas. Porque por su personalidad y por el momento que está pasando, esta preadolescencia, contesta con monosílabos y debes adivinar de qué humor se ha levantado... Como mamá me exijo mucho y quiero estar presente. No me gustaría que se sintiera sola, que no viera que su madre la está acompañando.

–¿Lográs el diálogo?
–Cuesta, pero sí. En casa tratamos de cenar todos juntos y con Ova sacamos distintos temas de actualidad como para ir tanteando lo que piensan las chicas y, así, poder hablar de todo: sexo, drogas, alcohol, solidaridad, robos, cambios climáticos. Hacemos un buen zapping. No siempre tenemos un buen rating, ja, ja, ja, ja… A veces sólo logramos sacarle algún monosílabo, pero al menos lo intentamos.

–Como mujer, ¿no sentís la presión de tener que demostrar talento hasta en lo que no tenés…?
–¡Todo el tiempo! Como mujer, como profesional, como madre, como amiga, como amante, como todo, obvio. Y esa presión, creo, no la sienten las mujeres en general…sino en especial las argentinas. La mujer argentina es de las más exigentes, hasta con el look. Se exige tanto que, insólitamente, se produce –nos producimos, porque me incluyo– horas para parecer natural. Nos hacemos de todo pero la clave está en que no se note nada. La argentina no tiene paz: quiere estar depilada, peinada, con las manos hechas, los abdominales marcados, con los hijos bien educados, la casa ordenada y el marido bien atendido.

–Algunas hasta se hacen tiempo para amantes…
–¡Es verdad, las admiro! ¡Cuánta energía! Yo, por suerte, no necesito. Mi pareja se basa en la fidelidad y en el fantasear juntos: somos muy eróticos y nos encanta innovar. En una época, hasta nos íbamos a hoteles… Ahora intercambiamos experiencias con parejas amigas, hablamos mucho…

–¿Son swingers…?
–¿Swingers? ¿De esos que cambian parejas? ¡Ah, nooo!, ja, ja, ja ¡No, no, juro que... se me entendió mal!

–Se entendió perfecto.
–Me expresé mal, mejor dicho. Quise decir que con parejas amigas, que por ahí vienen a casa, sale el tema de cómo es la relación después de tanto tiempo juntos. Y nos damos consejos como: “cómprate tal libro que habla del sexo en el matrimonio” o “en tal local venden una ropa erótica”. Eso, nada más, consejitos, algo convencional, nada raro…

–Dijiste tener talento para hacer reír y llorar, pero todavía estoy esperando que me hagas llorar…
–Ah, no sé tú, pero yo recién lloré de la risa… O de los nervios por el momento que pasé por ser tan sincera… ¿Ves? Debería aprender de mi cuñada Gaby y mi hija Oriana: ¡debería aprender a callarme un poco de una buena vez…! (Carcajada…). Siempre digo que voy a hablar menos y termino traicionándome a mí misma… ¡Ya apaga ese maldito grabador!Divina por donde se la  mire y a los 42, la venezolana admite que hoy está pasando por un momento de extrema sensibilidad. “<i>Lloro por todo. Ver a la gente en el escenario de Talento... me conmueve</i>”, dice.

Divina por donde se la mire y a los 42, la venezolana admite que hoy está pasando por un momento de extrema sensibilidad. “Lloro por todo. Ver a la gente en el escenario de Talento... me conmueve”, dice.

“<i>La exigencia por estar flaca y todo el rollo de la celulitis son cuestiones muy femeninas. Los hombres prefieren tener de dónde agarrarse, pasa que nosotras no los queremos escuchar</i>”.

La exigencia por estar flaca y todo el rollo de la celulitis son cuestiones muy femeninas. Los hombres prefieren tener de dónde agarrarse, pasa que nosotras no los queremos escuchar”.

“<i>La mujer argentina se exige tanto que, insólitamente, se produce horas y horas para verse más natural. Se hace de todo, pero la clave está en que no se note nada</i>”.

La mujer argentina se exige tanto que, insólitamente, se produce horas y horas para verse más natural. Se hace de todo, pero la clave está en que no se note nada”.

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