“Las argentinas nos vestimos según el hombre que nos gusta” – GENTE Online
 

“Las argentinas nos vestimos según el hombre que nos gusta”

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Un celular. El símbolo (“el horrible símbolo”, dirá luego) de la Natalia Marisa Oreiro (30) modelo 2007/8 es ese aparatito, que esconde y no quiere mostrar. “Me lo dio mi hermana apenas empezamos a pergeñar nuestra línea de ropa. El primero que uso desde 1998, cuando tiré al mar montevideano el anterior. Era la época de Muñeca brava. Yo estaba en la playa; sonó y enloquecí. ‘¿Por qué alguien me tiene que encontrar acá?’, pensé. Y voló el aparato”, memora la uruguaya, jurando desconocer la marca del nuevo, afirmando que sólo sacó una foto para la pantallita (“La imagen de Buda”, puntualiza), admitiendo que suele olvidarlo y dejarlo sin batería (“Me cuelgo. Típico mío”, añade) y rehusándose a darle su número al periodista (“Antes muerta”, amenaza sonriendo). “Pero, ¿cómo te enteraste vos de que yo volví a usar un telefonito?”, consulta asombrada.

–Mentir, no le vamos a mentir, y antes de involucrar a nuestros informantes, optamos por preguntarle nosotros. Habrá sido fuerte su desafío con Las Oreiro como para aceptar enfrentar los prejuicios e incluso utilizar un celular, ¿verdad?
–¿Prejuicio? ¿Qué clase de prejuicio?

–Prejuicios del tipo “Uffff, la piba aprovecha su nombre conocido y saca su marca de ropa”. ¿Se entiende?
–Ocurre que yo jamás hago nada que no me guste o no sienta. Puedo equivocarme en las elecciones artísticas y personales, pero elijo con el corazón. Incluso, aunque doy una imagen de persona autosuficiente, me considero supervulnerable y suelo sentir que no voy a poder; me cuestiono. Esta es la historia más personal de todo lo que he hecho. Mi hermana y yo empezamos a estudiar Corte y Confección a los 16 y 12 años. Cosimos ropa que mi madre aún guarda. Cuando no había un mango, nuestros viejos (Mabel y Carlos) compraban tela y la vieja hacía el mantel, nuestros vestidos, las cortinas, engamaba la casa. Tampoco me subí a ofertas de líneas importantes para hacer Mengano by Natalia Oreiro. Deseaba generar algo especial, cumplir un viejo sueño de niña junto a Adriana, que le dedicó toda su vida al tema, trabajando como productora y estudiando Diseño de Indumentaria. De allí que, entre nuestra vocación, su conocimiento y mi experiencia diseñándome los modelos para actuar y cantar por el planeta, decidí lanzar un negocio propio de ropa. Antes contratamos a una empresa para organizarnos y partir de una base sólida. Hasta elegimos como local un viejo restaurante de Nicaragua 4780, a tres cuadras de la casa de mi hermana, a tres de la mía y a quince del taller, y lo restauramos. El celular resultaba necesario.

–Suena a una cuestión de responsabilidad.
–Tal cual. Ayer organizamos la fiesta de Fin de Año. Adri me emocionó: “Nunca olvidaré el día en que me llamaste, en 2005, para acercarme la propuesta”. A su lado, Sergio, el marido, agregó: “Y yo nunca olvidaré la cara que pusiste vos, amor, cuando Nati te llamó”. Hay 21 familias que dependen de nosotras. Si hay urgencias debo estar, deben encontrarme. El trabajo se multiplica y yo acostumbro a poner el cuerpo. La repercusión en casi tres meses nos sorprendió un montón.

–De ser necesario, si lo necesita, podríamos testificar y brindar pruebas a su favor. Mire (le mostramos la pantallita de una cámara pocket…).
–¡Epa! ¡¡Corte a la cintura!! ¡¡¡Pollera plato!!! ¡¡¡¡Un vestido nuestro!!!! ¿Quién es la chica que lo lleva puesto y posa sosteniendo un diploma de la primaria?

–Michelle, la ahijada de un servidor. Tras ingresar en su local dos semanas atrás, recorrió distintas tiendas de Palermo Viejo, regresó convencida y retiró el modelo en cuestión. Y aquí no existió especulación alguna. Ella escogió el diseño que más la impactó.
–¡Grande Michelle! Ocurre seguido. Los clientes pasan, observan, comparan e insisten. Incluso compran y retornan el mismo día por algo extra. Está bueno, porque importa mucho cómo te sentís adentro de la ropa. El del probador es un momento único y solitario. Te ves bien o te ves mal. No hay marca que cambie lo que te devuelve el espejo. Además, me sorprende la variedad de edades que nos compra. Desde adolescentes como tu ahijada a señoras mayores.

–También de anónimas a famosas. En su libro de visitas aparecen varios nombres notorios, halagando los diseños, léase Nacha Guevara, Cecilia Roth, Leticia Brédice, Mirta Busnelli y su hija Ana, Soledad Silveyra, Griselda Siciliani, Fernanda Callejón, Dalma Maradona, Claudia Villafañe. A las que podríamos sumarles las que lucieron sus modelos en distintos eventos, apúntese Pampita embarazada, Dolores Fonzi, Leonora Balcarce, Romina Ricci, Mónica Ayos y Dolores Barreiro.
–Vi a Emilia Attias, en un diario, con un vestido nuestro. Te lo cuento por si te sirve...

–¿Cómo sabe alguien, sin ver la etiqueta, que delante suyo hay un Las Oreiro?
–Supongo que por su estilo retro, ecléctico y sexy, y de tonos fuertes. No nos basamos en lo que se usa o lo que se vende, ya que lo que se usa y lo que se vende es la ropa sin ningún corte, que le queda a cualquiera, la cosa medio andrógina, y nosotros apostamos a las pinzas, los detalles, que quedan mejor o no dependiendo del tipo de cuerpo.

–Entre los 170 modelos que terminaron por conformar el muestrario de la temporada primavera-verano, ¿cuáles prefiere usted?
–Públicamente usé unos treinta, onda años 50’. Mi hermana opta por lo de los 20’, sobrios, elegantes. En lo personal, adoro los de color rojo y blanco.

–Nada de corpiño por debajo, ¿cierto?
–Aflojá, que la otra nota que me hiciste comenté eso, y al leerla me quería matar.

–Los hombres querían matar ratones. ¿No diga que le han querido husmear por arriba?
–Basta. Me da vergüenza el tema.

–¿Y hay vestidos de su marca que usó sin ropa interior inferior?
–Cortála. Es privado. Las mujeres nos vestimos según qué le atrae al hombre que nos gusta. Aunque nos quede feo (carcajada).

–¿Qué zona resalta usted y cuál resguarda al introducirse en un modelo?
–Eeeeeh... La cintura es lo que pretendo resaltar, pero mi hermana insiste en que destaque lo que yo siempre trato de ocultar: la cola. “¡No, que parece una manzana!”, le aviso. “¡Es lo que me interesa que parezca!”, me responde.

–¿Acaso no le suena a halago?
–Lógico. Si soy una mina con formas... Y me parece saludable. Aunque ahora no me cuido nada. Por lo general, me pongo las pilas para los personajes. Los actores somos raros.

–Disculpe, para su persona, para su cuerpo, ¿no se pone las pilas?
–Poco. Sin embargo, con el tiempo una va conociéndose y aceptándose.

–¿Alguna vez deseó poseer un cuerpo distinto?
–Claro. Quisiera medir 1,80 y lucir piernas de modelo, y como jamás lo conseguiría, sería frustrante. Ergo, me conformo con lo que me tocó. Pensándolo de manera detenida, las exponentes ideales de los diseñadores, las que por escasez de curvas no le generan defectos en su ropa, no me cierran. Y redoblo la jugada. Para mí, una dama sin curvas es como una carretera sin curvas: aburre. La dama debe tener forma de guitarra.

–A propósito, recuerde que su marido, Ricardo Mollo, es líder de Divididos y toca la guitarra. ¿Toca bien la…?
–Ningún “a propósito”. Nada de chistes. Mi marido opina, le gustan nuestras creaciones, me apoya, y punto. Igual, si fuéramos todos iguales, resultaría aburrido. Mírenme como a una chica común de 1,70 y 55 kilos, cuya imagen se magnifica en las revistas y en la televisión. No me vean tan glamorosa, che. El vestido que la otra semana me calcé en la superfiesta de GENTE pedí que lo hicieran sin cierre, para que no me marcara. Okay, cuando intenté quitármelo en el camarín, quedé atorada. Corrí durante quince minutos tratando de sacármelo sin caerme. De repente, descubrí en la pasarela de arriba a las bailarinas muertas de risa, despatarradas, mientras yo luchaba en bombacha. Con ése me puse bombacha, te confirmo. ¿De qué glamour me hablás?

–Parece que la divierte su flamante costado laboral. Confirme o rectifique algo que se escuchó saliendo de su boca: “Nació la empresaria, se acabó la actriz”.
–Rectifico. Lo mencioné en broma. Yo soy actriz y necesito actuar. En enero estrenaré La vida es posible. Aparte, planeo filmar un par de películas nacionales, encarnando a personajes dramáticos; para el cierre de 2008 arrancaré con una tira, que lanzaría en 2009; preparo el cuarto disco y proyecto sacar el libro fotográfico Flores de mi jardín. Estoy abierta a lo que la carrera me ofrezca. Cuanto más loca y complicada, menos segura y común sea la propuesta, mejor. Aunque juro que, por momentos, el afuera me abruma.

–¿Tanto lo padece?
–Antes soñaba con modificar el mundo. Ahora creo que a lo mejor puedo modificar un poco mi entorno. Guardo en el contestador automático montones de mensajes desde hace meses. Me angustia. Detesto parecer maleducada. Debería levantar el tubo, pero cuesta horrores. Trato de no hacerme cargo del deseo del otro, de que el afuera me atropelle. Antes lo tomaba con mayor inconsciencia. A partir de Tu veneno se intensificó la sensación de ahogo. Ni imaginás la presión desmedida que me provocó Sos mi vida. Por eso disfruto lo de la ropa. Ahí nadie esperaba nada.

–Menciona el verbo esperar, y muchos esperan la noticia del millón. ¿Sus planes 2008 incluyen la mediáticamente ansiada maternidad?
–Te aseguro que me encantaría convertirme en mamá. Supongo que la vida no me lo va a negar. Sucede que no sé cuándo. ¿Si adoptaría? Considero que sí. Pero no lo pongas de título, por favor. Lo que incluye sin dudas el futuro cercano, y agarráte por la primicia, son los diseños de Las Oreiro, que venimos preparando para la temporada otoño-invierno. “<i>Jamás hago algo que no me guste o que no sienta. Puedo equivocarme en las elecciones artísticas y personales, pero elijo con el corazón. De allí que decidí lanzar un negocio propio de ropa</i>”.

Jamás hago algo que no me guste o que no sienta. Puedo equivocarme en las elecciones artísticas y personales, pero elijo con el corazón. De allí que decidí lanzar un negocio propio de ropa”.

“<i>Mi hermana insiste en que destaque lo que yo siempre trato de ocultar: la cola. ‘¡No, que parece una manzana!’, le aviso. ‘¡Es lo que me interesa que parezca!’, me responde</i>”.

Mi hermana insiste en que destaque lo que yo siempre trato de ocultar: la cola. ‘¡No, que parece una manzana!’, le aviso. ‘¡Es lo que me interesa que parezca!’, me responde”.

“<i>El del probador es un momento único y solitario.  Te ves bien o te ves mal. No hay marca que cambie lo que  te devuelve el espejo</i>”.

El del probador es un momento único y solitario. Te ves bien o te ves mal. No hay marca que cambie lo que te devuelve el espejo”.

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