“Las argentinas nos hacemos las sexys liberadas, pero en el fondo sólo queremos un marido” – GENTE Online
 

“Las argentinas nos hacemos las sexys liberadas, pero en el fondo sólo queremos un marido”

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Florencia Peña, en el escenario: una prostituta. Florencia Peña, en la televisión: una ama de casa medio border. Florencia Peña, en la vida: esposa, madre, mujer popular y artista multifacética… Todo eso es, todo eso hace y todo eso es capaz de hacer. Encima, una tarde libre de domingo, esta nota.

Trae un bolso gigante sobre su hombro y nada de maquillaje. Lleva calzas negras, remera gris arratonada, zapatillas y el pelo sujeto con colita. “Agotada”, es lo primero que declara Florencia (31).

–¿Cuántas veces al día te dan ganas de patear el tablero?
–¡¿Qué sé yo?! Una, seguro. Hay momentos en los que me quiero pegar un cuetazo, pero por suerte siempre recapacito (carcajadas)… No es fácil estar en la mejor etapa de tu vida: mirame. ¿Vos pensarías que con esta facha yo soy una mujer feliz? Sin embargo, sí, pese a que de lunes a viernes grabo doce horas Casados con hijos, ensayo Sweet Charity diez horas los sábado y domingos, y todas las mañanas durante la semana, estoy disfrutando. Y no hablemos de las horas extras que hago en casa: como mamá (de Tomás, 3 años) y esposa (del músico de jazz Mariano Otero, 29).

–Con 25 años de carrera, ¿todavía no aprendiste a decir “no”?
–¿Sabés a todo lo que le dije “no”? Pero a esto no me podía negar. Este segundo año de Casados… era una revancha muy linda, muy graciosa y placentera, no me la pensaba perder. Y, como me lo anticipó mi manager, Daniel Grinbank, el papel de Charity era para mí.

–Una prostituta…

–Un musical increíble, de gran éxito en Broadway, que cuenta la historia de una prostituta que trabaja en un cabaret de mala muerte, pero que cree en el amor y sueña con que llegue el hombre que la enamore y la rescate. Shirley MacLaine se ganó un Oscar con esa película. ¿Sabés qué me atrajo de todo esto? Que es lo más arriesgado que hice en toda mi carrera: actúo, bailo y canto.

–¿Bien…?

–Me súper entrené, desde el año pasado tomo clases de baile y de canto. Yo le temo mucho a la mediocridad, no me expondría nunca a hacer algo para lo que no estuviera preparada.

–¿Qué opina tu marido músico de tu voz?
–Me importa mucho su opinión. Es más, me reta todo el tiempo: “¿Por qué hacés rulo ahí? ¡Pero andá directo a la nota!”, me dice, me ayuda. Su aprobación es re importante para mí. Es más, canto mejor gracias a él. Porque hay toda una cosa de seducción entre nosotros en ese momento, le encanta que cante bien. Y a mí, complacerlo.

–En el fondo, sos toda una Susanita...

–Soy cero Susanita, no tengo la familia perfectita. Pero las argentinas somos así: nos hacemos las sexys liberadas, pero en el fondo sólo queremos un marido que nos apruebe. Y está bien, porque eso es el amor.

–Vamos por partes: ¿por qué decís que no tenés la familia perfecta si estás casada y tenés un hijo?
–Porque no soy la madre modelo que está todo el día en su casa para complacer las necesidades de la familia. Tengo con mi hijo una relación muy libre en ese sentido. Tomás come cuando quiere, duerme cuando quiere. Sería una contradicción enorme estar exigiéndole horarios y rutinas cuando no la tenemos con Mariano.

–¿Duerme solo, por ejemplo?
–No, ¿ves? Y me importa un bledo. Todo el mundo te dice: “No te lo lleves a la cama” Y yo les pregunto: “¿Vos conocés un pibe de 20 años que todavía duerma con los viejos?” (carcajadas). Deja de j… ¡Mi marido durmió con los padres como hasta los 10 años y es un genio! Me tienen podrida esos que te dicen: “Dejalo llorar”. ¡Nooo, me muero! No le hago caso a ningún consejo, no sigo ninguna estrategia maternal. Si total, por alguna cosa u otra, van a terminar en el psicólogo criticándonos igual.

–Hiciste terapia, entiendo.

–Mucho tiempo. Necesité años de terapia y una cirugía de reducción de lolas para superar mi karma de sex symbol. Sentía que actoralmente estaba para más, pero con ese escote que tenía, ¡¿a quién le iba a importar?! Si no bien empecé en la tele me apodaron “la pechocha”… Estaba condenada al encasillamiento, pero me propuse salir de ahí. Y lo conseguí. De paso, claro, también hablé de la relación con mis viejos…

–Ahora explicame por favor lo de las sexys liberadas que sólo buscan marido.
–Es así. Nos encanta jugar a las come hombres, a las chicas independientes y cuando aparece un tipo que sabe cómo enamorarte, que te mira a los ojos y te dice: “yo te amo”, se nos cae automáticamente el personaje y terminamos rendidas a sus pies. En el fondo, todas soñamos con encontrar al hombre de nuestra vida, como Charity. O como Moni Argento, que muy a su pesar, muere por Pepe y Pepe por ella.

–¿Vos, encontraste el amor de tu vida?
–Sí, absolutamente. Sobre todo porque con Mariano me pasa algo que no había pasado con ningún otro hombre: con él aprendí que la pasión adolescente no dura toda una vida y que está bueno que así sea porque el amor se transforma y es maravilloso el lugar que empieza a ocupar. Yo siempre creí que si no existía la pasión del principio al fin, no servía. Y la pasión existe, de hecho con Mariano la tenemos, pero no es lo único importante: el amor tiene que ver con tantas otras cosas… Encontrar un compañero es muy difícil y cuando lo encontrás lo tenés que valorar.

–¿Y cómo lo cuidás?
–Lo que más hago por él, es demostrarle que estamos caminando juntos. Muchas veces, las parejas crecen a destiempo. Apoyarse en el crecimiento es fundamental. Yo siento que Mariano me potencia un montón, él saca lo mejor de mí. Nos admiramos mucho.

–¿Le molestó en algún momento que lo presentaran como al “marido de…”?
–Nooo, el apellido Otero siempre tuvo peso propio dentro del ambiente musical. Que yo sea su mujer es anecdótico. Pero cuando yo lo acompaño a La Trastienda soy “la mujer de Otero” y cuando él me acompaña es “el marido de Peña”. Se dio así. Igual, a ninguno nos molesta, sabemos bien lo que somos: unos excelentes compañeros de ruta, ni más ni menos.

–¿Por qué tu cambio de look?
–Porque me aburro. Estuve como un año teñida de rubia porque iba a hacer Hechizada y me cansó. El castaño, además, es mi color. Yo me siento morocha, tiene más que ver conmigo. Además, como siempre soy el centro de la fiesta y nunca paso desapercibida, el rubio era redundante.

–¿Y ahora, qué imagen te devuelve el espejo…?

–Hay días que me siento una bomba, que me llevo el mundo puesto. Otros, la mayoría, me veo horrible, fea con ganas. Si alguien me ve sexy, que quede claro: es muy a pesar mío. Tengo lolas, tengo cola y cuerpo armónico, lo reconozco. Pero mi fuerte es la desfachatez. Sólo una desfachatada como yo puede hacer un desnudo en la tele a quince días de haber parido. Hoy cuando me veo la busarda en esas escenas de Disputas, digo: ¡pero qué hija de p…! Nada, gracias a esos rollitos terminé ganándome un Martín Fierro… Para mí, la belleza es efímera.

–Sonás demasiado superada para tus 31 años…
–Como no quiero parecer mal educada, te lo voy a decir así: de verdad, a mí, todo me chupa una zanahoria. Y no hacerte drama por nada te ayuda a sobrevivir. De verdad, me muero si tengo que andar con una pose en la vida, no lo podría tolerar. Yo no voy a hacer ningún esfuerzo para parecer lo que no soy. ¿Qué es lo peor que me puede pasar? ¿Que alguien diga: “Peña es tonta, es fea, está gorda”? ¿Y…? Si ni siquiera le tengo medio al ridículo, ¿cuál es el problema?

–Bueno, reconocé que a muchas actrices sí les importa…
–Porque la mujer está ocupando un lugar demasiado estético: necesita estar todo el tiempo diosa, bella, perfecta. La sensación es: “me quedo arafue, me quedo arafue”, y entonces aparece la cirujeta, y más y más abdominales, el botox que te deja como gato de yeso y tantas cosas ridículas por no quedar fuera del mercado sexual. Cuando uno se siente muy seguro de lo que es, no tiene necesidad de demostrarle belleza a nadie. Y eso no significa que no me cuide, me pongo cremas en la cara desde hace dos años y como súper sano, sólo digo que no es lo esencial.

–¿Renegás de tu popularidad?

–¿Cómo voy a pelear contra eso? Sí noto que hay una tendencia a creer que lo popular no es bueno y que el talento es sólo para una elite. Yo no comparto. Para mí es un orgullo ser popular, significa que la gente me ve como a un par y no como a un fenómeno. En general, el hecho de que yo me ría de mí y ponga de manifiesto mis imperfecciones y me muestre como alguien absolutamente real, de carne y hueso, me convierte en un par. Lo más importante es que yo me siento y vivo como una persona real.

–Peña, confesá: algún divismo has de tener…

–Soy muy exigente conmigo. Por ende, soy muy exigente con el resto, pero no tengo pretensiones. De hecho soy cero ego: no guardo ni una grabación de todo lo que hecho, no tengo página web, ¡ni curriculum! El único que me la hace creer es Tomás: para mi hijo yo soy la mejor de todas. Pero dicen que incluso a él se le va a pasar… Por ahora, su papá y yo, somos sus únicos ídolos.

–¿Cuándo cayó de que eras famosa?
–No se si cayó. A él le resulta extraño que me saluden por la calle. “¿Quién es ese, má?”, me pregunta. “Un señor, Tomás, ¿no ves que es un señor?” ¿Qué le puedo decir?. Y lo peor es cuando lo saluden a él. “Chau Toto, Chau Toto”, le dicen. El pibe debe creer que vive en un barrio enorme, no entiende mucho todavía.

–¿Te animarías a ser mamá otra vez?
–Me encantaría volver a ser mamá, nos encantaría volver a ser padres, pero sabemos que no es el momento. Todo va a depender de Sweet Charity. Hoy, no podría abarcar más.

–Decime que te queda tiempo para estar a solas de vez en cuando con Otero…
–Bueno, hay noches que logramos pasar a Toto de cuarto y nos matamos. Pese a todo, nos hacemos nuestros tiempos: si yo estoy grabando, él me espera para comer. Si él está tocando, lo banco despierta hasta que vuelva. La máxima es cuando dejamos a Tomás con mis viejos o mis suegros y salimos solos: ahí vuelve la pasión adolescente...

Tiene 25 años de carrera y sigue renegando del divismo. “<i>El único que me la hace creer es Tomás, para mi hijo yo soy la mejor de todas. Pero dicen que incluso a él se le va a pasar…</i>”

Tiene 25 años de carrera y sigue renegando del divismo. “El único que me la hace creer es Tomás, para mi hijo yo soy la mejor de todas. Pero dicen que incluso a él se le va a pasar…

“<i>Necesité años de terapia y una cirugía de reducción de lolas para superar mi karma de  sex symbol. Sentía que estaba para más, pero con ese escote que tenía, ¡¿a quién le iba a importar?!</i>”

Necesité años de terapia y una cirugía de reducción de lolas para superar mi karma de sex symbol. Sentía que estaba para más, pero con ese escote que tenía, ¡¿a quién le iba a importar?!

“<i>Hay una tendencia a creer que lo popular no es bueno. Para mí es un orgullo ser popular, significa que la gente me ve como a uno de ellos y no como a un fenómeno</i>”

Hay una tendencia a creer que lo popular no es bueno. Para mí es un orgullo ser popular, significa que la gente me ve como a uno de ellos y no como a un fenómeno

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