“La vida me dio un palazo, pero yo logré levantarme” – GENTE Online
 

“La vida me dio un palazo, pero yo logré levantarme”

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Todo empezó con la ilusión de dos chicas que viajaban a España con su manager para trabajar como modelos durante una semana. La propuesta perfecta, las ganas de conocer un mundo nuevo, aparecer en fotos, publicidades. En fin, ser famosas. Todos los sueños quedaron truncos no bien pisaron el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, aquel “maldito 29 de octubre de 2006”. La Guardia Civil encontró 16,2 kilos de cocaína en cuatro de las seis valijas despachadas por los pasajeros. Un año y medio duró la pesadilla en la cárcel de Wad Ras para Belén Téllez (22) y Jessica Almada (22), las dos modelos argentinas. El 2 de abril pasado fueron absueltas por la Audiencia Provincial catalana y pudieron, por fin, regresar a su país. En cambio su manager, Alejandro Panno, dueño de las cuatro valijas en cuestión, fue condenado a once años de prisión por tráfico de drogas.

“Mi meta es ser actriz”, no se cansó de repetir Belén desde que llegó a Ezeiza. Tenía claro el objetivo. Y así empezó la parte feliz de la historia. Un mes después, entraba en Bailando por un sueño para reemplazar a la lesionada Natalia Fassi. Se ganó el cariño de la gente y fue convocada para el repechaje. Pero eso no fue todo. En septiembre reemplazó a Juana Repetto en la obra Una familia poco normal y firmó contrato con Gerardo Sofovich para la nueva temporada de La noche del domingo. ¿Algo más? ¡Ah, sí! El 7 de octubre Belén presenta su libro Ilusiones tras las rejas. Diario de una modelo. Y esas ilusiones rotas detrás de las rejas y ahora plasmadas en el papel son el tema de esta charla.

“¿Nerviosa? ¡Noooo! Cuando pienso en todo lo que pasé allá... ¡mirá si ahora me voy a poner nerviosa!”. Cuando dice “allá”, Belén se refiere a Wad Ras, donde se acostumbró a vivir en una celda para ocho personas, en cuchetas dobles o triples, con un solo baño, a levantarse a las 7.15 para esperar el relevo, de pie, con la cama tendida. Cuesta entender que todo lo diga con una sonrisa, sin rencores, con esa convicción de que todo lo malo que le podía pasar, aquello que ninguna chica criada en una familia tradicional de Palermo, tímida, callada, habría podido imaginar, “ya pasó”.

–¿Cómo surgió la idea del libro, Belén?
–En la cárcel empecé a escribir un diario, con las cosas que me pasaban, lo que sentía. Como un desahogo... Y cuando llegué acá y relataba lo que había vivido, muchos me decían: “Pero lo contás muy positivo… ¿No te pasó nada malo?”. Y sí, claro que me pasó: estuve un año y medio presa, pero yo siempre trato de rescatar lo bueno de las cosas. Así surgió la idea de publicar ese diario, que refleja las caídas y las levantadas que tuve en prisión.

–¿Hubo muchas caídas?
–Sí, claro. La peor fue cuando nos negaron la libertad, tras la vista (el período de instrucción de la causa), en marzo de 2007. Nosotras pensábamos que ya nos íbamos… Entonces, el agente judicial nos vino a decir que nos habían negado la libertad y caímos en que teníamos que esperar el juicio oral en la cárcel. Fue un bajonazo, pero lo superé con el apoyo de mi familia y de las chicas que conocí adentro. Me hice algunas amigas.

–¿Cómo fue el momento de tu detención?
–Cuando llegamos al aeropuerto pasamos el control de documentos y fuimos con Jessica al baño, mientras esperábamos una valija que venía demorada. Cuando volvimos, ya estaban los carros armados y agarramos las maletas. Pasamos el Control Aduanero y a Panno lo detienen. Nos dice: “Ustedes vayan, chicas”. Como teníamos la conciencia tranquila, nos quedamos esperándolo en el hall. A los diez minutos viene un guardia civil y nos pregunta: “Ustedes están con ese señor, ¿no? ¿Me pueden acompañar?”. Al entrar a una oficina, le pregunté a Panno qué estaba pasando. El contestó “nada”, pero el guardia civil dijo que en las valijas había droga. Revisan la mía y la de Jessica y se dan cuenta de que no tenemos nada. Uno de los guardias dice: “Ellas no tienen nada que ver”. Pero enseguida otro pregunta: “¿Quién es María Belén Téllez? Todas las valijas están a tu nombre… Y así quedamos “pegadas”. Nos llevaron a un calabozo en el aeropuerto. No entendíamos nada”.

–¿Enseguida te comunicaste con tu familia?
–No, eso fue un domingo y recién los pude llamar el martes, cuando nos llevaron a la cárcel. Primero respiraron, porque estaba viva. Ya habían hecho la denuncia en Missing Children y en Interpol. Era anormal que no llamara. Es lo primero que hago al viajar cuando llego.

–¿Nunca lloraste?
–En el teléfono, nunca… Si hubiera llorado, mis padres se habrían caído… Y yo los necesitaba enteros. Así nos manteníamos todos a flote.

–En el libro hablás sobre tu relación con Jessica. ¿Qué pasó con ella en la cárcel?
–Cuando llegamos, nos unimos mucho. Pero después no congeniamos del todo... Eran 24 horas juntas. La relación se desgastó. Somos diferentes. Jessica se hizo amiga de unas chicas y yo, de otras. En fin, nos distanciamos.

–¿Qué pensaste cuando te diste cuenta de que los guardias te llevaban a la cárcel?
–En el trayecto desde el aeropuerto hasta la cárcel me imaginé todas las películas juntas, lo peor. ¡Me moría de miedo! Los primeros días dormimos juntas con Jessica, con un ojo medio abierto. Teníamos miedo de que nos robaran, y de que nos violaran.

–¿Viviste algún hecho de violencia?
–Me enteré de que habían violado a una chica, por un tema de drogas. La encerraron en una celda y la agarraron entre tres para sacarle droga de la vagina. Pero yo nunca tuve problemas. Me di cuenta de que si no te metés con nadie, si no estás en temas de drogas, nadie se mete con vos. Sólo una vez me apuraron, en la fila para usar el teléfono. Una rumana me dijo: “Me dejás pasar o vas a ver lo que te va a pasar”. Y listo, la dejé, claro…

–Te acostumbraste a esos códigos…
–Nunca te acostumbrás a estar en prisión. Nunca pude dormir de corrido. Pero aprendí cómo funcionaba todo, cuáles eran los códigos. Lo que más me sorprendió fue la gente que encontré, re buena. Que hicieron cosas malas, pero eso no es lo que son como personas.

–¿Tus compañeras creyeron en tu inocencia?
–Al principio, creo que no. Todas las que entran dicen: “Yo no hice nada”. Cuando empezaron a conocerme y me escucharon hablar sobre mi familia, me creyeron.

–¿Te hiciste amigas en la cárcel?
–Sí, mis mejores amigas eran dos brasileñas y una nigeriana, que estaban por narcotráfico.

–Nunca te lo hubieras imaginado…
–No, claro. Pero aprendí que no hay que prejuzgar y sobre todo, a no hablar de los demás. Viví cosas que no mucha gente vive, y eso me ayudó a madurar.

–¡Pero Bailando por un sueño es el lugar perfecto para hablar de los demás!
–Sí, siempre te preguntan. ¿Pero por qué voy a hablar de los demás? Yo hablo de lo mío, nada más. No me gusta opinar de los demás, son malas costumbres.

–En tu diario contás tu cumpleaños en Wad Ras…
–Fue el 27 de noviembre; hacía 27 días que estaba presa. Jessica sabía, y les avisó a las chicas de la celda. Compraron palitos, papitas y gaseosas. A la noche comimos eso y me dieron una tarjeta. Tuve que llamar a mis papás para que me saludaran y me auto-regalé un chocolate. Pasé dos cumpleaños y dos Navidades adentro... Ahí adornan el lugar y festejan. Te dan una sopa horrible, ni Papá Noel ni nada. Sería mejor que pasaran como un día normal, porque es bastante patético.

–¿Nunca habías sospechado nada de Panno?
–Nada… Había hecho dos viajes a España con chicas de la agencia y había salido todo bien.

–¿Lo volviste a ver después del aeropuerto?
–En el juicio. Con Jessica les pedimos a los guardiacárceles que nos separaran, que lo sentaran lejos. Hoy no pienso en él, no lo quiero tener en mi cabeza.

–¿Siempre te tomás las cosas tan tranquilamente?
–Aunque sé que no está bien, claro, trato de guardarme lo malo. Lo de España está guardado muy en el fondo…

–Ese episodio te dio fama y te abrió puertas…
–Sí, pero, si pudiera, elegiría ser la misma Belén de antes, la que estaba estudiando Veterinaria. Ahora ya está, pasó... Supongo que es un poco el destino de cada uno. La vida me dio un palazo, pero yo logré levantarme. En ese momento, mucha suerte no tuve pero, de todo lo malo, algo bueno viene.

Se fue a España con la ilusión de ser modelo. Vivió una pesadilla, pero no se rindió. A los 22 años ya dio sus primeros pasos como actriz.

Se fue a España con la ilusión de ser modelo. Vivió una pesadilla, pero no se rindió. A los 22 años ya dio sus primeros pasos como actriz.

<i>“Me enteré de que habían violado a una chica, por un tema de drogas. La encerraron en una celda y la agarraron entre tres para sacarle droga de la vagina. Pero yo nunca tuve problemas”</i>

“Me enteré de que habían violado a una chica, por un tema de drogas. La encerraron en una celda y la agarraron entre tres para sacarle droga de la vagina. Pero yo nunca tuve problemas”

En Wad Ras se acostumbró a vivir en una celda para ocho personas, en cuchetas dobles o triples, con un solo baño. Se levantaba a las 7.15 para esperar el relevo, de pie, con la cama tendida.

En Wad Ras se acostumbró a vivir en una celda para ocho personas, en cuchetas dobles o triples, con un solo baño. Se levantaba a las 7.15 para esperar el relevo, de pie, con la cama tendida.

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