“La única botinera con papeles soy yo” – GENTE Online
 

“La única botinera con papeles soy yo”

Actualidad
Actualidad

Wanda, ¿te molesta que te digan botinera?
–Me hago cargo: soy una botinera. Pero, ojo: yo nunca estuve entre las chicas que van a Esperanto a levantarse a un jugador de fútbol. Y menos a uno casado. Esas mujeres son un peligro…

–¿Ese tipo de mujer se convierte en un pac-man para la billetera del futbolista?
–La mayoría busca estar cerca de una persona que cobra buen dinero; en definitiva, quieren plata y fama fáciles.

–¿Fue tu caso?
–¡Noooo! Antes de conocer a Maxi, acá ya todos sabían quién era Wanda. Yo trabajaba, desfilaba, estaba en tevé… Soy la mujer de un futbolista por accidente. Cuando una amiga me lo quería presentar yo huía, porque era jugador, me parecía lo menos. Lo veía alto, lindo, rubio y sabía que iba a tener mil mujeres atrás. “No quiero ser una cornuda toda mi vida”, pensaba. Después, resultó que me hubiera perdido a una persona divina.

El 31 de mayo de 2008, Wanda Nara (22) se convirtió en la mujer de Maximiliano Gastón López (25). El: futbolista, un metro noventa, rubio, ojos celestes… y millonario. Ella: vedette, casi un metro setenta, también rubia, contundentes 105-62-90, botinera (¿por qué no?), … y ahora también millonaria. La boda se celebró en la parroquia Santa Elena y fue lo más parecido a una mega party como esas que vemos en la señal E! Entertainment. Los novios llegaron en un Rolls Royce Silver Cloud del ’56 y gastaron casi un millón de pesos en la fiesta en el Alvear Palace Hotel. Lejos de las costumbres que corren, no hubo canjes: pagaron hasta el último centavo. Seguramente, aquel día Wanda pasó a ser la envidia de muchas chicas que alguna vez la miraron de reojo por venir “de otro palo”, más cercano a las plumas que a las pasarelas de la alta moda. Aunque también fue la envidia del resto de las vedettes, claro. “Soy consciente de que todo mi presente puede generar envidia. Pero no por el dinero, la fama o las tapas de revistas, sino por la felicidad que vivimos con Maxi. Le pusimos mucha onda en Rusia, mientras que un montón de jugadores con contratos millonarios no se lo bancaron. Hoy somos felices estando juntos con Valentino en Brasil. Eso es lo único que importa”, analiza.

Aquel fue el inicio de la nueva vida de Wanda. Abandonó el show business y se mudó a Rusia, para acompañar a su marido en el FC Moscú. Ahora viven en Brasil, porque Maxi firmó un contrato con el Gremio de Porto Alegre para jugar el torneo brasileño y la Copa Libertadores. Después del 25 de enero, cuando nació Valentino –el primer hijo de la pareja– poco se supo de ellos, excepto por los goles de su marido.

La unión López-Nara dejó una estela tan larga como la cola de 15 metros con cristales de Swarovski que la novia llevó hace casi un año. Parece que la historia de Cenicienta de Wanda hizo que hoy todas las chicas del espectáculo quieran ser botineras. Es cierto que muchas llegan a su objetivo, pero son pocas las que pueden lucir su libreta de casamiento en la mano.

–¿Creés que marcaste tendencia entre las botineras?
–Sí, totalmente. Después del crecimiento de mi relación con Maxi, todas empezaron a buscar futbolistas. O quizá blanquearon, porque también existen muchas botineras ocultas, o que se resignan a ser segundas toda la vida.

–¿Hablás de las que salen con casados?
–Claro, y todo el mundo sabe quiénes son. Algunas son chicas lindísimas, top como modelos, que hasta han hecho carrera en el exterior... Nunca blanquearon nada. No las entiendo, te lo juro. Yo ni loca saldría con un casado ¿Qué haría? Me voy a un psicólogo y si no me lo consigo sacar de la cabeza, me pego un tiro… ¡No se puede destruir una familia! Pero ellas insisten, viajan al exterior, los acompañan en la sombra a los Mundiales y hasta viven en departamentos que ellos les pusieron…

–Cada día aparecen nuevas botineras. El último caso registrado fue el de Victoria Vanucci con el Ogro Fabbiani. ¿Te gusta la pareja?
–No quiero hablar mucho, porque cuando él jugaba en Lanús estaba obsesionado conmigo. Me seguía, no paraba de molestarme... Tanto que tuve que cambiar el teléfono. ¿Sabés qué hizo? Me mandó un celular al teatro para poder llamarme a ese número. Se lo devolví, obvio. Son muy grasas, te quieren comprar con guita.

–Ahora salió una ex de la Tota Santillán a decir que, como vive en el mismo edificio que Fabbiani, él la invita a tomar mate... ¿Puede ser?
–Ni idea... Pero lo que sí debe ser cierto es que esa chica habla de Fabbiani porque si no, nadie se acordaría de ella. Ojo, que también hay muchas que buscan y buscan, y si ven que no lo enganchan, lo mandan al frente para tener un escándalo nuevo que les dé pantalla por un rato.

–¿Te sentís identificada con el estilo de vida de Mariana Nannis, la mujer de Claudio Caniggia?
–Valoro mucho la familia que formó y mantuvo. No es fácil vivir en el exterior y ser siempre “la esposa de”. Pero no me identifico con ella: era ostentosa y eso no me cae bien. ¡Si hasta decía que se bañaba en champagne...!

–Algo muy caro… y muy pegajoso.
–Ella se convirtió en un ícono de lo frívolo, de lo excéntrico, de la ropa de marca hasta para el desayuno, y en este país no podés tener ese tipo de gestos cuando hay un montón de gente que la pasa mal. No es mi estilo. Tengo otros valores y sé lo que cuesta ganar el dinero.

–Pero convengamos que vos no te vestís con ropa que comprás en el Once…
–A Maxi le encanta la buena ropa. El tiene todos sus conjuntitos re-ordenados en el vestidor. Pero no anda con el cartel de la marca puesto en el medio de la cabeza, como un jugador que vi el otro día con el gorrito de Armani dado vuelta y la marca pegada en la frente. Además, mi marido es el que quiere verme súper bien vestida. Yo soy esta que ves ahora: la chica de jeans y pantuflas (tiene puestas unas de Hello Kitty celestes que se compró cuando nació Valentino). Pero cuando Maxi llega a casa tengo que ponerme tacos aguja y estar divina. A él le gusta encontrarme hecha una reina.

–No te debe costar mucho darle el gusto. Veo que tenés una cartera Louis Vuitton.
–Cuando vamos de shopping, él es quien me dice: “Quiero que tengas carteras Vuitton” o “Quiero este conjunto de Armani para vos”. Por mí, andaría en jeans todo el día. La ostentación no va conmigo.

–Bueno, vos tuviste una boda costosa, ostentosa...
–Nosotros elegimos tener esa boda, porque sentimos que iba a ser la única vez que nos íbamos a casar en nuestras vidas. Y, con lo que gastamos, Maxi me dijo: “¡No me caso nunca más!”.

–Seamos sinceros: si no te hubieses casado con Maxi, ¿podrías llevar la vida de lujo que tenés hoy?
–No sé. Pero, te cuento algo: todo el mundo compró la historia de la Cenicienta y su príncipe azul. Y es cierto: Maxi es mi príncipe, porque me encanta y lo amo, pero yo tuve una buena vida siempre. Mi papá tenía concesionarias de autos. Vivíamos en una casona en Avenida del Libertador. Iba a un buen colegio, viajaba, nunca me faltó nada. Después perdimos todo y empezamos de cero hasta recuperarnos. Por eso valoro el trabajo constante. Sé lo que cuesta ganar la plata.

–¿Cuál es la diferencia entre vos y el resto de las chicas que salen con futbolistas?
–A mí no me gustaban los futbolistas, porque a ellos les llegan las revistas de las chicas sexys a las concentraciones y dicen: “Quiero ésta”. Y la consiguen fácil, porque ellas quieren esa billetera. Lo mío con Maxi fue distinto: nos fuimos conociendo, y el día que me dijo “te amo” fue totalmente cierto. Pero la diferencia fundamental es que la única botinera con papeles soy yo: ¡tengo libreta!

–Hay alguna que otra que también tiene libreta matrimonial…
–Sí, pero no sé cómo se dio esa relación. Sólo conozco lo que contaron: que se casó embarazada, unas horas antes de irse para Ezeiza, ya que él tenía que volver a Europa a jugar… Además, le lleva como diez años al chico.

–¿Te daría pánico volver a vivir a la Argentina con tu marido, con tanta botinera suelta?
–Yo estoy casada, y claro que les tengo miedo a esas chicas, porque no respetan los matrimonios. Todas las mujeres de los jugadores sentimos lo mismo por las botineras en busca de fortuna, y hablamos de eso cuando nos reunimos. Sin desmerecer al resto, no encontrás un futbolista como Maxi: habla cinco idiomas, mide un metro noventa, es rubio, inteligente y, lo más importante, te entiende.

–¿A vos se te acercaron muchos futbolistas antes de empezar con Maxi?
–¡Muchísimos! Desde un número uno total, que me vio en el desfile de GENTE en Mar del Plata, hasta un defensor que hoy juega en Alemania y está con una nueva botinera rubia y vedette. ¿Más datos? Fue compañero de mi marido en River, un pibe sin códigos. Son el tipo de personas que prefieren salir en una revista de chimentos antes que en Olé.

–Saltaste a la fama por una supuesta relación con Maradona, así que tuviste tu cuota de escándalo…
–Fue todo armado. Aquel día llegó un productor de televisión y me propuso: “¿Querés ser famosa? Tenés que aparecer con un boxer en el patio. Te va a tomar la cámara. En el piso van a decir que tenés el calzoncillo de Maradona…”. A mí no me perjudicaba en nada. Era joven y soltera. ¿Qué podía perder? Maradona se reía de eso. Yo sabía que iba a poder salir de ese lugar que no me gustaba. Por suerte, Maxi supo cómo fueron las cosas cuando habló con Alejo, uno de los amigos de Diego que estaban aquel día. Además, tenía sólo 17 años y seguramente no supe medir lo que se venía.

–Hace un par de semanas se dijo que había aparecido un video íntimo tuyo y que eso había generado una crisis en tu matrimonio…
–Cuando dijeron eso estábamos festejando, en una playa de Florianópolis, que el Gremio había ganado con un gol de Maxi. Tiraron esa información para que saliera a contestar. Intentaron extorsionarme, pero Maxi me dijo que me quedara tranquila. No puedo salir a desmentir todo lo que dicen.

–Los Simeone dijeron que ellos eran “los Beckham argentinos”. Para vos, ¿son ellos, De Michelis-Anderson o López-Nara…?
–A ver: los Beckham están casados, Maxi y Wanda están casados. Son rubios los dos, Maxi y Wanda también. Mi marido es lindo. De los demás mejor no hablar. Beckham es uno de los hombres más sexy del mundo: hizo campañas para Armani, y da la casualidad que Maxi ha hecho campañas para Armani y para Rolex. Contestado.

–¿Y de las tres quién sería Victoria Adams?
–Ellos son estrellas, pero tienen una pareja muy estable. Victoria nunca tuvo un rumor de engañar a su marido. El Cholo y la Chola van y vienen, aparecen esas fotos con el bañero... ¡Qué sé yo! Y los otros chicos quedaron embarazados sin estar casados. Son historias diferentes. Un marido futbolista necesita concentrar tranquilo, sabiendo que no dejó un gato en la casa o que otro está disfrutando de las instalaciones que él pagó… El 25 de enero nació Valentino, y ya recuperó su figura: 105-62-90. “Había engordado 20 kilos, todavía me faltan dos. Además, estoy dando de mamar. Pero no me obsesiono: lo más lindo que me pasó en la vida es formar esta familia con Maxi”, asegura.

El 25 de enero nació Valentino, y ya recuperó su figura: 105-62-90. “Había engordado 20 kilos, todavía me faltan dos. Además, estoy dando de mamar. Pero no me obsesiono: lo más lindo que me pasó en la vida es formar esta familia con Maxi”, asegura.

"Soy una botinera, y a mucha honra. Pero, ojo: yo nunca estuve entre las chicas que van a Esperanto a levantarse un futbolista. Y menos a uno casado. Esas mujeres son un peligro…”.

“Soy la mujer de un futbolista por accidente. Cuando me lo querían presentar yo huía, porque era jugador. Lo veía alto, lindo, rubio y sabía que iba a tener mil mujeres atrás. ‘Voy a ser una cornuda toda mi vida’, pensaba”.

“Soy la mujer de un futbolista por accidente. Cuando me lo querían presentar yo huía, porque era jugador. Lo veía alto, lindo, rubio y sabía que iba a tener mil mujeres atrás. ‘Voy a ser una cornuda toda mi vida’, pensaba”.

Comentarios

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig