La pelea del año al desnudo – GENTE Online
 

La pelea del año al desnudo

Actualidad
Actualidad

De chico jugaba a ser cowboy, gracias a la cartuchera que le trajeron los Reyes Magos (llenó tres palanganas de agua para los camellos). A los 11 años dejó la escuela y se fue a trabajar de peón de albañil junto con su padre. Su primer trabajo: zarandear la arena para la mezcla.

De chico jugaba a ser cowboy, gracias a la cartuchera que le trajeron los Reyes Magos (llenó tres palanganas de agua para los camellos). A los 11 años dejó la escuela y se fue a trabajar de peón de albañil junto con su padre. Su primer trabajo: zarandear la arena para la mezcla.

De niño se ilusionaba con la vida que luego sería capaz de construir: en sus cuadernos dibujaba las insignias de Rolex y Rolls Royce. Con el tiempo llegaría a tener varios relojes de oro y dos autos de esa marca: uno cabriolet de 630.000 dólares y otro blanco, valuado en 180.000.

De niño se ilusionaba con la vida que luego sería capaz de construir: en sus cuadernos dibujaba las insignias de Rolex y Rolls Royce. Con el tiempo llegaría a tener varios relojes de oro y dos autos de esa marca: uno cabriolet de 630.000 dólares y otro blanco, valuado en 180.000.

A 78 kilómetros de la capital cordobesa está su lugar en el mundo: Villa del Rosario. Ahí nació, creció y, dice, quiere morir. No le gusta Buenos Aires, y mucho menos se imagina en el extranjero. Es el habitante más famoso de Villa, donde lo apodan “El Loco Bueno”.

A 78 kilómetros de la capital cordobesa está su lugar en el mundo: Villa del Rosario. Ahí nació, creció y, dice, quiere morir. No le gusta Buenos Aires, y mucho menos se imagina en el extranjero. Es el habitante más famoso de Villa, donde lo apodan “El Loco Bueno”.

Una postal de Miami, ciudad donde Ricardo vivió muchos años y que, por supuesto, sigue frecuentando. De hecho, tiene casa allí. Le encanta hacer compras en Bal Harbour, caminar por la peatonal Lincoln y disfrutar de las playas y la vida nocturna que ofrece Ocean Drive.

Una postal de Miami, ciudad donde Ricardo vivió muchos años y que, por supuesto, sigue frecuentando. De hecho, tiene casa allí. Le encanta hacer compras en Bal Harbour, caminar por la peatonal Lincoln y disfrutar de las playas y la vida nocturna que ofrece Ocean Drive.

No le gusta dormir mucho: se levanta a las seis de la mañana casi todos los días. En Buenos Aires para en un hotel del Centro y casi no sale de su cuarto, porque el ritmo de la ciudad no es lo suyo. En su mesa de luz, acá y allá, tiene lo mismo: un reloj y el control remoto de la tele.

No le gusta dormir mucho: se levanta a las seis de la mañana casi todos los días. En Buenos Aires para en un hotel del Centro y casi no sale de su cuarto, porque el ritmo de la ciudad no es lo suyo. En su mesa de luz, acá y allá, tiene lo mismo: un reloj y el control remoto de la tele.

Afecto a los lujos, Ricardo no se anduvo con chiquitas a la hora de diseñar su cuarto. Y reparó, sobre todo, en su cama: king size y elevada a 1.30 metro sobre el nivel del piso. Contó que cuando duerme le gusta despatarrarse y confesó, sin vergüenza, que ronca bastante.

Afecto a los lujos, Ricardo no se anduvo con chiquitas a la hora de diseñar su cuarto. Y reparó, sobre todo, en su cama: king size y elevada a 1.30 metro sobre el nivel del piso. Contó que cuando duerme le gusta despatarrarse y confesó, sin vergüenza, que ronca bastante.

A La Negra, vecina de toda la vida, se le animó cuando eran adolescentes. “Bastante mamado”, la encaró en el río y ella tardó seis meses en darle bolilla. Se casaron y tienen cinco hijos: Marina (21), Melina (19), Leonardo (16), Jerónimo (5) y Paloma (1). Marina ya le dio un nieto: Jonathan (2).

A La Negra, vecina de toda la vida, se le animó cuando eran adolescentes. “Bastante mamado”, la encaró en el río y ella tardó seis meses en darle bolilla. Se casaron y tienen cinco hijos: Marina (21), Melina (19), Leonardo (16), Jerónimo (5) y Paloma (1). Marina ya le dio un nieto: Jonathan (2).

La gran felicidad de su vida, asegura, no se la dan los lujos ni los gustos caros: todo pasa por sus hijos, Felipe (en honor a su abuelo)y Marta (por su madre), nacidos en los Estados Unidos de un vientre alquilado. Son mellizos y nacieron el 24 de febrero de 2004.

La gran felicidad de su vida, asegura, no se la dan los lujos ni los gustos caros: todo pasa por sus hijos, Felipe (en honor a su abuelo)y Marta (por su madre), nacidos en los Estados Unidos de un vientre alquilado. Son mellizos y nacieron el 24 de febrero de 2004.

Cargaba fardos de 50 kilos en el campo cuando un abogado con sueños de promotor se asombró con su porte: 1.95 m y 120 kilos. Le preguntó si le interesaba ser boxeador y Moli, entonces de 27 años, aceptó. Fue campeón argentino y peleó por una eliminatoria al título mundial de los pesos pesados, pero perdió –mal– en el primer round.

Cargaba fardos de 50 kilos en el campo cuando un abogado con sueños de promotor se asombró con su porte: 1.95 m y 120 kilos. Le preguntó si le interesaba ser boxeador y Moli, entonces de 27 años, aceptó. Fue campeón argentino y peleó por una eliminatoria al título mundial de los pesos pesados, pero perdió –mal– en el primer round.

Tras heredar una fortuna cuyo valor es difícil precisar, se dedicó a cumplir sus sueños artísticos postergados. Además de cantar, Ricardo logró subirse a un escenario para interpretar Fortuna. Llegó nada menos que a la avenida Corrientes e hizo temporada en Mar del Plata.

Tras heredar una fortuna cuyo valor es difícil precisar, se dedicó a cumplir sus sueños artísticos postergados. Además de cantar, Ricardo logró subirse a un escenario para interpretar Fortuna. Llegó nada menos que a la avenida Corrientes e hizo temporada en Mar del Plata.

Vive su momento de mayor popularidad. A los 41 años se convirtió en una de las atracciones del programa de Marcelo Tinelli. Si bien no es un virtuoso en la pista (“sólo bailé en mi casamiento”, supoaclarar), contagia alegría y frescura. ¿Su próximo sueño? “Trabajar en una novela”.

Vive su momento de mayor popularidad. A los 41 años se convirtió en una de las atracciones del programa de Marcelo Tinelli. Si bien no es un virtuoso en la pista (“sólo bailé en mi casamiento”, supoaclarar), contagia alegría y frescura. ¿Su próximo sueño? “Trabajar en una novela”.

Vive su momento de mayor popularidad. A los 41 años, se convirtió en una de las atracciones del programa de Marcelo Tinelli. Sin embargo, el lunes pegó el faltazo y abrió un nuevo capítulo en su novela personal. ¿Cómo seguirá la historia del millonario más famoso?

Vive su momento de mayor popularidad. A los 41 años, se convirtió en una de las atracciones del programa de Marcelo Tinelli. Sin embargo, el lunes pegó el faltazo y abrió un nuevo capítulo en su novela personal. ¿Cómo seguirá la historia del millonario más famoso?

Más información en gente.com.ar

Comentarios

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig