“La pasión no tiene límites ni edad” – GENTE Online
 

“La pasión no tiene límites ni edad”

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Se matan. Se comen la boca a besos. Se miran con ganas. Se juegan en escenas cargadas de pasión y erotismo. El tiene 49. Ella 53. Hoy, juntos, forman la pareja más hot de la tevé. Desde enero vienen calentando la pantalla de Telefe con Amor en custodia, la exitosa novela que promedia los 28 puntos de rating y de la que todos hablan. Ahora, en un sábado libre de grabaciones, se reencuentran para esta nota.

–¡Hola Sole, tanto tiempo…! –bromea Laport– ¿Ni uno, no…?
Ni uno. ¿Vos trajiste el equipo? –quiere saber la Silveyra.
Como quedamos: vos sin puchos en la cartera y yo con el porongo en el bolso a todos lados. (Carcajadas para dos).

–Perdón, ¿de qué hablan?
Silveyra:
De que como dejé el cigarrillo, tengo que canalizar la ansiedad por otro lado. Entonces, vivo con la botellita de agua mineral, tomo como tres litros diarios… Y Osvaldo prometió ayudarme con…
Laport: Con mis famosos porongos. Le prometí tener mis amargos siempre listos para ella.
Silveyra: ¡Y vos no sabés cómo ceba! Como buen uruguayo, prepara unos mates exquisitos.
Laport: No es por mandarme la parte, pero es bien cierto.

–¿Y cuál es el secreto de tus mates, si se puede saber…?
Silveyra:
Ay, sí, contá, dale, así me enseñás a mí también, que en casa nunca me salen como a vos.

–A ver: ¿se hierve el agua o no, Laport?
Laport:
Las aguas son todas bien diferentes; hervirla las unifica. El secreto está en mojar primero la yerba con agua tibia.
Silveyra: ¿Qué ponés antes, la yerba o la bombilla?
Laport: La yerba primero. Y yo tengo un truco especial: la pongo toda sobre un costado, inclino el porongo en forma horizontal, para acostarla toda sobre uno de sus lados, humedezco esa pared y recién cuando queda el hueco, enterrás la bombilla.
Silveyra: ¿Y dónde echás el agua?
Laport: Siempre sobre el hueco, donde enterraste la bombilla, así tenés la posibilidad de ir girando el porongo después de varias cebaduras, para rescatar yerba buena durante todo el termo.
Silveyra: (Lo aplaude) ¿No es un genio?

–Solita, ya que estamos dando cátedra, ¿por qué no contás cómo dejaste de fumar?
Laport:
Lo de ella fue fuerza mayor. Se internó para un chequeo en plena novela y se pegó el cag... de su vida. ¿Miento, Sole?
Silveyra: En absoluto. Me encontraron un enfisema de pulmón. Yo estaba en los 23 cigarrillos diarios… ¡y vengo fumando desde los 12!
Laport: Viciosa desde chica resultó la Sole...
Silveyra: Creo que nunca me animé a dejar, por miedo al fracaso, una constante en mi vida…
Laport: ¡Dejá de joder! Siempre tirándote a menos vos.
Silveyra: Pero es cierto. Me da miedo intentar algo y que no me salga o me salga mal. Por eso hoy siento que el haber dejado el pucho es mi mayor victoria. Estoy muy orgullosa por eso. El tema fue que el médico, para ayudarme a dejar, me recomendó unas pastillas nuevas que se empezaron a usar para la depresión, y con eso bajé a cinco cigarrillos diarios. Y después supe de un curso que trata la adicción al tabaco como lo hacen otros con el alcoholismo o la drogadicción, y me anoté. Son clases colectivas, que hablan sobre todo de la voluntad, y ahí descubrí que yo la tenía: salí de la primera clase sin fumar. Y así sigo hasta hoy. Fue a todo o nada.

–¿En la vida también sos así, tan drástica?
Silveyra:
Y, sí. Yo no podría ser amante de nadie, no podría, no me la bancaría. Nunca fui amante de nadie. No me imagino en esa situación.
Laport: Lo quiere todo para ella.
Silveyra: ¿Quién no? Además, no podría vivir en una mentira. Creo que en mí la sinceridad es casi un defecto: voy con la verdad siempre, me cueste lo que me cueste. Así es como me duran poco las parejas (risas). Cuando me hablan de la comezón del séptimo año, yo ni sé qué es, porque nunca duré tanto con nadie.
Laport: Eso no es cierto. Con el papá de tus hijos pasaste un buen tiempo, ¿o me equivoco?
Silveyra: Sí, sí, con (José) Jaramillo creo que llegué al octavo. Pero después de él, nunca más…

–¿Les va eso del amor eterno o lo dejan sólo para los cuentos de hadas?
Silveyra:
Mirá: hace dos años que estoy sola, desde que me separé de Mariano (Franco, su ex de 33)… Pero no pierdo la esperanza de encontrar al hombre para siempre. Una, del amor, nunca se jubila.
Laport: Con Viviana (Sáez) llevo 27 años casado. ¿Cómo no voy a creer en el amor eterno?

–¿Y cómo se sobrevive a la convivencia?
Silveyra:
Eso. Pasáme esa fórmula también. A ver…
Laport: Bueno, para mí el secreto está en sorprender siempre, como hacemos con Sole en la novela. No les voy a mentir: con Viviana, mi mujer, hemos pasado miles de crisis. Pero hasta ahora hemos podido sobrellevarlas. Creo que en la vida no hay que bajar las persianas, sino dejarlas entornadas. Y la mayoría de las veces, les confieso, he tenido que aflojar yo. Pero no me siento menos macho por eso. Machos somos todos. En las peleas de pareja no vale el sexo. Ahí cuenta el ser humano, el respeto, la madurez, el amor. Ahora estamos en una etapa muy linda con “la flaca”. Es tiempo de reencuentros y reconquistas. Y eso, en una pareja de tantos años, son perlas.

–¿Vos, Solita, estás con ganas de enamorarte, de vivir una historia así?
Silveyra
: Hoy, más que abierta, estoy agotada. Un año de novela te mata: terminás de grabar y lo único que querés es sopita, cremas en la cara, piyama y a la cama.
Laport: Pero una canita al aire no le viene mal a nadie…
Silveyra: (Risas) Extrañamente, hoy estoy muy bien sola. No me vendría mal conocer a alguien, pero con estos horarios locos que estamos teniendo se me hace muy difícil…

–Osvaldo quizá te podría presentar a algún amigo... Además, sus compatriotas, los uruguayos, se han puesto muy de moda…
Silveyra:
(Risas) ¡Es cierto, sí! ¿Por qué será?
Laport: Por nuestra habilidad con el porongo, Sole, ¿te cabe alguna duda? (carcajadas)… Yo le presentaría a alguien, claro. Porque es una mujer maravillosa, que necesita mimos y se merece un hombre contenedor… Con tenedor, cuchillo y cuchara: para que la pinche, la clave y la levante… Ja, ja, ja…
Silveyra: (Risas) ¿Será posible? ¡Nunca se puede hablar en serio con este hombre!
Laport: (Tentado) Ahora, de verdad. Sole necesita un tipo que le permita disfrutar más de la vida, y que la banque. Que la banque en todo. Ella ya la peleó demasiado…
Silveyra: Igual no podría. Soy demasiado independiente, no me veo sin laburar. Me acostumbré a ganarme el mango toda la vida. Ahora, por ejemplo, estoy aprovechando este éxito para reconstruir un poco mi vida económica, para ahorrar algunos de los mangos que perdí en el corralito. No soportaría llegar a la vejez y tener que depender de mis hijos o de alguien más. Eso me mataría.

–Hablando de relaciones de pareja, ¿se puede lograr un amor maduro y apasionado como el que viven en la ficción?
Laport:
¡¿Cómo?! La pasión no tiene límites ni edad.
Silveyra: Por eso el éxito de esta novela. Porque nuestra pareja demostró que el amor maduro puede ser igual de delirante y loco que a los veinte, pero mucho más real. Cuando sos joven no te cuesta tanto enamorarte, sos menos exigente. Después de cierta edad, cuesta más, ponés ochocientos peros antes de animarte a una nueva relación, tenés más mañas, más miedos. Eso sí, cuando lo encontrás, te entregás con todo y como nunca antes.

–¿Cómo digieren dos sex symbols como ustedes el paso de los años?
Laport:
El cuerpo cae con los años, inevitablemente. El secreto está en que no decaigan las ganas de seguir erotizando. Para la pasión no hay edad.
Silveyra: El tiempo pasa y nada lo puede detener, ni siquiera las cirugías. Yo no lucho contra él, intento acompañarlo: hago gimnasia, tratamientos con Carlos Pisanú, me cuido, pero no busco la juventud eterna. Me da miedo terminar siendo una vieja ridícula. Hay una edad en que es mucho más sexy tener una cabeza joven que una cola parada. Con los años, el ego también te baja mucho. Llega un momento en que te importa más tu mirada que la de los demás. Igual, soy coqueta y planeo tener una vejez espléndida.
Laport: ¿Tenés alguna duda? Yo también soy coqueto, más que muchas mujeres. Soy narcisista: llevo un autobronceante en mi bolso que uso cada cinco días, tengo mi maquillador personal, hago gimnasia para que no me salga celulitis acá en el abdomen –porque los hombres también tenemos celulitis–, me aplico inyecciones anti-age en la cara que te relajan los músculos y rejuvenecen. Pero a la vez soy muy honesto conmigo mismo: los años vienen y no se puede lidiar contra ellos.

–¿Cuántas veces los mareó la fama?
Solita:
Mirá, cuando hacía Rolando Rivas taxista con Claudio García Satur, yo tenía apenas 20 años y todas las tardes hacíamos parar al país entero. Te juro, a donde fuéramos nos recibían como a Perón y Evita. Un día le dije: “Si no nos mareamos hoy, no nos mareamos nunca más”. Por suerte, pudimos hacer el ejercicio de la humildad. Hoy creo que hasta me fui de mambo con eso. Soy pésima negociadora (risas).
Laport: Doy fe. Muchas veces hasta la reto con eso: “Solita, cuidáte más”, le digo… Mareos no tuve, sí náuseas (risas)… No, a mí me pasó de enloquecerme un poco con el tema del cuerpo. Si me remonto a cuando hacía el indio Catriel, hoy siento el orgullo de haber roto con esa cosa de la exposición física. En un momento empecé a renegar de que se tomara mi carrera con cierta frivolidad, pero después me di cuenta que era poco inteligente renegar de algo que me hacía facturar. Antes, si para alguna escena tenía que pelar lomo, hacía media hora de fierros y abdominales antes de pararme frente a cámaras. Hoy, ni loco. Estoy más relajado.

–Osvaldo, ¿te animás a definir a Solita?
Laport:
Solita es una ardillita de Walt Disney: hiper activa, graciosa, simpática, cálida, naïf, inteligente y muy sensible.

–¿Y él, cómo es?
Silveyra:
Osvaldo es un cachorro de scottish terrier: juguetón, ingenuo, buenazo, me despierta mucha ternura… ¿no se nota?

Por su frescura y sensualidad eterna los eligieron y los siguen eligiendo. Fueron pareja en Campeones de la vida. Hoy, seis años más tarde, viven y comparten otro exitazo: Amor en custodia, la novela más vista de la tevé.

Por su frescura y sensualidad eterna los eligieron y los siguen eligiendo. Fueron pareja en Campeones de la vida. Hoy, seis años más tarde, viven y comparten otro exitazo: Amor en custodia, la novela más vista de la tevé.

“<i>Nuestra pareja demostró que el amor maduro puede ser igual de delirante y loco que a los veinte, pero mucho más real</i>”

Nuestra pareja demostró que el amor maduro puede ser igual de delirante y loco que a los veinte, pero mucho más real

“<i>Solita es una ardillita de Walt Disney: hiper activa, graciosa, simpática, cálida, naïf, inteligente y muy sensible</i>”

Solita es una ardillita de Walt Disney: hiper activa, graciosa, simpática, cálida, naïf, inteligente y muy sensible

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