“La mujer argentina promedio es competitiva, machista, fantasiosa e infiel” – GENTE Online
 

“La mujer argentina promedio es competitiva, machista, fantasiosa e infiel”

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Mirá, la MAP que vengo analizando es perfeccionista e insegura. Es alguien condicionada por el ambiente que la rodea. Es inconformista, competitiva e infiel. Es consciente del poder que tiene. Es machista. Es ¡mentirosa! Es demasiado extremista. Es fantasiosa y soñadora. Y, además y en especial, la MAP es argentina, y allí se encuentra la graaaaan explicación”, resume con su bífida lengua –o, en realidad, dixit, con “mis 31 pirulos y varias experiencias de mujer transitadas” Ursula Andrea Vargues desde su gloriosas sinuosidades de 1,65 de altura (“Descalza”), 48 kilos (“Creo, jamás me peso”), 90–61–90 centímetros (“Bajé uno luego de que mi amigo, el asesor de imagen Fabián Media Flores, me consultara, ‘¿Te olvidaste la cintura en tu casa?’”) y 36 de calzado (“aparte, uso 24 de jean y small o medium en el tronco”). Aunque en esta oportunidad –aclaremos pronto– no acudimos a ella por su condición de “bella modelo de publicidad”, de “bella novia de un rockero”, de “bella conductora de un ciclo”, de “bella actriz”, ni de “bella panelista de la pantalla chica”. Hoy nos acercamos por su cercano lanzamiento como escritora de unipersonal, o “bella escritora de unipersonal” que apunta a un sector emblemático de la rama femenina nacional: “La MAP, apócope de La Mujer Argentina Promedio”, advierte esta chica de ojos castaños que huele a eau de toilette aroma a pera de Victoria’s Secret.

–¿Entre las que usted se encuentra, verdad?
–Lógico. Me basé en mis sensaciones. He viajado bastante, e incluso me he radicado afuera. Mis teorías combinan una búsqueda interior y otra alejada, lo mejor y lo peor de nuestro sexo. Y, en serio, considero que las argentinas somos un caso. Arrancaba definiéndonos de “perfeccionistas, inseguras y condicionadas por el ambiente que nos rodea”. No existe mujer que vaya a la playa tan producida y maquillada como nosotras. Salimos del mar y nos avergüenza vernos despeinadas, delatar un cachito de celulitis. Si a tal argentina la sacamos del grupo de argentinas y la bajamos en una playa colombiana, se relajará. Tenemos sobrevaluada la perfección y avanzamos sin pausa detrás de la contemplación de las compatriotas. En cuanto a lo de inseguras... Si viajamos, llenamos las valijas de innumerables juegos de ropa, por si el príncipe azul aparece. ¡Y las valijas retornan intactas! Lo de “inconformistas y competitivas”, no lo dudes.

–¿Tanto?
–Tanto. La MAP odia a su marido no bien sale de la iglesia. Cuidado, antes odio que ignorancia, ¿no? Quitándonos el vestido blanco, saltamos del “Me relaja, me da la paz que a mí me falta”, al “¡Es un vago de mierda! No te mueve el traste del sillón”. Del “Elegí a un chabón laburador y comprometido” al “Siempre llega agotado y malhumorado, el guacho”. Del “Me encanta cuando protege a sus amigos” al “Trae una vez por semana a su sarta de desubicados”. Del “Qué personaje divertido” al “Dejá de repetir los mismos chistes malos”. Y competitivas a full, porque incluso si aparece una historia de tres en el medio, convertimos a la otra en “la perra”, pero él sale ileso. Ahí entramos en lo del enorme poder que poseemos. La MAP actual lo sabe, y la futura MAP –muchachitas de veintitantos–, lo sabe. Infieles por naturaleza, confesémoslo, hemos aprendido que un culo mueve montañas, que las mujeres podemos hacer lo que deseemos con los varones.

–¿Pero?
–Lo dicho, somos machistas (veneramos que nos protejan, nos abran la puerta del auto, nos sirvan el vino en la copa), somos mentirosas (convencimos a los argentinos de que brillan en la cama, cuando en general no, situación que ¡debemos revertir ya!) y somos demasiado extremistas: más despechadas, más zarpadas en las adicciones y más exacerbadas en general. Igual, la visión externa suele asesinarnos. Un señor borracho resulta simpático, una mujer ebria, un mamarracho. Mejor tomemos alcohol de manera mesurada.

–Perdón, ¿La MAP prefiere mantener un amor platónico con Mike Amigorena, con Christian Sancho, con Néstor Kirchner o con Mauricio Macri?
–Con Sancho. “Quiero lavar la ropa sobre esa tabla”, pensamos. A largo plazo solemos tirarnos para el lado de los Macri. En general adoramos al tipo que te cuida, el Pitecantropus que demuestra su cariño de manera varonil. Sin embargo, nos espanta quien te apura delante del espejo, para mirarse él, o te acaba la crema de enjuague.

–¿Y a la MAP le gusta parecerse a Luciana Salazar, a Araceli González o a Cristina Fernández?
–Indudablemente a Araceli, la Demi Moore nacional, sumándole el poder de decisión de la presidenta. El poder excita. Cristina K no me da la calidez que trasmitía Evita y que me inspira Ara, la única MAP que embellece a medida que trascurre el tiempo.

–¿Optan por una buena cola, unas buenas lolas o una buena cara?
–Poné que una linda cara, aunque nos morimos si tras transitar delante de un caballero, no gira la cabeza apuntando hacia abajo. Lo de las gomas puede remediarse mediante una cirugía. Aunque en lo personal, me vinieron solas. He pensando en achicármelas. De piba, a los 12, 13, me comía momentos horribles en la calle, escapándole a los viejos verdes. Ahora me llevo bárbaro con ellas, y si un muñeco se zarpa, me le cuelgo de la yugular.

–¿Revélenos qué reconoce en usted de MAP?
–Puffff. La mayoría de lo que te hablé y el deseo de casarme, educar hijos, formar una familia, onda Susanita. Situación a la fecha en suspenso puesto que ¡arranqué 2009 solita!, en mi PH (un primer piso de 120 metros cubiertos y 50 de terraza integrada, en Vicente López: su sexta residencia de soltera, durante la última década, cercana al hogar de sus padres, Estela –59, psicoanalista– y Mario –65, comerciante–). En realidad vivo acompañada de mis gatos Gina Cala (8 años) y Ruth Syrah (4) y mi caniche toy Siro Sandokán (2,5 meses). Allí, de día, tiro ideas y temario para lemontv.tv –el primer programa de tecnología diario por internet, que conformamos desde 2007 mi hermano Facundo (35, web master), Lucas Alcalde y yo– y estudio el argumento de dos propuestas que me ofertaron. En horarios nocturnos, fumando algún cigarrito y escuchando radio Metro y Continental, vengo recopilando y ordenando desde el verano las antiguas anotaciones escritas a mano que conformarán el unipersonal. Un guión que, si da, interpretaré yo, y si no da, alguien más.

–¿Alguien que cumpla los requisitos de Mujer Argentina Promedio?
–Veremos. A la MAP le cabe la independencia. La cuestión es cuando nos movemos en manada. Después de cierta edad comenzás a sacarte las presiones de alrededor, aceptás que aquel príncipe azul quizá pueda llegar medio desteñido, carente de pelos y cargando un poco de pancita. Comprendés que lo peor que podemos intentar las damas dolidas por una ruptura es cambiarnos el corte de pelo y atacar el shopping. ¡He devuelto minifaldas que compré sin sentido en momentos de crisis! Deberíamos colgar en la heladera la inscripción: “Si hay crisis, evadir la peluquería y los shoppings!”

–¿Qué más necesitaría aprender la MAP?
–Necesitamos mostrarle al mundo que existe un gris entre las mujeres que crían niños y las que se acuestan con todos. Necesitamos obviar la mímica para pedirle una toallita femenina a una conocida en el restaurante. Necesitamos probar que la única imagen publicitaria de la amistad no se limita a la de dos pibes abrazándose en el festejo de un gol. ¡Necesitamos que los hombres sepan que no somos unas pelotudas! Una metáfora entre el sonido de la máquina y el corazón de la “artista de varieté”, como suele definirse la ex panelista de Duro de domar ahora inclinada a las letras.

Una metáfora entre el sonido de la máquina y el corazón de la “artista de varieté”, como suele definirse la ex panelista de Duro de domar ahora inclinada a las letras.

“No existe dama en el planeta que vaya a la playa tan producida y maquillada como nosotras. Salimos del mar y nos avergüenza vernos despeinadas, delatar un cachito de celulitis. Tenemos sobrevaluada la perfección”

“No existe dama en el planeta que vaya a la playa tan producida y maquillada como nosotras. Salimos del mar y nos avergüenza vernos despeinadas, delatar un cachito de celulitis. Tenemos sobrevaluada la perfección”

“Admito que  a la hora de imaginar un amor platónico, nos encanta el tipo que te cuida, el Pitecantropus que demuestra su cariño de manera varonil. Sin embargo, nos espanta quien te apura delante del espejo, para mirarse él”

“Admito que a la hora de imaginar un amor platónico, nos encanta el tipo que te cuida, el Pitecantropus que demuestra su cariño de manera varonil. Sin embargo, nos espanta quien te apura delante del espejo, para mirarse él”

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