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La guerra que cambió al mundo

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Saddam Hussein capturado, sometido, mostrado ante el mundo como un vagabundo,

un refugiado sin pátina alguna de orgullo sacado por la fuerza de su escondite
en Tikrit, al norte de Irak, su ciudad natal. Una imagen que dio la vuelta al
planeta como la gran victoria de George W. Bush tras ocho meses de guerra. De la
primera gran guerra del siglo XXI entre los Estados Unidos y sus aliados, e
Irak.

Ocho meses, decíamos. Pero el conflicto lleva más de una década de tensión, y
este no parece haber sido el capítulo final. Pero habrá que ponerle un comienzo
a este episodio: el 20 de marzo de 2003 a las 5,35 de la madrugada -los informes
del Ejército norteamericano son puntillosos en este aspecto-, los Estados Unidos
comenzaron a bombardear Irak. Más de 3.000 bombas cayeron esa madrugada. Saddam
respondió: 20 misiles Scud sacudieron Kuwait, desde donde la coalición aliada
lanzó los ataques.

En total, 225 mil soldados norteamericanos, 45 mil británicos y 2 mil
australianos combatieron en la región, frente a los 380 mil iraquíes que
defendieron al régimen de Saddam. En los dos primeros meses, 138 estadounidenses
y 33 británicos habían muerto. El total de víctimas entre los soldados aliados
fue de alrededor de 500 al finalizar los combates. Para los iraquíes, el saldo
fue atroz: cerca de 2500 fueron reportados muertos, y otro tanto fueron civiles
alcanzados por las 15 mil bombas de precisión y los 8 mil explosivos que
derramaron las 30 mil misiones aéreas.

Pero la guerra, el horror de la guerra, no está en los números. Elisabetta
Piqué, corresponsal del diario La Nación, escribió en su libro Diario de Guerra
(Editorial Norma) la siguiente viñeta, apenas dos días después que se desató el
conflicto: "Se acerca un auto destartalado. Baja una familia: una mujer, tapada
de pies a cabeza, y un hombre que tiene en brazos a un bebe de un año y pico que
llora como un marrano… Frente al campamento, del otro lado de la autopista, hay
estacionados unos jeeps blindados con la cruz roja, enseguida voy con esa gente
a pedirle al capitán si puedo acompañarlos a ver a un médico… Pero nadie ayuda.
Dicen que están preparados para curar a heridos de combate, no para estas cosas.
¿Ni siquiera hay una enfermera que pueda revisar al bebe? Dicen que es mejor que
vayan a Al-Zubair, donde hay un hospital. Pero ahí se combate, les digo.
'Nosotros no bombardeamos hospitales', contestan. Siento mucha vergüenza."

Y en el final, la caída de Bagdad el 9 de abril, y el coreográfico derribo de la
estatua de Saddam. El ataque aliado al hotel Palestine, donde convivían
periodistas de todo el mundo. La muerte de dos corresponsales argentinos en una
ruta iraquí: Mario Podestá y Verónica Cabrera. Las 55 barajas del mazo de los
Estados Unidos con las caras de los principales enemigos y el as de pique
reservado a Saddam. La muerte de Uday y Qusay, los despiadados hijos del
dictador. La resistencia local y los atentados contra los marines, los
brigadistas italianos y la peor de todas: el coche bomba a la misión de la ONU,
donde murió el enviado de la organización mundial, el brasileño Sergio Vieira de
Mello. Mucha sangre, como dijo el Papa Juan Pablo II. Mucha sangre…

Saddam Hussein es un triste recuerdo: el de un dictador atroz, amo y señor de
las vidas y muertes de sus compatriotas. Un Hitler de Medio Oriente. George Bush
terminó el año "victorioso" para la mayoría de los norteamericanos, cargando con
el temor y la paranoia de los suyos por un posible atentado que minimice al que
destruyó las Torres Gemelas.

En el 2003 el mundo, definitivamente, se ha convertido en un lugar más inseguro.

La estatua de Saddam Hussein frente al edificio del Ministerio de Petróleo iraquí en Bagdad, el 9 de abril de 2003. Caía la capital. Era el comienzo del fin de la guerra.

La estatua de Saddam Hussein frente al edificio del Ministerio de Petróleo iraquí en Bagdad, el 9 de abril de 2003. Caía la capital. Era el comienzo del fin de la guerra.

La noche bagdadí, iluminada por las bombas aliadas sobre los palacios de Hussein a orillas del río Tigris el 21 de marzo.

La noche bagdadí, iluminada por las bombas aliadas sobre los palacios de Hussein a orillas del río Tigris el 21 de marzo.

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