«La gente me toca para tener salud y buena suerte» – GENTE Online
 

"La gente me toca para tener salud y buena suerte"

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En octubre último se le tapó una arteria y le hicieron su novena angioplastía. El médico que ya le salvó la vida varias veces, Luis de la Fuente, le dijo: “Gallego, zafaste porque de verdad tenés un ángel de la guarda”. El, Víctor Sueiro, nacido el 9 de febrero de 1943, marido de Rosita y padre de Rocío, dice ahora, en la absoluta tranquilidad de su casa de Vicente López: “Cortála con eso de mis resurrecciones. No quiero hablar de eso. Y no me hagas enojar, porque sabés que soy un gallego cabrón...”.

Cronista y entrevistado se conocen desde hace por lo menos cuarenta años, cuando los dos eran muy jóvenes y colaboraban en la flamante GENTE; por eso ciertas licencias idiomáticas que el lector sabrá disculpar. Pero cambiamos de tema y evitamos algunas circunstancias de su biografía (¿apócrifa?), como que se cayó a un pozo cuando tenía tres años de edad, que fue baleado en la Facultad de Derecho durante una cobertura periodística, y que se dio varios palos durísimos con el auto, a lo cual hay que sumarles sus problemas cardíacos y la diabetes, y la vez que “vio la luz”. Todos hechos que jalonan la vida de uno de los escritores argentinos más leídos de las últimas dos décadas.

–Víctor, tu último libro, el número 16, se llama Los siete poderes. ¿Cuáles son?
–Ah… ¿No lo leíste? ¡Te vas de mi casa…!

–De veras sos un gallego impresentable.

Está gordo Sueiro. Se lo decimos. “Mirá quién habla”, contesta, señalando la panza del cronista, que pesa 95. La gordura del cronista no lo adelgaza a él, que está siempre parecido a Michael Caine –o a Ray Bradbury–, pero un tanto obeso.

–Decíme, gallego: ¿la gente te toca por la calle?
–No te entiendo…

–Durante siglos se creyó que tocar a ciertas personas (reyes, papas u obispos) era un método para curarse y tener buena suerte. ¿A vos te tocan?
–No soy ni rey ni obispo, pero sí, lamentablemente... Dejé de ir a la Feria del Libro porque algunos de mis lectores –generalmente señoras– me querían besar la mano. Yo les decía: “Pero… ¿qué hacen?”. Y ellas me respondían: “Es que usted es un elegido”. ¿Elegido yo? Para nada, no soy elegido un car… Sólo soy un periodista que escribe libros… Una vez, en Mar del Plata, fui a una presentación. Había una valla. Detrás de ella un hombre me tocó el hombro y me pidió: “¿No me toca el nene?”. Tenía, claro, un bebé en brazos, antes de que pienses mal... Lo alcé, lo besé y se fueron contentos, como si los hubiera bendecido... Pero carezco de poderes sanadores, y si los tuviera no lo diría, porque tendría una multitud frente a mi puerta. Pero ojo, aclarálo bien: no soy un elegido. Aunque la gente me toque esperando tener buena suerte, o curarse...

–Tu contestador telefónico tiene grabado un mensaje: “Que tengas un buen día y una buena vida”. Es casi una bendición...
–Es una expresión de buenos deseos, de buena onda, y sí… un poco una bendición.

Que apague la luz. Hay en su cuarto de trabajo un mirlo charlatán que ahora está a los gritos, pero no dice palabras humanas, sino que se le ha dado por hablar en mirlo básico; fotos de Rosita, su mujer, y de Rocío, su hija; dibujos originales de Lino Palacio, de Caloi y del Negro Fontanarrosa; más de dos mil películas (es un apasionado del cine); libros; una victrola del año 1923; una radio capilla; una estatuita de Elvis Presley (uno de sus ídolos, junto con Gardel); una botella de Bidú y la computadora en donde ha escrito sus dieciséis libros medicinales, medicina para la Esperanza y para la Fe. Algo que él hace como nadie.

–Vos sabés que soy un poco escéptico... Lo que quiero decirte es que el contacto humano es siempre positivo. Si abrazás o tocás a alguien que querés, sentís un calorcito muy lindo en el alma... Hay química en eso, pero no milagro.
–Mirá, creé lo que quieras. Tengo registrados, sólo en la Argentina, 850 casos de personas que estaban clínicamente desahuciadas y volvieron a la vida. Te hablo de hechos, no de opiniones. Y creo que algunos carismáticos te tocan y te ayudan a curarte. Claro, en la medida que creés, que tenés Fe, eso desata en vos fuerzas positivas. Pero sin Fe, perdiste. Esas 850 personas que sanaron tenían Fe. Escribíla con mayúscula porque es una virtud teologal. Lo que me pone furioso es cuando alguien cobra por ayudarte a sobrevivir. Una vez, hace nueve o diez años, vino una mujer a casa y me dijo: “Don Víctor, por favor, dígale al cura de Laferrère que no me cobre”. Me volví loco. Eso no se hace. Lo llamé al cura, lo denuncié. Le retiraron el permiso eclesiástico. Lo excomulgaron.

–¿Y cómo fue que hiciste el aviso ese de “¡Que Sueiro apague la luz!”?
–Me llamó Ramiro Agulla, de la agencia de publicidad, y me lo propuso. Le dije que no, que la publicidad no era lo mío, pero vino a casa, me trajo el guión y me convenció... Al principio no me gustó nada eso de que me juzgaran por no apagar la luz de la Eternidad (en el aviso, se entiende), pero al final quedaba claro que era un sueño. Lo único que impuse fue usar mi propia bata (tengo once), mis pantuflas y una taza que me regaló mi hija Rocío. Lo hicimos en Montevideo, porque es más barato. Trabajamos 25 horas seguidas. Yo no esperaba que tuviera tanta repercusión. Por la calle, los taxistas me gritan: “¡Eh, Víctor! ¿Apagaste la luz?”. Yo les contesto siempre lo mismo: “Esa luz nunca se apaga”.

–¿Te pagaron bien por el aviso?
–Sí.

–¿Se puede saber cuánto?
–Bien... No me quejo. Dejálo ahí…

El dolor, la muerte. Años atrás, Víctor fumaba como un escuerzo. Cincuenta o sesenta por día. Ahora mira severo al cronista que enciende el primer rubio de la charla.

–¿Cómo dejaste de fumar?
–Con el método P.H.: Puro Huevo. Cuando vi que me estaba matando, dije “basta”. Eso sí: tenía atados abiertos por toda la casa. Al principio, los miraba con ansiedad cada cinco minutos. Después cada media hora. La hago corta: un día dejé de mirarlos, y me hizo mucho bien. Es que cuando me impongo desafíos, los cumplo. Ahora, por ejemplo, me iré a Pinamar para escribir mi libro número 17. Y viajaré el martes 13 de febrero, cuando no hay nadie en la ruta porque tienen miedo de viajar en esa fecha.

–Y, sí… Ser supersticioso trae mala suerte… ¿De qué tratará tu próximo libro?
–Con Los siete poderes me va bien. Ya se vendieron más de 50 mil ejemplares. Pero el libro nuevo será diferente. Es un poco la continuación de otro que escribí en 1979, un desafío, porque no tratará sobre los temas que he tocado hasta ahora. Se llamará Crónica loca de las maravillas, rarezas, curiosidades y misterios de nuestra Argentina. Será extraordinario, no porque yo lo escriba, sino porque trata sobre cosas extraordinarias, como lo indica su título.

–¿Cuántas horas escribís por día?
–Arranco siempre después de mediodía, y le doy al teclado por lo menos diez horas. Me voy a Pinamar a escribir porque no quiero que nadie me interrumpa. Yo gozo mucho escribiendo: es como si le hiciera el amor al teclado y a las palabras. Entonces, si alguien me interrumpe cuando estoy haciendo el amor, me pongo loco y me sale el gallego cabrón que llevo adentro, y al que bien conocés…

–Contáme un poco el sumario…
–Estarán Gardel, y Evita, y políticos, y también hechos espirituales y misteriosos. Y frases célebres, los furcios más famosos, los hobbies de los próceres, Maradona, la historia de la Historia, Sarmiento asumiendo la diputación y diciendo: “Estoy muy halagado de estar en este recinto donde no hay ni negros, ni gauchos, ni pobres”, algo que no te enseñan en la escuela… He ido recopilando cosas en los últimos veintisiete años… Tendrá, claro, las cosas maravillosas que tienen la religión y la Fe, pero será un libro diferente a los que he publicado hasta ahora.

–¿Por qué cambiar de tema cuando lo que hacés tiene repercusión garantizada? Has vendido casi un millón de libros hasta ahora…
–Yo siempre he escrito sobre la Esperanza. No es que la excluya, pero será sólo un tema entre otros. Además…

–¿Qué?
–Mirá, hace 16 años que todo lo que a mí me cuentan –y no sólo en los libros, sino también en la calle, gente que no conozco, mails que me llegan– tiene un tema excluyente: la enfermedad y la muerte. Es raro que alguien me llame para contarme algo lindo. Es demasiado, y pagué un montón de veces por eso. Porque mi cuerpo reacciona haciéndome sentir mal. Hablemos de otra cosa. De las mujeres, que cada día están más hermosas. De cine o de Gardel. De la saga de El padrino, que es la mejor película de todos los tiempos. ¿Te parece bien? “<i>He pasado los últimos 16 años rodeado de enfermedades y de muerte. Y me hizo mal, me enfermó. Por eso ahora quiero escribir un libro diferente</i>”.

He pasado los últimos 16 años rodeado de enfermedades y de muerte. Y me hizo mal, me enfermó. Por eso ahora quiero escribir un libro diferente”.

Víctor, de 23 años, en la redacción de GENTE. Ya era un periodista brillante. Y hoy, en su casa de Vicente López. Algunos kilos de más, pero el mismo talento.

Víctor, de 23 años, en la redacción de GENTE. Ya era un periodista brillante. Y hoy, en su casa de Vicente López. Algunos kilos de más, pero el mismo talento.

“<i>Tengo registrados, sólo en la Argentina, 850 casos de personas clínicamente desahuciadas que volvieron a la vida. Hablo de hechos, no de opiniones o de ‘me lo contaron’</i>”.

Tengo registrados, sólo en la Argentina, 850 casos de personas clínicamente desahuciadas que volvieron a la vida. Hablo de hechos, no de opiniones o de ‘me lo contaron’”.

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